sábado, 31 de marzo de 2012

Gloria, laus et honor... de Zaragoza al mundo.

Teodolfo -o Teodulfo- de Orleans (760-821), nacido probablemente en Zaragoza, compuso el himno propio de este Domingo de Ramos, el Gloria, laus et honor.



De la Enciclopedia Católica On-line:

El Himno

EN LATÍN EN ESPAÑOL
Gloria, laus et honor tibi sit Rex Christe Redemptor, Gloria, alabanza y honor te sean dados, Rey Cristo Redentor,
Cui puerile decus prompsit: Hosanna pium. a quien el esplendor de los niños aclamó: ¡Salud al piadoso!
Israel es tu rex , Davidis et ínclita proles: Tú eres el Rey de Israel y descendiente ilustre de David,
Nomini que in Domini, rex benedicte, venis. el Rey bendito; Tú vienes en nombre del Señor.
Coetus in excelsis te laudat caelicus omnis, Toda la corte celestial te alaba en las alturas y también,
et mortalis homo, et cuncta creata simul. en unión de todo lo creado, te alaba el hombre mortal.
Plebs haebrea tibi cum palmis obvia venit; El pueblo hebreo te sale a recibir con palmas.
cum prece, voto, hymnis, adsumus ecce tibi. Nosotros venimos en tu presencia con plegarias, votos e himnos.
Hi tibi passuro solvebant munia laudis; Aquellos te tributaban alabanzas cuando ibas a padecer;
nos tibi regnanti pangimus ecce melos. y ahora nosotros te cantamos dulces melodías, a Ti que eres el Rey.
Hi placuere tibi, placeat devotio nostra; y ahora nosotros te cantamos dulces melodías, a Ti que eres el Rey.
Rex bone, Rex clemens, cui bona cuncta placent. Rey benigno, Rey piadoso, a quien todo lo bueno agrada.

¿Por qué estudiar el leccionario?


Una interesante entrevista.

viernes, 30 de marzo de 2012

El "Relato de las dos Ciudades": la Semana Santa en la antigua Constantinopla

El "Relato de las dos Ciudades": Jerusalén y Constantinopla



I.- INTRODUCCIÓN

La Semana Santa tanto en la Tradición Romana como en la Bizantina es fruto de una mezcla de tradiciones; luego se podría afirmar con el Padre Robert Taft que las dos han tenido una capacidad grandísima de absorber y sintetizar nuevas tendencias e influjos externos y de adaptarse a nuevas exigencias.

De las dos, será Constantinopla la que adquiera, poco a poco, un poder dominante ya que era la capital del Imperio oriental, de ahí la rápida difusión de las costumbres y los ritos constantinopolitanos. Pero no sólo es importante esta capital sino que habríamos de añadir: Jerusalén y los monasterios de Palestina; los usos litúrgicos de Jerusalén se difundirán por todo el orbe gracias a los peregrinos, cómo no destacar a la Peregrina por excelencia: Egeria.

Este intercambio, dice el Padre Taft, se intensifica tras el primer periodo del iconoclasmo (726-775), durante la "restauración monástica" llevada a cabo por san Teodoro estudita (+826) que trajo a la capital monjes del monasterio palestinense de San Sabas para combatir contra los herejes, es decir, contra los iconoclastas. Fruto de esto fue la: síntesis litúrgica constantinopolitana-sabaítica, que más tarde dará como resultado el llamado "rito bizantino".

Sebastián Janeras ha expuesto esta evolución mostrando la estructura, las lecturas y la himnografía que contienen los libros de las dos tradiciones: 1.-Jerusalén: Leccionario hagiopolita armenio (s. V) y georgiano (s. V-VIII) y Oficios de la Semana Santa en el Codex Stavrou 43, transcrito en 1122; 2.- Constantinopla: Typikon de la Gran Iglesia: manuscritos de los s. IX-X, Evangeliario y Prophetologion (Leccionario con las lecturas del AT).

Estas fuentes, prosigue el Padre Taft, parecen demostrar un triple proceso de préstamo recíproco: 1.- Importancia primaria de Jerusalén como centro de peregrinación, sobretodo en Semana Santa; esto hace que se infiltren elementos hagiopolitas en los ritos constantinopolitanos. Ej: Leccionario del s. IX; el Orthros (Laudes) del Viernes Santo tiene una serie de 11 Lecturas del Evangelio fruto de la unión de las Lecturas de la antigua Vigilia de Jerusalén de la noche del Jueves Santo con las de las Horas del día del Viernes Santo hagiopolita. 2.- Influencia constantinopolitana en la "Ciudad Santa": esta serie de Lecturas según el Typicon de la "Gran Iglesia" llegan hasta Jerusalén y son incorporadas al Oficio hagiopolita al final del primer milenio; así se puede ver en el Stavrou 43 (ant. 1009). 3.- "Triodon" bizantino: todo lo anterior será codificado definitivamente en este libro litúrgico: Matutino del Viernes Santo de Jerusalén, 11 Lecturas hagiopolitas-constantinopolitanas del Evangelio, Vísperas del Viernes Santo en Jerusalén y Matutino del Sábado Santo con las Lecturas constantinopolitanas, más las Horas del día del Viernes Santo de Jerusalén.

II.- LA SEMANA SANTA EN LA "ANTIGUA CONSTANTINOPLA"

En la mayor parte del primer milenio Constantinopla permanece inmune a la influencia de los nuevos Oficios de la Semana Santa de Jerusalén, manteniendo así una Liturgia sobria hasta el periodo del predominio monástico posterior a la lucha contra el iconoclasmo (726-775, 815-843) en la que se enriquece de elementos hagiopolitas.

Según el Typikon del siglo X las celebraciones de la Semana Santa eran precedidas del "Sábado de Lázaro", es decir, del Sábado anterior al Domingo de Ramos. Queda claro, tanto en el Evangelio como en el Diario de la Peregrina Egeria (384), que la Resurrección de Lázaro es el preludio de las celebraciones pascuales, ya que Cristo muestra su poder sobre la vida y sobre la muerte, haciendo así de la resurrección de su amigo una profecía de lo que sucedería el "Octavo Dies". En Constantinopla este día el Patriarca administraba los Sacramentos de iniciación, en el pequeño Bautisterio, después del Orthros.

El Domingo de Ramos, según nos dice Baumstark, tenían lugar los Oficios en la Iglesia de los "Cuarenta Soldados Mártires" en el Tetrapylon de bronce, al norte del Forum Tauri, cerca del Philadelphion. El Patriarca era el encargado de distribuir las palmas al clero y a la asamblea, tras lo cual tenía lugar la Procesión hasta Santa Sofía, donde se celebraba la "Divina Liturgia". El primer testimonio de la procesión bizantina de la palmas lo tenemos en la Vida de san Andrés "el multitudinario" (ca. 650-950).

Del Lunes al Miércoles: no hay diferencia entre estos días y las ferias cuaresmales: no hay Eucaristía, sí la "Liturgia de los Dones Presantificados".

El Jueves Santo tenía lugar, por la mañana en Santa Sofía, la Adoración de la preciosa reliquia de la Pasión custodiada por la Gran Iglesia: la Sagrada Lanza que traspasó el costado de Cristo, tal como podemos leer en Jn 19, 34. Por la tarde tenían lugar las Vísperas y el Lavatorio de los pies (pedilavium), durante el cual el Patriarca lavaba los pies de 12 miembros del clero (3 subdiáconos, 3 diáconos, 3 presbíteros, 1 arzobispo y 2 metropolitanos); tras esto tenía lugar la "Liturgia del Crisma" de san Basilio Magno. Por la tarde se leía una serie de cinco Lecturas vigiliares: 3 del AT (Ex, Jb e Is) y 1 Epístola (relato paulino de la "Institución") más un "centón evangélico" o una concordancia estructurada cronológicamente de los eventos que van desde el Jueves Santo por la noche hasta el alba del Viernes Santo.

Los Oficios del Viernes Santo comprendían: Pannychis (Vigilia) la tarde del Jueves Santo tras la Misa crismal, Orthos y Tritoekte (tercia-sexta) y Vísperas con la "Liturgia de los Presantificados" por la tarde. Los únicos elementos ceremoniales de este día eran: la Veneración de la Sagrada Lanza antes del Orthros y la Catequesis prebautismal junto a la renuncia a Satanás que el Patriarca hacía en "Hagia Elena", parte integrante del proceso de iniciación pascual.

Es curioso que no tenga lugar en Constantinopla en este día ni la Lectura de la Pasión ni la Adoración de la Cruz o de una reliquia de ésta. No obstante, en el Evangelio de las Vísperas del Viernes Santo encontramos la anámnesis de la Pasión del Señor: desde la condena de Jesús hasta su sepultura; también se lee el "siervo sufriente" de Isaías.

El Orthros del Sábado Santo en el Typikon no tiene nada de particular, excepto los dos estribillos referidos a los soldados que hacen guardia ante la tumba de Jesús, sepultado por nuestra salvación. El Evangelio de este día narra la orden que da Pilatos para que hagan guardia los soldados y así no puedan robar los discípulos el cuerpo de Jesús diciendo que ha resucitado. La Profecía que se lee este día es la de los "huesos secos"del profeta Ezequiel.

BIBLIOGRAFÍA:

1.- Taft, R. La Settimana Santa nella Tradizione Bizantina en "A partire della liturgia. Perché è che la liturgia". Lipa edizioni, Roma 2004: pag. 250-284.

2.- Id. A tale of two cities. The Byzantine Holy Week Triduum as a paradigm of liturgical History en "J.N. Alexander (cur.), Time and Community In Honor of Thomas Julian Talley". Washington DC, 1990: pag. 21-41.

3.- Arranz, M. Les grandes étapes de la liturgie byzantine: Palestine-Byzance-Ruse en "Liturgie de l'Église particulière, liturgie de l'Église universelle". Bibliotheca Ephemerides Liturgicae, Subsidia 7: Roma 1976, pag. 43-72.

4.- Janeras, S. I vangeli domenicali della risurrezione nelle tradizioni liturgiche agiopolita e bizantina en "Studia Anselmiana, 91. Analecta Liturgica 10". Roma 1986, pag. 55-69.

jueves, 29 de marzo de 2012

Reforma litúrgica y teorías de la conspiración.

