jueves 8 de marzo de 2012

¿Podría hacerse un Sagrario usando como material el cristal?

An non liceat Tabernaculum, quo Ss.mum Sacramentum asservatur, a vitro conficere.

R/. Negative

Vitrum ex natura sua simul transparens et fragile, immo comminuibile est. Attamen, normae vigentes de tabernaculo statuuntur, non solum ut idem collocetur pro "cuiusque ecclesiae structurata et iuxta legitimas locorum consuetudines, [...] in parte ecclesiae pernobili, insigni, conspicua, decore ornata, et ad orationem apta" (Institutio Generalis Missalis Romani [2000], n. 314; cf. Codex Iuris Canonici, can. 938 p.2; cf. Congr. Rituum, Instr. Eucharisticum mysterium, n. 54; Instr. Inter Oecumenici, n. 95; S. Congr. de Sacramentis, Instr. Nulo unquam tempore, diei 28 maii 1938, n. 4: AAS 30 [1938] pp. 199-200; Rituale Romanum, De Sacra Communione et de cultu mysterii eucharistici extra Missam, editio typica 1973, nn. 10-11).

Necessaria haec inviolabilitas e fide christiana exoritur, quemadmodum reverentia erga Corpus Domini habenda requirit, ut "quam maxime periculum profanationis" sacrarum specierum eucharisticarum videtur (ibidem). Quapropter Concilium Vaticanum II decrevit, ut leges ecclesiasticae de tabernaculi securitate perinde ac de nobilitate et dispositione eius tractantes recognoscerentur (Sacrosanctum Concilium, n. 128). Nostris vero diebus, non raro, quod valde dolendum, tabernacula violantur, ita ut "optimum sane consilium foret si tabernaculum sit vera arca ferrea, quam vocant vulgo cassaforte, coffre-fort cum clave" (Instr. Nullo unquam tempore, n. 4).

Tum ex natura liturgicae celebrationis tum ex nexu asservationis Ssmae. Eucharistiae cum Missae celebratione, ne materia transparens in tabernaculo conficiendo sit sumenda, consequitur. "Ratione" enim "signi magis congruit", ut in Missae celebratione "presentia eucharistica Christi, quae fructus est consecrationis et ut talis apparere debet", ita adsit, ut a fidelibus videri nequeat (cf. S. Congr. Rituum, Instr. Eucharisticum mysterium, n. 55; cf. etiam Institutio Generalis Missalis Romani [2000], n. 315). Igitur, etiam prohibetur "celebratio Missae perdurante expositione Ss.mi Sacramenti, in eadem aula ecclesiae". Nam "celebratio mysterii eucharistici modo perfectiore includit illam communionem internam ad quam expositio intendit fideles adducere, et ideo tali subsidio non indiget" (ibidem, n. 61). Insuper, attendendum est Ecclesiae traditionem requirere, ut, praeterquam in celebratione Missae et in sacra Communione infirmis extra Missam distribuenda, sacra species eucharistica oculis hominum in aliis tantum temporibus exponatur, quibus ei peculiaris honor et cultus adorationis tribui potest.

Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

(RDP1: 37-2001; 18)

miércoles 7 de marzo de 2012

Nuevos artículos sobre el rito mozárabe.

