jueves 31 de marzo de 2011

Jueves III de Cuaresma - Estación en los Santos Cosme y Damián "in Via Sacra" (Foros Imperiales)

Hoy, en este Jueves, San Gregorio Magno indicaba la "mezza quaresima" invitando a los peregrinos a venerar a los famosos mártires anárgiros (sin dinero), es decir, los Santos bizantinos que curaban gratuitamente a los pobres.

Fue el Papa Feliz IV (526-530) el que quiso dedicar a los dos santos hermanos el sagrado templo de Roma y que se integra en el "templum Romuli".

Por los foros imperiales subiendo la escondida scaletta, en el verde césped, se llega a uno de los más antiguos templos de Roma, dominado por el escudo del Cardenal Diácono, que, con un trozo de corredor pintado en frescos por Francesco Allegrini se abre a la magnificencia de esta primitiva basílica, que rápidamente se presenta llena de fascinación. Un místico sentido de poesía se percibe en esta iglesia junto al mosaico que se encuentra en el ábside en el cual Cosme y Damián, Pedro y Pablo, Feliz IV y San Teodoro rodean a Cristo, que el capuchino Fray Miguel y el Arrigucci supieron delinear en una forma característica que todavía conserva este templo.

Fue Urbano VIII Barberini (1623-1644) el que levantó el pavimento unos seis metros para salvar al templo de la humedad.

Prosiguiendo, la procesión estacional se adentra en la iglesia subterránea donde se veneran las reliquias de los Santos Cosme y Damián y de otros mártires que brillan con Cristo en el luminosos mosaico, que parece difundir por todos lados particulares reflejos de aurea luz.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

miércoles 30 de marzo de 2011

Miércoles III de Cuaresma - Estación en San Sixto "el Viejo", (Santos Nereo y Aquiles)

Esta iglesia fue llamada “San Sixto el viejo” porque es el convento más antiguo que tienen en Roma los hijos del Santo de Callaroca.

La construcción actual es bastante reciente; de hecho fue edificada en 1700 por el Papa dominico Benedicto XIII (1724-1730). Ciertamente la hace para honrar la memoria del Fundador de la Orden, Santo Domingo, que aquí tuvo su primera morada romana; Honorio III tras haber aprobado la Orden de Predicadores les donó este templo.

Todavía hoy la iglesia es regida por las hermanas Dominicas que tienen aquí su convento. En el interior se llevó a cabo alguna restauración bajo Sixto IV en 1488 y otras restauraciones, posteriormente, fueron obra del Cardenal Filippo Boncompagni y, más recientemente, del Cardenal Paul Lienart.

La tradición afirma que junto a esta iglesia el Papa Sixto II se encontró con San Lorenzo al cual le predijó el martirio que le sobrevino tres días después.

Aquí reposan los despojos mortales de los pontífices Ceferino, Antero, Lucio y Sixto II, todos ellos mártires, ya en la gloria.

La etapa de la Cuaresma hoy se desarrolla en un cuadro singular lleno de atractivo espiritual; de hecho, los blancos monjes, que rodean el altar, hacen resonar las notas del "completorium", plegaria del alma cristiana al Señor.

Los Mártires venerados en este templo antiquísimo repiten todavía las palabras de Pedro: "Resistite, fortes in fide".

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

martes 29 de marzo de 2011

Martes III de Cuaresma - Estación en Santa Pudenciana, en el Viminale.

Sobre la colina Viminal es celebrada la estación en Santa Pudenciana, construida sobre la casa de los padres Pudenti en el "vicus Patricius".

El Papa Siricio, hacia el 390 rehace el templo que había sido anteriormente enriquecido por Pudenciana y su hermana Práxedes, las cuales habían colocado aquí los cuerpos de numerosos mártires caídos durante la persecución de Domiciano, y de los cuales su sangre fue recogida en un pozo todavía existente.

El Cardenal Schuster indicaba esta sede como residencia pontificia porque era la casa de los Pudenti, donde se relacionan las memorias de San Pío I y de su hermano Erma.

En el interior es posible admirar un mosaico del siglo V donde domina Cristo circundado de los Apóstoles, además está el sarcófago donado por el Cardenal Wisemann donde se conserva la mesa sobre la cual San Pedro celebró por primera vez en Roma el Santo Sacrificio.

Es possibile, además, admirar los recuerdos de bronce del Cardenal Czacki y Luciano Bonaparte destacados por el paraiso de Pomarancio y rodeados por vivas pinturas de Federico Zuccari.

"Dextera Domini exaltavit me" esto es repetido en Santa Pudenciana mientras se eleva al Señor la plegaria de Redenzione y se lleva a cabo en este remoto rincón del "barrio".

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

lunes 28 de marzo de 2011

Lunes III de Cuaresma - Estación en San Marcos, en el "Campidoglio".

En el 336 el Papa Marcos habría construido dos iglesias: una “iuncta Pallacinas”, la otra su capilla funeraria, en la vía Ardeatina. Afortunadas excavaciones en torno a los años 90 han evidenciado, siete metros bajo el nivel de la plaza Venecia, los restos de la iglesia que es quizás el primer "titulus" seguramente datado; y el de la via Pollacina, ambos nombrados por Cicerón. En esta basílica nos encontramos, como escribe el Cardenal Schuster, en un santuario oriental en el corazón de Roma, con Marcos por una parte, fundador de la primera sede patriarcal de Alejandría y los persas Abdón y Senén, por otra. Ésta fue restaurada en el 792 por Adriano I mientras que Gregorio IV en el 833 la dotó de estupendos mosaicos. Fue el veneciano Pablo IV el que le dio la forma actual mientras que el embajador veneto Nicolás Sagredo quiso embellecerla en el siglo XVII con la obra de Torriani. Además hay obras de Alberti, Isaías de Pisa, Canoca, Maratta, Melozzo da Forlì y de Mino da Fiesole, conservadas en esta iglesia. La liturgia de hoy tiene en cuenta el carácter oriental de la basílica y nos hace leer el libro de los Reyes. La enseñanza que sacamos de esta "peregrinatio" estacional es clara! Cristo es nuestro hermano que ha puesto su sede en cada parte del Globo. Santo Domingo de Guzmán, el Beato Barbarigo, San Gaspar del Búfalo y el canónigo Borgia hicieron de este templo lugar de su apostolado romano. De esta iglesia el 25 de abril partía la procesión llamada de las "Letanías Mayores" o de la "Rogaciones de San Marcos" que llegaba hasta la basílica de San Pedro. Existe otra pequeña basílica de San Marco, en forma circular, que está en el complejo de las catacumbas de San Calixto, de donde el notable arqueólogo y Curator de la Pontificia Academia "Cultorum Martyrum" profesor Fiocchi Nicolai está aportando datos. (Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

domingo 27 de marzo de 2011

Domingo III de Cuaresma - Estación en San Lorenzo "extramuros".

Sobre esta basílica, que Constantino quiso dedicar al diácono Lorenzo, el Papa Pelagio II construyó otra dedicada a la Madre de Dios.

La basílica laurentina surge sobre el cementerio de Ciriaca a pocos pasos del de Hipólito, cementerios que celosamente custodian los cuerpos de muchos Santos y también del "Stauróforo" Lorenzo, que murió en las llamas.

El campanario románico, adornado de lecci, que se eleva en alto sobre el inmenso cementerio romano del Verano, se une a la liturgia en un himno a la vida, en una atmósfera en la que se ve también los frescos descoloridos de Capparoni al mismo tiempo que alaban a Lorenzo.

La basílica, a la cual se accede tras el pórtico del Vasalletto, evidencia frescos, mosáicos, mármoles, columnas y capiteles que alaban a Lorenzo y Esteban y hablan de su sepulcro junto a la aureola dorada que encierra la losa marmórea sobre la cual fue depositado el abrasado Diácono, tras ser sacado de la parrilla.

En la cripta es recordado Esteban, el primer mártir, martirizado con piedras. Aquí yace también el sarcófago donde reposa el Beato Pío IX, cuyo cuerpo fue también objeto de numerosas lapidaciones, ya que la noche en la cual el cuerpo del Papa fue trasladado a esta iglesia, por las calles de Roma, una armada de facinerosos, se hicieron responsables de tan gran ignominia.

Esta capilla fue restaurada por deseo de este Pontífice con la obra de Vespignani y Fracassino y por Giovan Battista De Rossi, cofundador del "Collegium Cultorum Martyrum".

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado 26 de marzo de 2011

Icono del III Domingo de Cuaresma: "de la Exaltación de la Santa Cruz".

En el corazón de la Cuaresma, en su domingo central, la Iglesia bizantina ofrece a los fieles la adoración de “la Santa y Vivificante Cruz”. En la parte central del templo se coloca una cruz adornada con flores. En otras dos ocasiones, a lo largo del ciclo litúrgico bizantino, encontramos otras dos fiestas dedicadas a la Cruz: el 14 de septiembre (fiesta de la exaltación de la Santa Cruz y dedicación en el 335 de las basílicas del Gólgota) y el día 1 de agosto (fiesta de la hypsosis, solemne procesión con la Cruz a Constantinopla en el 641), ambas fiestas vinculadas a acontecimientos históricos relacionados con la Cruz, que en su momento oportuno comentaremos. Sin embargo, este tercer domingo de Cuaresma se nos invita a acogerla con fe y reverencia; prepararnos a adorar la Cruz del “Santo y Gran Viernes”, que se alza en el Gólgota.

En la vigilia de este día, después de la Gran Doxología, la Cruz se acerca en procesión hasta el centro de la Iglesia, donde permanecerá toda esa semana, para ser venerada por los creyentes. Mientras se canta “Ante tu Cruz nos postramos, ¡oh Soberano, y tu santa resurrección glorificamos!”. La asamblea, en procesión, se acerca a besarla. Hay que destacar que el tema de la Cruz, predomina en los himnos de este domingo. Se contempla en términos no alusivos al sufrimiento de Cristo clavado en ella, sino, más bien, de victoria y de gloria.