A veces cuesta creer que las cosas simplemente pasen porque tengan que pasar. Porque la estupidez existe o porque la evolución -o involución- histórica es una constante del universo. Sobre el Concilio Vaticano II, la liturgia romana actual y cuestiones similares hay teorías conspirativas. Normalmente incluyen la masonería. Y aunque seguramente tirando de hemeroteca encontraremos algún clérigo o personaje de la época expresar alguna reserva o sospecha, la mayoría de estas teorías son de las últimas dos décadas -ergo 90's y 00's-. La relación de la Iglesia con el mundo contemporáneo, el diálogo religioso y el ecumenismo, tenían un denominador común: demasiada buena fe. Lo mismo se puede decir sobre la reforma litúrgica.
En otras palabras, aunque se vea con claridad grandes diferencias entre lo que había en 1962 y en 1970, el resultado es perfectamente explicable sin la intervención de extraterrestres, masones y templarios centenarios. Pero cuesta creer que en una institución como la Iglesia haya gente poco aplicada, ingenua o, simplemente, estúpida. Hay maneras de acercarse al misterio de la Iglesia que nunca han sido las de los teólogos y la de los jerarcas en general -léase obispos, arzobispos, cardenales-, pero que están, incluso hoy, allí. La indefectibilidad absoluta es una de ella. En los defensores de las tesis conciliaristas también hay gente así: como si los concilios, por acción de la "magia", fueran más importantes que los evangelios. Los anglicanos están pagando hoy, con creces, su galopante conciliarismo.
No voy a resolver todas las teorías ni voy a probar que Lord Voldemort era en realidad Heidi. Pero la historia del movimiento litúrgico y, sobre todo, de la historia del s. XIX y de la primera mitad del XX, prueban las bondades y pifias de la reforma litúrgica que hoy disfrutamos/soportamos. Después de las teorías conspiratorias están los "topicazos" que las acompañan. Las que afirman que con la reforma litúrgica se destruían las prácticas "cristianas", después de un muy breve examen histórico, resultan ser falsas. Algunas de las supuestas prácticas "católicas" abolidas inmisericordemente no llevaban en la Iglesia más de un siglo o dos. No eran ni siquiera "tridentinas". Entre los topicazos, que "vuelven por Navidad", está la de que la reforma litúrgica fue arqueológica. ¿Qué esperabais? Desde el s. XIX no se hablaba de otra cosa. De hecho, liturgia era sinónimo de arqueología. En este sentido, una contribución clarividente de Enrico Mazza: "Il metodo storico e la ricerca liturgica nel novecento" (en La Liturgia nel XX secolo: un bilancio). Allí se dice una frase incuestionable: "El estudio de la liturgia se inicia como historia de la liturgia y arqueología, como se ve con claridad en el título del monumental diccionario de F. Cabrol - H. Leclercq y la creación de la primera cátedra de liturgia, en la facultad teológica de Strasburgo".
Lo de la "teología litúrgica" es un fenómeno posterior al Concilio Vaticano II. Así que lo que tenían en mente los "especialistas" -que por cierto, ninguno era 'liturgista'- era cuestiones referentes a la historia. Luego hay que tener en cuenta lo que denomino la mirada "textual" que existía -y existe- sobre la liturgia. La atención dada a las fuentes litúrgicas, en continuidad con la renovación de los estudios filológicos y el método histórico-crítico. Si la atención se dirige al texto, el gesto queda descuidado.
Con estos dos datos se explica buena parte del "estilo" de la reforma litúrgica. Hay que sumar dos cosas más: las peticiones de los obispos y la mala arqueología, en concreto una mala aplicación del método de liturgia comparada. Por citar un ejemplo "reciente": el concepto de concelebración que existe en Oriente, que supuestamente sirvió de modelo práctico para el Occidente romano, difiere enormemente del que encontramos hoy, tanto en los libros litúrgicos como en la práctica. Con respecto a la segunda cuestión, si observamos las actas de reforma y las intervenciones de los obispos, queda resuelto el "misterio" de la reforma: los prelados tenían una palabra "mantra" que recorría su concepto de 'liturgia moderna': simplificación. Y detrás de este había otro: el laicado es tonto, por lo que cuanto más sencillo mejor.
El problema que tenemos hoy es que tenemos una liturgia muy de los 70's hecha para durar incontables décadas. Eso por lo bajo. ¿Nadie se ha dado cuenta de que el 99% de los experimentos y actos contra legem repiten o emulan la estética o la mentalidad litúrgica que se respiraba en los 70's? ¿Alguien conoce alguna región donde cosas como la música pop o la electrónica sean parte de una liturgia dominical parroquial? ¿Algún intento de emular los realities en la liturgia? ¿Alguna liturgia en internet, al estilo twitter o red social? ¿Un dj sacerdote y un altar de 'mezclas'? No, claro. Porque si existe algo completamente cierto de la liturgia romana desde hace mucho es que en realidad nunca se adapta a los tiempos o las culturas: simplemente recibe aditamentos. ¿Adaptarla a "culturas" tribales? Si no se adapta ni a la europea/norteamericana actual (por otro lado demos gracias, que tampoco sabríamos si lo haríamos bien). Si realmente fuese el resultado de un proyecto conspiratorio, la liturgia actual no dejaría de emular la cultura secular actual. Pero está estancada. Para bien o para mal. En no pocos países la teología litúrgica se ha quedado en una mera explicación contrapuesta entre lo que se hacía y lo que se hace, o mejor, entre lo que se cree que se hacía -que no es lo que los piadosos vídeos de liturgias tradicionales actuales nos muestran- y lo que dicen los prenotandos y rúbricas de los libros actuales -que no es ni la sombra de lo que se hace-.
Con todo esto, no dudo en admitir que nos encontramos en la Iglesia universal en medio de una "crisis litúrgica", pero no la que algunos pretenden hacernos creer. Y de esto era consciente muchos años antes de ordenarme presbítero: la crisis litúrgica actual tiene mucho que ver con el bajo "nivel" de sus participantes bautizados que la de los posibles descuidos y mal formación de sus participantes clérigos. En fin, que seamos un poco serios y digamos las cosas por su nombre: la reforma litúrgica es hija de una época que no es la nuestra. Nada más. Ni los extraterrestres colonizadores, ni los masones ni otras sociedades secretas, ni órdenes caballerescas, etc., han orquestado macabros planes para que la liturgia romana sea hoy lo que es. Simplemente un ideario más o menos acertado. Si tuviéramos más datos históricos, sin duda descubriríamos fenómenos parecidos en las demás reformas litúrgicas de la historia. Al ser esta una de las reformas más documentadas y "radicales", lo de las teorías de la conspiración estaba servido. Si me preguntan mañana, lo bueno de la reforma litúrgica tiene su origen en la "suerte" de que los que tuvieron la última palabra no tocaron lo que no debían; lo malo de la reforma en la estupidez y la cortedad de miras. Así que ya podemos dormir tranquilos, que Voldemort no está debajo de la cama. Y Benedicto XVI, por muy buenas intenciones e influencia que tenga, no es Harry Potter. Su férula no es una varita mágica.

Adolfo Ivorra

miércoles, 28 de marzo de 2012

De nuevo: "Il Rito Bizantino. Una Breve Storia" de Robert Taft

De nuevo aparece esta "Breve Historia del Rito Bizantino" del Padre Robert Taft, cuya edición inglesa se remonta a 1991 (The liturgical Press, Collegeville); la edición italiana de la Libreria Editrice Vaticana ("Storia sintetica del Rito Bizantino", Roma 1999) se había agotado; debido a esto, gracias a "Lipa Edizioni", ve de nuevo la luz esta pequeña pero gran obra.

En la Introducción dice el Padre Taft: "No pretendo ofrecer una historia completa del rito bizantino desde sus orígenes hasta hoy. Mi propósito es, más bien, trazar los orígenes de esta tradición en su periodo de formación, es decir, tratar aproximadamente, desde los orígenes conocidos hasta el fin de Bizancio. Naturalmente, la historia del rito bizantino no acaba con la caída de Constantinopla en el 1453, ni la creatividad litúrgica bizantina se detuvo en ese momento. Pero en esta época el rito bizantino ya había adquirido los trazos que ha conservado hasta hoy y que los sucesivos dessarrollos no han alterado sustancialmente".

Dado que han trascurrido 20 años desde la primera edición, era necesaria una revisión, además de añadir numerosa bibliografía surgida posteriormente. El mismo Padre Taft ha hecho algunas indicaciones, lo mismo que don Stefano Parenti; y la traducción de la obra, en esta edición, ha estado a cargo de María Campatelli.

A continuación presento una Síntesis de cada uno de los Capítulos:

I.- El rito bizantino: en este primer capítulo se nos exponen sus elementos y sus fases históricas (época paleo-bizantina; fase imperial; siglos oscuros; época estudita y síntesis final sabaítica). II.- La liturgia paleo-bizantina: podríamos decir que se estudia Bizancio antes de que fuese Bizancio: los orígenes de la liturgia en Bizancio, la formación de los ritos y cómo emerge el rito. III.- El rito bizantino se convierte en imperial: este tercer capítulo, uno de los más extensos, se centra en: la liturgia estacional en Constantinopla y su influjo, en la liturgia cósmica y el edificio eclesial como cosmos y en la edad de oro: Justiniano I (527-565). IV.- El primo medioevo y el iconoclasmo: continuidad, consolidación y cambios: nueva mistagogia. V.- La época estudita: la victoria de la Ortodoxia, el desarrollo del rito monástico, la nueva Semana Santa, la música, arquitectura e iconografía sacras. VI.- La síntesis medio-bizantina: la nueva iconografía y arquitectura, la reducción del simbolismo y la ritualidad y la aparición de un nuevo libro litúrgico: Diataxis (manual de rúbricas). VII.- El predominio neo-sabaita: el resurgir del Monte Athos, la síntesis neo-sabaítica y la difusión del Typikon de San Sabas y el triunfo del Hesicasmo Athonita: Diataxis de Filoteo. Quisiera destacar, finalmente, las 20 ilustraciones que iluminan esta magnífica obra, además del utilísimo Glosario con el que podemos comprender mejor el vocabulario litúrgico oriental.

