sábado 28 de noviembre de 2009

El Adviento en las liturgias occidentales y orientales.

El Adviento en las Liturgias Occidentales y Orientales.

Aproximación litúrgico-histórica


Salvador Aguilera

Introducción general

Introducirnos en la vivencia de este Tiempo del Adviento en las Liturgias Occidentales y Orientales, nos hará caer en la cuenta de la riqueza que supone para nosotros. A veces creemos que hemos agotado algo, cuando al descubrir otros horizontes vemos como el Misterio de Cristo es tan inmenso que nunca puede agotarse, y que nos ayudará a entenderlo más y más el acercarnos tal como lo hacen otros cristianos con sus matices y aportaciones.

Todo esto es fruto de varias lecturas sobre el Tiempo del Adviento. No es un artículo de investigación, por eso no encontraréis grandes novedades, en la Bibliografía os indico los libros que he usado y consultado. Espero que disfrutéis leyéndolo y que en unión de María este Adviento sea un encuentro verdadero con Cristo “que viene”. El Método que seguiré consistirá en ver cómo es vivido el Adviento en la Liturgia Romana, en nuestra Liturgia Hispano-Mozárabe y las demás

El Adviento

Introducción

La palabra Adventus era la que se aplicaba primitivamente a la venida de un personaje, del emperador, y es asumida por la Liturgia para designar la venida gloriosa y solemne de Cristo, es decir, su Parusía en el mundo al final de los tiempos, cuando venga a juzgar a vivos y muertos. Este influjo escatológico parece que deriva del influjo de San Columbano y de sus monjes y encuentra resonancia en un famoso sermón de San Gregorio Magno sobre Lc 21, 25-33 con ocasión de un terremoto. Por tanto nos preparamos para celebrar la primera venida, ya pasada, y nos preparamos a celebrar la última venida aún futura, inserta en ese “ya pero todavía no”.

Con este tiempo comienza el año litúrgico, a diferencia de los Sacramentarios, para los cuales comenzaba el día de la Navidad: dado que la Encarnación del Verbo divino constituye el verdadero punto céntrico que jalona el largo periodo de siglos recorrido por la humanidad, la cual, conforme a los designios de la providencia: prepara aquella plenitud de los tiempos que antecede el feliz año de la redención y encamina sus pasos desde el portal de Belén hasta el Valle de Josafat donde el Niño del pesebre espera a toda la descendencia de Adán para juzgar a aquella fue rescatada con su preciosa sangre. El orden actual es más lógico ya que nos preparamos al Nacimiento del Mesías con un tiempo de preparación, tal como la Cuaresma prepara a la Pascua, así el Adviento prepara la Navidad. Este tiempo de preparación históricamente aparece primero en Rávena, las Galias e Hispania.

Hacia mediados del siglo V fue cuando adquirió mucha importancia la conmemoración de la Natividad de Jesús: para contrarrestar la herejía de Nestorio y Eutiques y ensalzar la doctrina de Éfeso y Calcedonia, donde fue solemnemente proclamado el dogma de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona única de nuestro Señor Jesucristo y, por tanto, ensalzar también a la Theotokos; los más elocuentes predicadores de todo esto fueron eminentemente san León Magno y san Pedro Crisólogo. También veremos la influencia que tiene la liturgia de la Iglesia Madre de Jerusalén, lo veremos patente en las Statio de las Celebraciones del Rito Extraordinario Romano.

Un efectivo tiempo de Adviento se conoce sólo en Roma solamente hacia el siglo VI, si se da por válida la hipótesis de que lo instaura el Papa Siricio. De seis pasan a cinco y así a las cuatro definitivas propuestos por San Gregorio Magno.

El Sacramentario Leoniano no nos puede proporcionar nada porque el comienzo está mutilado, pero puede pensarse que en Roma sería sustancialmente idéntico al de Nápoles y al de la sufragánea Rávena, donde el Crisólogo pronunció elocuentes homilías de preparación para la fiesta de Navidad en cuatro ocasiones diferentes y en cuyo Rotulus encontramos riquísimas oraciones.

Los Sacramentarios Gelasiano y Gregoriano enumeran cinco semanas de preparación, de acuerdo con muchos leccionarios antiguos, pero los de Capua y Nápoles y la práctica de los Nestorianos, que no tienen sino cuatro semanas, corroboran la antigüedad de la pura tradición romana.