Misa Mozárabe en Badajoz (*pero archidiócesis de Toledo)
Desde la publicación de las Concordancias del Missale Hispano-Mozarabicum vemos una tímida pero contundente vuelta a los estudios sobre el rito hispano. La situación pastoral del rito, sin embargo, sigue siendo precaria y, por ahora, no hay a la vista muestras de un cambio de dirección. No obstante, qué duda cabe que estos estudios representan un deseo vivo de que la liturgia hispana vuelva, una vez más, a ser fuente de la vida espiritual del catolicismo español.
En una librería de Madrid pude ver hace poco una contribución de un conocido especialista en esta liturgia, Jaime Sancho en la obra colectiva "La oración cristiana, oración trinitaria: testigos y maestros". En esta publicación se recogen las intervenciones del XLV Simposio de Teología Trinitaria, y en el que Jaime Sancho habló sobre la Orientación trinitaria de la oración según la liturgia hispánica.
Con ese trasfondo trinitario también he aportado una herramienta para conocer las doxologías o fórmulas conclusivas de las oraciones del misal hispano, en el artículo "Las doxologías de la misa hispano-mozárabe", en el que actualizo un artículo anterior de J. Pinell con los contenidos del actual Missale. Se encuentra en el último número de la revista Toletana (Nº 24, 2011). También en esta revista ha salido la ya largo tiempo esperada traducción de El hábito de los clérigos de Leovigildo de Córdoba (s. IX), a la que hemos hecho alusión en varias oportunidades en este blog y que creemos que su lectura dará una nueva visión de la liturgia mozárabe. Además, los datos que ofrece deberían interpelar a aquellos que celebran, more romano, la liturgia hispana con regularidad. Esta traducción de José-Juan Fresnillo, presbítero madrileño y que en la actualidad prepara un tesis doctoral sobre el diaconado en la baja edad media, es de los estudios que presentamos el que más orientaciones pastorales tiene -por lo menos inmediatas-.
Para finalizar, un artículo no menos importante, sobre los himnos en el desconocido Breviario Gótico: "El Himnario del Oficio Hispano", de Félix María Arocena y publicado en la revista Scripta Theologica (Nº 44, 2012). En este trabajo introductorio se nos introduce en la estrecha relación que existe entre poesía y liturgia, expresada de forma inigualable en el himnario hispano. El artículo se hace eco de una reciente publicación que no ha sido muy conocida ni mencionada: Himnodia Hispanica, de J. Castro, publicada en 2010 en la conocida colección Corpus Christianorum Latinorum.
El caso del Breviario me lleva a establecer, aunque sea de forma algo forzada, la relación entre estudios litúrgicos y realidad pastoral: el misal ha sido renovado y está en uso, no sólo en Toledo sino en varias partes de España. Aunque su uso sea estadísticamente insignificante en comparación con otros ritos no romanos, creo que no es casualidad que los estudios sobre el misal sean tan abundantes en comparación con los del Breviario, a la espera de su renovación (si es que llega a darse). La realidad de los himnos, objeto de la introducción de Arocena, es la siguiente:

"El corpus himnódico hispano puede dividirse en himnos de Tempore (80 himnos), himnos de Sanctis (105 himnos) e himnos in variis occasionibus (24 himnos)"

Todo un corpus textual dispuesto a ser redescubierto y, sobre todo, dispuesto a ser rezado. Por fortuna, parece que pronto contaremos con alguna traducción.
Los estudios avanzan, muestra de que el rito hispano sigue ilusionando a nuevas y "antiguas" generaciones. Esperemos que las iniciativas pastorales, desde las más personales a las más oficiales, expresen también esa ilusión.

Adolfo Ivorra

martes 6 de marzo de 2012

Confesión y misa: clarificaciones no pedidas.

Hace unos meses leí un artículo que rezaba más o menos así: "xx proposiciones para preguntas no realizadas". Más o menos es lo que voy a hacer aquí. Cuando confieso, hay momentos en los que no se celebra misa en la iglesia donde estoy, pero hay momentos en que sí. Por lo que sigo sin problemas la normativa con toda su amplitud y permisividad. Pero la respuesta de la Congregación en 2001 se parece a ese famoso dicho -por lo menos en los seminarios- realizado supuestamente entre dos jesuitas:

- ¿Se puede fumar mientras se reza?
- De ninguna manera, la oración es la oración......
- ¿Se puede rezar mientras se fuma?
- Por supuesto, cualquier momento o actividad puede ser motivo de oración....