Para más información visitar la Web de "Lipa Edizione":
http://www.lipaonline.org/

martes, 27 de marzo de 2012

Ah ça ira.

Los flash litúrgicos de Jaume González no dejan indiferentes a casi nadie. Se puede estar de acuerdo o no con los detalles. Pero el efecto final es demoledor. El flash de febrero fue especialmente bueno. Tanto que lo veo en blog de Augé. Y aunque Jaume hablaba del conocido episodio bíblico de la danza de Salomé, la cabeza que se pide no es precisamente la de san Juan Bautista, sino la de un ceremoniero. En ocasiones, no son responsables de todo lo que pasa. Que se lo pregunten a los dos Marini -tanto Piero como Guido-, que cada vez que salen de Roma saben que puede salir cualquier cosa. Pero ya se sabe, hay que cortarle la cabeza a alguien...


La seriedad de un maestro de ceremonias y la majestad del obispo de la "parábola" de Jaume me recuerdan a esta escena de Alicia en el país de las maravillas, donde la Reina Roja tenía una especial predilección por cortar cabezas. Pero a veces me pregunto si esto no llevaría a un "reinado del terror", como alude el título de este post, compuesta en 1790. "Estaría bien", que les corten la cabeza... ¿Pero qué pasa de las veces en las que, de forma velada o de forma manifiesta, la "puesta en escena" es deseo del que preside? En fin, que el sufrido ceremoniere pierde la cabeza por sus leales servicios. No nos olvidemos de los "grupos de liturgia", ese cuerpo social "descubierto" por el entonces cardenal Ratzinger. A veces ellos son los ceremonieros de esas "wild liturgies" parroquiales. En fin, que no perdamos la cabeza... y no se la cortemos a otro sin más.

lunes, 26 de marzo de 2012

La "Anunciación de la Santísima Madre de Dios" en la Himnografía y en la Iconografía Bizantina

"Aquél que no tiene carne, toma carne de María"

La fiesta de la Anunciación de la Santísima Madre de Dios y siempre Virgen María, tiene su fundamento bíblico en los Evangelios, especialmente en el de Lucas, y es la única fiesta que encontramos a lo largo de la Cuaresma en la tradición bizantina. Se trata de un antigua fiesta cristiana, introducida en ámbito constantinopolitano en torno al 530.

El icono de la fiesta es muy simple y podría decirse que va a lo esencial; están los dos personajes de la narración evangélica: el arcángel Gabriel en gesto anunciador, portando en las manos un cetro real, y la Virgen María en gesto acogedor de la palabra del arcángel, del Verbo de Dios, con una mano alzada, o con las dos, en actitud orante. Desde lo alto del icono hasta el centro un rayo, que se triplica con una paloma en el centro descendiendo sobre María, indica la fuerza de Dios que la cubre con su sombra.

La iconografía del 25 de marzo es cantada por la misma iconografía litúrgica de la fiesta. Todos los troparios son casi un diálogo entre el arcángel Gabriel y María. Sobretodo en los tres primeros troparios del oficio de vísperas encontramos como lectura litúrgica la iconografía de la fiesta.

En el primero de los troparios el arcángel saluda a la Virgen con siete “gózate” que introducen toda una serie de temas cristológicos tomados de imágenes del Antiguo Testamento: “Para revelarte el eterno consejo, se presentó Gabriel, oh Virgen, saludándote y hablándote así: Gózate, tierra no sembrada; gózate, zarza incombustible; gózate, abismo inescrutable; gózate, puente que permites pasar a los cielos y escala elevada contemplada por Jacob; gózate, divina urna del maná; gózate, liberación de la maldición; gózate, retorno de Adán del exilio”. Toda una serie de imágenes que encontramos más desarrolladas aún en el himno Akáthistos, relacionado también con la fiesta de la Anunciación.

La presencia de Gabriel al dirigirse cuando habla a María, es contrastada por el segundo de los troparios donde se desarrolla la respuesta de María; manifiesta el estupor ante las palabras de aquél, el arcángel, que se le aparece bajo una forma casi humana. María misma se aplica a sí misma las imágenes tomadas de los salmos y que son aplicadas al misterio de la Encarnación del Verbo de Dios: “Te apareces ante mí como un hombre, dijo la Virgen incorrupta al príncipe del ejercito celeste: ¿cómo es que pronuncias palabras que sobrepasan al hombre? Me has dicho, de hecho, que Dios estará conmigo y pondrá su morada en mi seno: entonces, dime, ¿cómo podré convertirme en amplio espacio y lugar de santidad para aquél que cabalga sobre los querubines? No trates de engañarme: no he conocido placer, no conozco a varón, entonces, ¿cómo pariré a un hijo?”. La respuesta de María se convierte en profesión de fe de la Iglesia misma en la Encarnación del Verbo de Dios.

El tercer tropario de Vísperas retoma la respuesta del arcángel y el consentimiento de la Madre de Dios: “Cuando Dios quiere, el orden de la naturaleza es superado, respondió el incorpóreo, y tiene lugar lo que sobrepasa al hombre. Cree mis veraces palabras, oh santísima y más que inmaculada. Y ella exclamó: Hágase en mí, por tanto, según tu palabra, y pariré a aquél que no tiene carne, que de mí tomará la carne para devolver al hombre, gracias a esta unión, a la dignidad antigua: él es el único poderoso”. Notamos la bellísima expresión cristológica puesta en los labios de María: “Aquél que no tiene carne…de mí toma la carne”.

El último de los troparios de la primera parte de las Vísperas coloca en boca del arcángel la meditación de la Encarnación del Verbo de Dios a partir de imágenes casi opuestas las unas a las otras, tomadas todas de textos veterotestamentarios: “Fue mandato del cielo el arcángel Gabriel para anunciar a la Virgen la concepción. Cuando llegó a Nazaret, reflexionaba él mismo sobre el prodigio y estaba desconcertado: Entonces, ¡el inalcanzable, el que está en lo más alto de los cielos, nace de una Virgen! ¡Aquél que tiene el cielo por trono y la tierra como escabel se encierra en el seno de una mujer! Aquél al cual los serafines de seis alas y los querubines de múltiples ojos no pueden contemplar, se complace en encarnarse en Ella en virtud de la sola palabra. Aquél que está presente es el Verbo de Dios. ¿Qué espero entonces, por qué no le hablo ya a la joven doncella? Gózate, llena de gracia, el Señor está contigo; gózate, Virgen pura; gózate esposa que no has conocido desposorios; gózate, Madre de la vida”.

Además de los troparios del oficio de Vísperas, encontramos aún el último de estos, en la obra de san Andrés de Creta (siglos VII-VIII), que se convierte en una larga contemplación del icono de la fiesta, enlazándolo con toda la economía de Dios en su amor hacia el hombre, desde Adán hasta el Verbo encarnado.

En primer lugar, encontramos el tema de la liberación de Adán y Eva que, a su vez, es un preanuncio de la victoria pascual de Cristo mismo: “Adán es renovado; Eva es liberada de la tristeza anterior”. A continuación encontramos el tema de la divinización del hombre: “la morada de nuestra misma sustancia, deificada por aquello que ha concebido, se convierte en templo de Dios. ¡Oh misterio! Desconocido el modo del divino anonadamiento, inefable el modo de la concepción”.

También nos encontramos la profesión de fe trinitaria; la Encarnación del Verbo implica a toda la Trinidad, presente en el icono por medio del triple rayo que desciende de lo alto: “La realidades de la tierra se unen a las del cielo… Un ángel es ministro del prodigio; un seno virginal acoge al Hijo; el Espíritu Santo es enviado; el Padre desde lo alto expresa su beneplácito, y se opera este encuentro por su común voluntad”.

La naturaleza humana, asumida por el Verbo en la Encarnación, es elevada y salvada: “En Él y por Él salvados, a una sola voz con Gabriel, aclamemos a la Virgen: Gózate, oh llena de gracia por la cual nos viene la salvación, Cristo Dios nuestro que, asumiendo nuestra naturaleza, consigo la ha elevado”.

(Publicado por Manuel Nin en l’Osservatore Romano el 25 de Marzo de 2012; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)

sábado, 24 de marzo de 2012

Domingo V de Cuaresma (hispano-mozárabe).

Lectura sapiencial: Ecclo 47,24-29.
Lectura histórica: 1Sam 26,1-24.
Psallendum: Sal 37,22.8.18.20b-21.
Apóstol: 1Jn 5,16-20.
Evangelio: Jn 11,1-52.

La vida y la muerte son los temas de la Liturgia de la palabra de este domingo. La lectura histórica nos habla del cuidado que tiene David de no matar al ungido del Señor, Saúl. Aunque David será el rey, no se atreve a quebrantar la ley de Dios, que indica que es Él el dueño de la vida y de la muerte. Desde la resurrección de Cristo, que celebraremos en la Vigilia pascual, sabremos mejor que Él tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap 1, 19), no nosotros. Después de la muerte encontramos la justicia, tal como decíamos el domingo anterior, y que hoy nos lo explicita la lectura histórica: El Señor pagará a cada uno su justicia y su lealtad. Por tanto, la mirada del bautizado se dirige a esta realidad: la retribución después de la muerte.
Y Salomón descansó con sus padres. Esta frase de la lectura sapiencia de hoy, tomada del libro del Eclesiástico, se encuentra claramente en relación con el evangelio: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo. Entonces le dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, se salvará. Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Esta sugerente idea de la muerte como sueño, aunque de algún modo desmentida en el caso de Lázaro, se ha expresado en varias oraciones de la Iglesia. Pensemos, por ejemplo, en la oración de las completas romanas del viernes, donde el cuerpo de Cristo yaciente en el sepulcro lo imitamos al dormir. También la liturgia romana, lo mismo que la hispana, reservan este evangelio de hoy en su selección de evangelios exequiales.
La reflexión sobre la vida y la muerte nos hace capaces de descubrir el «eco eterno» que tienen nuestras acciones. San Pablo nos dice hoy que hay pecados que son de muerte (mortales) y otros que no lo son. Nuestras malas acciones nos pueden separar de Dios o romper nuestra relación con Él. Es una realidad que se tiene que tener en cuenta durante toda nuestra vida. Pero el resultado no es la desesperación. Al contrario, el Apóstol nos habla de la importancia del bautismo, pues todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el engendrado de Dios le guarda, y el Maligno no llega a tocarle. Hemos nacido de Dios por el primer sacramento, y estamos llamados a mantener en nosotros esa condición primera de nuestro ser cristiano. La última frase acerca del Maligno tendrá una resonancia en algunos Padres, que hablarán del pecado como una manera en que el diablo vuelve a tener «derechos» sobre el alma del pecador. Cristo nos ha liberado del poder de las tinieblas, pero el pecado nos aleja de Él para sumergirnos de nuevo en ellas. El bautismo nos concede una dignidad y facilita nuestra vida de gracia, pero también conlleva una gran exigencia moral. De esta exigencia se habla en toda la cuaresma a los catecúmenos, pero también a nosotros se nos recuerda su importancia.


