miércoles 29 de junio de 2011

Universidad Eclesiástica San Dámaso.

La Facultad de Teología "San Dámaso", donde no pocos de los que colaboramos en www.lexorandi.es y en su blog hemos estudiado, es ahora Universidad:


El día 28 de junio de 2011 el Gran Canciller de las Instituciones Académicas San Dámaso ha recibido el Decreto de erección de la Universidad Eclesiástica San Dámaso así como el Decreto de aprobación de sus Estatutos.

Toda la comunidad académica expresa su alegría y su gratitud al Santo Padre Benedicto XVI que, a través de la atención solícita de la Congregación para la Educación Católica, ha llevado a cumplimiento el proceso de transformación institucional de los centros de estudios eclesiásticos de la Archidiócesis de Madrid.

Entre los fines de la Universidad recién erigida se pueden destacar los siguientes: profundizar en el conocimiento de la Revelación cristiana y en todos los estudios relacionados con ella; ofrecer una formación académica de grado superior en las distintas ciencias eclesiásticas, con especial atención a los sacerdotes y candidatos al sacerdocio; hacer presente la fe católica en la cultura de nuestro tiempo, en diálogo con las distintas instancias de nuestra sociedad, sobre todo a través de la labor investigadora de los profesores y de los ciclos de máster y doctorado.

La Universidad consta de las siguientes Facultades: Teología, Filosofía, Literatura Cristiana y Clásica San Justino y Derecho Canónico, así como el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Dámaso.

La Fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo en la Tradición Siro-Occidental.

Pedro ha superado el sol y Pablo ha eclipsado la luna

La Fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo el 29 de Junio es celebrada en todas las Iglesias cristianas de oriente y occidente, y en algunas tradiciones orientales es precedida por un periodo de ayuno (cuaresma) de duración variable. En las tradiciones litúrgicas orientales, el día sucesivo son celebrados los doce Apóstoles, discípulos del Señor, testigos de su Resurrección y predicadores de su Evangelio en el mundo entero. La tradición patrística y litúrgica siro-occidental muy a menudo une a los dos apóstoles. De esta manera Efrén el Sirio, aun a pesar de una particular estima por Pedro, lo contempla casi siempre del mismo modo. En uno de sus himnos sobre la crucifixión de Cristo él afirma: “Que Oriente ofrezca a Cristo una corona con sus flores: Noé, Sem, el ilustre Abrahán, los magos benditos y la estrella. Occidente ofrezca dos coronas destellantes, cuyo perfume se difunda por todas partes. Occidente en el cual se ocultó este par de astros, los dos apóstoles sepultados que hacen destellar rayos que nunca se podrán ocultar. He aquí Simón que ha superado al sol y el Apóstol que ha eclipsado al luna”.

En el oficio vespertino siro-occidental encontramos un sedro – composición litúrgica anónima en prosa poética sobre la fiesta – que constituye una alabanza a Pedro y Pablo. Desde el inicio le da a Pedro el título de “cabeza de los apóstoles” y a Pablo el de “vaso de elección” (Hch 9, 15); los parangona a “columnas fuertes” sobre las cuales la Iglesia es edificada: “A tí la alabanza, Cristo Dios nuestro, cuyo reino se expande en el cielo y en la tierra, que has alzado en tu Iglesia dos columnas fuertes y magníficas, Pedro la cabeza de los apóstoles y Pablo el vaso de elección, y les has dado tu protección para que te imiten en el dar su propia vida por sus ovejas espirituales”. El texto subraya cómo la elección de los apóstoles por parte de Cristo es para ellos un don de sabiduría, un paso, casi una conversión, de la ignorancia al conocimiento.

El sedro describe la santidad de Pedro, primero en la confesión de la fe, ejemplo de arrepentimiento tras la traición: “Entre tus discípulos Tú has colocado un fundamento y una cabeza: Pedro, sublime en la perfección. A él Tú has revelado, en primer lugar, las divinas enseñanzas y misterios, y los has constituido en modelo y ejemplo de los pecadores que se arrepienten. Siendo la cabeza y el primero de sus hermanos lo has mandado a Roma, la gran capital”. A continuación viene la descripción del perseguidor convertido en após
tol: “Más tarde te apareciste a Pablo que perseguía a los discípulos, lo has iluminado en el camino y lo has hecho un vaso de elección, llenándolos de revelaciones sublimes y elevadas, y le has enseñado tus divinos misterios. Ha recorrido todos los caminos de la tierra volando como águila de veloz vuelo, y ha llenado el mundo con el anuncio de vida: ha advertido a los reyes y a los príncipes, ha animado a los débiles y, finalmente, ha inclinado la cabeza al filo de la espada y ha recibido la corona del martirio junto a Pedro, cabeza de los apóstoles".

Siguen doce invocaciones que comienzan todas con la misma fórmula: "Paz a vosotros, apóstoles Pedro y Pablo, cultivadores y agricultores celosos que habéis erradicado de la tierra las hierbas de las doctrinas erróneas y las espinas del error. Paz a vosotros, Pedro y Pablo, pescadores hábiles, porque en las redes del Evangelio habéis salvado nuestras almas". Otras cinco invocaciones contemplan a Pedro y Pablo en su papel de apóstoles, garantes de la profesión de fe, predicadores de la verdad de la cruz de Cristo, anunciadores de la fe desde Jerusalén hasta los confines de la tierra: "Paz a vosotros, ilustres apóstoles Pedro y Pablo, príncipes de los ejércitos del rey celestial y garantes de los tesoros de su divinidad. Paz a vosotros, Pedro y Pablo, apóstoles elegidos, guías que habéis hecho enmudecer la impiedad de los reyes paganos con el testimonio de la verdad y de la autenticidad de la cruz. Paz a vosotros, Pedro y Pablo, apóstoles benditos, verdadero oro puro, los rayos de vuestra enseñanza resplandecen por toda la tierra y la iluminan. Paz a vosotros, Pedro y Pablo, grandes apóstoles, predicadores de la verdadera fe, que desde Jerusalén a todo el mundo habéis portado la Buena Nueva ".

Una de las invocaciones, además, los parangona a un racimo de uva prensado, con una clara referencia al martirio, y cuyo vino es anuncio del Evangelio: "Paz a vosotros, Pedro y Pablo, apóstoles virtuosos, racimos místicos, prensados por los impíos, cuyo vino ha anunciado por toda la tierra al Dios verdadero, y todos los hombres lo han adorado". La última invocación retoma la imagen de Pedro y Pablo como columnas de la Iglesia edificada sobre ellos: "Paz a vosotros, Pedro y Pablo, columnas y fundamento de la santa Iglesia, porque contra Ella no puede nada el poder del infierno".

(Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 29 de Junio de 2011; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

lunes 27 de junio de 2011

La fiesta de los Santos Pedro y Pablo en la Tradición Bizantina.

Alas del conocimiento de Dios y brazos de la cruz


La fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo se celebra el 29 de Junio en todas las Iglesias cristianas de oriente y occidente, y en algunas tradiciones orientales es precedida por un ayuno, con una duración variable, que se inicia el Lunes después del Domingo de Todos los Santos, que es el siguiente a Pentecostés. Unida a la fiesta, el día siguiente es la celebración de los Doce Apóstoles, testigos de Cristo y predicadores del Evangelio.

La iconografía representa el abrazo fraterno entre Pedro y Pablo, o los dos apóstoles que sostienen la Iglesia. Los rasgos son los tradicionales: Pedro con cabellos rizados, frente baja y barba corta y redondeada; Pablo calvo, con la frente alta, la barba larga y lisa. Esta fidelidad permite reconocerlos en el icono de Pentecostés, de la Dormición de la Madre de Dios y de la comunión de los Apóstoles, donde Cristo hacia un lado da su cuerpo a Pedro y a cinco apóstoles, y hacia el otro entrega el cáliz con su sangre a Pablo y a otros cinco apóstoles. Estos iconos, con clara simbología, quieren subrayar el papel central de los dos apostoles en la vida de la Iglesia.

El oficio vespertino celebra a los dos apóstoles como "p
rimeros entre los divinos heraldos", "bocas de la espada del Espíritu", instrumentos de la obra de salvación que Cristo lleva a término: "Ellos son las alas del conocimiento de Dios que han recorrido, volando, los confines de la tierra y fueron alzados hasta el cielo; son las manos del Evangelio de la gracia, los pies de la verdad del anuncio, los ríos de la sabiduría, los brazos de la cruz".

Para los dos el martirio es la meta para alcanzar a Cristo: "Uno, clavado en la cruz, ha hecho su viaje hacia el cielo, donde le han sido confiadas por Cristo las llaves del reino; el otro, decapitado por la espada, camina hacia el Salvador". Pedro es invocado también como "sincero amigo de Cristo Dios nuestro", y Pablo como "heraldo de la fe y maestro de la tierra". La himnografía los relaciona con Roma, donde han dado su testimonio, "stupendi ornamenti" de la ciudad: "Oh Pedro, piedra de la fe, Pablo, orgullo de toda la tierra, venid juntos a Roma para confirmarnos".

En el matutino, Pedro es celebrado como "primero", "cabeza de la Iglesia y gran obispo", pero también teólogo en cuanto que ha confesado a Jesús como Cristo: "Sobre la piedra de tu teología, el Soberano ha dejado establecida la Iglesia". El pescador viene a ser parangonado al mercader en busca de perlas preciosas: "Dejado, oh Pedro, lo que no es, has alcanzado lo que es, como el mercader; y has pescado realmente la perla preciosísima, Cristo". Y la Pascua es, para él, manifestación del resucitado y perdón: "A tí que fuiste llamado en primer lugar y que lo amaste intensamente, a ti que como insigne cabeza de los apóstoles, Cristo se manifiesta en primer lugar, tras la resurreción del sepulcro. Para cancelar la triple negación el soberano fortalece el amor con la triple demanda, por su voz divina".

Pablo, por el contrario, es presentado como predicador y maestro, llamado a portar a las gentes el nombre de Cristo: "Tú has puesto como fundamento para las almas de los fieles una piedra preciosa, angular, el Salvador y Señor". El que fuera portado hasta el tercer cielo significa el don de la profesión de fe trinitaria: "Llevado a lo alto en extasis, has alcanzado el tercer cielo, oh felicísismo, y has oído inefables palabras, aclamas: Gloria al Padre altisímo y al Hijo su irradiación, con él sentado en el trono, y al Espíritu que escruta las profundidades de Dios". Y con respecto a la Iglesia él desarrolla el papel del que la porta a Cristo: "Tu has desposado a la Iglesia para presentarla como esposa a Cristo esposo: has sido, de hecho, su paraninfo, oh Pablo teóforo (portador de Dios); por esto, como es su deber, ella honra tu memoria".

