jueves 2 de febrero de 2012

La Fiesta del "Encuentro del Señor" en la Himnografía e Iconografía Bizantina

Hoy el "Anciano de los días" se hace niño

En las Iglesias orientales la Fiesta del 2 de Febrero es una de las doce grandes fiestas del año litúrgico. Testimoniada ya en la segunda mitad del siglo IV, subraya el encuentro entre la humanidad, representada por los ancianos Simeón y Ana, y la divinidad, Cristo mismo.

La Iconografía tiene pocas variantes, desde los mosaicos romanos de Santa María in Trastevere hasta los Balcanes, Cristo, María y Simeón son las figuras centrales, José y Ana en segundo plano. El Altar con manteles y baldaquino transforma el templo de la antigua alianza en edificio de culto cristiano. Así la presentación de Jesús cuarenta días después de su nacimiento se convierte en la Fiesta del "Encuentro"de la humanidad envejecida con el hombre nuevo, Cristo. En algunos iconos María porta al niño en sus brazos, en otros es Simeón el que lo sostiene, recordando así la Gran Entrada en la DIvina Liturgia bizantina, cuando el obispo recibe los dones preparados del pan y del vino para ser colocados sobre el altar.

Simeón, al igual que el obispo, acogiendo a Cristo se convierte en aquél que profesa la fe de la Iglesia: "Ahora he sido liberado, porque he visto a mi Salvador. Éste es aquél que ha dado a luz la Virgen: es el Verbo, Dios de Dios, aquél que por nosotros se ha encarnado y ha slavado al hombre. Ábrase hoy la puerta del cielo: el Verbo eterno del Padre, ha asumido un principio temporal, sin salir de su divinidad, es por su voluntad presentado en el templo de la Ley por la Virgen Madre y el anciano lo toma entre sus brazos".

La profesión de f ede los cuatro primeros Concilios ecuménicos es puesta en boca de Simeón; también en el momento de la presentación del candidato a la ordenación episcopal, éste pronuncia tres profesiones de fe relacionadas con estos cuatro concilios. Simeón mismo, en un texto, se convierte en figura de Cristo en su descenso a los infiernos: "Ahora deja que yo me marche, oh Soberano, para anunciar a Adán que he visto al Dios que existe antes de los siglos, sin mutación, hecho niño".

Diversos troparios subrayan como el niño presentado en el templo es también aquél que había hablado en el Antiguo Testamento: "Acoge, Simeón, a aquél que Moisés vió entonces, en la oscuridad, cuando le daba la Ley en el Sinaí, y que ahora, hecho niño, se sujeta a Ley".

El encuentro entre la humanidad envejecida simbolizada por Simeón y Ana y la nueva humanidad por Cristo, nos lleva a interpretar un versículo del profeta Daniel (7, 9) en clave cristológica: "El Anciano de los días, hecho niño en la carne, es llevado al santuario por la Virgen Madre. Se hace niño por mí el Anciano de los días; el Dios purísimo se somete a las purificaciones, para confirmar que es realmente mi carne la que ha asumido de la Virgen. Aquél que la visión del profeta ve como un viejo "anciano de los días" ahora aparece como "nuevo niño", como lo canta la liturgia de Navidad.

María, la Madre de Dios, es presentada en los textos litúrgicos como aquella que porta a Cristo. Uno de estos textos litúrgicos ha entrado en el oficio romano (Adorna thalamum tuum Sion): "Adorna tu tálamo, oh Sión y acoge a Cristo rey; abraza a María, la celeste puerta, porque ella se ha convertido en trono de los querubines, ella porta al rey de la gloria; es nube de luz la Virgen porque lleva en sí, en la carne, al Hijo que existe antes de la estrella de la mañana".