Adolfo Ivorra

¿Hay que pagar los exorcismos?

"Si no pagas a tu exorcista, quedarás 'reposeído'/embargado?"

viernes, 23 de marzo de 2012

Reflexión en torno al Ayuno: "Porque Adán comió, nosotros ayunamos"

"Porque Adán comió, nosotros ayunamos"

Esta afirmación es la que sostiene toda la "lucha espiritual y corporal" a la que se nos invita en el tiempo cuaresmal y, por extensión, en toda nuestra vida.

En el libro del Génesis se nos dice: "de todos los árboles del jardín podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, morirás" (Gn 2, 16b-17). La serpiente, "callidior cunctis animantibus agri", le dice a Eva: "es que Dios sabe que el día que comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal" (Gn 2, 5).

El "árbol del conocimiento del bien y del mal" nos hace entender que Dios ha dejado la posibilidad de elegir en virtud de un bien mayor: la libertad de la criatura; es entonces cuando tiene que actuar la razón a través de la conciencia para saber discernir lo que le agrada a Dios, lo perfecto; y un tiempo propicio para ello es la "Santa Cuaresma".

La tentación de poner en el centro de nuestras vidas "nuestro Yo" ("seréis como dioses") en lugar de poner al que, en verdad, tiene que reinar en ella, es decir, "Dios" ("Amarás a Dios sobre todas las cosas"), es una nueva tentación de la serpiente, ya que ésta tiene envidia de la felicidad de la criatura, no sólo creada sino, más aún, redimida: ya que Dios no sólo nos creó sino que, por pura misericordia, nos redimió: "mirabiliter condidisti, mirabilius reformasti". Pero, como nos dice San Cirilo de Jerusalén: Adán "cayó por culpa del árbol, y tú eres introducido en el paraíso por causa del árbol de la cruz" (Catequesis, 13, 31).

Nosotros nos vamos al "desierto cuaresmal" cuando todo comenzó en un "jardín"; nosotros ayunamos porque otro comió, pero a él le conllevó la muerte, sin embargo, a nosotros nos lleva a la vida; el fruto de Adán era apetitoso pero lo separó de Dios, a nosotros el fruto que cuelga del árbol, de la Cruz, no es apetitoso: "lo vimos sin aspecto atrayente" pero nos lleva a ir "cristificando" nuestra existencia al comer un manjar de ángeles.

Cristo, "alimento y medicina", se nos presenta como remedio para el pecado, como antídoto contra las picaduras de la serpiente, por eso hemos de estar siempre calzados con las sandalias del Evangelio. El único camino para "volver" a Dios es el que Él mismo nos ha trazado: la "kénosis", el anonadamiento, la aniquilación total del "yo" para que el "otro" viva. Comiendo el alimento de vida eterna se nos "abrirán los ojos" para contemplar el rostro que vio el ciego de nacimiento que nos trae el Evangelio; nunca había visto nada sino la ausencia de luz, y lo primero que ve es la "Luz del mundo".

En el fondo de estas reflexiones en torno al ayuno está un bellísimo artículo publicado por el Padre Robert F. Taft en "Oltre l'oriente e l'occidente. Per una tradizione liturgica viva". Lipa, Roma 1999; en concreto el capítulo cuarto: Quaresima: una meditazione.

El Padre Taft expresa que la espiritualidad católica contemporánea se ha alejado de la orientación escatológica que había en la visión espiritual de los primeros cristianos, que se sentían "extranjeros en este mundo, ciudadanos de Jerusalén, la ciudad de allá arriba" (Tertuliano: De corona, 13). No es huir del mundo sino huir de lo carnal para ser elevados a lo espiritual, de lo que la Escritura dice que "ni ojo no vio ni oido oyó"; es ir al desierto, entendido como "lugar espiritual": para abstenernos de nosotros mismos.

Sabemos por la escatología que los últimos días han llegado en Cristo, y por eso en Él hemos sido sacados de este mundo presente para vivir "en el mundo" pero "sin ser del mundo"; con la vista puesta en "Aquél que inicia y completa nuestro fe". Parece que hoy eso de "huir del mundo" está pasado de moda, al igual que el ayuno, la penitencia, la mortificación, el ascetismo,...

Pero la Palabra de Dios, que nunca pasa de moda, es lo que nos pide: "metanoite (convertíos) porque el Reino de los cielos está cerca"; en el NT es innnegable el papel que tienen la penitencia y la negación del "yo". A esto nos invita Juan el Bautista, el Pródromos (precursor), ante la cercanía del Reino: Metanoite: Penitentiam agite: convertíos, haced penitencia (como traduce la Vulgata); cambiad de pensamiento y de mentalidad: meta-nous; cambiad vuestro corazón.

Hemos de caer en la cuenta que nuestra vida es una contínua ofrenda a Dios, tanto es así que fuimos consagrados con el Santo Crisma en el Bautismo quedando así configurados para ser "lugares de culto", luego nosotros, templos vivos, hemos de vivir siendo conscientes de que nuestra existencia es "liturgia": celebración-ofrenda constante a Dios de lo que él nos ha regalado. Esto nos llevará a reconocer la grandeza de nuestras miserias, pero a la par, la grandeza de la misericordia de Dios que aniquila la anterior.

La Cruz, por tanto, se nos presenta como el lugar de la renuncia y de la autodonación; darnos, nosotros que no somos nada, para que Dios, al aceptar nuestra ofrenda, nos la devuelva "sanada y renovada". En la cruz Cristo nos libera del viejo Adán, el que comió y nos llevó a la muerte eterna, y nos reviste del nuevo Adán, que ayuna: muriendo a sí mismo para que nosotros tengamos vida y podamos resucitar.

Pero Cristo mismo nos señala que esto será posible si el ascetismo está presente en nuestras vidas: "si alguno quiere venir tras de mí, que se niegue a sí mismo" (Mt 16, 24). Para ello será necesario: destrucción del egoísmo, si quiero que Cristo reine en mi vida y no mi "yo"; autodisciplina que nos haga saber elegir en cada momento lo que es voluntad de Dios y no lo que yo creo que es "lo que yo quiero que Dios quiera para mí". Y esto se resume en vivir la propia existencia "crucificado con Cristo" como decía el Apóstol en la carta a los Gálatas: "Con Cristo estoy crucificado: vivo, pero ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí" (2, 19b-20a).

En Cristo crucificado encontramos el sentido de nuestra existencia: muerte y vida van siempre unidos: "si el grano de trigo no cae en tierra..." Hemos de reflejar con nuestros actos la "imagen de Dios" con la que fuimos creados, por eso obramos las obras de la Luz, Cristo, y no las de las tinieblas. Sencillamente es vivir nuestra vocación bautismal: sepultados con Cristo en el Bautismo, resucitados a una vida nueva.

No habrá verdadera muerte en el camino cuaresmal si no nos conocemos a nosotros mismos para saber, en primer lugar, quiénes somos y, en segundo lugar, a qué tenemos que morir. Esto sólo se logra poniéndose cara a cara ente la Cruz de Cristo, ya que la muerte es algo que cada uno de nosotros habremos de afrontar solos.

La Cuaresma, por tanto, se convierte para nosotros en un tiempo saludable y curativo: "tiempo de salvación"; nuestro ayuno será la mejor "dieta" para que vayamos tomando "la forma de Cristo".


Santa Cuaresma!!!

martes, 20 de marzo de 2012

¿"Primeras Comuniones" el Jueves Santo?

Utrum deceat primam Communionem celebrare Quinta feria Hebdomadae Sanctae intra Missam "in Cena Domini"?

R./ Negative

Sane quidem a Sacramento Baptismatis et Confirmationis seiuncta, prima plena participatio Eucharistiae cum sacrae Communionis receptione est Sacramentum quoddam initiationis christianae, theologice cum Pascha sociatum et sub specie celebrationis intra Vigiliam Paschalem constitutum (cf. Ordo initiationis christianae adultorum, Praenotanda, nn. 49, 58), alveus naturalis trium sacramentorum, quae, inter se intime coniuncta, "ad plenam staturam perducant christifideles, qui missionem totius populi christiani in Ecclesia et in mundo exercent" (Ordo baptismi parvulorum, De initiatione christiana, Praenotanda generalia, n.2). Cum vero radix et nucleus omnium celebrationum diei dominici per circulum anni liturgici sit Vigilia Paschalis, statuitur, ut, quantum potest, sacramenta initiationis christianae celebrentur, nisi per Vigiliam, nempe "die dominico" (cf. Ordo initiationis christianae adultorum, Praenotanda, n. 59).

Non decet, igitur, primam plena participatio Eucharistiae, seu "prima Communio", in Missa "in Cena Domini" celebrare, non modo ratione mere theologica habita, sed etiam pastorali, cum populum a medio evento historico-salvifico celebratio haec distrahat eo tridui sacri die commemorato: "Tota animi attentio verti debet ad mysteria quae in Missam potissimum recoluntur: scilicet institutio Eucharistiae, Ordinis sacerdotalis institutio et mandatum Domini de caritate fraterna: quae quidem in homilia illustrentur" (Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum: Litt. Circ. De festis paschalibus praeparandis et celebrandis, n. 45).