Juntos, Pedro y Pablo son "los primeros corífeos", es decir, aquellos que ocupan el primer puesto y "los primeros en la dignidad" (prototroni). Para "interceder ante el soberano del universo para que done la paz a la tierra, y a nuestras almas la gran misericordia".

(Publicado por Manuel Nin en l'Osservatore Romano el 28 de Junio de 2009; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado 25 de junio de 2011

Corpus Christi en rito hispano-mozárabe.


Corpus Christi en rito hispano-mozárabe
HOMILÍA EN LA CATEDRAL PRIMADA
23 de junio de 2011

Tras escuchar las lecturas «Profecía-Prophetia» y «Apóstol-Apostolus» y haber proclamado el fragmento del Santo Evangelio de san Juan, vamos a sumergirnos en la venerable liturgia de esta solemnidad del Santísimo Corpus Christi del Rito Hispano-Mozárabe. En ella se nos anuncia que nuestros antepasados consideran que la Cruz de Cristo es Cruz de gloria. De esa Cruz surge la Eucaristía del Señor, pues sólo de la entrega y oblación de Jesucristo puede llegar tanta riqueza para la Novia o Esposa del Cordero, que es también ciudad santa, Jerusalén del cielo, esto es, la Iglesia.
Según el libro del Apocalipsis, la Iglesia es una Ciudad bien construida y con un río de agua viva, que surge de Dios y del mismo Cordero. Es una Ciudad con un árbol, el de la vida, que da doce cosechas, una cada mes del año, y cuyas hojas sirven de medicina a las naciones. Ciertamente, ese árbol sólo puede ser el «árbol de la cruz». Cruz que es también sol y lámpara para la ciudad, que dan una luz esplendente: la salvación de Cristo Jesús, el León de Judá, el retoño de David, que ha vencido y es capaz de abrir «el libro y sus siete sellos».
A este Cristo, Cordero de Dios, hemos cantado en el inicio de la celebración con alabanzas propias (Praelegendum, Gloria, Trisagio). Nuestra liturgia Hispano-Mozárabe es propicia para la plegaria con esas hermosas oraciones que preceden, se intercalan y siguen en las intercesiones solemnes. Todo gira en torno al Don del Señor, que es Cristo Eucaristía, presencia perenne en su Iglesia, que despliega toda su fuerza en la fiesta del Corpus.
En Toledo, como en todas las Iglesias particulares, no puede faltar ese Don de la Eucaristía ni del Domingo («Sin el domingo no podemos vivir»), que despliega toda su fuerza y esplendor en la fiesta del Corpus. Pero, como bien sabéis, podemos merecer su celebración de dos maneras: en la hermosa y bien ponderada liturgia romana; pero también en esa liturgia hispano-mozárabe que nos llega tan adentro, guardada con amor en Toledo y en otros lugares de nuestra Patria, para ofrecerla como tesoro a cuantos en España quieran celebrarla bien y con toda su profundidad.
Hoy, jueves, en Toledo, celebramos la Eucaristía para que su riqueza nos deje tanto gusto que la prolonguemos en la gran procesión con la Custodia esperada cada año con nuevo deseo y entusiasmo. Este regusto eucarístico se prolonga en nuestra ciudad hasta la celebración del Corpus el domingo próximo. La Eucaristía del Señor da para mucho: es el Señor quien prepara el vino y adorna su mesa y envía a sus criados a invitarnos, proclamando desde lo más alto de la ciudad: «jóvenes inexpertos, venid aquí... venid, comed de mi pan y bebed del vino que yo he preparado».
Esta es nuestra propia tradición; eso sí, recibida directamente de Jesucristo. Es nuestra propia historia, no es otra. Quiero decir que del árbol glorioso de la Cruz, de la Cruz gloriosa comemos para tener vida. Porque lo necesitamos, ya que al comer también nosotros del árbol prohibido, no nos vino de ello la vida y el calor, sino que se enfrió para nosotros -¡oh paradoja!- el sol al mediodía.
Hoy, al acogernos a la manifestación del sacrificio de Cristo en la cruz, que es la Eucaristía, también a mediodía se esconde, por el contrario, el sol del pecado que nos daña como plantas frágiles. Es que la Cruz es Cristo, el que extendió sus propias manos en el madero, y nos salva así de nuestros pecados.
He aquí, pues, el Cuerpo de Cristo, nuestra salvación; he aquí la Sangre de Cristo, que permanece con nosotros como verdadera redención. Es el don eucarístico, pan partido para la vida del mundo, que enseguida mostraremos exclamando: «Lo Santo para los santos».



http://www.architoledo.org/Arzobispo%20don%20Braulio/2011/06%2023%20Corpus%20Christi%20hispano%20mozarabe.htm

D. Braulio Rodríguez, Superior del Rito

viernes 24 de junio de 2011

El Nacimiento de san Juan Bautista en la Himnografía del Damasceno.

Hoy ha aparecido la lámpara del Precursor

La figura del profeta y precursor (pródromos) Juan Bautista es una de las más celebradas en la tradición litúrgica de las Iglesias de oriente. Al igual que de Cristo y de la Madre de Dios, se celebra la concepción (23 de Septiembre), el nacimiento (24 de Junio) y la muerte (el martirio, la degollación, 29 de Agosto). Además, el Bautista se celebra también el 7 de Enero, justo tras la fiesta del Bautismo de Cristo, según la praxis de las liturgias orientales que, al día siguiente de una gran fiesta, celebra al personaje por medio del cual Dios lleva a cabo su misterio de salvación.

El oficio de la fiesta recoge troparios de los grandes himnógrafos bizantinos: Andrés de Creta (+740), Juan Damasceno (+750) y la monja Casiana (siglo IX), la única mujer en esta tradición, autora de bellísimos textos para el Miércoles santo y el Sábado santo. Las Vísperas cantan al Bautista como Aquél que “hoy ha aparecido, el gran precursor, el profeta más grande de todos los profetas: porque a la lámpara del precursor le sucede la luz fulgurante, a la voz le sucede el Verbo. Éste es el retoño de Zacarías, el óptimo hijo del desierto, el heraldo de la conversión, la purificación de los delitos, aquél que anuncia en el Hades la resurrección de los muertos e intercede por nuestras almas”.

El canon del matutino, composición poética en nueve odas, es de Juan Damasceno, y en él se contempla la figura del precursor. El misterio de la concepción y del nacimiento de Cristo es casi contrapuesto al del Bautista: la concepción virginal de Jesús y la de Juan de dos ancianos y la esterilidad de Isabel que da su fruto en el nacimiento y el ministerio de predicador del Bautista. En diversas estrofas el Damasceno destaca, con imágenes contrastantes, a Zacarías que se queda mudo con Juan que se convierte en voz y anunciador: “Zacarías, oída la palabra de Gabriel, se mostró incrédulo frente al mensaje divino, y fue condenado al silencio: pero por esta razón fue rápidamente disuelto, porque ha nacido la voz, Juan, el precursor del Verbo. Como sol radiante ha salido para nosotros del seno de Isabel el hijo de Zacarías: él disuelve la lengua muda del padre y grita a todos los pueblos con gran franqueza: Allanad los caminos del Señor”.

Isabel es contemplada desde diversos puntos de vista. Su esterilidad está siempre enlazada con la virginidad de María, vistas como dos hechos prodigiosos, el uno precursor del otro, como Juan lo será Cristo: “He nacido para servir como esclavo al Soberano: para esto vengo, para anunciar su adviento, tanto que una mujer vieja y estéril, que ha engendrado prodigiosamente, rende creíble el parto de la Virgen”. La esterilidad de Isabel, además, es presentada en el texto como el lugar de curación y de gracia: “Tu glorioso nacimiento de la estéril ha sanado toda la naturaleza enferma, enseñando, oh precursor, a cantar: Bendito Tú eres, Señor, Dios de nuestros padres. De una estéril has nacido, oh precursor: sí, en la esterilidad de la ley, verdaderamente vino la gracia”.

Algunos troparios de las vísperas y el canon dan al Bautista el título de “óptimo hijo del desierto” o hacen referencia al “lugar desierto” donde Juan ha vivido, precursor, sea de aquél que se queda durante cuarenta días o sea de cuantos lo escogerán como lugar y modo de vida: “De seno desierto, el precursor de Cristo viene como tórtola, conducida a la Iglesia casi por un bosque plantado por Dios, y canta: Obras todas, bendecid y celebrad al Señor. Pueblo teóforo, nación santa, imita la tórtola de Cristo, y canta con voz suave, viviendo en castidad: Obras todas, bendecid y celebrad al Señor”.

(Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 24 de Junio de 2011; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

jueves 23 de junio de 2011

Simbolismo del pan en la Iglesia Oriental

A lo largo de las diversas tradiciones no solo las imágenes han aportado un contenido simbólico, sino que, los elementos usados en la liturgia, también son portadores de una rica simbología teológica. Sin entrar en polémicas eucarísticas sobre la materia del sacramento entre Occidente y Oriente, queremos adentrarnos en el pan usado en la Divina Liturgia y su simbología.

El pan ocupa en la vida del hombre un lugar especial. En la Iglesia pronto adquiere ricos significados simbólicos. Por ejemplo, es el símbolo de toda clase de alimento y del esfuerzo humano que se necesita para conseguirlo. «Comerás con el sudor de tu frente» (Gn 3, 19). Nuestro Señor Jesucristo toma del pan como nombre; «Yo soy el Pan de vida» (Jn 6, 35), diciéndonos que «el que come de este pan, vivirá para siempre» (Jn 6, 51).

Si el pan era uno de los alimentos más dignos, Cristo lo elevó a su mayor dignidad. Lo hizo cercano a la compresión de nuestra materialidad, de nuestro cuerpo, ya que Él quiso hacerse presente en toda su humanidad y divinidad en el sacramento de la Eucaristía. Jesús tomó el pan, lo bendijo y lo repartió; diciendo tomad, comed (Cf. Mt 26, 26).