“¡Oh, Cruz gloriosa!” Las melodías de este día traen a la memoria las de la noche de Pascua. El significado de la fiesta viene muy bien señalado por este otro canto: “Cuando en este día tomamos tu preciosa Cruz, oh Cristo, con fe la adoramos, nos regocijamos y la abrazamos con ardor, imitando a Nuestro Señor, que por propia voluntad se entregó para ser crucificado en ella. Para hacernos dignos de adorar su Preciosa Cruz, para que libres de toda servidumbre, podamos contemplar el día de la Resurrección”. La invitación es abrazar con libertad nuestra cruz personal y, en este camino de Cuaresma, aprender a configurarnos con el sacrificio de Cristo. Por el bautismo nos hacemos hijos de Dios, de modo que nos convertimos en hijos en el Hijo y nuestra vida, y existencia, se mueve en las coordenadas de la Cruz. Todo el dolor del hombre se puede convertir en redentor y aquilatador del corazón del hombre, que es probado en el fuego del Amor de Cristo en la Cruz.

¿Por qué adelantar la meditación de la Cruz antes del Viernes del Gólgota con tonos que traen a la memoria la Pascua? Su significado es la fecha: el tercer domingo. De un lado tenemos el esfuerzo físico y espiritual propio de la oración y del ayuno (mucho más severo en la actualidad en Oriente que en Occidente), del otro, la Gloria de la resurrección. La fatiga es evidente porque se nos invita a abrazar la Cruz para alcanzar la Gloria. Sin Cruz no hay transformación. La Cuaresma es nuestra auto-crucifixión, renuncia al amor propio y la conversión de nuestro corazón. Pero al ser una cuestión de libertad y de amor debemos convencernos que querer abrazar nuestros sufrimientos y pecado. “Dios lo puede todo, menos obligarnos a que Le amemos”. Durante el camino de la Luz se dejan ver mejor nuestras tinieblas, de modo que la luz dorada de todo el icono hace resaltar de modo admirable el Madero.

En la Divina Liturgia de este día se lee el pasaje de Marcos: «el que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, se salvará» (8, 34-9,1). No podemos coger nuestra Cruz y seguir a Cristo si no contemplamos la suya, aquella que ha querido llevar por nosotros, porque Él no la merecía. Somos santos porque Él es el único Santo, el único Justo. Esta es su Cruz, la que salva, no la nuestra; es la Cruz que da sentido a las de todos. Nosotros abrazándola recibimos la suya, que es la única eficaz, ofreciendo nuestra existencia como templos vivos a favor de los hombres. Todo sacrificio mirando a la Cruz es lugar de salvación. En el icono se muestra muy bien: es el signo del abrazo el que muestra la adoración. La pregunta de este domingo de Cuaresmas es: ¿Estoy bien dispuesto para cargar con mi cruz? ¿La quiero? ¿La deseo? ¿Comprendo porque Cristo va a entregarse por mí? Cuando me acerque a besar el Santo Madero, ¿será mi beso el de un pecador impenitente o un verdadero acto de adoración, de fe?

Cuando está a punto de venir el Rey, se alza su estandarte, como se alzo en el desierto («cuando yo sea alzado atraeré a todos hacia mí»), y luego llega Él en persona. Es mostrada como Árbol de la Vida que fue plantado en el paraíso, por eso los Padres plantaron el Árbol de la Cruz en medio del nuevo Paraíso de la Iglesia, “huerto regado” donde se nace a la Vida Eterna. Por este Árbol todos nos reconciliamos con Dios y somos devueltos a la Vida.

El árbol de la Cruz nos porta a los hombres al hábito de la Vida” (Gn 3, 7.17-19). “Con este dulce madero tu casa está plena de gloria” (Is 6, 1 LXX; 1Re 8, 11). “Con el madero se talló el húmedo elemento” (Ex 14, 16), “mientras se entonaban por Cristo el cántico del paso del mar” (Ex 15,1). “¡Venid cantemos un cántico nuevo!” (Sal 95,1). Estas son las imágenes que se usan en el oficio litúrgico de esta fiesta, junto a los pasajes del cántico de Habacuc (cap. 3) y el cántico de Isaías (26, 9-20), el cántico de Daniel (3, 26-56) y de las criaturas (Dn 3, 57-88), para culminar con el anuncio de la espada de dolor en María en el cántico de Zacarías (Lc 1, 46-55). Siempre este oficio concluye con un recuerdo de los mártires de la Iglesia, que se reúnen en torno a la Cruz.

En algunos iconos, los ortodoxos siempre, veréis que se representa el escabel donde se apoyaron los pies de Cristo torcido. Nos lo explica el padre Evdokimov: «La Cruz es de tres travesaños. El inferior, bajo los pies del Señor, está ligeramente inclinado. Ese scabellum pedum (Hch 2, 35; Sal 109), por un lado inclinado hacia abajo, representa el destino del ladrón de la derecha. El tropario de Nona compara la Cruz con la balanza del destino. “balanza de justicia” y brecha de eternidad, la cruz está en medio como el guión que une misteriosamente el Reino y el infierno». La Cruz de Cristo es colocada en medio de la Iglesia porque sabemos que en ella está la justicia de Dios y su misericordia. Ella se inclina a la salvación de aquellos que le reconocen es su sufrimiento redentor.
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¡Santa Cruz de Cristo, no nos abandones!

Daniel Rodríguez Diego

Sábado II de Cuaresma - Estación en los Santos Marcelino y Pedro, en Letrán (Vía Merulana).

La iglesia actual, situada en el cruce de la via Merulana y Labicana, de un elegante “Settecento” con recuerdos borrominianos, ha sustituido quizás un título antiguo. No estaban aquí los cuerpos de los Mártires titulares que reposaban en el majestuoso complejo, catacumba, basílica circiforme y mausoleo constantiniano. “Ad Duas Lauros (Torpignattara)”.

Sus huesos fueron transportados en el siglo IX a la abadía de Saligenstad sul Meno, en Alemania, por Eginardo, consejero y amigo de Carlomagno.

No sabemos qué forma tendría esta iglesia en tiempos antiguos, cuya construcción se atribuye al Papa Siricio, en cuanto al 1256 sabemos que Alejandro IV la rehace y casi seguidamente, Benedicto XIV encargó al arquitecto Marchese Girolamo Theodoli reedificarla desde los cimientos. Bajo el altar mayor reposan los restos de Bonosa y Tulliano.

El exorcista Pedro y el presbítero Marcelino que en el 304 sufrieron el martirio bajo Domiciano y Maximiano, tienen en esta iglesia su panegírico en los frescos que hay sobre el altar mayor donde un pintor desconocido ha sabido plasmar una ventana de exquisita espiritualidad. Estos ministros del Señor un día fueron apresados y sometidos a tortura, cargados de cadenas atadas al suelo, el cual estaba lleno de trozos cortantes de cristal, y alcanzaron el martirio en el selva negra, más tarde llamada "Cándida Selva".

Vibrante es hoy la enseñanza de los mártires Marcelino y Pedro, los cuales ya en el día de su martirio participaban en el cielo del divino banquete donde se hace fiesta, como dice el Señor.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

viernes 25 de marzo de 2011

El Icono de la Fiesta de la Anunciación.

El presente icono representa este pasaje lucano: Lc 1, 26-38, primera fuente iconográfica de esta escena. Esencialmente viene a subrayar todo el contenido dogmático sobre la Encarnación del Verbo, la concepción por obra del Espíritu Santo y el nacimiento en el seno de una Virgen.

La segunda fuente iconográfica es el propio oficio litúrgico para el día de la fiesta. Son muy hermosas las alusiones que encontramos: “tierra no fecundada”; “zarza incombustible” (el primero que nos habla de María aludiendo a Ex 3, 2 es San Gregorio de Nisa en su Vida de Moisés); “abismo inescrutable”; “puente que hace pasar al cielo”; “escala elevada contemplada por Jacob” (Gn 28, 12); “divina urna que porta el maná” (Ex 16, 33); “liberadora de la maldición” (Gn 3, 15); “retorno de Adán desde el exilio”; “amplio espacio y lugar de santidad” (Sal 131, 8); “aquel que cabalga sobre querubines” (Sal 17, 11). Es muy hermoso venerar este icono, acogiendo a todas las imágenes bíblicas que nos aporta. Os invito a ir escrutando la Sagrada Escritura contemplando esta ventana del misterio de la Encarnación. Dentro del oficio además de los himnos propios y sus tropos, se incluyen tres pasajes bíblicos: Gen 28, 10-17; Ez 43, 27 - 44,4; y Pr 9, 1-11.

El icono se colocaría el primero en la segunda fila del iconostasio monumental, ya que es la primera de las doce grandes fiestas. El tema es evidente, pero nos lo indica el propio icono en la parte superior el rótulo: Ho chairetismós (“La Anunciación”). Principalmente destacan en el icono cuatro elementos fundamentales: el arcángel Gabriel, la Virgen María, el pozo y el haz de luz que se proyecta desde arriba. Los dos primeros se pueden identificar por sus nómina sacra: “Madre de Dios” y “Arcángel Gabriel”.

Si observamos el escenario, vemos que es muy estático, en contraste con el dinamismo del arcángel, con el movimiento de sus piernas, los vestidos y sus alas. Se presenta ante María como un torbellino y la Mujer se retrae hacia atrás. Es un momento muy expresivo que intentan mostrar el estupor de María ante el anuncio y el misterio.

El arcángel Gabriel
El blanco de sus vestidos es el de la aurora, que anuncia un nuevo nacimiento y el origen de la vida. Pero vemos que destaca una franja azul en su manga, color de pureza e inmaterialidad. En su mano, un cetro símbolo de la autoridad del mensajero y a su vez del peregrino, aunque podemos encontrar alusiones a la vara con la que se mide la Ciudad celeste, la Nueva Jerusalén. Su mano derecha se extiende para mostrar el anuncio, que pasa a la otra persona, a su vez bendice señalando con la mano la unidad de la Trinidad (el Hijo es el que se encarna, que ya existía desde la eternidad) y la doble naturaleza del que va a nacer. A la mano acompaña la mirada.