En un largo tropario de Andrés de Creta los brazos que portan a Cristo no son los de María sino los del anciano Simeón, ambos son figura de la Iglesia que porta a Cristo a los hombres, introduciendo de modo discreto la figura de José, en un segundo plano, también en la iconografía: "Aquél que es portado por los querubines y celebrado por los serafines, presentado hoy en el sacro templo según la Ley, tiene por trono los brazos de un anciano; de manos de José recibe dones dignos de Dios: bajo la forma de dos tórtolas, he aquí la Iglesia incontaminada y el nuevo pueblo elegido de entre los gentiles, junto a dos pequeñas palomas para significar que él es el Príncipe de la paz del antiguo y del nuevo pacto. Simeón, acogiendo el cumplimiento del oráculo que había recibido, bendice a la Virgen Madre de Dios, María, prediciéndole simbólicamente la pasión de aquél que ha nacido de Ella, y a Él le pide ser librado de la vida, gritando: Ahora deja que me vaya, oh Soberano, como habías anunciado, porque yo te he visto, luz sempiterna, y Señor Salvador del pueblo que de Cristo toma nombre".

(Publicado por Manuel Nin en l'Osservatore Romano el 2 de Febrero de 2012; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado 28 de enero de 2012

Endemoniados.

No va ni una semana y tengo que volver a hablar de otro libro de un monje de Bose. Hoy toca hablar de "Escuchad al Hijo amado, en él se cumple la Escritura" de Enzo Bianchi. En este blog he recomendado otro comentario suyo a las lecturas dominicales. Y la de hoy parece escrita por un filósofo positivista del s. XIX. Pero me ha hecho hasta gracia, porque me ha recordado un "ilustre" precedente. Cuando era seminarista de 2º de teología, en una parroquia un sacerdote mayor y bastante bajo de estatura comentaba el evangelio de la "legión" de endemoniados. Al principio de la homilía negó la existencia de la posesión diabólica, el demonio, etc. etc. Al final de la homilía dijo algo como esto: "y en cuanto a los demonios, debían ser muchos, porque no cabían en los cerdos".
El comentario al cuarto domingo ordinario de Bianchi va un poco en esta línea: "el hombre estaba 'poseído por un espíritu impuro', es decir, sufría trastornos psíquicos que se manifestaban de modo violento, enigmático, anómalo, razón por la cual se atribuían a espíritus malignos, al demonio" (p. 100). El relato de Marcos de este domingo es tan breve que no se puede, honradamente, decir ni media palabra sobre la situación del endemoniado o si lo era: "Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar". Luego Bianchi dice: "Frente al mal y al poder del Maligno...", para luego decir que "Jesús cura al enfermo. Y aquel mal, tanto tiempo reprimido, sale de ese hombre", para en la página siguiente decir "Este episodio de la vida de Jesús, que narra un exorcismo,".
Lo más adecuado para este domingo, más que hacer de filósofos positivistas del s. XIX, es predicar algo como lo que dice san Agustín en su Tratado sobre el Evangelio de Juan (6, 21):

"Gran cosa es la fe, pero no aprovecha nada sin la caridad. Los demonios confesaban a Cristo. La fe, no el amor, les hacía decir: ¿Qué hay entre nosotros y tú? Tenían fe, pero no caridad. Por eso eran demonios. No te gloríes de la fe, tú que todavía eres comparable a los demonios"

Alocución del Arzobispo Ortodoxo de España y Portugal en la Solemnidad de san Ildefonso de Toledo

Alocución de su Eminencia Policarpo Stavrópoulos, Arzobispo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, Metropolita de España y Portugal y Exarca del Mar Mediterráneo, pronunciada en la Santa Iglesia Catedral Primada durante la celebración de la Santa Misa en Rito Hispano-Mozárabe, con motivo de la Solemnidad de San Ildefonso, Obispo y Patrón de Toledo, el 23 de enero de 2012.

Excelentísimo y Reverendísimo Arzobispo Metropolitano de Toledo y Primado de España Don Braulio,
Reverendísimos Padres,
Estimadas Autoridades,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Nos hemos reunidos aquí en esta majestuosa Catedral Primada de Toledo celebrando la solemne conmemoración de San Ildefonso, gran Padre de la Santa Iglesia de Cristo, obispo y patrón de Toledo, una de las primeras tierras y diócesis cristianas ibéricas, en la antigua y venerable liturgia hispano-mozárabe, hija de la liturgia siriaca oriental.