Cuando leemos algunas actas de los mártires vemos cómo se usa para sus cuerpos el pan que es amasado, ligado por medio del agua y cocido. El cuerpo del cristiano es trabajado por medio del kerigma y del anuncio, de la Palabra; es lavado en el agua del bautismo, haciendo de él una nueva criatura; y es cocido por el Espíritu Santo que se le entrega hasta dar la vida.

También es un símbolo de la Iglesia. El pan, consistente de muchas semillas molidas y aglutinadas. Es Una a pesar de englobar a multitud, esta unidad se da por medio del agua y del fuego, por medio del bautismo y de la confirmación, que abren camino hacia la participación de Cristo: la Eucaristía; haciendo de cada cuerpo un templo agradable a Dios y un solo Cuerpo eclesial, sacramento en medio del mundo.

Pero el significado mayor lo encontramos en el pan usado durante el oficio litúrgico.

Un prósforon (en
griego πρόσφορον, “ofrenda” o “dádiva”) es una pequeña pieza de pan de trigo blanco, hecho con levadura, empleada en las liturgias de la Iglesia Oriental. Este pan se suele elaborar con agua bendita. La designación de ofrenda proviene de la antigua usanza de portar pan para celebrar la Divina Liturgia. Antiguamente se designaba ofrenda a todo tipo de presente que se portaba para el culto, poco a poco, se fue designando sólo al pan destinado a la Eucaristía.

El prósforon se compone de dos piezas redondas separadas que se colocan una encima de la otra, horneándose juntas, haciendo un solo pan. Esta manera quiere simbolizar las dos naturalezas de Cristo: la humana y la divina, en una única Persona, la divina. A su vez nos habla de la Encarnación del Verbo.



En la parte superior, en uno de los discos de la masa se coloca el sello que suele llevar la imagen de una cruz griega con el nómina sacra de Jesucristo en la parte superior (IC - XC) y la palabra “NI - KA”, que significa “victoria”: “Jesús, el Cristo, vence”. Estas letras se disponen en cada uno de los cuadrantes que divide la Cruz. Esta impresión permanece tras la cocción y el sacerdote se servirá de esta marca a la hora de preparar las ofrendas.

Encontramos otras variantes en prósfora preparados en monasterios, donde se sella en la parte superior la imagen de la Virgen María o de algún santo. Los prósfora pueden variar en tamaño y forma en las distintas tradiciones litúrgicas. Generalmente las tradiciones eslavas usan cinco pequeños prósfora con un sello más simple, mientras la tradición greco-bizantina usa un prósforon grande con un sello más complejo, señalando el lugar del que se tomará “el Cordero” y los lugares de los que se retirarán las partículas.

En la primera parte de la Divina Liturgia, denominada “liturgia de la preparación” (proskomedia), se corta, acompañado de la oración, de un prósforon la parte central en forma cuadrada, llamándose “el Cordero”, que íntegramente se consagrará. Se le añaden del pan restante, o de otros prósfora, trozos menores en memoria de los miembros de la Iglesia Celeste y Terrestre. Tras concluir la consagración se colocan dentro del cáliz, junto a la Sangre de Cristo (en la Iglesia Oriental siempre se comulga bajo las dos Especies, ayudado por una cucharilla).


Este separar un pan para la consagración y otro no, simboliza como unos son separados del mundo, son escogidos por Dios. Del mismo modo que la muerte de Cristo redime a todos los hombres y la Eucaristía es consagrada para ser alimento de los que son fieles a sus preceptos, para la Iglesia. No todo hombre puede participar del sacrificio de Cristo, es necesario ser introducido en el Agua y en el Fuego y ser fieles al Evangelio.

Además del Cordero, como hemos dicho, se preparan otras partículas, para conmemorar: a la Madre de Dios, la Theotokos (partícula llamada Panagia); a los nueve órdenes de santos; a los vivos (incluyendo las autoridades locales y el obispo regente); y a los difuntos.

La tradición eslava usa un prósforon separado para cada uno de estos, a veces con un sello diferente para cada uno, o al menos con uno para la Panagia. Los laicos pueden presentar prósfora más pequeños, acompañando una lista de fieles vivos y difuntos a quienes desean conmemorar durante la Divina Liturgia. De cada uno de estos prosfora más pequeños el sacerdote retirará un trozo triangular, además de partículas más pequeñas, mientras reza por cada una de las personas de esta lista.

El prósforon llamado Panagia y se bendice solemnemente en su honor durante la Divina Liturgia. Este prósforon está grab
ado a menudo con un icono de la Theotokos. Antes de cortarlo, el sacerdote hace la señal de la cruz sobre él tres veces diciendo: «En honor y conmemoración de nuestra Señora más bendita, la Theotokos, y siempre virgen, María; mediante su intercesión, acepta, Oh Señor, este sacrificio sobre Tu más celestial Altar». Entonces retira una gran partícula triangular y la pone al lado del Cordero, diciendo: «A Tu derecha está la Reina, vestida de oro y enjoyada de oro».

El resto del prósforon se bendice sobre la mesa sagrada, antes de bendecir el antidoron, con la frase: «Grande es el Nombre de la Sagrada Trinidad». Actualmente esta costumbre suele ejecutarse solo en algunos monasterios.

Aparte del Pan Eucarístico, la Iglesia Oriental distingue diversos tipos de pan bendito. Las partes cortadas del prósforon, del Cordero, que no han servido para la consagración y que en ningún momento han estado en el altar, se denominan antídoron. Estos pedazos de pan los consumen aquellos que no han comulgado de los Santos Dones. En otras ocasiones y épocas ha servido de alimento para los sacerdotes o ministros sagrados.

El artos, pan con levadura, es un pan que se bendice en la noche Pascual. Durante toda la semana de la Pascua el artos, símbolo de la Resurrección de Cristo, se encuentra sobre el facistol, frente a Puerta Real (puerta central del iconostasio), y se extrae todos los días para la procesión. El Grande y Santo Sábado, acompañado de una oración, es desmenuzado y se reparte entre los fieles. La gente sencilla valora mucho este pan, guardándole gran devoción y lo suele portar a los enfermos para que lo coman.

También el artos cotidiano se bendice, practicando una cruz simple o un icono como el del santo patrón de la iglesia o monasterio local. Suelen hacerse cinco rebanadas, y se bendicen en un servicio llamado artoklasia. Estas rebanadas, junto con trigo, vino y aceite (simbolizando a todo el Cosmos), se bendicen y reparten a los fieles durante la vigilia de Todos los Santos, o en otras vigilias preparatorias de grandes fiestas. Su origen también es de carácter práctico, debido a que anteriormente los oficios litúrgicos eran muy largos. A pesar de haber reducido mucho su duración, hoy se sigue recibiendo pan bendito. Pero siempre el prósforon (consagrado, siendo el más importe y el único que es considerado Cuerpo de Cristo), el artos y el antídoron deben ser consumidos en ayunas y con oración.

Daniel Rodríguez Diego

(Pinchando sobre las imágenes 3 y 5 podréis ver sendos videos sobre la elaboración de la Prósfora)

Personajes: Amalario de Metz (775-850).


Hay que comenzar afirmando como rasgo peculiar en el estudio de este autor que, desde la Edad Media, se pensaba que existían distintos Amalarios. Amalario de Metz fue considerado un personaje diferente de Amalario de Tréveris. Sin embargo, las investigaciones de Dom Morin y la edición de la obras litúrgicas de Amalario por el jesuita Juan Miguel Hanssens en 1948 parecen confirmar que se trata del mismo autor. Esta es la opinión mantenida en la crítica histórica actual.
No abundan los datos históricos sobre este personaje. Los autores que lo han estudiado aventuran a ofrecer unas referencias cronológicas y biográficas que siempre tienen una connotación “orientativa”.

Nacimiento y formación
Amalario de Metz (Amalarius Metensis) o Amalario de Tréveris (Amalarius Trevirensis) nació alrededor del año 775 en las cercanías de Metz, ciudad situada en el noreste de Francia y entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico.
Aunque se discute si fue discípulo de Alcuino y si formó parte de la escuela palatina, lo cierto es que la mayor parte de los autores opinan que fue educado en la abadía de san Martín en Tours como alumno de Alcuino entre los años 795 y 800. Es aquí donde Amalario pudo descubrir su atracción e interés por los estudios litúrgicos, estimulado y alentado por su maestro Alcuino.
Inmediatamente pasó a formar parte del grupo de los principales amigos y consejeros de Carlomagno en la escuela palatina de Aquisgrán. No se sabe con certeza si fue clérigo o monje, ni bajo qué regla monástica vivió. Algunos autores afrirman que fue ordenado presbítero en el año 800 y otros lo vinculan con la orden benedictina. Lo que es cierto es que Amalario está muy vinculado al ambiente monástico.