El arcángel está colocado sobre un pedestal cuadrado de color azul, nos marca un acontecimiento celeste en medio de la historia, ya que lo cuadrado nos remite a lo terreno, como el azul a lo eterno. El gesto del mensajero es de estupor ante el misterio que revela y el conocimiento de una criatura tan pura como es María.

La Virgen María

Se encuentra sentada, su cabeza se cubre con un manto, en el que se colocan las tres estrellas (nos indican que es virgen antes, durante y después del parto). Es una túnica de un azul muy intenso, que representa su humildad y, de aquí, “humus”, tierra virgen, preparada desde la eternidad para recibir al Germen. Del mismo modo que Adán fue formado de tierra virgen, sobre la que no había llovido y que no había sido pisada (Gn 2, 5-7). Ésta es María, Nueva Eva (Gn 2, 21-25). Su seno es fértil y puro; Ella es Virgen y Esposa. En la lectura de vísperas de la fiesta se escoge el pasaje de Ez 44, 1-4. Resuena en el corazón del creyente las siguientes palabras: «este pórtico permanecerá cerrado. No se abrirá nunca y nadie entrará por él, porque el Señor, Dios de Israel ha entrado por él. Por eso quedará cerrado» (v. 2). María como “cuidad viviente” y “puerta espiritual”, “piedra no tallada que cae” (Dn 2, 34)

María se sienta en un trono dorado (“celeste cátedra del Rey”) y colocado sobre una peana, pero sus pies se apoyan a su vez en un pedestal, ya que ha sido colocada sobre los ángeles y demás seres celestes (Ez 1, 10).
El azul de su túnica es contrastado por el rojo de sus sandalias, el cojín y la tela dosel. Estos tres significan la categoría de realeza. La púrpura estaba relacionada directamente el emperador y la emperatriz bizantinos. De modo que María no es coronada como en occidente, sino que se le incluyen estas sandalias púrpura, y un pie más adelantado que el otro, para indicar que a la emperatriz-reina se le besaba en el pie derecho. Del mismo modo que el trono es dorado, símbolo de realeza y majestad.

Pero existe otro detalle púrpura dentro del icono. María lleva un ovillo de este color y está hilando con la rueca. María, con su sí al mensaje del ángel, está tejiendo la Carne concreta del Salvador en su seno virginal, del mismo modo que teje la túnica púrpura de su Rey-Esposo, que es su cuerpo (Heb 10, 20).

El velo purpúreo del dosel alude al pasaje apócrifo en el que María fue consagrada al Templo y se dedicó a tejer el velo que estaba en el Tabernáculo, también aludiendo al velo de la carne de Cristo. María se ve como nuevo Tabernáculo y nueva Arca de la Alianza. Conviene leer los comentarios de san Efrén a la Encarnación.

Las manos de María expresan el temor de estar ante la presencia de divina y el estupor del mensaje que porta el ángel. Y a su vez presta atención, expresando lo que dice el Salmo 46, 11.

La luz de lo alto
Desde lo alto aparece un haz de luz que a la vez es sombra, que cae sobre la Virgen, atravesando el velo púrpura, pero sin rasgarlo. Esta es la representación del Espíritu Santo. Esto responde a lo expresado por Gabriel: «El Espíritu Santo te cubrirá con su sombra», del mismo modo que el peregrinar de Pueblo por el desierto (Ex 13, 21-22), María es cubierta y «el ángel la dejó», de modo que comienza un proceso de desierto para la Madre, que debe pasar a ser discípula hasta llegar a la Cruz (Jn 19, 25-27), «guardando todas estas cosas en su corazón» (Lc 2, 51).

El pozo
Se encuentra un pozo que puede pasar desapercibido para el lector poco atento; hay que poner todo el icono en relación a este pozo.

En primer lugar, podemos hacer un sondeo de la exégesis bíblica con pasajes en los que destaca el pozo, sobre todo el de Eleazar en busca de la esposa para su señor Isaac, en el que encuentra con Rebeca, haciendo del pozo un ámbito privilegiado para hablar de la esponsalidad (Gn 24, 15-21). Del Nuevo Testamento, en Juan, Jesús y la Samaritana, en el que se ofrece como un agua que salta a la Vida eterna (Jn 4, 10-15). Se colocan al mismo nivel, y uno en frente del otro, el pozo y el trono, de modo que se simboliza la disponibilidad de la Tierra Virgen de acoger a la Fuente de agua viva. También una de las imágenes preferidas por los Padres es la de María como Trono, aludiendo a que es Madre de Dios y Madre de los hombres, ya que es también el trono la sede de la Iglesia.

Además, el pozo tiene una connotación sagrada. En él se dan las tres órdenes cósmicos: el cielo, la tierra y el abismo (Ef 1, 10; Flp 2, 10; Ap 5, 13); y tres de los cuatro elementos: agua, tierra y aire, que son completados el día de Pentecostés, donde también está María. Estos símbolos cósmicos son muy significativos y recuerdan el pasaje de san Pablo, donde toda la creación está expectante a la manifestación de los hijos de Dios (Rm 8, 19-22) y María se convierte en la que se han cumplido todas las promesas e imagen de la Iglesia (1P 2, 5).

María es colocada como Madre de Dios; Esposa del Espíritu y Esposa que se prepara para el Esposo, que es Cristo; tabernáculo de la Nueva Alianza en la carne (Heb 9, 11); y heredera de las promesas.
¡Salve Virgen y Esposa!
Daniel Rodríguez Diego

La Fiesta de la Anunciación en la Tradición Bizantina (II).

Hoy el Señor desciende como lluvia sobre la Virgen

La Anunciación de la Santísima Madre de Dios y siempre Virgen María es una de las pocas Fiestas que son celebradas en la Cuaresma en las diversas tradiciones litúrgicas orientales y occidentales. Se trata de una de las antiguas fiestas cristianas; de ella tenemos testimonios precisos, cuando es introducida en Constantinopla en torno al 530. También le compuso dos "kontákia" Román el Melódico (siglo VI). En Roma la fiesta fue introducida por Sergio I (687-701), papa de origen sirio, que estableció una celebración litúrgica en Santa María la Mayor con una procesión.

Desde el inicio la fiesta fue celebrada el 25 de Marzo y siempre en el periodo cuaresmal, tiempo que excluía cualquier solemnidad hasta la Pascua. El Concilio de Constantinopla del 692, llamado "in trullo", prescribe celebrar la fiesta con toda solemnidad, en cualquier tiempo o día que caiga. La fiesta del 25 de Marzo está enmarcada entre una vigilia, el 24, y una apódosis (conclusión), el 26, día en el cual se celebra también la memoria del arcángel Gabriel.

Los textos litúrgicos de los tres días que configuran la fiesta son de una gran profundidad teológica. Sobretodo, es interesante destacar algunos aspectos importantes que encontramos en uno de los textos litúrgicos del oficio del matutino del día de la vigilias.

El canon del matutino se atribuye a Teófano Graptós, que vivió en Bizancio entre el 778 y el 845. Involucrado, al igual que su hermano Teodoro, también himnógrafo, en la crisis iconoclasta, fue un valiente defensor del culto a los iconos, y tras la victoria iconódula, fue arzobispo de Nicea. Es autor de varios himnos y cánones que hoy se encuentran en diversas fiestas del oficio bizantino.

El canon del matutino del día 24 es un canon compuesto por nueve odas, en correspondencia con los cánticos del Antiguo y del Nuevo Testamento cantados en el oficio matutino. Al inicio de cada estrofa se repite el versículo: "Santísima Madre de Dios, sálvanos", que subraya aquellos que el texto poético más adelante desarrolla: María como instrumento del cual Dios se sirve para otorgar su salvación al género humano, es decir, la Encarnación del Verbo de Dios. Las dos últimas estrofas de cada oda comienzan con "Gloria al Padre" y "Ahora y siempre".

Se trata de un bello texto en el cual el autor canta el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios en su hacerse hombre en el seno de la Madre de Dios. Y además, también las diversas imágenes bíblicas con las que es contemplada la figura de María en relación con Aquél que en ella se encarna.

En diversas estrofas de las odas, la Encarnación viene presentada como descendimiento, como abajamiento, como kénosis del Verbo de Dios hacia la naturaleza humana caída: "Alégrate oh universo: dentro de poco te encontrarás que vas a acoger el descenso del Señor a ti. Él desciende del cielos para hacerse cuerpo en el seno de la Virgen santísima. Él viene a trocar celeste el limo de los que están sobre la tierra. Inclinando los cielos, ahora desciende hasta nosotros, oh Verbo, para realzar de la caída a la obra de tus manos".

La Encarnación del Verbo de Dios viene también a quitar la maldición que se cierne sobre la tierra misma tras el pecado de Adán: "Salta y danza, oh tierra que producía penosamente las espinas de las passiones. He aquí que ahora llega el inmortal agricultor, Aquél que te quita la maldición".

En la oda octava encontramos un juego de imágenes contrapuestas para hablar de la Encarnación del Verbo: la imagen de oscuridad y manifestación, de ángel anunciante y ángel anunciado: "Nube ligera de luz, tú que no has conocido nupcias, desde lo alto el sol impenetrable resplandecerá sobre ti; tras ser ocultado en ti, se manifestará al mondo y borrará el oscurecimiento del mal. El primer liturgo de los ángeles profirió con voz gozosa el anuncio, oh Pura, de que el Ángel del gran consejo se encarnaría en ti".

En muchas de las estrofas encontramos títulos dados a la Madre de Dios y a Cristo mismo, que están en correspondencia unos con otros, María como instrumento y el Verbo de Dios encarnándose en Ella como Aquél que se convierte en la plenitud; estos títulos están tomados de imágenes y figuras veterotestamentarias, y son leídos siempre en clave cristológica: "Vaso luminoso de oro puro, prepárate a recibir el maná de la vida. Prepárate, vello divino, virgen sin mancha. Como la lluvia, Dios desciende sobre ti. Candelabro de oro, recibe el fuego de la Divinidad accesible por ti. Éste es el que porta la luz al mundo
".