La palabra "santo" en la lengua griega antigua indica una persona distinguida, una persona que se distingue de las otras. Estas personas son distinguidas, es decir santas, porque su vida se distingue por la continua oración y contemplación mística, la iluminación interior, la purificación del corazón, la visión de Dios (theoría), el hacer milagros, y para usar el lenguaje de los Santos Apóstoles por la participación en la santidad de Dios. La santidad no es una virtud humana, sino una donación del Espíritu Santo. Los Santos poseen la Gracia porque están unidos continuamente al Dador de cada don perfecto y al Padre de la Luz sin ocaso. La Gracia de Dios que habita en los Santos, toca también su cuerpo y la creación, y por ese motivo sus reliquias tienen también la Gracia de Dios y son fuente de milagros. Esta Catedral Primada es un lugar que irradia mucha Gracia por medio de las reliquias de San Ildefonso, este gran Padre occidental de la Iglesia Universal, que las guarda con celo divino.

La santidad es comunión con Dios Trino dentro del Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, fuera de la cual no existe salvación, como dice otro gran Padre occidental de la Iglesia, San Cipriano de Cartago. Cuantos participan en la acción divinizadora de Dios se hacen templos vivos del Espíritu Santo, es decir, Santos, Confesores y Mártires. Dios, el Santo por excelencia, nos exhorta en el Antiguo Testamento a hacernos también nosotros santos, como El es. La santidad está relacionada con el martirio, el testimonio. Son dos cosas inseparables en la vida del verdadero cristiano. Si no es testigo y santo, o por lo menos lucha continuamente por la santidad, no es cristiano como Cristo y los Santos Padres de la Iglesia, orientales y occidentales, comúnmente enseñan. Es un cristiano templado que será condenado como dice muy claro el Apocalipsis.

La Solemnidad de San Ildefonso de Toledo coincide dentro la "Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos", por la cual con tanta fuerza e insistencia han luchado los Santos Padres de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, entre los cuales dominan ilustres santas personalidades ibéricas, como Cecilio de Granada, Osio de Córdoba, Paciano de Barcelona, Braulio de Zaragoza, Gregorio de Elvira, Leandro e Isidro de Sevilla, Julián e Ildefonso de Toledo, Martín de Braga, Potamio de Lisboa, Dámaso de Roma. El Beato Papa Juan-Pablo II, el Papa de los dos pulmones de la Cristiandad, uno oriental y uno occidental, inaugurando el gran Jubileo de los 2.000 años del nacimiento según la carne de Nuestro Señor Jesucristo, el único Salvador y Redentor del mundo, el Hijo Unigénito y Verbo de Dios, hizo particular mención de los Santos de la fe en Cristo, mártires, confesores y padres, los cuales llamó "puente de unidad" entre los cristianos de hoy, un puente firme y seguro.

En los tiempos antiguos los verdaderos cristianos sufrieron el "martirio de sangre", como Eulalia de Barcelona, Vicente de Valencia, Hermenegildo príncipe, Eulogio y Lucrecia de Córdoba, Esteban de Cádiz, por mencionar los más ilustres mártires hispanos que son honrados también en Oriente. Hoy los verdaderos cristianos sufren el "martirio de la conciencia", que según los Santos Padres de la Iglesia es más fuerte y doloroso del "martirio de sangre", porque el de conciencia es continuo e insistente. Vivimos en una época de enorme crisis espiritual y moral principal y segundariamente económica, que es hija de la primera. Reina la apostasía, como en los tiempos del antiguo Israel. La superación de cada crisis se hace a través la fe firme en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nacido nuevamente hace pocos días "por nosotros los hombres y por nuestra salvación", reforzados por los eternos e inmortales ejemplos y guías, que son nuestros Santos, como San Ildefonso, obispo y patrón de Toledo.

Por sus santas intercesiones Cristo Nuestro Dios ten misericordia de nosotros y sálvanos. Amen.

+ Policarpo

viernes 27 de enero de 2012

Encuentro de Delegados de Liturgia: Liturgia, celebración de la fe.