Progrediente evolutione anni liturgici, exorta est autem celebratio quae, licet propriis peculiaribus, elementa tamen quaedam Missae "in Cena Domini" reduplicat, scilicet sollemnitas SS.mi Corporis et Sanguinis Christi. Haec sollemnitas, sicut et Dominicarum Paschae et Temporis "per annum" celebrationes, aptiora praeberent adiuncta celebrationi primae participationis Eucharistiae.

Congregatio de Culto Divina et Disciplina Sacramentorum

(RDP2: Notitiae 38-2002: 491)

lunes, 19 de marzo de 2012

Estar sin estar: la nula formación bíblica de algunos.

Joseph Ratzinger, perito conciliar en 1965
Hace poco fui a celebrar a una parroquia de una cierta importancia. En ella he comprobado una vez lo fútil de las "puestas en escena". Para algunos parece que no se está en otro tiempo litúrgico por el color de los ornamentos. Por otro lado es lógico: usamos un mismo color para muchas cosas (adviento, cuaresma, difuntos, exorcismos...). La "puesta en escena" es un desierto en medio del presbiterio. Pero como somos ya un gremio asimbólico, tiene que venir la palabra clarificadora. Pasa un poco como con el arte moderno: si no te lo explican, a saber lo que llegas a entender o interpretar. Entre los carteles alusivos estaba uno que decía "alianza". Parece que alguno/a se preguntaba que significaba esa palabra. Mal estamos. Primer domingo de cuaresma: la alianza de Dios con Noé. El segundo, con Abrahán, etc. Pero se nos olvida algo más evidente: todos los días -o por lo menos todos los domingos- escuchamos: "sangre de la alianza, nueva y eterna, que será derramada por vosotros".
Las lecturas del domingo pasado daban pie a predicar sobre la gracia (2ª lectura) y/o sobre la elevación de Jesucristo en la cruz, que da pie a su vez para hablar de la redención que comporta la cruz. Todos, temas que nos remiten a la teología más clásica. Y alguno le parece "elevado" que algunos predicadores digan que Jesucristo nos reconcilió con el Padre y nos ofreció el perdón de los pecados. Todo esto me lleva a pensar que o las homilías se pierden en anécdotas y tópicos, o es que no se conoce el trasfondo bíblico. Para algunos la primera lectura de ayer, del segundo libro de Crónicas, era algo "complicado". Sin embargo, con su narración y la alusión del evangelio de la serpiente de bronce, queda resumida la vida del pueblo de Israel desde el éxodo a la repatriación en el período persa. Esta visión de que las lecturas históricas son "complicadas" en su sola literalidad nos muestra que somos, desgraciadamente, hijos de la Ilustración: no importa la historia y las tradiciones, sino la "naturaleza" humana. ¿Cómo se puede adquirir la consciencia de pertenencia a un pueblo si no se conocen, por lo menos, los hitos más importantes de su historia? El mismo Jesús interpreta su futura pasión desde la historia de la salvación, por lo que el espíritu marcionita -que descarta el Antiguo Testamento- va en contra de la mente del propio Jesús y del evangelio.
Sin entrar en juicios de valor definitivos, fuera de tiempos como la cuaresma, la actual disposición de lecturas tiene a ser moralizante, no histórica. Esto me quedó claro el año pasado, cuando después de un domingo de lecturas de esa línea me encuentro un lunes, como primera lectura, el episodio de la escala de Jacob. Cualquiera que sepa un poco de iconografía o hagiografía sabrá la influencia que ha tenido este pasaje en la espiritualidad cristiana. Y lo podemos un lunes. Quizás fuera casualidad. Pero creo que cada vez más se pone de manifiesto que la teología contemporánea no es una reflexión de élite, sino que nos indica las soluciones a nuestros problemas: toda la insistencia en contemplar al cristianismo como una historia de salvación y no como la comunicación de unas ideas, sigue sin estar presente en la predicación y vivencia de la propia fe. No sé si el leccionario actual nos lleva por ese camino. Pero esta "sentencia" de la teología actual, que queda muy bien en un artículo y en un libro, sigue siendo letra muerta.
La influencia de la teología posconciliar en los bautizados "practicantes" es casi inexistente. La tendencia que tienen algunos a demonizar a los "teólogos" contrasta con la muy escasa influencia que tiene el pensamiento teológico en la "masa". Los teólogos contestatarios ocupan alguna que otra portada. De su teología, se resalta lo más polémico. El resto, como si no existiera. De los teólogos fieles a la enseñanza de la Iglesia, "sin pena ni gloria". En el mundo anglosajón hay un creciente número de personas formadas que creen que la teología "salvará la Iglesia". Pensamos que es un eslogan de teólogos contestatarios y en seguida nos ponemos en guardia. Pero, la verdad, ojalá fuera cierto.
En nuestra ignorancia bíblica hemos seccionado versículos que invitan a rechazar la sabiduría y hemos creado un pueblo de "borregos", más fideísta que otra cosa. Se olvida que la sabiduría que se rechaza en la Escritura es la que nace de la propia suficiencia, que no es "teológica": no se trata de una sabiduría sobre Dios, sino una sabiduría que podríamos llamar "secular". El tema da mucho de sí, pero me quedo con la necesidad, imperiosa, de una predicación más bíblica -y por tanto más histórico-salvífica- del mensaje cristiano. Mucho avanzaremos si logramos que los bautizados que se reúnen cada domingo saber lo que significa la palabra 'alianza'.

Adolfo Ivorra

sábado, 17 de marzo de 2012

Domingo IV de Cuaresma (hispano-mozárabe).

Lectura sapiencial: Ecclo 14,11-22.
Lectura histórica: 1Sam 1,1-20.
Psallendum: Salmo 70,5.19b-20a.21b.10b-12a.3c-5a.
Apóstol: Sant 3,14-18.
Evangelio: Jn 7,2-30.

En título de este domingo se debe al evangelio propio de este domingo: en medio del día de la fiesta subió Jesús al templo y se puso a enseñar. En el evangelio de Juan de hoy se nos presentan unos temas que son propios de la cuaresma como el valor de la ley y de la circuncisión, pero además la alusión al dogma trinitario, tan fundamental para los catecúmenos: yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado.
            Sin lugar a dudas, todas las lecturas nos hablan de las características propias del bautizado. Éstas deben ser conocidas ya de antemano por los catecúmenos, y por ello se insertan en medio de la cuaresma. En el evangelio todos se preguntan cómo Jesús puede decir lo que dice: ¿Cómo es éste tan instruido, si no ha estudiado? La respuesta de Jesús es también la nuestra: Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. Del mismo modo, hacemos también nuestras las demás palabras: yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado. ¿Quién nos ha enviado? El mismo Jesucristo, que a su vez fue enviado por el Padre. El contexto bautismal del evangelio está contenido en el sentido propio de la fiesta de los Tabernáculos, que duraba ocho días –signo bautismal en el cristianismo[1]– y que «estaba caracterizada por las oraciones que pedían la lluvia»[2], con una procesión a la piscina de Siloé.
            La lectura histórica también tiene un sentido bautismal al hablarnos de la consagración de Samuel, un importante profeta. También su vocación profética es la nuestra. De la esterilidad del pecado hemos sido concebidos para una vida nueva, que conlleva una misión divina. Por eso las demás lecturas nos dan connotaciones sapienciales. En apóstol del día lo resume diciendo que la si la sabiduría no viene del cielo es terrena, animal, diabólica. Por eso la sabiduría que destilan nuestros labios y que expresan nuestras acciones también no procede de nosotros mismos, sino que es participación de esa sabiduría divina.

            Pero no sólo salimos de Dios, sino que a Él debemos volver. En la exhortación a practicar la justicia del Eclesiástico intuimos esta realidad, cuando instruye al justo: practica la justicia antes que mueras, porque en el Abismo no hay que buscar placeres. Si no hay placeres, ¿hay en cambio justicia? La lectura cristiana, punto final de una evolución en el pensamiento escatológico de los libros inspirados, nos dice que allí estaremos con el Justo. Con plena armonía, nos encontraremos que en la realidad definitiva no habrá ni llanto ni dolor (cf. Ap 21, 4).



[1] Me refiero especialmente a los bautisterios de ocho lados.
[2] J. Chapa (ed.), Introducción a los escritos de san Juan. Evangelio, Cartas y Apocalipsis, Pamplona, 2011, 127.


Adolfo Ivorra

jueves, 15 de marzo de 2012

¿Se puede comulgar "bajo las dos especies" sirviéndose uno mismo?

Utrum, in Sancta Communione sub utraque specie distribuenda, liceat Christifidelibus ad Sacramentum Eucharistiae accedere, ipsis particulam, quam in manibus acceperunt, in calice Sacerdote vel Diacono sustento intingentibus?

R/. Negative

Institutio Generalis vero editionis typicae tertiae Missalis Romani explicate affirmat: "Sacerdos deinde accipit patenam vel pyxidem, et accedit ad communicandos, qui de more processionaliter appropinquant. Non licet ipsis fidelibus panem consecratum neque calicem sacrum per semetipsos accipere eo minus de manu in manum inter se transmittere. Fideles communicant genuflexi vel stantes, prout Conferentia Episcoporum statuerit. Cum autem stantes communicant, commendatur ut debitam reverentiam, ab iisdem normis statuendam, ante susceptionem Sacramenti faciant" (n. 160); cui adiugint quod hoc in casu: "Si Communio calicis fit per intinctionem, communicandus, patinam sub ore tenens, accedit ad sacerdotem, qui vas cum sacris particulis tenet et ad cuius latus sistit minister quie calicem sustinet. Sacerdos hostiam accipit, partem eius in calicem intingit et eam ostendendo dicit: Corpus et Sanguis Christi; communicandus respondet: Amen, a sacerdote Sacramentum ore recipit, ac postea recedit" (n. 287).

Praeterea, abusus censendus est modus ille, quo fideles in manu particulam iam in Pretiosissimo Sanguine Christi intinctam recipiant.

Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

(RDP1: Notitiae 38-2002: 490)

lunes, 12 de marzo de 2012

Lo de san José es sintomático.