Las profecias de los cánticos de Habacuc, Isaías y Daniel son también releídas, siguiendo la tradición de los Padres, en clave cristológica, como anuncios proféticos de la Encarnación del Verbo de Dios: "Gran palacio del rey, abre las divinas puertas del tus oidos. He aquí que entrará Cristo, la Verdad, y habitará en ti; la rama mística hará florecer la flor divina, la viña hará crecer el racimo maduro. Montaña que Daniel ve en el Espíritu, alégrate, oh Virgen. De ti se extraerá la piedra espiritual".

La oda nona, relacionada con los cánticos de Zacarías y de María en el Evangelio de Lucas, se centra en la relación directa de años y de predileción del Verbo de Dios en su Encarnación, hacia María que se convierte en instrumento y receptáculo: "Eva comió el fruto, funesto productor de nuestra muerte. En ti, en cambio, oh Señora, germinó el fruto benéfico de la inmortalidad, Cristo, dulzura nuestra. Cristo está enamorado de tu belleza, oh Inmaculada, y viene a habitar en tu seno para liberar al género humano de la deformación de las pasiones y restituirlo a su belleza antigua. Tierra no sembrada, oh Pura, a través de la palabra, recibe la Palabra celeste como un grano, que produce fruto. Germinará en ti y nutrirá los confines de la tierra con el pan del conocimiento".

El texto del canon se sirve todavía de otras imágenes que encontramos abundantemente también en los textos litúrgicos bizantinos de la Cuaresma: "Oh Cordera sin mancha, el Cordero de nuestro Dios se da prisa para entrar en ti, su Madre, para portar nuestros pecados. No temas nada, oh Virgen, el fuego de la Divinidad no abrasará tu vientre. De hecho, en el pasado te prefiguraba, oh toda Pura, la zarza que ardía sin consumirse nunca".

(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25 de Marzo de 2011; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

Viernes II de Cuaresma - Estación en San Vital "in Fovea" (Via Nacional).

Es San Vital la amplia y característica iglesia romana casi relevada al plano inferior, donde está colocado el templo.

Una graciosa tradición dice que esta iglesia fue construida con la venta de las joyas donadas por la matrona Vestina (éste fue, de hecho, del primer nombre del “Títulus”) en honor de los Santos Mártires Gervasio y Protasio, de los cuales San Ambrosio había encontrado los restos en Milán, suscitando también mucha devoción en Roma.

En recuerdo de este regalo San Gregorio Magno en la “Letanía septiforme” por él instituida, quiso que la procesión de las viudas partiese de este lugar. Al mismo tiempo, además del nombre de Vestina, de Gervasio y Protasio, tenía también el de Vital, probablemente por los “apparentamenti”, que tan frecuentemente obraban las tardías "Passiones" legendarias.

La peregrinación estacional de hoy se presenta con grandiosas visiones de amor y de triunfo; la iglesia, con la típica forma de aula, celebra una rica liturgia que canta el heroísmo de los Mártires.

Se sabe que la iglesia debió sufrir muchas restauraciones: muchas en el siglo IX, en el XII y en el XV, hasta que Sixto IV, en 1475, quitó las dos naves laterales reduciéndola a una única nave.

La actual posición del templo, colocado bajo el nivel de la actual calle, lo esconde, aunque recientes restauraciones de la escalera en la que se ha cambiado de forma y se ha dejado igualada, deja libre la vista de la fachada, también restaurada llevándola a las líneas primitivas, casi para hacer resaltar el martirio del títular San Vital, que en el año 662 fue tirado a un pozo y seguidamente lapidado.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

jueves 24 de marzo de 2011

Jueves II de Cuaresma - Estación en Santa María "in Trastevere".

Esta basílica construida sobre el área del "titulus Callisti" en los albores del siglo III, se yergue allá donde en un tiempo estaba la Taberna Emeritoria, es decir, un hospicio de veteranos de la flotta ravennate.

En este lugar - que fue su título - el Papa Calixto sufrió el martirio siendo sumergido en un pozo: a causa de un motín popular del conocido barrio del Trastevere. La actual basílica es la construida por Inocencio III (1130-1143) que fue muchas veces retocada y embellecida. En el interior es posible admirar el mosaico donde el Señor está sentado en un trono con su Madre, en el triunfo de los Santos y de los Apóstoles, mientras mantiene con la mano la corona y el monograma de Cristo. Esta obra está entre las obras maestras más conocidas de Pietro Cavallini, predecesor de Giotto (1291).

Entorno al presbiterio, dominado por la sede marmórea, se encuentra la siguiente inscripción "Prima aedes deiparae dicata" alrededor del clásico baldaquino erigido por Vespignani. En la parte derecha se alternan en la capilla del coro del Domenichino obras del Sansovino y de Mino da Fiesole, como las de Antonio Gherardi en la capilla del Bernini.

Aquí el salmista iluminado por los resplandores del arte y sembrado de victoria por la sangre de los Mártires, pone hoy en los labios del orante la invocación "sé propicio Señor con nuestros pecados, para que la gente no diga, ¿dónde está su Dios?".

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

miércoles 23 de marzo de 2011

La Fiesta de la Anunciación en la Tradición Bizantina (I).


La fiesta de la Anunciación de la santísima Madre de Dios y siempre Virgen María es una de las pocas fiestas que encontramos en Cuaresma en la tradición bizantina. De la fiesta hayamos testimonios precisos en Costantinopla en torno al 530, y también Román el Melódico le dedica en el siglo VI un kontákion. Al desarrollo de la fiesta contribuyeron las homilías antiarrianas que subrayan, junto a la humanidad de Cristo, también su divinidad eternamente subsistente en Dios, y la homilética siríaca, que subraya fuertemente el paralelismo entre Eva y María. En Roma la fiesta fue introducida por el Papa Segio I (687-701), de origen siríaco, con una celebración litúrgica en Santa María la Mayor y una procesión.
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Desde el inicio la fiesta fue celebrada el 25 de Marzo, siempre en el periodo cuaresmal, un tiempo que excluye cualquier solemnidad. En el 692 el Concilio IV de Constantinopla prescribe, sin embargo, celebrar con toda solemnidad la fiesta, y así en las Iglesias bizantinas se desarrolló un sistema de rúbricas litúrgicas que buscan combinar la Anunciación con los oficios cuaresmales y con los de la Semana santa. La fiesta del 25 marzo tiene una vigilia el 24 y un post-fiesta el 26, día en el cual se celebra la memoria del arcángel Gabriel. En efecto, con mucha frecuencia las grandes fiestas en la tradición bizantina tienen, el día posterior a la fiesta, la celebración del personaje del cual Dios se sirve para llevar a término su Misterio de salvación.
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La fiesta tiene como tema importante el anuncio de la Encarnación del Verbo de Dios y la gloria que brota. En muchos de los troparios se encuentra, casi como un estribillo, la exhortación "alegraos": se trata de una gloria que no tiene nada de superficial, sino que nace de la conciencia de la salvación que nos viene dada en Cristo, en una fiesta que busca implicar a toda la creación en la alabanza y en la contemplación del misterio celebrado.
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Los troparios son un entrelazado de citas bíblicas, sobretodo veterotestamentarias, profecías que anuncian a Cristo y que la tradición patrística ha leído siempre en clave cristológica. Esta misma acentuación cristológica está ya en todos los títulos dados a María, relacionados con el misterio de la Encarnación del Verbo de Dios y de la divina maternidad de María: "Gózate, tierra no sembrada; alégrate, zarza incombustible; alégrate abismo insondable; gloriate, puente que hace pasar a los cielos y escala elevada contemplada por Jacob; alégrate, divina urna del maná; gózate, liberación de las maldiciones; regocíjate, retorno de Adán del exilio: el Señor está contigo".
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Otro tema que vuelve a los textos litúrgicos es la combinación de asombro y duda en María; asombro frente a aquello que le viene anunciado, duda no tanto frente a lo que deberá suceder, sino de no ser de nuevo engañada como Eva por cualquiera que anuncia grandes cosas ("seréis como Dios"). Otra combinación de asombro y estupor es aplicado por la liturgia también al arcángel frente al contenido del anuncio, con una serie de afirmaciones cristológicamente contrastantes, muy similares a los temas de los Himnos de san Efrén el Sirio: "El inenarrable que está en lo más alto de los cielos, nace de una virgen! Aquél que tiene el cielo por trono y la tierra por escabel se encierra en el seno de una mujer! Aquél que los serafines de las seis alas no pueden mirar fijamente, se complace al encarnarse por Ella. Aquél que aquí está presente es el Verbo de Dios".
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Las lecturas de vísperas son tomadas del Antiguo Testamento, perícopas que ya toda la tradición patrística de oriente y occidente lee en clave cristológica; la escala de Jacob (Génesis,28, 10-17); la puerta cerrada por donde pasa solamente el Señor (Ezequiel 43, 27 - 44, 4); la casa construida por la sabiduría de Dios (Proverbios, 9, 1-11). El tropario de la fiesta resume, de modo breve y claro, el tema de fondo de la celebración: "Hoy es el comienzo de nuestra salvación y la manifestación del misterio escondido por siglos: el Hijo de Dios se convierte en Hijo de la Virgen, y Gabriel porta la buena nueva de la gracia. Con él aclamamos a la Virgen: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo".
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En el oficio del Matutino uno de sus textos es de un autor bizantino, Teodoro Graptos (778-845), que vivió en plena controversia iconoclasta. La obra es un acróstico, y se desarrolla sirviéndose de un género literario que ya san Efrén usa, que es el diálogo o disputa entre dos personajes - aquí entre el arcángel y la Madre de Dios - a estrofas alternas. El autor retoma el tema ya mencionado en vísperas, el asombro del mismo arcángel ante aquellos que debe anunciar, y el estupor y el miedo de la Virgen, miedo de ser engañada de nuevo como Eva.
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El último de los troparios del matutino resume el misterio de nuestra salvación, ya manifestado en los Evangelios y en la tradición patrística: "El misterio que existe desde la eternidad se ha revelado hoy, y el Hijo de Dios se hace hijo del hombre, para que, asumiendo lo que es inferior, pueda comunicarme lo que es superior; Dios se hace hombre para hacer dios a Adán".
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En la Divina Liturgia del día 25 se leen dos pasajes, de la carta a los Hebreos (2, 11-18) y del Evangelio de Lucas (1, 24-38). "Y la dejó el ángel ". Este versículo que cierra la perícopa de la Anunciación siempre me ha impresionado. El Señor nos anuncia su buena noticia y después nos deja? Non, no es abandono ni soledad lo que debemos leer en el Evangelio de Lucas, sino el hecho de que en nuestra vida cristiana estamos llamados a dar una respuesta, con nuestra responsabilidad y madurez, humana y cristiana.
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25 de Marzo de 2009;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

Miércoles II de Cuaresma - Santa Cecilia "in Trastevere"

Caminando entre una de tantas calles humildes del viejo distrito romano del Trastevere, aparece la soberbia visión de la Basílica de Santa Cecilia.