Encuentro anual de Delegados diocesanos de Liturgia
Madrid, 30 - 31 Enero 2012

Programa:
Día 30, Lunes
17.00: Oración de apertura. Saludo y presentación del encuentro
Mons.Lluís Martínez Sistach, Cardenal Arzobispo de Barcelona, presidente de la C. E. de Liturgia.
 
17.30: Ponencia: “Ante el ‘Año de la fe’: el Misal Romano para redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada.” Mons. Julián López Martín, Obispo de León, miembro de la C.E. de Liturgia
Diálogo con el ponente.
 
18.45: Descanso.
 
19.15: Comunicación: “El proceso de traducción del Misal”
P. Lino Emilio Díez Valladares, sss. Asesor de la C. E. de Liturgia (Madrid)
 
19.45: Descanso
 
20.00: Vísperas y Eucaristía
 
21.00: Cena
 
Día 31, Martes
08.00: Laudes y Eucaristía
 
09.45: Comunicación: “La eucología del Misal”
D. Aurelio García Macías. Delegado diocesano de Liturgia y Rector del Seminario (Valladolid)
 
10.15: Comunicación: “Orientaciones para la presentación del Misal”
P. Juan María Canals Casas, cmf. Director del Secretariado de la C. E. de Liturgia (Madrid)
 
10.45: Diálogo con ambos ponentes
 
11.00: Descanso
 
11.30: Comunicación: “Una nueva edición de los leccionarios”. P. Jordi Gibert Tarruel, ocist. (Monasterio de Cóbreces, Cantabria)

12.00: Informaciones del Secretariado
P. Juan María Canals Casas, cmf. Director del Secretariado de la C. E. de Liturgia (Madrid)
 
13.30: Clausura del encuentro. Hora intermedia.
 
14.00: Comida
 
16.00: Encuentro de los Delegados diocesanos para el Congreso Eucarístico Internacional (Dublín, Junio 2012) con Mons. Julián López Martín, Obispo de León y Delegado para los CC. EE. Internacionales.
 
Lugar:
Casa de Espiritualidad “Ntra. Señora de la Anunciación”
C/ Arturo Soria, 228 - 28033 Madrid
 
Alojamiento:
Pensión completa: 48 euros
Media pensión: 38 euros
Comida: 20 euros
 
Matrícula:
30 euros
 
Nota:
Quienes deseen concelebrar, deben traer alba y estola.
 
Información e inscripción:
Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia
C/ Añastro, 1 – 28033 Madrid
Telf: 91 3439644
Correo electrónico: liturpatrijur@conferenciaepiscopal.es

jueves 26 de enero de 2012

¿Absoluciones en misa?

Los libros son una caja de bombones. Nunca sabes la locura que te puede aguardar al pasar la página. En mi "ciclo" de Hacer teología litúrgica he dicho muchas cosas. He puesto de manifiesto el olvido del rito en favor del texto. Pero esto no debe entenderse mal. Siempre hay que tener un conocimiento del texto litúrgico que acompaña a un rito. Es, de hecho, la "interpretación" oficial que tiene la liturgia del rito que acompaña. Esto no quiere decir que no podamos tener otra, más alegórica o espiritual.