Durante la Cuaresma predomina la idea de penitencia y duelo por el deicídio consumado en Jerusalén, pero en el Adviento campea el espíritu de gozo ante la consoladora perspectiva de la próxima liberación, sentimiento de tierna gratitud y deseo ardiente de la venida del Verbo de Dios a las almas de todos los descendientes de Adán. Vemos la simetría de la Pascua de Resurrección con la Pascua de Navidad en tanto que las dos tienen tiempos de preparación, que en Oriente no es llamado adviento pero eso no quiere decir que no exista una preparación al Nacimiento del Redentor, más adelante entraremos en esto. No erramos al pensar esto ya que en Francia en el siglo V encontramos la llamada “Cuaresma de san Martín”, que comienza el 11 de Noviembre, fiesta de San Martín de Tours, con seis semanas de preparación, tal como el Rito Hispano-Mozárabe y el Ambrosiano.

En Occidente se fijará la conmemoración del nacimiento de Cristo en torno a la fecha del 25 de Diciembre, en la fiesta pagana del Sol invicto, evangelizando así esa fiesta pagana y haciendo que sea Jesús el único Sol invencible que nos visita “oriens ex alto”. En Oriente, a finales del siglo IV, también coincide con el 25 de Diciembre según se puede ver en los sermones de San Juan Crisóstomo; y los dos celebraran la Epifanía del Señor con una típica acumulación de hechos manifestativos o Teofánicos: Adoración de los Magos, Bautismo en el Jordán y Milagro de Caná.

A.- Liturgias Occidentales

Si nos acercamos a las Liturgias Occidentales vemos lo siguiente: 1.-En el África Romana vemos que en el año 360, según Optato de Milevi, la Fiesta de la Navidad es celebrada el 25 de Diciembre como en Roma y en ella se contempla el Nacimiento en Belén, la adoración de los Pastores y los Magos y la muerte de los inocentes; 2.- En las Liturgias Celtas: según el Misal de Stowe entre las principales fiestas que enumera la primera es In Natale Domini; a ésta le precedía la cuaresma de Navidad o Invierno (Chorgais-gemrid), días de ayuno y abstiencias exceptuando los Domingos y días de fiesta. 3.-En la Liturgia Galicana: a finales del siglo IV y principios del V podemos encontrar un periodo de tres semanas que preparan las Fiestas de Navidad y Epifanía, que será el primer esbozo de Adviento, mas con un matiz bautismal, ya que el día de Epifanía se bautizaba a los Catecúmenos. Este tiempo estaba marcado por la oración, asambleas celebrativas más frecuentes, ayunos y penitencias en general; de hecho en el siglo V, Perpetuo de Tours instituye un ayuno de tres días por semana desde la Fiesta de San Martín hasta la de la Natividad; de esta manera se determina la fecha de comienzo el 11 de Noviembre, San Martín de Tours, al igual que en Hispania y Milán. La Epifanía es atestiguada en todo Occidente en primer lugar en las Galias, en el 360, pasando así una Fiesta Oriental a Occidente.

1.-Liturgia Romana

Creo que es útil hacer una división dentro de la Liturgia Romana para entenderla; por tanto, y más después del Motu Proprio Summorum Pontificum, dividiremos entre Rito Extraordinario y Ordinario. Creo que es útil hacer esta división para conocer cómo está actualmente establecido el Rito Ordinario, en cuya base está el Extraordinario; ya que a veces nos vamos a otros Ritos o Liturgias para explicar usos o ritos, creo también de justiciael conocer y usar también, sin reticencias, la vivencia de la Liturgia que ha vivido la Iglesia desde el Concilio de Trento hasta el Vaticano II.

Este tiempo comienza con las Primeras Vísperas del Domingo que cae el 30 de Noviembre o el más cercano a éste y acaba antes de las Primeras Vísperas del día de Navidad (NUALC, 40). Se omite el Gloria hasta la Misa de Medianoche no por carácter penitencial como en Cuaresma, sino por pedagogía.

a.-Rito Extraordinario

Cada Domingo está unido a una Statio donde se celebra la Misa, veamos cada uno en particular:

  • 1º Domingo: Estación en Santa María la Mayor
    • La Estación es en la Basílica Liberiana, ya que desde los tiempos de Sixto III se venera una reproducción romana del santuario del Nacimiento en Belén, allí se encuentra el Praesepe Domini, la cuna del Verbo encarnado, argumento de la verdad de la naturaleza humana y trono desde el cual nos predica sobre la obediencia, pobreza y mortificación.
    • Ordo Romanus I: todavía en el siglo XII observaban los Papas la costumbre de ir a Santa María la Mayor para esta Misa Estacional, costumbre que se remonta a la época de San Gregorio Magno.
    • Lecturas:
      • Rom 23, 11.14
      • Lc 21, 25-33
  • 2º Domingo: Estación en Santa Cruz de Jerusalén
    • Tras Belén y el Pesebre viene el Gólgota y la Cruz por eso se celebra la Misa estacional en la Basílica Sesoriana, reproducción romana del Martyrium de Jerusalén; allí se guarda la santa Cruz que la emperatriz Elena donó a la Iglesia de Roma. En la edad media esta Basílica era llamada simplemente Sancta Hierusalem, por eso se ven en los textos de hoy las alusiones a esto.
    • Lecturas:
      • Rom 15, 4-19
      • Mt 9, 2-19
  • 3º Domingo: Estación en San Pedro
    • El cuarto Domingo de Aviento no se celebraba en Roma a causa de las solemnes órdenes de presbítero y diácono; esta era la semana de los escrutinios y ayunos solemnes que precedían a las sagradas órdenes. Por eso hoy se reunían en torno al sepulcro del príncipe de los Apóstoles.
    • El Papa acudía el sábado por la tarde a Vísperas y entonaba la primera y última antífona, que un canónigo le sugería; los Órdines Romani dicen que en pago a éste el Papa le introducía una moneda de oro en la boca.
    • El Capítulo Vaticano ofrecía cena y cama al Papa y los Cardenales durante la primera parte de la noche, hasta que llegaba la hora del oficio vigiliar poco después de medianoche. Primeramente el Papa , precedido de acólitos con candelabros y antorchas, incensaba los altares y después bajaba al Hipogeo de la Confesión de San Pedro y tras ofrecer incienso sobre la tumba del Apóstol comenzaba el oficio vigiliar.
    • Oficio Vigiliar: el Clero cantaba tres salmos y otras tantas lecciones de la Escritura; después del primicerio entonaba el Te Deum, recitaba el Pontífice la Colecta y así concluía la primera parte de la salmodia nocturna ad corpus. Entonces regresaba, en el mismo orden, todo el cortejo a la basílica superior y después de incensar el altar bajo el que descansa San Pedro, comenzaba el Oficio de maitines propiamente dicho.
    • Oficio de Maitines: Los Canónicos del Vaticano cantaban las lecciones del primer nocturno; las dos primeras del segundo, tomadas de la Carta de San León I al patriarca Flavio, estaban reservadas a los Obispos; la tercera del segundo y la primera del tercero a dos Cardenales; la penúltima al Presidente del Capítulo Vaticano y la última al Papa.
    • Oficio de la Aurora: seguía al anterior y en él el Pontífice entonaba la antífona del Benedictus y recitaba la colecta final.
    • Misa estacional: carácter casi festivo por estar tan cerca de la Natividad. Concluido los diáconos ceñían la tiara al Papa y montados a caballo se dirigían en fastuosa cabalgata al Palacio de Letrán para un gran banquete.
    • Hoy usaban los ministros sagrados ornamentos rosas y el órgano henchía de armonías las naves del templo.
    • Lecturas:
      • Flp 4, 4-7
      • Jn 1, 19-28
  • Miércoles de las Cuatro Temporas: Colecta en el título de Eudoxia, Estación en Santa María la Mayor
    • El ayuno solemne de los tres Tiempos fue exclusivo de Roma, a la que imitaron más tarde otras diócesis latinas.
  • Viernes de las Cuatro Temporas: Colecta en San Marcos,Estación en los Santos Doce Apóstoles
  • Sábado de las Cuatro Temporas: Estación en San Pedro
  • 4º Domingo: Estación en los Santos Apóstoles

a.-Rito Ordinario

Hay que distinguir dos periodos: el que va hasta el 16 de Diciembre y el que va del 17 al 24 de Diciembre, éste último es el tiempo mariano por excelencia: recordemos el segundo prefacio de Adviento que recuerda la espera de la Virgen Madre y algunas oraciones, o la oración la del 20 de Diciembre que nos trae un antiguo texto del Rótulo de Rávena o la oración sobre las ofrendas del IV Domingo que es una epíclesis significativa que une el misterio Eucarístico con el misterio de la Navidad en un paralelismo entre María y la Iglesia en la obra del único Espíritu.