Este es un título antiquísimo, atestiguado aún antes del Sinodi y antes de la gran explosión de culto a esta Mártir, y detectado por las lápidas de la tumbas de un clérigo Saecularis; las excavaciones, no concluidas aún, revelan interesantísimos descubrimientos que anteceden a la iglesia. Ésta, después de la de Santa María, es una de las grandes riquezas de los trasteverinos y de la Roma cristiana. Un portal barroco nos introduce en el característico patio, alegrado por el "cantato", un joven que perennemente canta su himno al Señor, tal como dentro lo canta Cecilia.

A ella se refiere todo el interior de la iglesia: los mosaicos la representan a los pies del Redentor, junto con los Santos y con Valeriano, su esposo, que ella logró convertir. Bellísimas las pinturas del Pinturicchio y del Reni, los altorrelieves de Mino da Fiesole y de Benedetto da Maiano que representan a la Mártir cuando plega el cuello ante la espada del verdugo, y cuando, protegida por el cielo, sufre y vence el tormento de la asfixia.

Cecilia reposa ahora en su tumba, junto a su esposo Valeriano, su cuñado Tiburcio y su amigo Máximo, cerca de los Pontífices Urbano y Lucio, desde que Pascual I hizo transportar desde el cementerio de Calixto el cuerpo intacto de Cecilia a la cripta.

La iglesia fue adornada en 1293 con pinturas de Pietro Cavallini, el gran maestro de la “Scuola Romana”, precursor de Giotto aunque esta obra permaneció por poco tiempo; el arquitecto Arnolfo da Cambio dejó, en aquel periodo, su notable ciborio marmóreo.

Stefano Maderno es el autor de una reproducción en mármol del cuerpo tumbado de la Mártir sobre el sarcófago, en el altar; mientras que la estatua de la cripta es de Cesare Aureli que la esculpió triunfante en la oración y en el canto, como una incitación a proseguir con ardor el camino cuaresmal que nos acercará a la verdadera Pascua.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

martes 22 de marzo de 2011

Martes II de Cuaresma - Estación en Santa Balbina, en el Aventino

Esta antiquísima iglesia, aunque el “Titulus Sanctae Balbinae” solo aparece en tiempos de San Gregorio Magno con el Sínodo del 595, es identificada con el más antiguo “Titulus Tigridae” construida junto a la casa que el Emperador Septimio Severo (193-211) donó a su amigo L. Fabio Cilone, dos veces Cónsul y Prefecto de Roma. La datación está garantizada por los ladrillos sellados encontrados en las excavaciones.

Aquí se recuerda que la noble matrona Balbina, hija del Mártir Quirino, quiso transformar su casa en el título "del Salvatore". En el interior del templo se conserva el sepulcro cosmatesco del Cardenal Surdi, la cátedra marmórea del Ábside y el bajorrelieve de Mino da Fiesoli, que representa al Crucificado entre María y Juan.

En 1925 esta iglesia fue restaurada volviendo así a su estilo antiguo, gracias al Profesor A. Munoz. Aquí se lleva a cabo una de las poquísimas "estaciones" donde se consiente la procesión externa utilizando, para esta reunión o colecta, el monasterio de los religiosos Premostratenses colocado en la parte superior, desde donde es posible descender a la iglesia recorriendo una antigua y pequeña vía, que parecería el nexo de unión entre la vida de todos los días, más mesquina, y la vida del espíritu.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

lunes 21 de marzo de 2011

La Anunciación en la Tradición Siro-Occidental.

"Abajó los cielos y descendió"

La Fiesta de la Anunciación de la Santísima Madre de Dios y siempre Virgen María es una de las pocas Fiestas que se encuentra a lo largo de la Cuaresma en la Tradiciones litúrgicas orientales, introducida en Constantinopla en torno al 530. Al desarrollo de la Fiesta contribuyeron las homilías patrísticas de tendencia antiarriana - que subrayaban, junto a la humanidad de Cristo, también su divinidad eternamente subsistente en Dios - y la homilética siríaca que enfatizaba el paralelo entre Eva y María. En Roma la Fiesta fue introducida por un Papa de origen siríaco, Sergio I (687-701), que estableció una celebración litúrgica en Santa María "la Mayor" con una procesión.

En los libros litúrgicos siro-occidentales la Fiesta se llama Anunciación de la Madre de Dios y la palabra siríaca indica también el anuncio, la proclamación del Evangelio, subrayando el tema de la buena nueva de la Encarnación: "Alabanza al Unigénito del Padre que, al anuncio de Gabriel arcángel se estableció en el seno de María y de Ella ha tomado un cuerpo para perdonar los pecados de la estirpe de Adán". La Encarnación del Verbo de Dios se convierte en modelo de su habitar y hacer morada en el alma de cada cristiano, cuya fe es parangonada con la de María. Los textos litúrgicos, de hecho, comparan la "pureza de la virginidad" con el "perfume de la fe".

Un segundo aspecto puesto en relieve es el tema de la vigilia: "Fiesta gozosa la de hoy; vosotros, creyentes, vigilad y estad atentos al meditar el misterio de la Anunciación que hoy festejamos, para decir también nosotros: la paz sea contigo, llena de gracia". La Liturgia Siro-Occidental enlaza este aspecto al título que da a los ángeles: "vigilantes", es decir, aquellos que velan, título que la tradición siríaca dará también a los monjes. Los textos litúrgicos parecen preferir para Gabriel el título de "vigilante" más que su propio nombre: "El vigilante vuela y desciende junto a la Virgen María, le presenta el anuncio y le dice: por ti aparecerá el Salvador. Paz a ti, María, porque el Padre ha querido escogerte para ser la madre de su Hijo. Gabriel, el vigilante, anuncia a la virgen; tendrás un Hijo que salvará al mundo. Será como todos los niños, pero Él es el Eterno".

La Fiesta en la tradición siríaca es vista y celebrada como el cumplimiento de las promesas a los padres: "El vigilante advirtió a María de tu concepción; tú habías dado la esperanza a Abrahán; tú has alegrado a la virgen con el saludo de paz, que toma el lugar de la antigua promesa hecha a Eva nuestra primera madre". El oficio de vísperas, por otro lado, retoma un tema muy querido por los Padres, el del Verbo creador, por eso es vista su Encarnación como una nueva creación: "Gloria y acción de gracias a ti, Cristo Jesús Dios nuestro. Tú que has modelado al hombre a tu imagen y lo has sellado con semejanza a tu grandeza. Pero exiliado de tu heredad, tú has querido salvarlo y realzarlo de su caída, y has descendido y has hecho morada en el seno de la virgen".

En las víspera se retoma cinco veces el saludo del ángel para destacar el papel de María en el misterio de la salvación: "La paz sea contigo, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita entre las mujeres. La paz sea contigo, llena de gracia, madre del Creador de todo el universo. La paz sea contigo, llena de gracia, nave bendita que porta el tesoro que enriquece toda la humanidad. La paz sea contigo, llena de gracia, porque por ti la maldición de Eva ha sido cancelada. La paz sea contigo, llena de gracia, vid bendecida, porque toda la creación se deleita con el vino de tu racimo". En la fiesta los textos bíblicos, y especialmente los salmos, son leídos en clave cristológica: "Abajó los cielos y descendió. Dejando las filas de fuego y de espíritu y el lugar sublime de su existencia, el Verbo de Dios desciende para hacer morada en el seno de carne. La buena noticia de Gabriel porta la paz a toda la creación".

El oficio matutino recoge los diversos himnos de san Efrén, donde se subraya la espera en la oración de María: "¿Qué estaba haciendo, la casta, en el momento en el cual Gabriel, enviado, volando desciende hacia ella? Ella lo ve en el momento de la oración, porque también Daniel había visto a Gabriel durante la oración. La oración y la buena nueva, su pariente, es justo que exulten juntamente María e Isabel". Efrén presenta después algunas figuras bíblicas que reciben una buena noticia el momento de su oración: Abrahán, Ezequías, Zacarías, Simón Pedro, acercándose Gabriel, el "vigilante" que anuncia la Encarnación, a los pastores "vigilantes" en el nacimiento del Verbo de Dios: "En las alturas temblaba la misericordia a la voz de tus criaturas que imploran socorro. Fue enviado Gabriel, viene a dar el buen anuncio de tu concepción". Mientras, María intercede por toda la Iglesia: "Te suplicamos, Madre bendita, que intercedas ante Dios que por ti nace a fin de que lleguemos a la perfección de su amor y del nuestro y lleguemos al paraíso con todos los que han recibido la unción del santo bautismo".
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25 de Marzo de 2010;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

Lunes II de Cuaresma - Estación en San Clemente (junto al Coliseo)

También esta estación se lleva a cabo en la ladera del Monte Celio, en una de las basílicas romanas más importantes, el título de San Clemente. De hecho aquí reposa el cuerpo del que según la lista ordinaria fue el cuarto Papa, después de Pedro, Lino y Cleto. Identificarlo con el Clemente nombrado por San Pablo en la Carta a los Filipensis, es posible cronológicamente, pero no es seguro; abandonada del todo está la identificación de éste con Flavio Clemente Console e Martire. Ciertamente conocería a los Apóstoles y quizás fuese ordenado por San Pedro. a
A esta Basílica, la mejor conservada a pesar del paso del tiempo, fueron transportadas las reliquias del Santo Pontífice en el siglo IX, de ello se encargaron los Santos Cirilo y Metodio.