Con lo de la confesión y la misa pasa lo mismo, mutatis mutandis. Desde un punto de vista práctico, debo decir que es desaconsejable confesar -y ser confesado- mientras se celebra la misa. Nos olvidamos de la existencia de esos maravillosos artilugios llamados micrófonos. Hay momentos en que no entiendo ni oigo. Y con el penitente pasa lo mismo. Y hay momentos en que no me concentro: hay partes de la misa, dichas con la sonoridad propia de los medios audiovisuales, que simplemente hacen que la atención se te vaya del confesionario al altar. Y si de paso el/la penitente tiene problemas auditivos la confesión puede llegar a ser "pública". Junto a esto, en las misas más concurridas, el secreto que debe existir creo que queda en entredicho al situarse algunos fieles prácticamente al lado del confesionario.
Estos problemas prácticos son precisamente eso, cuestiones prácticas. Pero hay cuestiones teológico-litúrgicas que tienen que ver con la participación en el sacramento. Cuando surgió la controversia eucarística del s. XI, también surgió un gran deseo por ver la sagrada hostia. Algunos pasaban de altar en altar para verla en el momento de la elevación. Participación, evidentemente, no había ninguna. Igual puede pasar con la confesión y la misa: algunos reducen el primer sacramento a la absolución, y el segundo a la comunión. En algún caso algún fiel ha empezado su confesión "metiéndome prisa" porque quería recibir la absolución para poder comulgar. Pues a esa confesión había que agregar un pecado -o más- que se estaba cometiendo: el de no oir misa completa los domingos, porque parte de ella se estaba "fuera" de la misa.
Esto es casi como si me estuviera ordenando diácono pero a la vez quisiera ir a confesarme: como ahora están "en otras cosas" y no me atañe directamente, me voy a otro lado para confesarme. ¿Parece lógico? Detrás de este ejemplo quiero expresar una conducta grave, que es la reducción de los sacramentos a la res, concibiendo el signo como algo burocráticamente exigido. Dejar por unos minutos la misa para ir a confesarse y luego volver a la misa es unir el sacramento de la eucaristía con el de la penitencia. No desde el punto de vista del ministro pero sí del fiel laico. Por otro lado, es no participar en la misa: normalmente las personas que hacen esto, suelen elegir el momento de la plegaria eucarística para confesarse, que es el corazón de la misa.
La "ocasión" de la misa puede congregar a más gente, y puede ser un momento en que algún fiel que no va a participar en la misa quisiera confesarse. Pero "no se puede estar en misa y repicando las campanas". Esta manera de acercarse a los sacramentos, sobre todo en lo que se refiere a la eucaristía, se parece demasiado a la acusación de san Pío X sobre aquellos que se encuentran en la liturgia como "mudos espectadores". Resumiendo y repitiendo: ni la misa se reduce a la comunión -esto se parece más a la doctrina luterana que a la católica- ni la confesión se reduce a la absolución. Se puede confesar, celebrar una o varias misas en una misma iglesia como se hacía antes, como si hay una ordenación en un altar y en el otro una misa exequial. Pero el que está una celebración está en una, no en varias. Porque si no, no participa, está "viendo" lo que pasa en una y en otra, o buscando satisfacer deseos privados, no los fines que tienen cada una de esas celebraciones.

Adolfo Ivorra

lunes 5 de marzo de 2012

Flash Litúrgico: ¿Commixtio o un pellizquito de sal?

Después que el sacerdote ha hecho la fracción del pan, nos dice la Institutio (y la rúbrica respectiva) que «deposita una partícula de la hostia en el cáliz» (núm. 83). Pero claro, este signo muchas veces se realiza de forma tan insignificante que no se enteran ni las velas del altar.

A ver, pues, si los prestes nos ponemos las pilas, y hacemos una fracción generosa sobre la patena, y luego, un fragmento del pan, que no sea microscópico, lo depositamos de forma visible dentro del cáliz mientras rezamos en secreto la oración que toca. ¡Que no parezca, frotando los deditos, que echamos un pellizco de sal dentro del puchero!

De esta manera, si lo hacemos bien, igual algunos fieles se interrogan y, al acabar la misa, nos preguntan por el significado del gesto, de tal forma que tenemos la ocasión de explicarles, como dice el misal, que, con él, «se significa la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la obra salvadora, es decir, del Cuerpo de Cristo Jesús viviente y glorioso» (Íbid).