Servicio eclesial
Probablemente fue elegido Abad comendador de la abadía de Hornbach (en la actualidad, lugar fronterizo entre Francia y Alemania).
En torno al año 812-813 es elegido por el emperador Carlomagno arzobispo de Tréveris en sustitución del difunto Wizo. Y es en esta época cuando escribe su libro De Scrutinio et Bautismo.
Entre los años 813-814, junto con el abad Pedro de Nonantola, emprende un viaje a Constantinopla como embajador de Carlomagno ante el emperador Miguel I Rangabé. Escribe una relación divertida de este viaje en su libro Versus Marini. Es allí donde conoce y entra en relación con los ritos orientales, de los que hablará también en sus escritos. En este tiempo escribe la primera edición del Eclogae de Ordine Romano, Missae Expositionis Codex Prior, Missae Expositionis Codex Altera, Canonis Missae Interpretatio, y su Carta a Pedro de Nonantola.
Al regresar de Constantinopla hacia Francia, visita brevemente Roma; y al llegar a Francia, en el 817 participa en el Sínodo de Aquisgrán, siendo uno de los responsables de la parte patrística de la Regula Aquisgranensis, que impuso la vida canónica sobre el clero del Imperio. En esta época escribe De Institutione Canonicorum y De Institutione Sanctimonialium.
En torno a los años 818 y 820 se datan las cartas a Jeremías de Sens, a Jonás de Orleáns, a Rantgar de Noyon y a Hilduino; y hacia el 821 escribirá la primera edición de su libro más famoso: Liber Officialis.
En noviembre del 825 participa en el Sínodo de París, convocado por Ludovico Pío, para tratar algunas cuestiones relacionadas con la controversia iconoclasta. Es elegido por el emperador, junto con Halitgar, obispo de Cambrai, para acompañar a los legados papales a Constantinopla. No está claro si cumplió esta misión.
Hacia el 927, datan las cartas que dirige a Hetdo, Guntardo y a un obispo desconocido; amén de la segunda edición del Liber Officialis, más conocido como De Ecclesiasticis officis
En torno al 831 fue enviado por Ludovico Pío como embajador ante el papa Gregorio IV en Roma, siendo esta probablemente su segunda visita a la Ciudad Eterna. Fue una estancia larga, donde descubre su fascinación por la liturgia romana. Se dedica al estudio minucioso de las rúbricas, formularios y costumbres litúrgicas romanas. Entra en contacto con Teodoro, abad de la basílica de San Pedro y gracias a él obtiene copia de los libros romanos para llevarlos a Francia. Trata de cumplir el deseo del emperador, introduciendo los libros litúrgicos romanos para sustituir los propios de la liturgia galicana, con el fin de obtener la uniformidad litúrgica en todo el sacro Imperio Romano Germánico. Sin embargo, al igual que Alcuino, conserva algunos usos valiosos de la liturgia galicana, como se puede ver, por ejemplo, en su Antifonario. Amalario pide al papa Gregorio IV un antifonario romano autorizado y el Papa le remite a los antofonarios romanos de la Abadia de Corbie. Por eso, al regresar de Roma a su tierra pasa por la Abadía benedictina de Corbie para conocerlos y posteriormente compila un antifonario basado en los textos francos y romanos que lleva por título De ordine antiphonarii. En esta época emprende la redacción de la tercera edición del Liber Officialis.
Hacia el 834 es nombrado arzobispo de Lyón al ser depuesto Agobardo por su apoyo al intento de golpe de Estado a Lotario, hijo del emperador Carlomagno. Durante su pontificado en la sede primada de las Galias, Amalario usa su poder para introducir algunas innovaciones litúrgicas. En este tiempo escribe su libro De Ordine Antiphonarii que trata de imponer en su diócesis, pero encuentra una fuerte oposición por parte del diácono Floro. La oposición de Agobardo y Floro a los escritos de Amalario puede estar motivada no sólo por el hecho de que Amalario sustituye como nuevo obispo a Agobardo, sino también por los nuevos cambios litúrgicos.
En febrero del 835 participa en el Sínodo de Thionville (o Diedenhofen) en el que se revoca la condena al emperador Ludovico Pío.
En septiembre del 838 participa en el Sínodo de Kierzy en el que es restituído Agobardo con el título de primado de las Galias. Éste, junto al diácono Floro, atacan los escritos de Amalario, censuran algunas de sus opiniones litúrgicas y condenan la tercera edición de su Liber Officialis. A partir del año 839, prosigue un periodo de silencio en torno a Amalario, en el que probablemente se dedicó por entero a su actividad literaria. Lo único que sabemos de este tiempo es que escribió a favor de Hicmaro en su controversia contra Godescalco.

Obra litúrgica
La Patrologia Latina registra bajo el nombre de Symphosius Amalarius las siguientes obras: De ecclesiasticis officiis, Eclogae de officio missae, Epistolae, Forma institutionis canonicorum, Liber de ordine antiphonarii ; y bajo el nombre de Amalarius Fortunatus Trevirensis las siguientes obras: Eglogae, Epistola de caeremoniis baptismi y Versus marini. Todos estos escritos pertenecen al autor mismo autor : Amalario.
La obra más conocida son sus escritos litúrgicos, sobre todo, el Liber Officialis, denominado De ecclesiasticis officiis. Es una especie de manual dividido en varios libros, en los que propone una interpretación alegórica de la liturgia.
Sin observar un orden lógico, trata de todo lo referente a la misa, el oficio divino y otras celebraciones litúrgicas, estudiando cada uno de sus elementos : vestiduras, formularios, etc. El primer libro explica las estaciones litúrgicas desde la Septuagésima semana hasta Pentecostés y especialmente las ceremonias de semana santa. El segundo libro trata de las órdenes sagradas en la Iglesia y de las vestiduras litúrgicas. El tercer libro contiene un tratado sobre las diferentes partes de Misa. El cuarto libro trata principalmente del Oficio Divino, finalizando con unos capítulos sobre las exequias y algunos otros aspectos ya estudiados.
Otra de las obras que tuvo una gran relevancia en la reforma religiosa emprendida por Pipino el Breve fue el Liber de ordine antiphonarii, compuesto para la iglesia de Metz. Este “Antifonario ordinario” es una compilación de los antifonarios romanos y galicanos, explicando el origen y significado de las antífonas y responsorios del Oficio Divino. El antifonario no se conserva.
Su obra Eclogae de officio missae es una descripción de la Misa pontifical, según el rito Romano y una explicación mística de las diferentes partes de la Misa.
Como ya hemos señalado se conservan algunas de sus Cartas que tratan sobre temas litúrgicos. Dom Morin niega la autenticidad de la carta de Amalario en respuesta a ciertas cuestiones que le presenta Carlomagno sobre el bautismo, así como la Forma institutionis canonicorum, que es una colección de reglas tomadas de los decretos de algunos concilios y de las obras de los santos Padres dirigidas a clérigos y monjes que vivían en comunidad.
Del análisis de su obra podemos observar algunas notas características.
En primer lugar, la gran formación de Amalario respecto al ambiente general de aquel momento histórico. Se trata, sobre todo, de una formación bíblica, histórica y litúrgica. Se percibe cierta influencia de la literatura clásica. Conoce a los autores clásicos griegos, como Virgilio, Ovidio y Lucano (aunque su conocimiento del griego es pobre), y cristianos, sobre todo san Agustín, san Isidoro de Sevilla y san Beda el Venerable. De este último recibe probablemente el método alegórico que aplica a sus estudios litúrgicos. Denota también amplios conocimientos en temas de historia, dependiendo especialmente de san Agustín y de Orosio; en música y en las artes liberales, sobre todo de lógica.
En segundo lugar, la motivación de sus escritos no es otra que proponer la aceptación teológica de la nueva liturgia romana en ambientes germánicos e informar sobre su celebración. Tiene un gran aprecio a la liturgia romana y a la tradición patrística, y propone la liturgia papal como modelo no sólo para el rito romano sino también para los demás ritos.
En tercer lugar, el mérito principal de sus trabajos consiste en haber conservado con precisión una valiosa información sobre el estado de la liturgia al principio del siglo noveno.
En los siglos posteriores ha habido autores que han cuestionado su alegorismo o misticismo como método de interpretación de la liturgia. Perciben que el método por él usado conduce a buscar orígenes y significados “forzados” para explicar fórmulas y ritos litúrgicos. Otros autores perciben en él una libertad excesiva para componer, cambiar y transferir textos litúrgicos que en épocas posteriores no permite la autoridad eclesiástica.
Con todo, su obra se extendió por toda Europa, principalmente en Italia, ejerció una gran influencia en el desarrollo de la liturgia Romana posterior y ha sido muy útil para el estudio de la historia de las liturgias latinas.

Últimos años
No hay muchas referencias en torno a los últimos años de la vida de Amalario. Algunos autores opinan que fue creado cardenal por el Papa Sergio II hacia el año 844, porque lo identifican al Fortunatus Amalarius que aparece en la lista histórica de los cardenales. La fecha de su muerte no ha sido determinada con certeza, pero debe haber sido en torno al año 850. La tradición dice que fue enterrado en la abadía de San Arnulfo de Metz.
No cabe duda que la vida y obra de Amalario fue decisiva en la renovación religiosa carolingia del siglo IX a través del conocimiento, estudio y relación entre la liturgia romana y la liturgia galicana, que influyó de modo particular en el pensamiento litúrgico medieval.


Aurelio García Macías

Publicado en Pastoral Litúrgica Pastoral Litúrgica 318-319 (2010) 409-414.

Para saber más:

miércoles 22 de junio de 2011

La liturgia, la imagen eclesial y las tonterías que hacemos.

La revista Liturgia y Espiritualidad, aunque pequeña en tamaño, tiene un repertorio variado. No es tan "científica" como Phase -que de pastoral le queda poco y de teológica tiene mucho (gracias a Dios)- y suele tener comentarios a lecturas, oraciones, etc. Ya, pero lo sabes muy bien. Todos la cogemos para leer... el Flash litúrgico. Sin él, sería una revista más de liturgia. Pero es que el Flash no te deja indiferente. De hecho, todo lo que tiene la palabra Flash acaba siendo imprescindible. Que se lo digan a Apple, que por no dejar que el iPhone tenga Flash (de Adobe), se está perdiendo unos cuantos usuarios.
De hecho, hace unos años colgábamos algún Flash litúrgico imprescindible. Pero desde que están colgados en la web del CPL, ya no hace falta revelar lo que para algunos está oculto. Lo bueno del Flash litúrgico de la revista Liturgia y Espiritualidad es que te hace ver lo claro que son las cosas "prácticas" de la liturgia. Se puede estar o no de acuerdo con todo lo que escribe Jaume González Padrós en los Flash, pero nunca te deja indiferente. Con su humor característico, puedes pensar: "Nada, este tío se lo inventa todo... nadie puede cometer esos errores". En algún caso puedes pensar: "Nadie se plantearía esto de esta manera". Piensas, como lo hacen algunos "exégetas", que como Jesús se inventó las parábolas -sí, los exégetas también se aburren-, pues Jaume también se inventa casos y situaciones. No dudo que eso pueda ser cierto, pero lo que no te imaginas es que pueda pasar en la vida real.
El último Flash se titula "¿Caperucita roja o caperucita blanca?". Aunque recomiendo leer todo el Flash, voy a ser condescendiente con mi veloz lector y voy a poner aquí la cita cénit:

"Y es que el fotógrafo de la liturgia que escribe este flash ha podido comprobar que, en no pocas ocasiones, durante el bautismo de un bebé (o no tan bebé), cuando llega el momento de la imposición de la vestidura blanca, aparece una capucha blanca, que se coloca delicadamente en la cabeza del neobautizado"