En la basílica inferior, en los años 417 y 499, tuvieron lugar los Concilios organizados por los Papas Zósimo I y Símaco.

En el 1084 Roberto il Guiscardo, junto a sus soldados, devastó el templo, veinte años después Pascual II lo reconscontruyó, sepultando parte de la basílica subterránea. También hicieron restauraciones Sixto V y Clemente XI, utilizando los diseños de Fontana.

En el interior de la iglesia domina el mosaico arbor vitae que extiende sus ramas entre Crsito que triunfa, entre los Apóstoles, las Vírgenes y los Doctores y la Mística Ciudad y, entre todas las criaturas.

La procesión estacional, todos los años, comienza y se desarrolla en la basílica subterránea del siglo IV, como una iglesia colecta, donde se funden los cantos, cuyas notas llegan al precioso techo del setecento, perdiéndose en el camino de la procesión que se aleja por los pasillos de la iglesia subterránea; una vez atravesado el quadriportico se llega a la iglesia superior donde, recorriendo la nave central, entre el incienso humeante de los turíbulos y los mármoles cosmatescos salpicados de hojas de laurel, se llega al altar.

Son los religiosos dominicos irlandeses los encargados de la supervisión de las excavaciones y de conservar, hasta hoy, todo este magnífico complejo. Pretender resumir, en el poco espacio disponible, todos los fondos que tiene la iglesia, sobretodo de San Clemente y de otros monumentos del lugar, sería una ilusión.

Aquí, bajo los arcos venerados y estrechos del templo, por los méritos y la intercesión del mártir San Clemente, la petición del alma se funde con los antiguos misterios y con el esplendor del arte para glorificar a Dios.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

domingo 20 de marzo de 2011

Domingo de San Gregorio Palamás (2º Domingo de Cuaresma de la Tradición Bizantina)

En el segundo domingo de Cuaresma se hace memoria de San Gregorio Palamás, arzobispo de Tesalónica, canonizado por la Iglesia Ortodoxa en 1368. Habrá que esperar hasta el siglo XVI para proclamar esta fiesta en el segundo domingo de Cuaresma, “de san Gregorio Palamás”, denominado como “segundo triunfo de la Ortodoxia”.

Defensor de la Ortodoxia

Gregorio Palamás nació en 1296 y muere en el año 1358. Se muestra como uno de los más grandes teólogos de la tradición bizantina. Sus escritos serán muy leídos en vida del santo y a lo largo del siglo XIV influirán en gran medida, junto a un proceso de gran desarrollo cultural. Éste será un periodo decisivo para la teología de la Iglesia oriental. Su actividad consistió en defender “la recta fe” frente a la tendencia del racionalismo de algunos monjes de influencia occidental, especialmente del monje italiano Barlaam.

La posición de Barlaam es afirmar que a Dios sólo se le puede conocer por medio de la razón, pero san Gregorio intentará explicar como es la relación entre la razón y el corazón, como se conoce a Dios desde la totalidad del hombre. Afirma que no sólo es necesario el estudio y la comprensión de las ideas acerca de Dios, sino que es imprescindible la santidad de vida y la purificación del ser humano por medio de la ascesis. Las diversas teologías fueron presentadas en un concilio llamado “hesicasta”, celebrado en Constantinopla, en el 1341 (luego prolongado en el 1347 y el 1351). Fue un periodo de crisis externa, de luchas internas y de una gran vivacidad intelectual. Sólo se puede comprender remontándonos al final del siglo XIII, cuando empeoraron las contiendas sobre las procesiones del Espíritu Santo y esto generará un nuevo ambiente teológico, que prepara la teología de la deificación del hombre.

Estas discusiones fueron las que estimularon definir como sucede el proceso de deificación; cómo era la intervención del Espíritu Santo y cómo sucede la iluminación del hombre dentro del proceso de santidad. Pero el hesicasmo no representa en el cristianismo una doctrina nueva, ni un fenómeno inédito, sino que es la experiencia de la Iglesia desde los primeros siglos, así como una piedad auténtica y verdaderamente difundida entre los cristianos. Esta doctrina se asienta en los Padres y funda su doctrina en los escritos de San Gregorio Palamás. Esta renovación tiene sus consecuencias en el mundo doctrinal y en el arte sacro. La renovación cultural estaba ligada a la una rica decoración del lenguaje teológico plagado de imágenes simbólicas.

Los hesicastas no presentaban grandes novedades en su doctrina, renovaban una realidad presente desde los orígenes de la Iglesia sobre “la quietud espiritual”. Esta “divina paz” estaba unida a la oración ininterrumpida, aquella que dice: “Señor Jesús Cristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí”. A esta oración los monjes no asignaban ninguna función mágica, sino que, practicándola, evitaban la dispersión de la mente en las realidades de este mundo. Sin distracciones, se ponían en la actitud más adecuada para servir a Dios y dejarse transformar, abriendo la mente y el corazón al Espíritu Santo. Muchos pueden relacionar esta actitud con la pasividad, pero es todo lo contrario, ya que el contemplativo seguía esta oración continua en el trabajo y en la comunidad, una súplica a Dios para que le muestre la verdadera esencia de las cosas, el trabajo y las personas. El monje participa de las energías increadas.

San Gregorio Palamás describe así el tipo de monjes santos: «Ellos han abandonado la alegría de los bienes materiales, la gloria humana, y los placeres de cuerpo y han preferido la vida evangélica, alcanzando la edad madura según Cristo».

Elemento de su enseñanza

Como hemos visto, san Gregorio Palamás recapitula su sabiduría de toda la tradición patrística. Distingue la inalcanzable sustancia divina de sus Energías, que sí son alcanzables. Esta división no era nueva, sino que la encuentra en las enseñanzas de San Basilio en Grande, en san Juan Crisóstomo y en Máximo el Confesor, entre otros. Contrariamente al Dios de los filósofos, un Dios inaccesible, no próximo y castigador de los hombres, san Gregorio Palamás enseña al Dios de los santos, pleno de amor por el hombre y que comunica sus increadas energías. Escribe: «si no existe esta distinción entre la imparticipable Sustancia divina y sus participadas Energías, se interrumpiría todo contacto y comunicación con Él».

La gracia de Dios no es Su esencia, pero sí, sus energías. Esencias y energías son ambas increadas, divinas. De la esencia divina no participan las criaturas. El hombre es criatura. La distinción entre esencia y energías no implica una división en Dios, ya que Dios está presente en su esencia incomunicable y también en las energías. Cuando la Gracia de Dios se manifiesta en nosotros y está en nosotros, participamos de su Vida en el Espíritu Santo. Por lo tanto, lo que santifica al hombre viene de Dios y no sólo de un ejercicio humano de perfección, aunque esto sea necesario.

Obviamente en la vida presente esta capacidad de conocer de Dios es muy limitada, comparada con lo que viviremos en la vida eterna. «Este conocimiento limitado es idéntico con el justo empeño personal y con el grado de perfección de todos». La vía del conocimiento de Dios o su visión era vista por nuestro santo como un continuo ejercicio y empeño de purificación por la inclinación que el hombre tiene al pecado, pero que sucede a lo largo de una perseverante vida en el proceso de santidad.

Como hemos vistos más arriba, san Gregorio Palamás no acepta un dualismo entre alma y cuerpo, admitido por Barlaam, que lo recoge de la filosofía griega. En esta actitud del monje italiano hay un abierto desprecio del cuerpo y de la materia. San Gregorio afirmará la unidad del hombre en todas sus dimensiones humanas, ya que el Verbo de Dios quiso hacerse hombre. No quiere identificar el alma con lo racional y lo eterno, ni el cuerpo con lo caduco y despreciable. Sigue subrayando el acontecimiento de la Creación, donde sucede la vida del hombre y la vida espiritual, así como la acción del Espíritu Santo y los sacramentos de la Iglesia y la fe de la resurrección de los muertos. Cuando comulgamos, comulgamos los Sagrados Dones, cuando somos ungidos, lo somos con Santo Crisma y cuando practicamos la caridad, curamos heridas y acogemos al hermano. Así como Cristo, tras su resurrección, se apareció a sus discípulos con un cuerpo transfigurado.

Este proceso sería imposible sin entrar en un proceso de purificación, virtud y liberación de las pasiones. La ascesis debe expresar siempre este proceso de santificación de cuerpo y alma, no sólo de uno de esos aspectos, y armonizarlos en una unidad vital ante Dios. El hombre se va adecuando a este proceso de santificación progresiva, en la que se transforma.


Daniel Rodríguez Diego

Libros 2011: La liturgia della professione religiosa.

M. Augé, La liturgia della professione religiosa. Dal rito liturgico al significato evangelico, 2011, 112pp.

Le pagine di questo studio ci aiutano a conoscere meglio la storia del rito della professione religiosa con le sue diverse forme elaborate nel tempo, fino alla pubblicazione dell’edizione tipica dell’Ordo professionis religiosae nel 1970. Di questo si analizzano la struttura generale, con speciale attenzione alle preghiere di benedizione dei neoprofessi, e le linee teologiche portanti. Particolare spazio è offerto all’analisi di alcune rielaborazioni del rituale tipico realizzate da tre diversi istituti, uno monastico, l’altro appartenente agli ordini mendicanti e l’ultimo facente parte degli istituti di vita apostolica.
Matias Augé (Perafort 1936), clarettiano, è preside emerito dell’Istituto di teologia della vita consacrata “Claretianum” e professore onorario al Pontificio istituto liturgico Sant’Anselmo di Roma. Dal 1994 è consultore della Congregazione per il culto divino e la disciplina dei sacramenti. Ha scritto numerosi articoli e collaborato a diversi volumi e dizionari teologici.