El post de hoy es uno de esos que suelo escribir de vez en cuando que suele afectar, incluso psicológicamente, a más de uno. Por fortuna -dentro de lo que daba la Cuaresma-, no me ordené el 19 marzo, sino el 20. Y no sabéis lo agradecido que estoy por ello. Porque si algo me caracteriza, es la "devoción" por el culto cristiano más primitivo: la centralidad del domingo, la importancia del ciclo temporal sobre el ciclo de los santos, etc. Todo ese tipo de cuestiones de las que la Constitución Sacrosanctum Concilium hace gala. Yo me fio de la liturgia. Ella es mi escuela de espiritualidad, no sólo el principio y fin de mi vida espiritual. Y creo que su historia nos habla, queramos o no, de lo genuinamente cristiano. También nos informa de aquellas cosas que conformaron la vida cristiana de los apóstoles, los Padres apostólicos y los Padres de la Iglesia. Cualquiera que conozca la importancia de los tres "estamentos" que acabo de mencionar, me dará, en principio, la razón.
La historia de profetismo de Israel es, entre otras cosas, una continua llamada de atención sobre una tendencia común de la historia de la salvación: la peligrosa -e incluso pecaminosa- tendencia de adecuarse a los modos religiosos de los pueblos vecinos. No sólo el hecho de la idolatría, sino también la asunción de ritos y supersticiones. Por desgracia, en la historia de salvación que continúa en el tempus Ecclesiae esto se manifiesta de vez en cuando. Una tendencia propia de otras religiones es la de "santificar" lugares, cosas y personas que tuvieron contacto con el líder o profeta tal o cual. En las religiones orientales esto es evidente, pero también lo vemos en el Islam. El cristianismo estaba "vacunado" contra esto por numerosas razones, pero el paso del tiempo hace mella incluso en sus augustos principios. En el rito hispano, las fiestas de los apóstoles se introducen realmente tarde: no pocos son de la época mozárabe. Del rito romano podemos decir cosas semejantes. Por lo tanto, aunque fueran fundadores de comunidades cristianas, no todos los apóstoles pasaron a ser "solemnidad" en todas las comunidades cristianas. ¿Acaso no eran los discípulos del Señor, etc.? Sí, pero en las comunidades orientales se les dio importancia a su fundador, lo mismo que Roma a san Pedro y san Pablo. Así de simple.
El ejemplo de los apóstoles ya empieza a mostrar por qué camino voy. Si abandono el camino del ciclo santoral va a pasar lo mismo: hay cristianos que van "de clásicos", de tradicionales, de semejantes a las primitivas comunidades, y tienen como centro de su vida espiritual la vigilia pascual. Pero lo primero que hicieron los cristianos no fue celebrar la vigilia pascual el año 34. De hecho, con certeza podemos decir que no la celebraron hasta el s. II (cf. M. Augé, L'anno liturgico, Città del Vaticano, 2009, 110s). Por lo tanto, si hay un punto de intensidad litúrgica que nos retrotrae a las primerísimas comunidades cristianas, esa es la "pascua semanal", no la anual.
Pero lo de san José es, simplemente, increíble. Se podría decir que se trata de una "devotio moderna" en toda regla. Alguno dirá que hay testimonios de culto a san José entre los coptos... del s. IV. Lo cierto es que en Occidente hay que esperar hasta el s. XII encontremos una iglesia dedicada a san José en Bolonia. Por cierto, lo de devotio moderna no sólo era una licencia literaria, lo he dicho con toda la intencionalidad: Juan Gerson, posible autor de la Imitación de Cristo, compuso en el s. XV un oficio sobre los esponsales de san José. Y será en el mismo siglo cuando un papa, Sixto IV, introduce el 19 de marzo a san José. En el s. XVII se eleva a la categoría de fiesta. En 1870 el papa Pío IX lo declara patrono de la Iglesia universal, esto es, más de diecinueve siglos después de su muerte. Es en el s. XIX donde comienza la devoción a san José entre el pueblo llano. Tanto que hasta se tuvo que prohibir la devoción al "sagrado corazón de san José".
Con todo esto quiero decir:

1. Que la liturgia nos lleva una y otra vez a las "devociones" universales y así establecidas en la Iglesia en sus primeros años (el domingo) y en los primeros siglos. Lo que no "esté" aquí, siempre será sospechoso de adherencia según el espíritu de los tiempos. Pensemos, por ejemplo, en la fiesta de la Cátedra de san Pedro en Antioquía, recientemente suprimida y que había estado durante siglos en el Calendario Romano.

2. La liturgia evita la "divinización" de lugares y personas, la introducción perenne de devociones según el espíritu de una época, etc.

3. La liturgia ejerce en nuestra vida espiritual, sobre todo si nos hemos "convertido" a la liturgia desde una comprensión de la espiritualidad alejada de ella, una labor de "desmitologización". Esto quiere decir que da el verdadero orden de las cosas en general (primero la liturgia/sacramentos, después los demás actos de piedad) y en particular (primacía del domingo, del ciclo de tempore, etc.)

Estos tres puntos los resumiría en este: la liturgia no es un aditamento más a la vida espiritual de cualquiera: es un "elemento" crítico que juzga la idoneidad y licitud de lo que hacemos en nuestra vida espiritual. Con respecto a san José, creo que ir más allá de lo que dicen de él los evangelios es entrar en la peligrosa "teología ficción". La teología mariana del s. XIX y de la primera mitad del s. XX es un ejemplo de ello, que condujo a una irremediable indiferencia tanto práctica como teórica, de tal forma que hoy parece que su sola mención es síntoma no de catolicidad, sino de falta de rigor científico (o de muestra de devocionalismo, afectivismo, etc.). De este modo, lo que está pasando con la figura de María -que hasta es reinterpretada por la teología feminista- puede pasar -y de hecho pasa y ha pasado- con la figura de san José: puede ser reinterpretada con una intencionalidad dudosa, tratando de captar colectivos o queriendo identificarse con él desfigurando su realidad histórica y su papel en la historia de salvación. La fiesta del 1 de mayo tiene mucho que ver con esto: ahora, después de que la "cuestión obrera" ha pasado a mejor vida, su sentido en el calendario empieza a chirriar. Y con respecto a cuestiones de calendario, el lugar más sensato para san José lo encontramos en el rito hispano-mozárabe: el 3 de enero, en el contexto de la Navidad. ¿Qué hace en plena Cuaresma?
Miremos, pues, a san José con naturalidad, comprendiendo lo que dicen de él los evangelios. No lo "divinicemos" de tal manera que pareciera que es él quien llama a los hombres a ser sacerdotes y es él el defensor de la Iglesia. Esto último siempre se adjudicó a san Miguel arcángel. De toda la vida....

Adolfo Ivorra

sábado, 10 de marzo de 2012

Domingo III de Cuaresma (hispano-mozárabe).

Lectura sapiencial: Prov 20,17-28.
Lectura histórica: Núm 22,2-23,10.
Psallendum: Sal 35,8a.11-12.
Apóstol: 1Jn 1,5-9.
Evangelio: Jn 9,1-38.

Este domingo tiene una fuerte impronta catecumenal. Como ya se puede intuir del título de la misa (del ciego de nacimiento), la luz es el signo que atraviesa las lecturas de hoy. Eso no impide que la lectura sapiencial desarrolle también los temas propios de la cuaresma, como la moderación en las palabras. El primer versículo, sin embargo, contiene una alusión eucarística al hablar de la aparente dulzura del pan sustraído. La lectura de Proverbios nos previene contra la venganza e insta a poner la confianza en el Señor. El tema de la luz sale al hablar de la relación con los padres, uno de los diez mandamientos: Al que maldice a su padre y a su madre se le apagará la lámpara en plena oscuridad. La relación con los progenitores guarda una cierta vinculación con la relación que debe existir entre el hombre y Dios. No en vano desde el Antiguo Testamento Dios tiene un título que sobresale de entre los demás: Padre. La advertencia de esta lectura sapiencial, entendida dentro de la relación entre Dios y el creyente, hace que comprendamos la luz como algo que debemos cuidar nosotros mismos. Así, además de concebir la luz como don de Dios –cuestión típicamente bautismal–, la Liturgia de la palabra de hoy nos da un concepto de luz como gracia, entendida desde la típica perspectiva oriental: sinergia.
El Apóstol secunda esta comprensión moral de la luz, cuando al definir a Dios luz sin tiniebla alguna, nos invita a vivir según la luz, es decir, según Dios: si vivimos en la luz, lo mismo que Él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia le pecados. Como era de esperar, también se nos invita a la penitencia, entendida como aspecto esencial de la vida según la luz, pues también así se limpian nuestros pecados: si confesamos nuestros pecados, Él, que es fiel y justo nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Y es que Cristo nos transforma interiormente al darnos su luz. Es la enseñanza fundamental del evangelio de hoy: Jesús, con el barro, hace que el ciego vea. Éste va a lavarse, alusión al bautismo, pero es Jesús, como en el relato de la creación del Génesis, quien con el barro modela al nuevo hombre que, liberado de las tinieblas, puede contemplar la realidad del mundo en su verdad. La tiniebla que impide ver a este ciego –y a todo hombre– no se debe al pecado personal, sino a la misma debilidad humana. Por eso dice Jesús: Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.

El conocimiento de la realidad del mundo en su verdad es lo que concede Dios a Balaam en la lectura histórica del libro de los Números. Este adivino, a quien le encargan maldecir al Pueblo de Dios, recibe la revelación de Dios, y se niega a maldecir aquello que es bendito. Por medio de esta revelación de lo que es el pueblo de Israel, Balaam reconocerá a Dios como el único y verdadero. De modo semejante, la catequesis cuaresmal que son las lecturas proclamadas en presencia de los catecúmenos, harán que éstos descubran la verdad de las cosas, además de ayudarles a reconocer al Dios Uno y Trino como el Señor de la historia.


Adolfo Ivorra

viernes, 9 de marzo de 2012

La “Samaritana” en las Tradiciones Bizantina e Hispano-Mozárabe

Siguiendo el método de “Liturgia comparada” que ofrece el gran Baumstark, traigo a nuestro Blog el Icono de la Tradición Bizantina que representa el encuentro de Cristo con la mujer samaritana en el pozo de Jacob; también nos podemos aproximar a esta perícopa evangélica a través de la eucología de nuestra Liturgia Hispano-Mozárabe, en concreto la del 2º Domingo de Cuaresma, que en sus oraciones nos va presentando los personajes y demás detalles, dándonos su sentido último.