Y sí, te ríes porque ciertamente esa capucha hace que el niño o niña en cuestión se parezcan a "caperucita roja". Y a renglón seguido dices: "Este Jaume, cuánta imaginación tiene". Pero si algunos tienen tentaciones litúrgicas, otros tenemos más bien un afán de comprobar las cosas. ¿Qué le vamos a hacer? Los investigadores hacemos muchas comprobaciones. Algunas vienen a cuento y otras no. Por ejemplo, ¿quién no ha mirado las Concordancias de Misal Romano y ha buscado la palabra 'diablo' y 'demonio'? No, no te pienso decir si está o no. ¡Búscalo! El caso es que el verano ha comenzado, y el calor o el aburrimiento me llevan a hacer una comprobación. En realidad quería escribir algo sobre este Flash o escribir en el muro de Facebook de Jaume, pero luego te cortas pensando que es mera adulación, etc.
Pues eso, que puedes decir "Este Jaume, cuánta imaginación tiene". Pues haz una comprobación. Vete Google imágenes y pon 'caperucita blanca'. Y sí, existe, y te das cuenta que todas son imágenes de caperucitas rojas, etc... pero qué es lo que veo: una niña en el regazo de su madre -sonriente ella, seguro partiéndose de risa con la liturgia que se ha inventado el presbítero de turno o el comentario jocoso "fuera del guión" típico de esos curas "cercanos"-, y esa niña con su capucha blanca. Pongo el cursor sobre ella y me sale el nombre de la imagen: "soy+caperucita+blanca.jpg". El glorioso subtítulo de la foto: "PUES SE LO PASARON BOMBA, PERO YO TAN MONA CON MI CAPERUZA!!" Aquí ya se puede comprender parte del título de esta entrada: "la imagen eclesial y las tonterías que hacemos". Como la imagen -junto con muchas otras- está en internet desde 2009 la pongo desde su URL:


Fue en este momento en que comencé a creer no sólo la "enseñanza" de los Flash de Liturgia y Espiritualidad, sino hasta la veracidad de qué parecen a los demás las tonterías que hacemos. La liturgia es algo serio, aunque por catársis, variedad o estilo expositivo podamos hablar con humor de cosas referentes a la liturgia. Pero en la liturgia -esto es, durante la celebración litúrgica-, seamos serios.
Por otro lado, la imagen eclesial: si estás en una parroquia que no es la tuya, te toca celebrar un bautizo, etc., pues si no hay vestidura blanca haces lo que puedes (no lo digo para no dar ideas, que nos conocemos...). Pero si vas preparado o estás en tu parroquia, no hagas "caperucitas blancas", haz cristianos. Y sí, "haz", porque en los sacramentarios te encuentras el título de la celebración bautismal con un "Ad Christianum faciendum" (Misal de Bobbio, por ejemplo). ¿Solución práctica? Cómprate una de estas:


Las venden en www.artegranda.com. He estado buscando la "túnica de bautismo" en la web pero no la he encontrado. Sí, existe (yo tengo una) y no, no busques por internet "túnica de bautismo" porque te encontrarás nada más empezar un disfraz de caperucita blanca.
¿Qué más se puede decir? Pues voy a dar una de mis interpretaciones "alegóricas". ¿Te has dado cuenta que esos "disfraces" de caperucita blanca tienen capucha? Bieeen. ¿Te acuerdas de ese controvertido post por el que tengo tantos seguidores y detractores en el que, aunque de forma tangencial, decía que las albas del clero secural no deberían tener 'capucha' como si fueran monjes? Bieeen. Pues destierra lo "monástico" de la liturgia. Dicho de otro modo, quita capuchas de tus nuevos cristianos, no sea que en vez de pensar que se parecen a caperucita blanca, a alguno se le ocurra que les estás poniendo un "burka" a su hija. Y la imagen eclesial que darás ya ni te cuento...

La Natividad de San Juan Bautista en la Tradición Siro-Occidental.

Una Estrella que se eleva antes del Sol de justicia

La figura del profeta y heraldo Juan Bautista es muy celebrada en la Tradición litúrgica Siro-Occidental. Como de Cristo y de la Madre de Dios, la liturgia celebra la concepción el 23 de septiembre, el nacimiento el 24 de junio y la degollación el 29 de agosto. Además, en los seis domingos del periodo prenatalicio, al inicio del ciclo litúrgico llamado Subbara o de las Anunciaciones, dos están dedicados a Juan: en el primero se celebra el anuncio a Zacarías y en el cuarto el nacimiento del Bautista. Por otro lado, Juan es celebrado el 7 de enero, inmediatamente después de la fiesta del Bautismo del Señor, según la praxis de las liturgias orientales: el día después de una gran fiesta recuerdan al personaje por medio del cual Dios lleva a términos su misterio de salvación. Las tres celebraciones de la concepción, del nacimiento y de la muerte ponen al Bautista en paralelo con Cristo mismo y con la Madre de Dios.

En la fiesta del nacimiento del Bautista la liturgia siro-occidental enumera los títulos que le son dados: “Voz verdadera, sembrada en el seno de una estéril; gran profeta, intercesor; vástago deseado, germinado en un campo sediento; mañana gloriosa que anuncia el día glorioso; luna transitoria que glorificas al sol eterno; sacerdote terrestre que has desvelado el misterio del gran sacerdote celeste”. Los textos destacan el paralelismo y la contraposición entre voz, silencio y palabra: “Un ángel anunció tu concepción y el silencio ató la lengua de tu padre; voz verdadera, intercesor dotado de palabra para convertirse en signo de la voz resonante que enmudece en el seno de la Virgen”.

Los textos del oficio nocturno, sobretodo los atribuidos a san Efrén, comparan a Cristo y el Bautista desde su concepción hasta el bautismo en el Jordán: “Terrible para el Jordán que temía desatar sus sandalias; amable para los pescadores que besaron sus pies. Gracias a la fuerza de su don fue capaz Juan: un terrestre bautizó al celeste”. Con su predicación y bautismo en el Jordán, Juan se convierte en testigo de la encarnación de Cristo: “En las alturas y en la profundidad dos heraldos tuvo el hijo: la estrella luminosa gritó de júbilo en lo alto y Juan lo anunció desde abajo”. La estrella y Juan, entonces, anuncian la divinidad y la humanidad de Cristo: “Quien pensó que sólo era terrestre, la brillante estrella lo convenció de que él era celeste. Y quien creía que era sólo espiritual, Juan lo convencería de que él es también corpóreo” .

En otro himno Efrén retoma el paralelismo entre los anunciadores y el anunciado: “Un par de heraldos han expresado la cualidad del unigénito, la estrella y Juan: el primero el astro que se eleva, el segundo la voz. También el anunciado es la palabra y la luz; la voz y el rayo le han servido”. Los textos litúrgicos enlazan la visitación de María a Isabel al Bautismo de Cristo: “Se acercó Juan junto a sus padres y adoró al Hijo, y un resplandor se posó sobre su rostro. No hizo cabriolas como cuando estaba en el útero. Aquí adora y allí había exultado”.

La concepción del Bautista al inicio del otoño cuando la noche de alarga, y la de Cristo al inicio de la primavera cuando el día se alarga, son puestos en paralelo por Efrén, en la misma línea simbólica utilizada, con el rayo y la luz, la voz y la palabra: “También el tipo de tu concepción, rabbuli (“maestro mío”), y del de Juan, tu heraldo, el símbolo de vuestra concepción y de vuestro nacimiento, es representado y revelado en la luz y en la tiniebla. La concepción de Juan tiene lugar en el mes de tishri, cuando la tiniebla va al asalto. Tu concepción tiene lugar en el mes de nisan, cuando la luz comienza a reinar sobre la oscuridad y la tiniebla”.

En el icono del bautismo de Cristo, aparecen seis ángeles. Desde lo alto descienden sobre Jesús tres rayos que tienen en el centro una paloma. Arriba a la derecha está el profeta Isaías con un rollo en el mano, con tres versículos de su libro en siríaco: “Lavaos, purificaos, quitad el mal de vuestras acciones ante mis ojos” (1, 16); “Oh vosotros los sedientes, venid al agua" (55, 1); “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación” (12, 3). A la izquierda el rey David sotiene también un rollo en árabe con dos versículos del salterio (113, 3, y 76, 17): “El mar lo vio y retrocedió, el Jordán se echó atrás”, y “Te vieron las aguas, oh Dios, te vieron y se sorprendieron”.

(Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 24 de Junio de 2010; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

martes 21 de junio de 2011

Tentaciones litúrgicas.




Los teólogos dogmáticos, o por lo menos los que se conciben como católicos, son esos grandes defensores del dogma, con cánones de concilios memorizados, santo Tomás leído, etc. Pero cuando leen esos autores modernos, a veces tan sugerentes, acaban por ser muy modernos ellos. No dejan de ser católicos -en el sentido doctrinal de la palabra-, pero hablan con un lenguaje nuevo, quizás más claro o con una profundidad mayor. Lo mismo se puede decir de los moralistas.

En el campo de la liturgia, seas liturgista o no, también hay tentaciones litúrgicas. No digo "inventarte una liturgia". Eso no es una tentación, eso ya es un pecado. Me refiero a otra cosa. Si un dogmático o un moralista utiliza términos griegos, planteamientos orientales, etc., a veces puede quedar como un pionero o como alguien que ve las cosas de otro modo. Pero la liturgia es otra cosa. Nadie se levanta un día por la mañana y con total libertad decide celebrar en rito bizantino... o eso parece. Aunque se trate de diversas formas de expresión de la lex orandi -y por tanto, de la lex credendi eclesial-, los ritos litúrgicos tienen un componente cultural y espiritual que no los hacen "accesibles" a todos.
Pero ¿qué pasa con el que conoce varios ritos litúrgicos? Supongamos que sabes italiano o inglés y te encuentras en esa biblioteca donde investigas un horologion bizantino. Lo abres y te deslumbra. No es como tu Liturgia de las Horas, esa versión cartesiana y ampliamente agustiniana de la oración eclesial, también ampliamente "monástica". En este horologion te encuentras poesía, alegoría, una espiritualidad profunda que no es la tuya... ¿qué haces? El sujeto en cuestión -seas tú o un personaje hipotético-, inocentemente, retira el libro o lo pide prestado. En casa, inocentemente, después de consultar algunas rúbricas, reza una hora menor. En una fiesta cercana, reza vísperas. Si la fiesta existe también en el calendario romano, hace las respectivas y odiosas comparaciones. Y la tentación se hace determinación. Al final, nuestro amigo va y se compra el horologion. Y su reformadísmo Oficio Divino romano, empieza a dormir el sueño de los justos, hasta que un verano caluroso o en un día aburrido, nuestro presbítero volverá a él para cumplir su obligación -cual débito conyugal- pero, pasado ese día apático, volverá a su nueva novia -que ya no llama "suegra"- como si nada. ¿Es un presbítero romano? Sí, sólo que cuando nadie le ve es bizantino. Dicho en términos postmodernos: en la "intimidad" es bizantino.
El ejemplo de nuestro presbítero es perfectamente aplicable a un laico y a otro rito. Por ejemplo, ¿quién se resiste a rezar esas breves vísperas del Breviarium Gothicum en adviento? Aquí cambiamos al presbítero que sabe inglés o italiano -o griego, si es el caso-, por el más "típico" que sabe latín. Pongamos que es amante de la liturgia, para hacer nuestro ejemplo más "pervertido". Resulta que el buen hombre se ha comprado varios libros de esa colección tan formativa de la Editrice Vaticana llamada "Monumenta Liturgica Piana". Son libros "de estudio". ¿Pero nadie se ha preguntado por qué vienen a dos colores -o más-, con todas las ilustraciones, letras unciales, etc.? Bueno, será que tiene que ser así. Los guarda en su biblioteca. Entre ellos está, mira qué casualidad, el misal de 1962, editado por esa casa editorial en 2007. El día menos pensado, este amante de la liturgia, como es un espíritu libre, abierto a todo, se encuentra navegando por la web de esa conocida casa de artículos litúrgicos de Bélgica y ve un artículo con un nombre un poco confuso: "punta de misal".