Domingo II de Cuaresma - Estación en Santa María "in Domenica" (llamada "la navecilla")

Esta Estación fue instituida entre el siglo IX-X, obedeciendo una piadosa costumbre, que no es de las más antiguas, y que quiere que en este Domingo, por un espacio de tiempo, no se celebrase la Estación ya que los fieles estaban cansados de la larga vigilia, del ayuno y de las funciones solemnes celebradas en San Pedro el Sábado precedente para las ordenaciones de los Levitas; éstas terminaban a horas muy tardías, al final de la Pannuchis.

S. Maria in Dominica o "Domenica" fue elegida alrededor de los siglos VI y VII, pero se piensa que antes, porque era la sede del Archidiácono, es decir, del encargado de la administración financiera y caritativa de la diócesis. La tradición, de hecho, nos dice que también San Lorenzo habría desempeñado su ministerio aquí.

La "odierna stazione" como se decía entonces, es la primera diaconía que Pascual I restauró en los albores del siglo IX, dándole la forma actual que todavía hoy se puede admirar, aunque en el siglo XVI fue renovada por León X pero se dejó intacta, igual ocurre con las últimas restauraciones del siglo pasado. En el interior encontramos un mosaico de estilo tipicamente carolingio, situado sobre el ábside y el arco triunfal; éste, que se remonta al siglo IX, magnifica la figura del Maestro rodeado de ángeles y de los Apóstoles, mientras que en la parte baja se encuentra a María, glorificada, con el Papa, que le besa el pie.

En el patrimonio litúrgico de la Iglesian no faltan nunca enseñanzas y enseñantes para toda clase de exigencias para el alma cristiana "floribus eius nec rosae nec lilia desunt". En este templo sobre la colina del Celio, Perin del Vaga ha pintado flores y frutos en los frisos que circundan la nave central y que ayudan a disponer el espíritu por medio de una meditación más serena .

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado 19 de marzo de 2011

Sábado I ( "de las CuatroTémporas" ) de Cuaresma - Estación en San Pedro "in Vaticano"

En la noche entre el “sábado de las Cuatro Témporas” y el Domingo eran ordenados, es decir, recibían el Sacramento del Orden, los Sacerdotes y Diáconos. La Ordenación tenía lugar en la basílica de San Pedro, sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles, al cual el Señor había conferido la primacía pastoral: “Apacienta…”. Esta encomienda está escrita en latín y en griego con caracteres gigantes, en oro, a lo largo de toda la basílica. Este templo que Constantino, primeramente, resolviendo dificilísimos problemas arquitectónicos lo quería “centrado” sobre la humilde tumba de tierra, sellada por uno de los monumentos más majestuosos que la humanidad había construido.

Debe haber sonreído el Señor cuando, a Pedro que le pedía qué habría tenido en recompensa por haber dejado todo, le respondiese que habría tenido el céntuplo también aquí abajo: bastará admirar la tumba.

La Estación se inicia con las cinco lecturas de la Escritura, al término de las cuales se añade un trozo de su más eficaz carta, la carta a los Tesalonicenses; continúa la liturgia de la Misa.

En esta magnífica basílica, corazón de la cristiandad, hay abundante arte y fulgores de vida que Miguelángel y Bramante han sabido espléndidamente representar aquí sobre la tumba del príncipe de los Apóstolos.

El eco de la Liturgia, las enseñanzas de Pablo, el ejemplo de Pedro, son repetidos por los Pontífices que aquí reposan, por los Santos Fundadores, que hablan desde sus hornacinas, por los mártires y por las reliquias de la Pasión, custodiadas en el tabernáculo superior, como en el monte Tabor.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

viernes 18 de marzo de 2011

Viernes I de Cuaresma ( llamado "de las Cuatro Témporas de Primavera" ) - Estación en los Santos XII Apóstoles, en el "Foro de Trajano".

Este día, "Viernes de las Cuatro Témporas de Primavera" nos recuerda todavía la antigua preparación de los ordenandos (Sacerdotes, Diáconos) con los así llamados “escrutinios”. Por esto eran elegidas iglesias grandes.

La inmensidad solemne de la basílica de los Santos XII Apóstoles acoge a los peregrinos que se acercan para rezar sobre la tumba de los Apóstoles Felipe y Santiago y sobre los sepulcros de los numerosos Mártires, que aquí, en la vasta y sugestiva cripta, a modo de catacumba, "in pace sepulta sunt".

Se sabe que, en el siglo VI, tras las guerras goticas, el general Narsete habría pedido y pagado la costrucción de una iglesia, como ex-voto, iglesia que será edificada y consagrada por los Papas Pelagio I y por su sucesor Juan III. Aunque faltan restos arqueológicos se piensa que habría una basílica más antigua, construida probablemente en el siglo IV por Julio I.

Sabemos que la iglesia estaba ricamente adornada de mosaicos e imágenes, porque el Papa Adriano I, en una carta a Carlo Magno la cita como ejemplo demostrativo y que los antiguos honraban así las imágenes de los Santos. Un gran terremoto en 1348 la dañó notablemente, los Papas estaban en Aviñón hasta que Martín V, Odón Colonna, elegido en el Concilio de Costanza en 1417, la restauró.

En el majestuoso templo no se puede dejar de admirar el pórtico con nueve arcos del Cuatrocento de Baccio Pintelli, que lo divide de la fachada encargada al Valadier dai Torlonia. También el genio de Canova refulge aquí con el monumento a Clemente XIV obra completada junto al gran escultor Volpato.

También se encuentra aquí el retablo más grande existente en Roma, pintado por el Muratori; en el corredor contiguo al templo se yergue el monumento al Cardenal Bessarione, obra atribuida a Miguelángel.

Todo lo que está alrededor del altar central son tecas y relicarios de este santuario de Mártires, que nos ayudan a hacer llegar a Cristo las invocaciones que hasta este templo llegan como misterioso rayo de esperanza.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

jueves 17 de marzo de 2011

Jueves I de Cuaresma - Estación en San Lorenzo "in Panisperna".

De la colina del Esquilino a la colina del Viminal, la estación cuaresmal hace una parada en este jueves en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. El diácono Lorenzo fue uno de los Santos más venerados en Roma, donde la tradición dice que durante la persecución de Valentiniano fue martirizado con el tormento del fuego. Por esto el Papa Gregorio II, en el siglo VIII, elige esta estación en la iglesia aquí construida y denominada "in Panisperna" porque deriva del nombre de la vía donde era dado el pan a los peregrinos que participaban en los ritos sagrados.

La iglesia original era muy antigua y era denominada San Lorenzo in Formoso, en referencia al homónimo pontífice, del 896. Fue demolida y el Cardenal Sirleto en 1573 encargó la reconstrucción a Francesco da Volterra, que la inició en el siglo XIV.

Entrando se puede ver un gran fresco de 1597 de Pasquale Cati da Iesi, alumno de Miguelángel que quería cubrir la pared principal del templo con su obra, en la cual se ve en un primer plano a Lorenzo sentado en la parrilla haciendo caso omiso a los espasmos del cuerpo abrasado, mas con la pose de un vencedor. Igualmente otro fresco de Antonio Bicchierai de 1750 muestra el martirio del santo titular.

La procesión estacional a esta iglesia se hace con fatiga y con ésta misma se desciende por las escaleras que llevan al lugar subterráneo donde tuvo lugar el martirio. De aquí se prosigue a una placita tranquila donde se convierte en melodioso el escuchar a los hermanos franciscanos salmodiar en este pequeño lugar dedicado al "stauroforo" de Cristo.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

miércoles 16 de marzo de 2011

Miércoles I de Cuaresma ( llamado "Tempora" ) - Estación en Santa Maria "la Mayor"

Las tres Estaciones en Santa Maria la Mayor han tenido siempre un significado de devoción a la Madonna, como aquella primera, que acompañaba a los Ordenandos al Presbiterado y al Diaconado, los cuales el Domingo siguiente, la recibirían en San Pedro. Por esta razón pedían la protección de la Madre celeste de Cristo y de la Iglesia.

La basílica en el Esquilino habría sido construida por el Papa Liberio, tras la nevada en el mes de Agosto del 352. Sobre esa, el Papa Sixto III habría construido la actual. Las excavaciones no han confirmado la existencia de una basílica liberiana, sino sólo la de Sixto III (432-440), como indica el arco interno. Se podría pensar que el Papa Liberio la habría comenzado y el Papa Sixto, un año después que el Concilio de Éfeso hubiera proclamado como legítimo el apelativo de Theotókos o Madre de Dios, la habría llevado a cabo como un “monumento” a la divina maternidad de María. Y éste es el más grande del mundo dedicado a la Virgen.

De hecho la Madonna "nuestra salud o salvación" - atribuida a San Lucas - está situada en la grandiosa capilla borguesiana, donde el peregrino viene a rezarle como "salus populi romani".

El Fiat de la Virgen tiene en este templo su admirable apoteosis terrena que remite directamente a los eventos que la hacen llegar a ser Madre del Redentor y Corredentora del género humano.