I.- La Tradición Bizantina: el Icono de la Samaritana.

En este icono encontramos presentes todos los elementos y personajes descritos en Jn 4, 1-42: Jesús, la Samaritana, el pozo de Sicar, el brocal, los discípulos incrédulos y el pueblo de Samaría.

A.- Personajes:

1.-Jesús: aparece en primer plano, sentado junto al pozo de Jacob a la hora sexta. No es la figura de uno que esté cansado tras viaje, sino el de una dignidad que presenta en su pose su realeza, parece estar sentado en un trono, esperando recibir a alguien, tal como se puede ver también en su rostro. Con la mano derecha bendice a la Samaritana y con la izquierda está tocando el agua del pozo, afirmando así la continuidad que hay entre Él, Fuente de agua viva, y la profunda sed de Dios que hay en el corazón de aquella mujer, que representa a toda criatura. Jesucristo, es más que “nuestro padre Jacob,” es la Palabra del Padre, que viene a calmar el ansia de sed de “los que están cansados y agobiados”.

2.- Samaritana: está en pie ante Jesús, la sierva ante el Señor; está en pie porque Jesucristo le ha restituido la dignidad que había perdido por el pecado. Su vestido, ricamente tejido, revela que el pecado no ha roto su “imagen y semejanza” a Dios. La mano derecha, abierta y extendida hacia el Señor, es signo de la acogida del “agua viva”, es la mano del pecador que pide socorro al único que le puede saciar de su insaciable sed, y así confirma su deseo de ser amada con un amor diverso del que había sido amada hasta entonces: “porque tuviste cinco y el de ahora no es tu marido”; esto es interpretado también como una incapacidad de comprender el mensaje de la Ley si no es interpretado a la luz de Cristo (“Yo soy”), plenitud de la revelación: los samaritanos sólo aceptaban el llamado “Pentateuco samaritano”: Gn, Ex, Lv, Nm y Dt. Además, esta mujer porta en sí tres irregularidades según la Ley: mujer, samaritana y adúltera; mas Jesús quiere curarla, quiere deshacer las ataduras de sus pecados y quiere curar la herida de su insaciable sed de amor.

3.- Discípulos: estos se habían marchado a por alimento, por esta razón aparecen en la lejanía; su rostro refleja la perplejidad del escandaloso comportamiento del Maestro: habla con una mujer. Los discípulos están lejos pero la distancia no es sólo física sino espiritual: no entiende la misericordia de Jesús con los pecadores, que está más allá de las leyes sociales o religiosas. El estar casi ocultos tras la montaña no les deja ver el rostro misericordioso de Cristo que “no quiere la muerte del pecador sino que se convierte de su conducta y que viva”.

4.- Samaritanos: al lado contrario de los discípulos aparecen estos, dentro de los muros de la ciudad, envueltos en la oscuridad ya que aún no han recibido el anuncio luminoso de la Samaritana, que será la “evangelizadora” de los samaritanos, haciendo así que la transformación que Cristo ha obrado en ella alcance también a este pueblo.

B.- Detalles:

1.- Montaña: es una: Dios es uno; ésta tiene dos puntas: naturaleza humana y divina en Cristo; también es el lugar de las “Teofanías”: lugar de revelación del Misterio de Dios, cuya plenitud ha llegado en Cristo, verdadero Mesías que enseña el verdadero culto: “en espíritu y en verdad”. No se dará culto ni aquí, en el monte Garizim, ni en Jerusalén ni en ningún lugar físico sino a la persona de Cristo, verdadero Templo: “destruid este Templo y en tres días lo reconstruiré”.

2.- Gruta: encontramos una pequeña gruta oscura dentro de la montaña que representa el misterio aún no revelado por Cristo a los apóstoles que, aunque están cerca del Maestro, no llegan a comprenderlo.

3.- Pozo: en forma de cruz griega; con carácter bautismal. Nos recuerda también una escena del AT: encuentro entre Rebeca e Isaac (Gn 24, 10-67) en el pozo que Jacob dio a su hijo José. El encuentro entre Jesús y la Samaritana tiene lugar en el mismo, luego adquiere un matiz esponsal; la esposa infiel es redimida de su condición pecadora por las aguas que brotan del costado de Cristo, agua viva. Hemos de añadir que en casi todas las culturas de la antigüedad el pozo tiene un carácter histérico ya que contiene en sí la síntesis de los tres órdenes cósmicos: cielo, tierra e infierno, y de los tres elementos: agua, tierra y aire; al ponerse Jesús junto al pozo nos está revelando su plan de salvación: “hacer nuevas todas las cosas”.

4.- Árbol: es la imagen de la nueva creación que ha brotado de nuevo gracias al agua del Bautismo, es el “árbol de la vida”. El árbol nos revela que Dios es Uno y Trino: tres ramas en el árbol, y también la naturaleza humana y divina en Cristo: dos ramas en una misma.

5.- Vasija: que en el relato evangélico será olvidada junto al pozo, pero vacía, ya que la Samaritana ha sido saciada con la “verdadera agua”. También vemos en el icono que a la vasija hay atada una cuerda que ésta sostiene con su mano, significando así las ataduras a las que se veía sometida antes de que Cristo la liberará; ya que antes se veía obligada a venir cada día al pozo, señal de sometimiento al pecado, pero ahora, libre ya de las ataduras, se convertirá en anunciadora del “agua que calma la sed”.

II.- Tradición Hispano-Mozárabe: Eucología del Domingo de la “Mujer Samaritana”.

El segundo Domingo de la Cuaresma Hispano-Mozárabe se conoce como “in Secundo Domingo Quadragesimae Missa de Muliere Samaritana”.

A.- Liturgia de la Palabra: se lee la perícopa evangélica que narra el encuentro de Jesús con esta mujer en el pozo de Sicar (Jn 4, 3-42); al ser Cuaresma la Liturgia de la Palabra es más abundante: 1.- Lectura Sapiencial: Prov 14, 33-15, 8: los sabios, como los profetas, alzaron con valentía su voz para denunciar las injusticias cometidas por los poderosos; 2.- Lectura Histórica: Gn 41, 1-45a: los sueños del Faraón, la interpretación de José y su nombramiento como administrador de los bienes de Egipto. 3.- Apostolus: corresponde a la Carta del Apóstol Santiago (2, 14-23): la fe sin obras está muerta: "Muéstrame tu fe sin obras, y yo por mis obras te mostraré la fe".

B.- Eucología: encontramos que en varias oraciones se nos presenta la figura de la Samaritana como ejemplo a seguir: “en aquella mujer samaritana, en la que de tiempo atrás está figurada la gentilidad, tenemos que reconocernos a nosotros mismos, llamados de entre las gentes, y ofrecer con ella a Dios la ofrenda de nuestro corazón contrito… Compondrá él mismo nuestras súplicas en oración como inspiró para que creyera la samaritana” (Oratio Adominitionis); “Cristo, Hijo de Dios vivo, cuyo poder mereció vislumbrar aquella mujer samaritana, cuya fe recibió con sincero corazón, cuyo nombre exaltó al volver a su ciudad” (Oratio post Nomina); “En aquella mujer, precisamente, exige la fe que va buscando y que ha encontrado por eso dice a sus discípulos: «Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis». Él que ya había puesto en ella el don de la fe, le pedía el sorbo de agua; el que la abrasaba con la llama de su amor le pedía sediento el refrigerio del agua” (Illatio); “…pusiste en el corazón de la Samaritana tu espíritu de santificación, para que así creyera en ti y sintiera tu inspiración, para poder así manifestar fielmente la grandeza de tu Majestad” (Oratio Post Pridie); “Cristo… que se mostró sediento en la fe de aquella mujer Samaritana, encienda en vosotros la fe de su amor… El mismo Redentor que obró en ella la llamada al Reino, opere en vosotros todo lo que quiera llevar al premio eterno” (Benedictio).

También encontramos citados más elementos que forman parte de este relato evangélico: 1.- la hora en la que tiene lugar el encuentro entre Jesús y la mujer en el pozo de Jacob: la hora sexta: “… que para salvar al género humano viniste en la sexta edad del mundo a lo más profundo de nuestra lejanía” (Alia); 2.- el pozo: “conserva y santifica en la unidad de la santa fe a tu Iglesia, a la que sacaste en otro tiempo de la tenebrosa profundidad del pozo, para hacerla tuya por la gracia”… “que te encontremos siempre a ti, Cristo, siempre dispuesto a ayudarnos junto al brocal del pozo cada vez que por nuestras malas inclinaciones incurrimos en el pecado” (Alia); 3.- el agua: “concédenos a los sedientos beber el agua de la fuente eterna que jamás volvamos a tener sed” (Alia); “Fuente de vida perenne… danos siempre el auga viva, da a los sedientos la vida eterna” (Oratio ad Orationem Dominicam) 4.- la permanencia en Samaría: “Salvador del mundo, Verbo eterno del Padre, que, aceptando la fe de aquella mujer, te quedaste dos días con los samaritanos porque así te lo pidieron, para que en la figura de aquellos dos días quedara místicamente recomendado, el número de los dos preceptos, es decir, el amor de Dios y el del prójimo…” (Oratio ad Pacem); y 5.- el cántaro de la Samaritana: “abandonó el cántaro de sus pecados y, yendo a la ciudad, no calló nada de lo que había experimentado de su poder maravilloso” (Oratio Post Sanctus).

jueves, 8 de marzo de 2012

¿Podría hacerse un Sagrario usando como material el cristal?

An non liceat Tabernaculum, quo Ss.mum Sacramentum asservatur, a vitro conficere.

