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Domingo III de Cuaresma - Estación en San Lorenzo "extramuros".

Sobre esta basílica, que Constantino quiso dedicar al diácono Lorenzo, el Papa Pelagio II construyó otra dedicada a la Madre de Dios.

La basílica laurentina surge sobre el cementerio de Ciriaca a pocos pasos del de Hipólito, cementerios que celosamente custodian los cuerpos de muchos Santos y también del "Stauróforo" Lorenzo, que murió en las llamas.

El campanario románico, adornado de lecci, que se eleva en alto sobre el inmenso cementerio romano del Verano, se une a la liturgia en un himno a la vida, en una atmósfera en la que se ve también los frescos descoloridos de Capparoni al mismo tiempo que alaban a Lorenzo.

La basílica, a la cual se accede tras el pórtico del Vasalletto, evidencia frescos, mosáicos, mármoles, columnas y capiteles que alaban a Lorenzo y Esteban y hablan de su sepulcro junto a la aureola dorada que encierra la losa marmórea sobre la cual fue depositado el abrasado Diácono, tras ser sacado de la parrilla.

En la cripta es recordado Esteban, el primer mártir, martirizado con piedras. Aquí yace también el sarcófago donde reposa el Beato Pío IX, cuyo cuerpo fue también objeto de numerosas lapidaciones, ya que la noche en la cual el cuerpo del Papa fue trasladado a esta iglesia, por las calles de Roma, una armada de facinerosos, se hicieron responsables de tan gran ignominia.

Esta capilla fue restaurada por deseo de este Pontífice con la obra de Vespignani y Fracassino y por Giovan Battista De Rossi, cofundador del "Collegium Cultorum Martyrum".

(Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)