Después de haber admirado los restos de la santa cuna de Belén donde estuvo recostado el Salvador del mundo y que se encuentra en la esplédida cripta, completada por Virginio Vespignani, se sale así, de este templo, rico en enseñanzas pero igualmente de elocuente amor materno que siempre otorga la tierna Madre.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

martes 15 de marzo de 2011

"El Canon de Andrés de Creta" al inicio de la Cuaresma Bizantina

Dame, oh Verbo, la bebida de tu Palabra


Las Iglesias de tradición bizantina durante la primera semana de la Gran Cuaresma en el Oficio de Apódipnon (Completas) cantan diversas partes del canon penitencial de San Andrés de Creta, que vivió entre el 660 y el 740. Andrés escribe este texto que es un gran canto a la misericordia y a la bondad de Dios, manifestada en Cristo, canto que es fruto de una lectura, de una verdadera lectio divina de toda la Sagrada Escritura. Se trata de un texto muy largo, muy profundo y bello, no siempre fácil, al cual se añadirán más tarde los troparios sobre Santa María Egipciaca y sobre el mismo San Andrés de Creta.
El texto está formado por nueve odas que siguen los nueve cantos bíblicos - ocho del Antiguo Testamento y dos del Nuevo - que forman parte del matutino bizantino. El primero de los troparios de cada una de las odas ofrece el enlace cristológico o eclesiológico del testo mismo: "Estáte atento, oh cielo, y hablaré, y celebraré a Cristo, venido de la Virgen en la carne... Fortelece, oh Dios, a tu Iglesia, sobre la inamovible roca de tus mandamientos... Ha escuchado el profeta tu venida, oh Señor, y ha sentido temor, ha escuchado que nacerá de la Virgen y te mostrará a los hombres, y decía: he escuchado tu anuncio y he sentico temor; gloria a tu poder". A lo largo de las nueve odas encontramos el desarrollo de diversos temas bíblicos, comenzando por los veterotestamentarios para pasar en la misma oda a los del Nuevo Testamento.

En la oda primera la historia de Adán y Eva y de Caín y Abel está entrelazada por las parábolas del hijo pródigo y del Buen Samaritano: "Habiendo emulado en la trasgresión a Adán, el primer hombre creado, me veo despojado de Dios, del reino y del gozo eterno, a causa de mi pecado. ¡Ay, alma infeliz! ¿Por qué te has hecho semejante a la primera Eva? Has tocado el árbol y has gustado imprudentemente el fruto del engaño. Cayendo con la intención en la misma sed de sangre de Caín, me he convertido en el asesino de mi pobre alma. Consumada la riqueza del alma con el libertinaje, soy privado de piadosas virtudes y hambriento grito: ¡Oh padre de piedad, sal a mi encuentro con tu compasión. Soy yo el que me he tropezado como los ladrones, que son mis pensamientos, me han cubierto de llagas: ven tú mismo, por tanto, a curarme, oh Cristo!".

Aún las figuras de Adán y Eva son yuxtapuestas en la segunda oda a la del publicano y la prostituta: "He oscurecido la belleza del alma con las voluptuosidades pasionales, y he reducido totalmente en polvo mi intelecto. He lacerado mi primera vestidura, aquella que ha tejido para mí el Creador. Me he vestido con una túnica lacerada, aquella que me ha tejido la serpiente con su consejo, y estoy lleno de vergüenza. También yo te presento, oh piadoso, las lágrimas de la meretriz: sé propicio conmigo, oh Salvador, en tu amorosa compasión. Acoge también mis lágrimas, oh Salvador, como ungüento. Como el publicano a tí grito: Sé propicio conmigo".

Vienen presentadas en la odas sucesivas (tercera-cuarta) la fe de Abraham, la escala de Jacob, la figura de Job, la Cruz como lugar donde Cristo renueva la naturaleza caída del hombre: "He manchado mi cuerpo, he ensuciado mi espíritu, estoy todo lleno de llagas; pero tú, oh Cristo médico, cura mi espíritu y cuerpo con la penitencia, báñame, purifícame, lávame: déjame más puro que la nieve... Crucificado por todos, has ofrecido tu cuerpo y tu sangre, oh Verbo: el cuerpo para re-plasmarme, la sangre para lavarme; y has entregado el espíritu para portarme, oh Cristo, a tu Engendrador. Has obrado la salvación en medio de la tierra. Por tu voluntad has sido clavado en el árbol de la Cruz y el Edén que había sido cerrado, se ha abierto... Sea mi fuente bautismal la sangre de tu costado, y bebida el agua de remisión que ha brotado... y sea ungido, bebiendo como crisma y bebida, tu vivificante palabra, oh Verbo".
Las odas quinta, sexta y séptima contemplan la experiencia del desierto y las infidelidades del pueblo y de los reyes de Israel, y Cristo que cura y salva: "Por mí, Tú que eres Dios, has asumido mi forma; has obrado prodigios, sanando leprosos, enderezando paralíticos, deteniendo el flujo de sangre en aquélla que te tocaba la franja del vestido, oh Salvador... Imita, oh alma, a aquélla que se postro rostro en tierra: póstrate, arrójate a los pies de Jesús, porque Él te enderezará y tú caminarás recta por los senderos del Señor".

La octava oda canta los grandes del Antiguo y del Nuevo Testamento: "Has escuchado hablar, oh alma, de los ninivitas, de su penitencia ante Dios en saco y ceniza : tú no los has imitado, sino que has sido más ignorante que todos aquellos que han pecado antes y después de la Ley. Como el ladrón, grito a tí: ¡Acuérdate! Como Pedro, lloro amargamente; perdóname, Salvador, a tí grito como el publicano; lloro como la meretriz: acoge mi gemido".

Finalmente, después de todos los ejemplos y modelos del Antiguo Testamento, Andrés de Creta en la oda nona presenta todo el misterio salvífico de Cristo que cura, llama a la humanidad a seguirlo y salva: "Te traigo los ejemplos del Nuevo Testamento, oh alma, para inducirte a compunción: Cristo se ha hecho hombre para llamar a la penitencia a los ladrones y prostitutas... Cristo se ha hecho niño según la carne para conversar conmigo, y ha cumplido voluntariamente todo lo que es de la naturaleza, excepto el pecado... Cristo ha salvado a los magos, ha convocado a los pastores, ha convertido en mártires una muchedumbre de inocentes... El Señor después de haber ayunado cuarenta días en el desierto, al fin tuvo hambre, mostrando así su humanidad... Cristo enderezó al paralítico, resucitó a jóvenes difuntos... El Señor curó a la hemorroisa que le tocó la franja de su manto, purificó a los leprosos e iluminó a los ciegos; hizo caminar a los cojos... para que tú pudieras salvarte, alma infeliz... Curando las enfermedades, Cristo, el Verbo, ha evangelizado a los pobres... El publicano se ha salvado y la prostituta se ha convertido en casta".

El texto del gran canon de Andrés de Creta cuenta la historia de la salvación operada por Dios en cada uno de nosotros: "Te he presentado, oh alma, la historia del inicio del mundo escrita por Moisés, toda la Escritura que nos viene por Él y que te narra sobre justos e injustos... Te traigo los ejemplos del Nuevo Testamento, oh alma, para inducirte a compunción: emula, por tanto, a los justos, aléjate de los pecadores y ríndete propicio a Cristo con las oraciones y ayunos, con castidad y decoro". En un texto que nos coloca ante los diversos aspectos con los cuales la Iglesia a lo largo de la Cuaresma nos confronta, es decir, la misericordia de Dios y por medio de ésta nuestro camino de retorno a Dios, teniendo a Cristo mismo como Pastor y como Guía, Él que lleva de la mano a Adán hacia Eva, que toma la mano de Pedro que se hunde en las aguas, que alza al niño epiléptico curado, y que finalmente el día de la Pascua toma de nuevo por la mano a Adán y Eva para hacerlos salir de los infiernos y regresarlos al paraiso.

(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 9 de Marzo de 2011;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López
)

Martes I de Cuaresma - Estación en Santa Anastasia, en el Palatino.

Esta meta estacional nos lleva de nuevo a las laderas del Palatino en el antiguo barrio griego. Desde hace muchos años la Pontificia Academia Cultorum Martyrum (ya Collegium) recuperó la Misa de la Aurora en el día de la Natividad del Señor recordando la antiquísima costumbre del Papa, que se hacía presente, en las primerísismas horas del alba, para celebrar la Santa Misa. El Pontifice venía también a ésta para la distribución de las cenizas el primer día de Cuaresma y de aquí partía la procesión hacia Santa Sabina.

"Aghia Anàstasis" la santa Resurrección o Santa Anastasia, mártir de Sirmio, eran estos los probables motivos de la dedicación de este templo, iglesia oficial de los empleados griegos del tardío imperio .

El interior del templo es de una gran claridad, en el techo y en los arcos, en las paredes y en las columnas. Parece un himno a la pureza de Santa Anastasia, que reposa bajo el altar, iluminado por la gloria del Cristo.

En esta iglesa reposan también la mártir Faustina, el Obispo Toribio y el Cardinal Mai.

Todo lo que hay aquí habla de Cristo que, en la vida terrena, invita a todos a seguirlo.

Entre 1600 y 1700 el Papa Urbano VIII en primer lugar, y el Cardenal Nunez de' Cunha después, la estructuraron.

En esta iglesa estaba el depósito que custodiaba las insignias y cruces de varios grupos eclesiásticos, que participaban en las Estaciones.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

lunes 14 de marzo de 2011

Lunes I de Cuaresma - Estación en San Pietro "in Vincoli", en "Colle Oppio".

En esta zona donde, sino justo debajo de la iglesia, estaban las oficinas y también las cárceles del "Praefectus Urbis", es posible que los apóstoles hayan estado para ser juzgados y condenados. En recuerdo de esto la tradición coloca los "vincula", es decir, las cadenas, que encadenaron a Simón, llamado Pedro el Galileo.

La figura del Moisés legislador, ideado para la futura tumba de Julio II, ciertamente no escapa de nuestra mirada, especialmente para todos aquellos que llegan a este templo como peregrinos, siguiendo las divinas huellas de Cristo en los caminos de la salvación. La majestuosa obra de Michelangelo, se adecua a este soberbio templo, que Sixto III (432-467) quiso edificar aquí con el dinero ofrecido por la Emperatriz Eudoxia, dedicándolo a Pedro y Pablo, pero especialmente a Pedro, el primer Papa; por esto se le llamó a la basílica "Eudoxiana". Aquí contrasta claramente la figura del Moisés miguelangelesco con la del dulce maestro Pedro "oboediens usque ad mortem crucis".

Sus cadenas se conservan en un artístico tabernáculo en la austera cripta de esta basílica, donde también reposan los mártires Macabeos.

Se palpa la dulzura de Pedro en las pinturas de Jacopo Coppo, donde el príncipe de los Apóstoles sufre, encadenado por el Señor, mientras el ángel está a punto de liberarlo.

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)