Y si se quiere ahondar en más explicaciones se puede informar, a esos fieles curiosos, del sentido del fermentum proveniente, en la antigüedad, de la misa papal y depositado dentro del cáliz de la misa presbiteral, con todo el significado de comunión en la fe de la misma Iglesia al celebrar la única eucaristía. Y etc., etc., etc. ¡que tela para cortar hay mucha, en historia, teología y espiritualidad!

Seamos generosos al celebrar litúrgicamente y todos saldremos ganando. ¡Atrévanse… atrévanse… y ya verán!

("Flash Litúrgico" publicado por el Dr. D. Jaume González Padrós en el nº11 (2011) de la Revista "Liturgia y Espiritualidad")

domingo 4 de marzo de 2012

Domingo II de Cuaresma (hispano-mozárabe).

Lectura sapiencial: Prov 14,33-15,8.
Lectura histórica: Gén 41,1-45a.
Psallendum: Sal 26,9b-10.7.
Apóstol: Sant 2,14-23.
Evangelio: Jn 4,3-42.


Las lecturas de este domingo se puede decir que sintetizan lo dicho esta semana, dando importancia a las obras penitenciales. En general, la lectura de Santiago vuelve, como ayer sábado, a resaltar la importancia de las obras para el cristiano: Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe. Abrahán, modelo de fe, también expresó por sus obras la fe de su corazón. Así, el cristiano en esta cuaresma debe manifestar con sus obras la fe en Cristo. La moderación en las palabras se alude en la lectura sapiencial, pero lo importante es la verdadera abundancia que habita en la casa del honrado: En casa del honrado hay abundancia, la renta del malvado se disipa. Los labios del sensato destilan experiencia, la mente del necio es insensata. El Señor aborrece la conducta del malvado, la oración de los rectos alcanza su favor. Así, oración, obras y rectitud de intención están relacionadas.
            La lectura histórica del libro del Génesis nos invita también a la prudencia y a la previsión. Ambas virtudes nos llevan a ser ecuánimes y a no ser derrochadores. La historia de José, que repudiado por sus hermanos llega a interpretar los sueños del Faraón egipcio, nos revelan la importancia de la sabiduría y la sensatez. A los siete años de abundancia suceden otros de escasez. En la abundancia es difícil darnos cuenta que no perdurará por siempre nuestra comodidad. Sin embargo, siempre hay signos que nos invitan a ser prudentes. Los sueños del Faraón advertían de la desgracia futura, pero él era incapaz de verlo. Es necesaria la intervención del hombre honrado, cuyos labios destilan experiencia como decía la lectura sapiencial. José se convierte así en el modelo veterotestamentario que se nos ofrece este domingo. Pero él es además humilde: no se presenta como el hombre necesario para salir de la crisis, sino que dice al Faraón: que el Faraón busque un hombre sabio y prudente y lo ponga al frente de Egipto. Pero la salida es evidente: sólo José puede encargarse.
            La importancia que se da hoy a la prudencia y a otras virtudes “intelectuales” se debe a que el evangelio de hoy nos invita a conocer mejor a Dios. Así lo vemos en las palabras de Jesús a la Samaritana: Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, y es ésta, en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Señor nos invita a adorar a quien conocemos, ese Dios que es Padre, Verdad y Espíritu. En otras palabras, Jesús nos invita a ofrecer un culto trinitario. Si la lectura sapiencial era la única que aludía a la oración como práctica cuaresmal, es ahora el evangelio el que pone a la oración al Dios Trino en el centro. A diferencia de los samaritanos, los cristianos conocemos a quien adoramos. Junto a esto, la alusión al agua que da Jesús, que hace en el que la beba que sea fuente de agua que salta hasta la vida eterna, sirve a los catecúmenos para que comprendan la importancia del bautismo eclesiástico. En él, ellos aprenderán a orar al Dios Uno y Trino. En esta semana, por tanto, se exponen todas las prácticas cuaresmales y el sentido general de la cuaresma hispana.


Adolfo Ivorra