Yo creo en las interpretaciones alegóricas de la liturgia, también llamadas "espirituales", como en la exégesis bíblica. Creo que son la manifestación de una apropiación espiritual de la liturgia. Y lo mismo que en las demás reflexiones espirituales de la historia de la Iglesia, hay interpretaciones muy logradas, pero también verdaderos disparates. Eso hace que en vez de pensar como Forest Gump, pienses como el Fumador de los X-Files en el vídeo de arriba, entrando en la "desesperación". Pero esto es parte de la teología y de la "exégesis" litúrgica. Me refiero a un libro que esperaba que me trajesen hace tiempo. Hoy he comenzado a leerlo. Se titula Il senso spirituale della liturgia, del monje benedictino, liturgista y monje de la comunidad monástica ecuménica de Bose, Goffredo Boselli.
El libro está prologado nada más y nada menos que por Paul de Clerck, un conocido liturgista francés. Y las primeras páginas son magistrales. De hecho, me sorprendió la afinidad con algo que estoy escribiendo para una Lección inaugural que daré en octubre. El sentido del misterio en la liturgia, la similitud entre Escritura y liturgia, sobre todo en los métodos exegéticos que emplearon los Padres para ambas. Maravilloso. Pero pronto viene la jarra de agua fría. El libro todavía lo estoy leyendo, por lo que no hago un juicio de él -que espero que no me decepcione en su totalidad- sino sólo de su segundo capítulo: "Mistagogia dell'atto penitenziale".
Abro un paréntesis a propósito de este título. Si algún lector ha tenido la oportunidad de leer L'Anello de la Sponsa de Crispino Valenziano verá una reflexión de altura y profundidad sobre las diversas partes de la misa. Boselli va por la misma línea, pero se detiene en algo que, objetivamente, no es importante. En el sentido de que no ha existido siempre y no se da en todas partes (léase en todos los ritos litúrgicos de la cristiandad, como el mozárabe, bizantino, etc.). El paréntesis es el siguiente: he tenido una serie de "casuales referencias" al hecho de que san José, solemnidad, no tenga formulario propio en la liturgia hispano-mozárabe. Ni en la actual ni en la de antes. Y algún querido profesor, esta semana, ya se estaba rasgando la vestiduras. Yo, con mi desmitologizador método salí en defensa de la realidad de la liturgia hispana, más venerada por ese profesor que por mí mismo. Y creo que el método vale también sobre lo que diré a continuación. En cuanto a lo de san José, quizás a alguno le sorprenda y/o escandalice saber que hasta el s. XVII san José fue, en el calendario romano, una memoria. No sé exactamente cuándo pasó de memoria libre -sí, empezó así- a obligatoria. Sólo sé que en el s. XVII pasa a ser fiesta. Y ahora es patrono de la Iglesia universal. En concreto, desde 1870, cuando Pío IX lo declara como tal. En otras palabras, hace "una semana". ¿Moraleja?: no midamos la catolicidad ni por cómo celebramos hoy ni por nuestras devociones de hoy. No son ni nunca será la medida de lo católico. Cierro paréntesis.
Desconozco la formación de Boselli como liturgista. Pero en San Dámaso, en el Bienio de Liturgia, se nos enseñó con claridad -por lo menos en mi época- que el acto penitencial propiamente fue algo del misal de Pablo VI. Y digo bien aquí de Pablo VI, porque personalmente estaba detrás en esta cuestión. Lo que había en el misal de 1962 y anteriores eran una serie de oraciones al pie del altar. Por tanto, hablar de el acto penitencial y decir cosas tan desorbitadas como que es un "acto esencial y constitutivo que pertenece a la sinaxis eucarística cristiana desde los orígenes" (p. 34) me parece casi un chiste. Creo que no hay que confundir la existencia de oraciones apologéticas -que confiesan la propia indignidad- o de oraciones que piden perdón y misericordia que hablar de un acto penitencial como algo fundamental. De hecho, ningún texto aducido por Boselli nos habla de la existencia de un acto penitencial. La Didaché habla de confesar los pecados, pero no dice ni el modo ni el "lugar" -o momento- dentro de la celebración eucarística.
El sentido espiritual y demás reflexiones de Boselli son ciertamente útiles, pero su "obsesión" final con el carácter absolutorio de una fórmula que nunca fue considerada como tal, crea más confusiones que soluciones. Pero la culpa no es sólo de Boselli. Él ha incurrido, seguramente de buena fe, en algo de lo que he puesto en guardia en mi serie sobre "Hacer teología litúrgica": glosar el "magisterio". En este caso, el "magisterio" no lo es propiamente. Se trata de la Ordenación General del Misal Romano. Y digo que no es propiamente magisterial por dos razones: porque no tiene el mismo nivel que un documento papal; porque la primera edición de dicha Ordenación todavía queda en la memoria de muchos por su supuesto olvido de la dimensión sacrificial de la eucaristía en favor de su carácter de "banquete".
En la segunda edición del misal romano, su Ordenación General no nos decía nada de absoluciones:


Acto penitencial
29. Terminado el saludo, el sacerdote u otro ministro idóneo puede hacer a los fieles una brevísima introducción sobre la Misa del día. Después el sacerdote invita al acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general y se termina con la conclusión del sacerdote.