R/. Negative

Vitrum ex natura sua simul transparens et fragile, immo comminuibile est. Attamen, normae vigentes de tabernaculo statuuntur, non solum ut idem collocetur pro "cuiusque ecclesiae structurata et iuxta legitimas locorum consuetudines, [...] in parte ecclesiae pernobili, insigni, conspicua, decore ornata, et ad orationem apta" (Institutio Generalis Missalis Romani [2000], n. 314; cf. Codex Iuris Canonici, can. 938 p.2; cf. Congr. Rituum, Instr. Eucharisticum mysterium, n. 54; Instr. Inter Oecumenici, n. 95; S. Congr. de Sacramentis, Instr. Nulo unquam tempore, diei 28 maii 1938, n. 4: AAS 30 [1938] pp. 199-200; Rituale Romanum, De Sacra Communione et de cultu mysterii eucharistici extra Missam, editio typica 1973, nn. 10-11).

Necessaria haec inviolabilitas e fide christiana exoritur, quemadmodum reverentia erga Corpus Domini habenda requirit, ut "quam maxime periculum profanationis" sacrarum specierum eucharisticarum videtur (ibidem). Quapropter Concilium Vaticanum II decrevit, ut leges ecclesiasticae de tabernaculi securitate perinde ac de nobilitate et dispositione eius tractantes recognoscerentur (Sacrosanctum Concilium, n. 128). Nostris vero diebus, non raro, quod valde dolendum, tabernacula violantur, ita ut "optimum sane consilium foret si tabernaculum sit vera arca ferrea, quam vocant vulgo cassaforte, coffre-fort cum clave" (Instr. Nullo unquam tempore, n. 4).

Tum ex natura liturgicae celebrationis tum ex nexu asservationis Ssmae. Eucharistiae cum Missae celebratione, ne materia transparens in tabernaculo conficiendo sit sumenda, consequitur. "Ratione" enim "signi magis congruit", ut in Missae celebratione "presentia eucharistica Christi, quae fructus est consecrationis et ut talis apparere debet", ita adsit, ut a fidelibus videri nequeat (cf. S. Congr. Rituum, Instr. Eucharisticum mysterium, n. 55; cf. etiam Institutio Generalis Missalis Romani [2000], n. 315). Igitur, etiam prohibetur "celebratio Missae perdurante expositione Ss.mi Sacramenti, in eadem aula ecclesiae". Nam "celebratio mysterii eucharistici modo perfectiore includit illam communionem internam ad quam expositio intendit fideles adducere, et ideo tali subsidio non indiget" (ibidem, n. 61). Insuper, attendendum est Ecclesiae traditionem requirere, ut, praeterquam in celebratione Missae et in sacra Communione infirmis extra Missam distribuenda, sacra species eucharistica oculis hominum in aliis tantum temporibus exponatur, quibus ei peculiaris honor et cultus adorationis tribui potest.

Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

(RDP1: 37-2001; 18)

miércoles, 7 de marzo de 2012

Nuevos artículos sobre el rito mozárabe.

Misa Mozárabe en Badajoz (*pero archidiócesis de Toledo)
Desde la publicación de las Concordancias del Missale Hispano-Mozarabicum vemos una tímida pero contundente vuelta a los estudios sobre el rito hispano. La situación pastoral del rito, sin embargo, sigue siendo precaria y, por ahora, no hay a la vista muestras de un cambio de dirección. No obstante, qué duda cabe que estos estudios representan un deseo vivo de que la liturgia hispana vuelva, una vez más, a ser fuente de la vida espiritual del catolicismo español.
En una librería de Madrid pude ver hace poco una contribución de un conocido especialista en esta liturgia, Jaime Sancho en la obra colectiva "La oración cristiana, oración trinitaria: testigos y maestros". En esta publicación se recogen las intervenciones del XLV Simposio de Teología Trinitaria, y en el que Jaime Sancho habló sobre la Orientación trinitaria de la oración según la liturgia hispánica.
Con ese trasfondo trinitario también he aportado una herramienta para conocer las doxologías o fórmulas conclusivas de las oraciones del misal hispano, en el artículo "Las doxologías de la misa hispano-mozárabe", en el que actualizo un artículo anterior de J. Pinell con los contenidos del actual Missale. Se encuentra en el último número de la revista Toletana (Nº 24, 2011). También en esta revista ha salido la ya largo tiempo esperada traducción de El hábito de los clérigos de Leovigildo de Córdoba (s. IX), a la que hemos hecho alusión en varias oportunidades en este blog y que creemos que su lectura dará una nueva visión de la liturgia mozárabe. Además, los datos que ofrece deberían interpelar a aquellos que celebran, more romano, la liturgia hispana con regularidad. Esta traducción de José-Juan Fresnillo, presbítero madrileño y que en la actualidad prepara un tesis doctoral sobre el diaconado en la baja edad media, es de los estudios que presentamos el que más orientaciones pastorales tiene -por lo menos inmediatas-.
Para finalizar, un artículo no menos importante, sobre los himnos en el desconocido Breviario Gótico: "El Himnario del Oficio Hispano", de Félix María Arocena y publicado en la revista Scripta Theologica (Nº 44, 2012). En este trabajo introductorio se nos introduce en la estrecha relación que existe entre poesía y liturgia, expresada de forma inigualable en el himnario hispano. El artículo se hace eco de una reciente publicación que no ha sido muy conocida ni mencionada: Himnodia Hispanica, de J. Castro, publicada en 2010 en la conocida colección Corpus Christianorum Latinorum.
El caso del Breviario me lleva a establecer, aunque sea de forma algo forzada, la relación entre estudios litúrgicos y realidad pastoral: el misal ha sido renovado y está en uso, no sólo en Toledo sino en varias partes de España. Aunque su uso sea estadísticamente insignificante en comparación con otros ritos no romanos, creo que no es casualidad que los estudios sobre el misal sean tan abundantes en comparación con los del Breviario, a la espera de su renovación (si es que llega a darse). La realidad de los himnos, objeto de la introducción de Arocena, es la siguiente:

"El corpus himnódico hispano puede dividirse en himnos de Tempore (80 himnos), himnos de Sanctis (105 himnos) e himnos in variis occasionibus (24 himnos)"

Todo un corpus textual dispuesto a ser redescubierto y, sobre todo, dispuesto a ser rezado. Por fortuna, parece que pronto contaremos con alguna traducción.
Los estudios avanzan, muestra de que el rito hispano sigue ilusionando a nuevas y "antiguas" generaciones. Esperemos que las iniciativas pastorales, desde las más personales a las más oficiales, expresen también esa ilusión.

Adolfo Ivorra

martes, 6 de marzo de 2012

Confesión y misa: clarificaciones no pedidas.

Hace unos meses leí un artículo que rezaba más o menos así: "xx proposiciones para preguntas no realizadas". Más o menos es lo que voy a hacer aquí. Cuando confieso, hay momentos en los que no se celebra misa en la iglesia donde estoy, pero hay momentos en que sí. Por lo que sigo sin problemas la normativa con toda su amplitud y permisividad. Pero la respuesta de la Congregación en 2001 se parece a ese famoso dicho -por lo menos en los seminarios- realizado supuestamente entre dos jesuitas:

- ¿Se puede fumar mientras se reza?
- De ninguna manera, la oración es la oración......
- ¿Se puede rezar mientras se fuma?
- Por supuesto, cualquier momento o actividad puede ser motivo de oración....

Con lo de la confesión y la misa pasa lo mismo, mutatis mutandis. Desde un punto de vista práctico, debo decir que es desaconsejable confesar -y ser confesado- mientras se celebra la misa. Nos olvidamos de la existencia de esos maravillosos artilugios llamados micrófonos. Hay momentos en que no entiendo ni oigo. Y con el penitente pasa lo mismo. Y hay momentos en que no me concentro: hay partes de la misa, dichas con la sonoridad propia de los medios audiovisuales, que simplemente hacen que la atención se te vaya del confesionario al altar. Y si de paso el/la penitente tiene problemas auditivos la confesión puede llegar a ser "pública". Junto a esto, en las misas más concurridas, el secreto que debe existir creo que queda en entredicho al situarse algunos fieles prácticamente al lado del confesionario.
Estos problemas prácticos son precisamente eso, cuestiones prácticas. Pero hay cuestiones teológico-litúrgicas que tienen que ver con la participación en el sacramento. Cuando surgió la controversia eucarística del s. XI, también surgió un gran deseo por ver la sagrada hostia. Algunos pasaban de altar en altar para verla en el momento de la elevación. Participación, evidentemente, no había ninguna. Igual puede pasar con la confesión y la misa: algunos reducen el primer sacramento a la absolución, y el segundo a la comunión. En algún caso algún fiel ha empezado su confesión "metiéndome prisa" porque quería recibir la absolución para poder comulgar. Pues a esa confesión había que agregar un pecado -o más- que se estaba cometiendo: el de no oir misa completa los domingos, porque parte de ella se estaba "fuera" de la misa.
Esto es casi como si me estuviera ordenando diácono pero a la vez quisiera ir a confesarme: como ahora están "en otras cosas" y no me atañe directamente, me voy a otro lado para confesarme. ¿Parece lógico? Detrás de este ejemplo quiero expresar una conducta grave, que es la reducción de los sacramentos a la res, concibiendo el signo como algo burocráticamente exigido. Dejar por unos minutos la misa para ir a confesarse y luego volver a la misa es unir el sacramento de la eucaristía con el de la penitencia. No desde el punto de vista del ministro pero sí del fiel laico. Por otro lado, es no participar en la misa: normalmente las personas que hacen esto, suelen elegir el momento de la plegaria eucarística para confesarse, que es el corazón de la misa.
La "ocasión" de la misa puede congregar a más gente, y puede ser un momento en que algún fiel que no va a participar en la misa quisiera confesarse. Pero "no se puede estar en misa y repicando las campanas". Esta manera de acercarse a los sacramentos, sobre todo en lo que se refiere a la eucaristía, se parece demasiado a la acusación de san Pío X sobre aquellos que se encuentran en la liturgia como "mudos espectadores". Resumiendo y repitiendo: ni la misa se reduce a la comunión -esto se parece más a la doctrina luterana que a la católica- ni la confesión se reduce a la absolución. Se puede confesar, celebrar una o varias misas en una misma iglesia como se hacía antes, como si hay una ordenación en un altar y en el otro una misa exequial. Pero el que está una celebración está en una, no en varias. Porque si no, no participa, está "viendo" lo que pasa en una y en otra, o buscando satisfacer deseos privados, no los fines que tienen cada una de esas celebraciones.

Adolfo Ivorra