Nuestro inocente presbítero se pregunta: ¿para qué, si los misales ya tienen sus cintas? ¿Será para los que se les han roto? Mira al frente y ve su colección "Piana". Se fija mejor y ve su misal de 1962 "de estudio"... ¿El resto? Pues que pone cintas a su misal "de estudio", se ve unos cuantos vídeos sobre la misa "tradicional", y como nadie le ve, celebra su primera misa "tradicional". Se da cuenta de que no lo ha hecho bien. Lo intenta otro día... y otro, y otro. En la intimidad se convierte en un "tradi", pero para los amigos el hombre es un "conciliar" incuestionable.
Este ejemplo se puede aplicar a otros casos. Por ejemplo, al que se compra ese económico subsidio -comparado con los misales de altar- que son las Concordancias del Misal Hispano Mozárabe, y con las mismas cintas -y como nadie le ve- celebra su primera misa "privada" en rito hispano. Si sabe latín -si no, no lo haría- empezará a decir: "¡pero qué riqueza espiritual! ¡Esto no se parece en nada a mis breves y más que  predecibles oraciones del misal romano!". Para los amigos él es romano... romanísimo. Pero empieza a seguir este blog de forma adictiva... Varias veces al mes visita "La Ermita" a ver si ese amable laico ha colgado otra traducción... ¿¡te imaginas?! Tiene los tres calendarios hispanos que han salido, y ya se ha descargado la versión en PDF del Breviarium Gothicum. Esta deseando que el obispo le cambie a una parroquia de origen visigótico para pedir una celebración "extraordinaria" del rito hispano. Que cada año sería más "ordinaria". Si mañana la liturgia hispana se erigiera como rito sui iuris, ya estaba enviando la solicitud de cambio de rito...


Los ritos litúrgicos están muy vinculados a una geografía, cultura, etc., pero quién se resiste!!!

lunes 20 de junio de 2011

La Natividad de san Juan Bautista en la Tradición Bizantina.

Hombre por naturaleza, ángel en cuanto a la vida

La figura del profeta y "precursor" (pródromos) Juan el Bautista es una de las más celebradas en la tradición litúrgica bizantina. Al igual que con Cristo y María, se celebra su concepción (23 septiembre), nacimiento (24 junio) y muerte (el martirio, la degollación, 29 agosto). El Bautista es además recordado el 7 de Enero, tras la fiesta del Bautismo de Cristo, según la praxis de las liturgias orientales que el día posterior a una gran fiesta celebran al personaje por medio del cual Dios lleva a término su misterio de salvación. Se celebra también el redescubrimiento de las reliquias (la cabeza) de Juan, a la misma vez que cada martes la liturgia lo conmemora de modo especial. Las celebraciones de la concepción, nacimiento y muerte ponen al Bautista en paralelo a Cristo y a la Madre de Dios, y esto se refleja en la iconografía: la "Déisis" es el icono de los dos grandes intercesores, María y Juan, ante Jesús representado como el rey sentado en el trono de gloria, que tiene a la derecha "la reina vestida con un manto de oro variopinto" y a la izquierda al Precursor, el ángel que le prepara el camino y que lo anuncia y lo señala como "el cordero de Dios". El oficio de la fiesta recoge los troparios compuestos por los grandes iconógrafos bizantinos Juan Damasceno y Andrés de Creta y de la monja Casiana (siglo IX), única mujer himnógrafa en el tradición bizantina, que nos ha dejado también bellísimos textos para el Miércoles Santo y el Sábado Santo. Toda la liturgia del día subraya como el nacimiento de Juan Bautista es el inicio del anuncio de la salvación que llegará con el nacimiento de Cristo: "Juan, naciendo, rompe el silencio de Zacarías, porque no convenía que el padre callase, en el nacimiento de la voz". Los títulos dados a Juan siempre están relacionados con Cristo: "Lámpara de la luz, rayo que manifiesta el sol, mensajero del Dios Verbo, paraninfo del Esposo". Diversas veces los textos litúrgicos lo llaman "óptimo hijo y ciudadano del desierto", mientras la tradición monástica de Oriente y de Occidente tendrá siempre una gran estima por el Bautista en su dimensión de soledad y de ascesis en el desierto. Además, en diversos textos la liturgia presenta a Juan sirviéndose de imágenes contrastantes: "Fruto de la estéril, alba que recorre el sol". El fin de la esterilidad de Isabel es presentado como tipo y preanuncio de la fecundidad de la Iglesia; aquella parirá al Bautista, ésta engendra hijos en el Bautismo. El papel que los textos dan a Juan es el de intercesor junto a Cristo, voz que lo anuncia, ángel que lo precede y que le prepara el camino; por esto también con mucha frecuencia la iconografía del Bautista lo presenta con las alas de ángel. Él es el ángel, el soldado que precede al rey, como lo canta Casiana en el oficio vespertino de la fiesta: "Éste, precediendo como soldado al rey celeste, realmente hace rectos los senderos de nuestro Dios, hombre por naturaleza pero ángel en cuanto a la vida; abrazada, de hecho, la castidad perfecta y la templanza, él poseía lo que es según natura". Diversos troparios ponen en paralelismo, con una finalidad claramente cristológica, el nacimiento del Bautista y el nacimiento de Cristo, nacimiento de la Voz y nacimiento del Verbo, nacimiento por medio de una estéril y nacimiento por una Virgen; la del Bautista no tiene lugar sin concurso de varón, mientras que la de Cristo tiene lugar por la Virgen sin concurso humano: "Celebremos al precursor del Señor, que Isabel ha parido de una matriz estéril, pero no sin semen: solo Cristo, en efecto, ha atravesado una tierra no pisada y sin semen. A Juan, lo ha engendrado una estéril, pero no lo ha parido sin hombre; a Jesús, lo ha parido una Virgen pura cubierta por el Padre y por el Espíritu Santo". El icono de la fiesta retoma el del nacimiento de la Madre de Dios, y con muchas semejanzas también con el del nacimiento de Cristo. En la parte superior Isabel está tumbada sobre el lecho, tras haber parido al niño, en la misma disposición de Ana en el icono del nacimiento de María, y de aquélla en el del nacimiento de Cristo. Las tres mujeres en el icono son símbolo de la fecundidad de la Iglesia por medio del Bautismo. En el ángulo inferior vemos a varias mujeres que lavan al neonato, escena que encontramos también en el icono del nacimiento de María y de Cristo. En los tres el neonato es lavado en una palangana, con una simbología relacionada al bautismo. En un ángulo Zacarías escribe en una pizarra el nombre del neonato, Juan. También Joaquín y José ocupan un ángulo del icono del nacimiento de María y de Cristo, el primero en una actitud de contemplación del misterio, el segundo representando en sí mismo la duda de la humanidad frente al misterio de la encarnación del Verbo de Dios. Aquél que es "profeta de Dios y precursor de la gracia", que anuncia y precede el don de Cristo, lo celebramos hoy en el misterio del nacimiento de uno de un matrimonio formado por ancianos, avanzados en los años pero hechos fecundos por la gracia del Espíritu, que por medio de la vejez y de la esterilidad hace fructificar el verdadero gozo.




(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 24 de Junio de 2009; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

domingo 19 de junio de 2011

El Icono de la Santísima Trinidad, de Andrej Rublev

Una de las doctrinas que más han influido en la iconografía bizantina ha sido la doctrina de la Santísima Trinidad y la de la humanidad y divinidad de Cristo. Sin lugar a dudas, ambas son las revelaciones más importantes de los misterios de fe. Dios es amor, amor infinito de las tres Hispóstasis unidas en perfecta Caridad. La redención consiste en que Dios por su encarnación abraza la humanidad del hombre y, con ella, toda la creación, comunicándonos en Cristo su amor por medio del Espíritu Santo.

Muy bellamente lo muestra así el icono de la Trinidad, adoptado en la Iglesia Ortodoxa desde el Sínodo de los cien capítulos de 1551. Esta imagen de Andrej Rublev será el modelo de los pintores rusos. El icono se basa en el pasaje bíblico de los tres varones (ángeles) que se presentaron a Abraham en la encina de Mambré (Gn 18), para anunciar a Abraham y a Sara que serían padres de un varón. El logro de Rublev fue aislar este pasaje colocando las tres figuras sin representar a Abraham y Sara y pasarlo a un formato cuadrado, ya que con anterioridad no se había representado nada más que en píxides y encolpios (pectorales). Esto se nota en la estructura circular de los tres personajes de la composición, en la que se puede inscribir en un círculo perfecto y un triángulo equilátero dentro del círculo.

