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La Anunciación en la Tradición Siro-Occidental.

"Abajó los cielos y descendió"

La Fiesta de la Anunciación de la Santísima Madre de Dios y siempre Virgen María es una de las pocas Fiestas que se encuentra a lo largo de la Cuaresma en la Tradiciones litúrgicas orientales, introducida en Constantinopla en torno al 530. Al desarrollo de la Fiesta contribuyeron las homilías patrísticas de tendencia antiarriana - que subrayaban, junto a la humanidad de Cristo, también su divinidad eternamente subsistente en Dios - y la homilética siríaca que enfatizaba el paralelo entre Eva y María. En Roma la Fiesta fue introducida por un Papa de origen siríaco, Sergio I (687-701), que estableció una celebración litúrgica en Santa María "la Mayor" con una procesión.

En los libros litúrgicos siro-occidentales la Fiesta se llama Anunciación de la Madre de Dios y la palabra siríaca indica también el anuncio, la proclamación del Evangelio, subrayando el tema de la buena nueva de la Encarnación: "Alabanza al Unigénito del Padre que, al anuncio de Gabriel arcángel se estableció en el seno de María y de Ella ha tomado un cuerpo para perdonar los pecados de la estirpe de Adán". La Encarnación del Verbo de Dios se convierte en modelo de su habitar y hacer morada en el alma de cada cristiano, cuya fe es parangonada con la de María. Los textos litúrgicos, de hecho, comparan la "pureza de la virginidad" con el "perfume de la fe".

Un segundo aspecto puesto en relieve es el tema de la vigilia: "Fiesta gozosa la de hoy; vosotros, creyentes, vigilad y estad atentos al meditar el misterio de la Anunciación que hoy festejamos, para decir también nosotros: la paz sea contigo, llena de gracia". La Liturgia Siro-Occidental enlaza este aspecto al título que da a los ángeles: "vigilantes", es decir, aquellos que velan, título que la tradición siríaca dará también a los monjes. Los textos litúrgicos parecen preferir para Gabriel el título de "vigilante" más que su propio nombre: "El vigilante vuela y desciende junto a la Virgen María, le presenta el anuncio y le dice: por ti aparecerá el Salvador. Paz a ti, María, porque el Padre ha querido escogerte para ser la madre de su Hijo. Gabriel, el vigilante, anuncia a la virgen; tendrás un Hijo que salvará al mundo. Será como todos los niños, pero Él es el Eterno".

La Fiesta en la tradición siríaca es vista y celebrada como el cumplimiento de las promesas a los padres: "El vigilante advirtió a María de tu concepción; tú habías dado la esperanza a Abrahán; tú has alegrado a la virgen con el saludo de paz, que toma el lugar de la antigua promesa hecha a Eva nuestra primera madre". El oficio de vísperas, por otro lado, retoma un tema muy querido por los Padres, el del Verbo creador, por eso es vista su Encarnación como una nueva creación: "Gloria y acción de gracias a ti, Cristo Jesús Dios nuestro. Tú que has modelado al hombre a tu imagen y lo has sellado con semejanza a tu grandeza. Pero exiliado de tu heredad, tú has querido salvarlo y realzarlo de su caída, y has descendido y has hecho morada en el seno de la virgen".

En las víspera se retoma cinco veces el saludo del ángel para destacar el papel de María en el misterio de la salvación: "La paz sea contigo, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita entre las mujeres. La paz sea contigo, llena de gracia, madre del Creador de todo el universo. La paz sea contigo, llena de gracia, nave bendita que porta el tesoro que enriquece toda la humanidad. La paz sea contigo, llena de gracia, porque por ti la maldición de Eva ha sido cancelada. La paz sea contigo, llena de gracia, vid bendecida, porque toda la creación se deleita con el vino de tu racimo". En la fiesta los textos bíblicos, y especialmente los salmos, son leídos en clave cristológica: "Abajó los cielos y descendió. Dejando las filas de fuego y de espíritu y el lugar sublime de su existencia, el Verbo de Dios desciende para hacer morada en el seno de carne. La buena noticia de Gabriel porta la paz a toda la creación".

El oficio matutino recoge los diversos himnos de san Efrén, donde se subraya la espera en la oración de María: "¿Qué estaba haciendo, la casta, en el momento en el cual Gabriel, enviado, volando desciende hacia ella? Ella lo ve en el momento de la oración, porque también Daniel había visto a Gabriel durante la oración. La oración y la buena nueva, su pariente, es justo que exulten juntamente María e Isabel". Efrén presenta después algunas figuras bíblicas que reciben una buena noticia el momento de su oración: Abrahán, Ezequías, Zacarías, Simón Pedro, acercándose Gabriel, el "vigilante" que anuncia la Encarnación, a los pastores "vigilantes" en el nacimiento del Verbo de Dios: "En las alturas temblaba la misericordia a la voz de tus criaturas que imploran socorro. Fue enviado Gabriel, viene a dar el buen anuncio de tu concepción". Mientras, María intercede por toda la Iglesia: "Te suplicamos, Madre bendita, que intercedas ante Dios que por ti nace a fin de que lleguemos a la perfección de su amor y del nuestro y lleguemos al paraíso con todos los que han recibido la unción del santo bautismo".
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 25 de Marzo de 2010;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)