Con la tercera edición, estoy descubriendo en los últimos meses que en algunos casos crea más problemas que soluciones. Aquí lo complica todo:


Acto penitencial
51. Después el sacerdote invita al acto penitencial que, tras una breve pausa de silencio, se lleva a cabo por medio de la fórmula de la confesión general de toda la comunidad, y se concluye con la absolución del sacerdote que, no obstante, carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia.


¿Y a ti quién te ha preguntado? Esto es lo que apetece decirle a este número de la nueva OGMR. ¿Absolución? Ya, "quería decir" que no era absolución. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Para qué hablas si no aportas nada y de paso confundes? Aquí algún "iluminado" decidió que era bueno meter una "doctrina" teológica anterior al Vaticano II y que, de paso, no se refería a la conclusión actual. En el Ordinario de la Misa de los misales de 1962 y anteriores, lo mismo que en el Ordinario de 1965 -que duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio-, después del Confiteor había dos oraciones:


Ministri respondent
Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam.
Signat se signo crucis, dicens: 

Indulgéntiam, absolutionem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus.



En el Ordo de 1965 se excluye una rúbrica presente en el de 1962 (también en el de 1570): facit absolutionem, dicens. Esta rúbrica precedía a la primera oración cuando era dicha por el sacerdote, de esta manera:


Postea Sacerdos, junctis manibus, facit absolutionem, dicens
Misereátur vestri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam. ℞. Amen.


La pregunta que surge es por qué la misma oración, dicha por un ministro al sacerdote no tenía "valor" y la dicha por el sacerdote se califica de "absolución", que fue entendida por algunos como un sacramental que perdonaba los pecados veniales (esta es también la línea de Boselli). Sin embargo, la atención se dirigía propiamente a la segunda, el Indulgentiam, donde además del signo de la cruz se hablaba de "absolución" y "remisión" de los pecados. Esto se comprende si leemos las indicaciones del Sínodo de los obispos de 1967, recogidas por Bugnini:

"La absolución que sigue al acto penitencial no sea una verdadera absolución y no induzca a los fieles al error" (La reforma de la liturgia, I, pág. 312)

El resultado, viendo el Ordinario de 1965, fue la supresión del Indulgentiam. Por tanto, no tiene sentido seguir hablando de absolución al referirse al Misereatur. Además, está la cuestión textual, a la que nos hemos referido al principio. En el Indulgentiam, como hemos dicho, hay elementos que pueden hacer dudar sobre el sentido de la fórmula. En el Misereatur queda claro su carácter de súplica, y en este sentido se traduce: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. Algunos presbíteros desobedientes -no cabe otro calificativo- quieren volver a hacer de esta oración algo absolutorio. De hecho, no sólo para los pecados veniales, como se pudiera pensar: extienden las manos sobre el pueblo, y hasta cambian la frase de este modo: "Dios todopoderoso tiene misericordia... perdona... y nos lleva...". Esta oración, tanto antes como ahora, se hacía con las manos juntas. No se imponían las manos al modo de la absolución del sacramento de la penitencia.
En resumen -que hoy nos estamos alargando-, la conclusión del actual acto penitencial no tiene un carácter absolutorio, pues su mismo texto nos indica que es una súplica, su gesto -manos juntas- lo confirma, la modificación del Ordinario de 1965 al de 1970 y la supresión del Indulgentiam nos confirma que no era esa la oración que se consideraba propiamente como "absolución" y sólo la actual versión de la OGMR menciona lo de la absolución para desmentirlo inmediatamente (si bien excusatio non petita...). No confundamos más al personal, que mira que es fácil.

Adolfo Ivorra

Jackie Chan después de leer el post