Por los gestos de las caras y los movimientos de las cabezas podemos localizar cuáles son cada una de las Personas divinas y la relación que guardan entre sí. Son muchos, incluso los mismos ortodoxos, lo que interpretan al personaje del centro como Dios Padre, como es el caso de Evdokimov, que ha sido uno de los escritos más influyentes en el occidente cristiano a la hora de interpretar este icono. Sin embargo, no es así, ya que si nos fijamos un poco nos daremos cuenta que la Persona divina del centro es Cristo. Este icono ha pasado a la historia como el de la Trinidad, pero en realidad la inscripción del título nos dice otra cosa. Cuando Andrej Rublev lo nombra pone en la inscripción: Cristo Salvador. No lo llama icono de la Santísima Trinidad. Aún así son muchos los que se decantan por considerar a la figura del centro como Dios Padre.

A nuestro parecer la figura del centro designa la Persona de Cristo en compañía de dos ángeles que representan las cualidades de Dios Padre (al que nadie jamás ha visto) y Espíritu Santo.

A nuestro favor podemos observar la figura del centro vestida de rojo y manto azul, y con un galón dorado en su lado derecho. El Padre nunca iría vestido con estos colores. En la tradición son los colores que hacen alusión directa a la doble naturaleza de Cristo: el rojo es la divinidad y el manto es la humanidad. Por la encarnación Cristo, Persona eterna en el seno de Padre, se hace hombre, por lo tanto su Persona divina tiene dos naturalezas: una divina y otra humana. El galón dorado hace alusión a su sacerdocio, a que es el Mesías esperado, el Ungido por el Espíritu Santo.

Si sondeamos un poco la historia de nuestro autor, nos encontramos a su maestro Teófanes el Griego, que elaboró una trinidad anterior a la del maestro Rublev en la iglesia de la Transfiguración de Novgorov. En esta el ángel del centro destaca sobre los demás y es el que lleva una cruz en el nimbo e incluso el nomina sacra del Nombre de Cristo.

Si la Persona del centro de la escena representa a Cristo hay que intentar saber quienes son los otros dos. Rublev lo representó por medio de la inclinación de las cabezas. El ángel de nuestra izquierda, a la derecha de Cristo viste completamente de dorado, color del Don del Espíritu Santo, que es vivificante y es Aquilatador de todo lo creado. Los otros dos le miran a Él. Hay otros que dicen que esta es la figura de Dios Padre. Pero es improbable que Rublev no se habría saltado un detalle: Cristo está sentado a la derecha del Padre y es algo que no se le escaparía a nadie. Nosotros interpretaremos el icono de la siguiente manera. Dios Padre es la Persona de nuestra derecha, Dios Hijo es el del centro y Dios Espíritu Santo es el de nuestra izquierda. Nos daremos cuenta que de este modo el icono nos está diciendo más de lo que nos pesamos.

En primer lugar, relacionar a cada una de las Personas con lo que hay en la parte superior del icono. Encima de Dios Padre encontramos la montaña, lugar privilegiado para sus manifestaciones en el Antiguo Testamento; lugar de la Alianza del Sinaí. Encima de Cristo encontramos la encina de Mambré, que a su vez es el árbol de la ciencia del bien y del mal, del que comieron Adán y Eva; pecado que nuestro Señor Jesús viene a redimir. También es el árbol de la Cruz, donde será clavado el Redentor. Encima del Espíritu Santo está un edificio, que es la Casa donde Dios ha hecho su Nueva Alianza, es la Iglesia, construida en este tiempo por el Espíritu Santo, por medio de los sacramentos.

A esto es lo que se dedican las Tres Personas: bendecir una copa, donde se deja ver vino y un cordero. Dios Padre y Dios Hijo miran al Espíritu Santo durante la bendición, ya que la obra de la Trinidad se refleja en su Iglesia, que se edifica con la Eucaristía. Sin embargo, puede extrañar que Dios Hijo no mire al Padre, mira al Espíritu. Sin embargo, el Espíritu Santo mira sólo al Padre, porque procede de Él y es enviado por medio del Hijo. El origen de la segunda Persona y de la tercera Persona es el Padre. Del mismo modo que este icono representa la Trinidad representa también la imagen de la Iglesia que la manifiesta a los hombres.

Sorprende en los cánones de los iconos que no se deje representar al Espíritu Santo en forma de paloma, como en Occidente. En Oriente sólo se representa como paloma en el icono del Bautismo del Señor en el Jordán, porque es imagen del Espíritu que aleteaba sobre las aguas del Génesis y signo de la reconciliación del Diluvio. En efecto, el Espíritu no es una Paloma, ya que en otra ocasión se presenta en forma de llamas de fuego, como vimos la semana anterior con el icono de Pentecostés.

Muchas veces en Occidente se representa al Espíritu Santo como una Paloma, sin aludir al Bautismo del Jordán. En alguna ocasión esto ha servido para atacar a Occidente de modalista. Sin embargo, encontramos una obra increíble en Occidente. En la Cartuja de Miraflores, en Burgos, un extraordinario retablo de Gil de Siloé, presenta a la Trinidad como tres Personas humanas. El del centro es Cristo crucificado, sostenido por Dios Padre y un joven Espíritu Santo. Por ello, no se puede acusar a la doctrina de la Trinidad de las imágenes sagradas de Occidente con un modalismo, ya que encontramos imágenes sorprendentes de la Trinidad muy cercanas al oriente cristiano.

El icono de Rublev muestra también que la redención es integración de la creación, principalmente de la humanidad, en el Amor del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esto lo hemos visto mediante la relación de la Trinidad con la Eucaristía. La mesa alrededor de la que están sentados tiene forma de altar, incluso con un hueco reservado para las reliquias. El cáliz mencionado antes es un diskos eucarístico con la cabeza del Cordero.

La experiencia de la Trinidad en Oriente es experimentada por tres caminos: uno el del icono que hoy se nos presenta; dos, por medio de la oración; y, tres, por medio del culto divino. De modo que la mejor teología de la Trinidad es expresada en los textos del culto divino y los gestos de la liturgia, que reproduce este mismo icono.

«Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros». «Santísima Trinidad, apiádate de nosotros; purifícanos, oh Señor, de nuestros pecados; perdónanos, oh Soberano, nuestras transgresiones; visítanos y cura nuestras debilidades, oh Santo, por amor de tu nombre».

Daniel Rodríguez Diego

sábado 18 de junio de 2011

Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Desaparecida la octava de Pentecostés, la solemnidad de la Santísima Trinidad ya no aparece en los libros litúrgicos como un apéndice de la celebración del tiempo pascual, aun cuando puede ser vista como un eco y una síntesis del misterio de la Pascua del Señor. En realidad, todo domigo lo es, pero este de la Trinidad nos permite contemplar el misterio pascual en el marco de la divina economía o acción en el mundo y en la historia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
La devoción a la Trinidad en conjunto se inicia en el siglo X, aunque la tradición patrística y litúrgica jamás han ignorado este misterio. Todo lo contrario, la liturgia entera está impregnada de ese movimiento misterioso al que alude el viejo axioma patrístico: "Todo don salvífico viene del padre, por mediación del Hijo Jesucristo, en el Espíritu Santo; y en el Espíritu Santo por medio del Hijo, vuelve de nuevo al Padre". El ejemplo más claro son las oraciones litúrgicas, que concluyen sienpre con la fórmula "Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos".
La fiesta litúrgica de la Trinidad se difunde en la baja Edad Media a partir de la época carolíngia. Roma la introduce en el calendario litúrgico de la Iglesia latina en l331, bajo el pontificado del papa Juan XXII. Después de la reciente reforma litúrgica ya no se la debe ver como una "fiesta de ideas" o fiesta de un misterio puramente "conceptual". La Santísima Trinidad es un misterio de vida y de comunión, además de un misterio de fe y de adoración: 

"Dios, Padre todopoderoso,
que has enviado al mundo la Palabra de la verdad
y el Espíritu de la Santificación
para revelar a los hombres tu admirable misterio;
concédenos profesar la fe verdadera,
conocer la gloria de la eterna Trinidad
y adorar su unidad todopoderosa" ( Col. ). 

El admirable misterio de Dios no es solamente el ser divino, es también el designio secreto de su voluntad salvífica (cf. Col l, 26; Rom l6, 25; Ef 3, 2.7-ll). Ambos aspectos han sido revelados por Dios mediante su Hijo Jesucristo (cf. Jn l, l8) y el Espíritu Santo (cf. Jn l6, l3-l5) Una vez conocido, entiéndase también vivido, viene la rendida profesión de fe, la adoración y el culto.
Las lecturas del año A - Ex 34, 4b-6. 8-9; 2 Cor l3, ll-l3; Jn 3, l6-8- nos invitan a celebrar dos grandes realidades salvíficas. Una es el Nombre divino revelado a Moisés ( lª. lect. ) y en la misión terrena del Hijo de Dios ( evang. ). Este nombre, en cuanto expresión de la virtud salvífica de quien lo tiene, pertenece también a Jesús, siendo causa de salvación para cuantos creen en él ( evang. ). La otra gran realidad es el amor fontal del Padre ( evang. ),manifestado en la compasión hacia su pueblo ( lª. lect. ) y, sobre todo, en el envio de su Hijo al mundo ( evang. ). Este amor es siempre identificable con el Espíritu Santo, autor de la comunicación de la gracia de Jesucristo y de la caridad del Padre ( 2ª. lect. ).
En el año B, las lecturas - Dt 4, 32-34.39-40; Rom 8, l4-l7; Mt 28, l6-20- destacan la automanifestación de Dios en la historia de los hombres a través de signos y prodigios ( lª. lect. ), en la antigua alianza, y del testimonio irresistible del Espíritu del Hijo ( 2ª. lect. ) y de la misión de los apóstoles ( evang. ), en la nueva alianza. Esta autorrevelación, obra conjunta de las tres divinas personas, tiene por finalidad la posesión, por parte de la criatura humana, de la herencia prometida ( lª. y 2ª. lect). En el Antiguo Testamento esta herencia fue la tierra ( lª lect. ); ahora es la filiación divina ( 2ª. lect. ), a la que se accede mediante el bautismo ( evang.).
El año C tiene una temática similar: Prov 8, 22-31; Rom 5, l-5; Jn l6, l2-l5. La experiencia y el conocimiento que el hombre tiene de Dios le viene de la comunicación de la divina sabiduría en la creación y en la historia de Israel ( 1ª. lect. ), en la palabra y en la vida de Jesús ( 2ª. lect. y evang. ) y en la efusión-donación del Espíritu Santo ( 2ª. lect. ). La Sabiduría divina (Palabra y Espíritu), que se reveló en el Antiguo Testamento de manera imperfecta, da paso a Cristo, el Verbo encarnado, revelación del Padre y emisor del Espíritu, y al propio Espíritu de la Verdad, que actúa en el corazón de los creyentes y en toda la Iglesia.
Como puede advertirse, la liturgia de la Palabra insiste los tres años en los aspectos económico-salvíficos del misterio trinitario, en orden a la vida de la fe y al culto divino, que es no sólo liturgia, sino también la obra de los cristianos en el mundo. Pero también aparecen los aspectos llamados inmanentes del misterio: las primeras lecturas nos hablan del Dios único de Israel; los evangelios contienen las palabras de Jesús, en las que se revela al Padre, se presenta a sí mismo como Hijo igual a él y anuncia el envio del Espíritu Santo; finalmente las segundas lecturas recogen la experiencia profunda de la filiación divina adoptiva, que nos permite conocer el amor del padre, la gracia de Jesucristo -Dios y hombre- y la comunión del Espíritu Santo.
Una síntesis similar y un bellísimo eco de la Palabra proclamada lo constituye el prefacio, una de las más antiguas piezas eucológicas del misal (siglos V-VI), restituido a su uso propio en esta solemnidad. El motivo central de este hermoso prólogo de la plegaria eucarística lo constituye la respuesta de la fe y de la adoración al Dios que se ha autorrevelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La proclamación gozosa de la asamblea, por boca de su presidente, alaba y canta a la verdadera y eterna divinidad, adorando a tres personas divinas, de única naturaleza e iguales en su dignidad. Los mismos motivos, pero esta vez en relación con el fruto de la participación eucarística, aparecen en la poscomunión: 

"Al confesar nuestra fe en la Trinidad santa y eterna
y en su unidad indivisible,
concédenos, Señor y Dios nuestro,
encontrar la salud del alma y del cuerpo
en el sacramento que hemos recibido". 

jueves 16 de junio de 2011

El Icono de Pentecostés

El día de Pentecostés, era una fiesta del calendario judío de origen agrícola, que se incluyó en el calendario judío el siglo II a. C. La fiesta fue adquiriendo su significado y conmemoraba la Alianza del Sinaí, la entrega de la Ley. Sin embargo, para los cristianos es el día del nacimiento de la Iglesia; después de la Cruz y de la Resurrección se hace presente el Poder del amor de Dios y su potencia. La fiesta de la entrega de la Ley, se convirtió con el cristianismo en la fiesta de los Dones del Espíritu Santo que abren el camino de la Iglesia. En este momento los apóstoles hablan en lenguas, porque cada pueblo o nación puede recibir el anuncio y retornar a la unidad que se rompió en Babel. Es el día donde se toma conciencia de lo que dijo Cristo: "Él os enseñará cada cosa y os recordará todo lo que yo os he dicho".

En un primer momento, la cincuentena pascual era un periodo de prolongación de la fiesta de la resurrección. Poco después, en el siglo IV, se desmarcaba la preparación de esta fiesta, tomando conciencia de que la Tercera Persona de la Trinidad era un Don para la Iglesia y una fuerza que debía ser implorada y preparada; es la fuerza de los sacramentos y principio de todo discernimiento, así como la transmisión de la tradición apostólico-jerárquica de la Iglesia. Durante esta fiesta se comienzan a leer los momentos narrados en los Hechos de los Apóstoles. Es la peregrina Egeria, en Jerusalén, la que nos cuenta que en el último domingo de esta cincuentena se celebra el envío del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Ascensión de nuestro Señor. En otras comunidades era celebrada la Ascensión y, después de una semana, Pentecostés. Del mismo modo, poco a poco, se van elaborando las imágenes para ambas fiestas.

La iconografía para la fiesta de Pentecostés es muy parecida en el Oriente y el Occidente cristianos, porque constata un mismo momento del Nuevo Testamento. Su fuente es bíblica, aunque se le incluyen algunos detalles que no se nos relatan en el pasaje de los Hechos. La variante más importante que podemos encontrar es la presencia de la Madre de Dios en el centro de la escena. Hallamos a la Madre de Dios en la iconografía de los primeros siglos, una de las referencias más antiguas la encontramos en el Evangeliario sirio de Rábula del año 587.

Su presencia, o su ausencia, se justifica de diversas maneras. En la narración del texto de los Hechos no vemos que cite explícitamente a María, aunque sabemos que se reunían todos juntos a rezar en torno a la Mad
re de Jesús. Pero no se nos dice que María estaba allí. Por lo tanto tenemos que buscar otra manera de mirar la imagen, de una forma simbólica. María es Sión, el monte sobre el que estaba asentado por tradición el Cenáculo, donde estuvo el Arca de la Alianza en un primer momento e incluso donde se piensa que estaba la tumba del rey David. Podemos mirar cómo María se presenta como Madre de todos los que saben acogerse a su Voluntad; la que ha acogido el Espíritu Santo; la que ha sabido escuchar la Palabra. La que ha permanecido en su Hágase y lo ha conservado en su Estar al pie de la Cruz. La que ha sabido transformar su corazón de Madre en Discípula (aquí el extraordinario escrito del Beato Juan Pablo II, Redemptoris Mater). Es una presencia que no subraya el protagonismo de Pedro o Santiago, como apóstoles o como cabeza de la Iglesia universal, sino que subraya que todo Don de Dios se pone al servicio de la misma Iglesia. Un padre oriental decía que las iglesias se unirán cuando cada ministerio sea cumplido mirando a María como signo de unidad, cuando todo Don, ministerio y magisterio, se manifieste como servicio de unidad. De este modo el ministerio de San Pedro se hace más real, porque debe ser cabeza del colegio mirando a la unidad.

En la parte superior del icono están pintadas lateralmente dos casas, con torres simétricas y similares. Se quiere dar a entender que la escena se desarrolla en el "piso alto" del Cenáculo, donde tuvo lugar la Última Cena; de modo que la escena del Don de las lenguas de fuego es don del Sacramento de la Unidad (la Iglesia nace de la Eucaristía), que es Sacramento de la Caridad (la Caridad de Cristo se hace Carne y nosotros cristianos vamos del Sacramento del Cuerpo al Sacramento del Hermano). Este lugar se convirtió después de la Resurrección, en el lugar de reunión de los Apóstoles. ¿Dónde se debe reunir hoy la Iglesia? En la unidad, en la caridad concreta, en el servicio…, y, sobre todo, en la Eucaristía, única fuente de estos Dones.

A partir de este momento, los Apóstoles comenzaron a anunciar la Palabra, y su oración daba frutos de unidad. Si observamos este icono nos vienen a la memoria las imágenes de los Concilios ecuménicos. Si acudimos a las miniaturas de los códices, vemos cómo ambas imágenes se influyen mutuamente. Es la potencia que se expresa en la Iglesia en el ministerio de la transmisión apostólica.

En el centro, en la oscuridad, aparece un hombre anciano con regios ropajes. Sostiene entre las manos una cartela en blanco. En algunas representaciones, sobre él aparecen doce rollos que simbolizan la predicación apostólica. El significado de esta figura no es unívoco. Parece haber tomado forma a partir del siglo X, anteriormente se representaba una muchedumbre de gentes, que son los pueblos de distintas lenguas y nacionalidades. Su Nomina Sacra se traduce: Cosmos (el Mundo). El Viejo Rey es una imagen simbólica que evoca el conjunto de pueblos y naciones subordinados al emperador bizantino.

Este significado puede ser más directo si consideramos el lugar donde se encuentra, llamado Bema. En la tradición arquitec
tónica de las iglesias sirias y caldeas, encontramos un elemento del que hoy solo queda un vestigio: el ambón o bema en el centro de la Iglesia. Se trata de una tribuna con forma de herradura colocada en el centro de la iglesia frente al ábside donde está el altar. Aquí se desarrolla la liturgia de la Palabra. Es el anuncio de Pedro en medio de Jerusalén, el testimonio de que la Palabra se hizo Carne, la constatación de los testigos de que Cristo ha resucitado y se han cumplido las Escrituras. Durante el anuncio al mundo desde esta Jerusalén, simbólica-arquitectónica, los celebrantes tomaban asiento. El rey (después el sacerdote o diácono), en el centro del hemiciclo, que es el mundo, proclamaba la Palabra, puesto que él detenta el mandato celeste sobre la tierra.

Pero también el rey tenía su modelo; no podía proclamar las lecturas de cualquier forma. Al rey se le representa como al rey David, con la necesidad de reconocer que estamos necesitados de la misericordia. Además resuena en la conciencia del creyente el deseo de muchos de haber conocido aquellos tiempos: “Muchos profetas y justos han deseado ver lo que vosotros veis y no lo vieron, y escuchar lo que vosotros escucháis, y no lo escucharon”.

En algunos casos, el rey es identificado con el profeta Joel. Para explicar esto volvemos a la liturgia. En efecto, en la gran víspera de Pentecostés, la segunda lectura del Antiguo Testamento recoge al profeta Joel cuando nos dice: "Yo infundiré mi espíritu sobre vuestra persona, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones". Profecía ésta que fue expresamente mencionada por Pedro para justificar el comportamiento de los Apóstoles frente a los "hombres de Judea" y a todos aquellos que se encontraban en Jerusalén.

Los Doce se disponen en las dos alas del hemiciclo y entre los dos grupos queda un sitio vacio. El trono vacío simboliza el trono preparado para la Segunda Venida (etimasia). La etimasia es un motivo iconográfico de origen oriental, que básicamente se reduce a la de un trono sobre el que hay una cruz, la Escritura y un ángel que lo custodia. En algunas iglesias orientales bajo esta repres
entación hay un trono que representa a Cristo vestido con los atuendos episcopales, lugar donde sólo se sienta el obispo. De modo que durante la espera de la segunda venida de Cristo se nos da la liturgia, la tradición apostólica con su tradición jerárquica, los Sacramentos y la Escritura, para poder realizar esta espera. En otro artículo explicaremos, en concreto, la iconografía de la etimasia. También es la representación del Juicio Universal en el que los Doce se sientan "en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel".

Cuando aparece la Paloma, símbolo del Espíritu Santo, es la señal tangible de la realización de la economía de la salvación. Pentecostés no es la encarnación del Espíritu, sino la efusión de los dones, que comunican la gracia a los hombres, a cada miembro del Cuerpo de Cristo. De nuevo, la unidad que se realiza en la Eucaristía es "por excelencia un don del Espíritu".

Daniel Rodríguez Diego