Encontramos una división entre Leccionario Ferial y Dominical (que veremos más adelante):

Leccionario Ferial:

  • Primer Periodo: se lee de manera progresiva pero discontínua al profeta Isaías, casi exclusivamente, en la primera lectura, con pasajes mesiánicos y escatológicos. A esas lecturas escatológicas le corresponden textos evangélicos que demuestran el cumplimiento de las profecías. Pero a partir del Jueves de la segunda semana se leen los pasajes referentes a Juan el Bautista, el Precursor, el que anuncia la venida del Mesías.
  • Segundo Periodo: se leen progresivamente en la primera lectura los oráculos mesiánicos del AT y se proclaman los textos evangélicos de la infancia según Mt y Lc, evangelistas del nacimiento del Salvador y de su preparación. Importante la lectura continuada del primer capítulo de Lc con el anuncio a Zacarías, a María, la narración de la Visitación y el nacimiento del Bautista, con la preparación al nacimiento de Cristo.

Domingos de Adviento y su ciclo Dominical: siguen todos una armonización de lecturas; la primera siempre es profética: Isaías especialmente y Jeremías, Miqueas, Baruc, Sofonías; la segunda es de Pablo exhortando a la vida digna y a la vigilancia, también se lee a Santiago y Hebreos; el Evangelio del primer Domingo es escatológico, en el segundo y tercero se hace referencia al Precursor y el cuarto se proclaman los acontecimientos que han preparado la venida del Señor.


CICLO A

CICLO B

CICLO C

Domingo 1º

“de la espera”

Is 2, 15: reunión de los pueblos

Rm 13, 11-14: la salvación está cerca

Mt 24, 37-44: ¡estad en vela!

Is 63-64: ¡rasga los cielos y baja!

1Co 1, 3-9: en espera del Señor

Mc 13, 33-37: ¡estad en vela!

Jr 33, 14-16: un vástago de David

1 Ts 3-4: cuando vuelva el Señor

Lc 21, 25-28: se acerca la liberación

Domingo 2º

“de la conversión”

Is 11, 1-10: un renuevo del tronco de Jesé

Rm 15, 4-9: cumplimiento de las promesas

Mt 3, 1-12: ¡convertíos!

Is 40, 1-5.9-11: preparad los caminos

2P 3, 8-14: cielos nuevos y tierra nueva

Mc 1, 1-8: preparad los caminos

Ba 5, 1-9: ponte en pie Jerusalén

Flp 1, 4-6.8-11: limpios en el día de Cristo

Lc 3, 1-6: todos verán la salvación

Domingo 3º

“de la acogida”

(Gaudete)

Is 35, 1-6.10: promesas mesiánicas

St 5, 7-10: esperar la venida

Mt 11, 1-11: los signos del Mesías

Is 61, 1-2.10-11: desbordo de gozo

1Ts 5, 16-24: en espera del Señor

Jn 1, 6-8.19-28: el Mesías en medio de vosotros

So 3, 14-18: ¡alégrate, Hija de Sión!

Flp 4, 4-7: estad alegres en el Señor

Lc 3, 10-18: bautizará con Espíritu Santo

Domingo 4º

“del anuncio”

Is 7, 10-14: la Virgen dará a luz

Rm 1, 1-7: de la estirpe de David

Mt 1, 18-24: anuncio a José

2S 7: el reinado de David

Rm 16, 25-27: revelar el misterio escondido

Lc 1, 26-38: anuncio a María

Mi 5, 2-5: Belén, cuna del Mesías

Hb 10, 5-6: entra Jesús en el mundo

Lc 1, 39-45: María visita a Isabel

Misal Romano: Los Domingos y Ferias tienen una eucología propia y muy rica con temas de este tiempo: esperanza, gozo, conversión, renovación, el juicio del Señor.

Prefacios: la doble venida de Cristo, la espera gozosa de la Navidad, Cristo Señor y Juez de la historia y María nueva Eva.

Liturgia de las Horas: Vemos la selección de textos y de lecturas bíblicas continuadas del profeta Isaías, de textos patrísticos en sintonía con la espiritualidad de Adviento. Importantes las Antífonas mayores del Magnificat de los días 17 a 23 de Diciembre, que comienzan con la exclamación Oh y componen, en latín, con las iniciales leídas al revés, el acróstico ERO CRAS (seré mañana): Emmanuel, Rex gentium, Oriens, Clavis David, Radix Iesse, Adonai, Sapientia.


17 Diciembre: Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ¡ven y muéstranos el camino de la salvación!


18 Diciembre: Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!


19 Diciembre: Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!


20 Diciembre: Oh Llave (Clavis) de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!


21 Diciembre: Oh Sol (Oriens)que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia, ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!


22 Diciembre: Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!


23 Diciembre: Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!


2.- Liturgia Hispano-Mozárabe

Ya en el Concilio de Zaragoza (c. 380-381) ,el canon 4, invita a los fieles a acudir a la asamblea durante las tres semanas (ventiún días) que preceden a la fiesta de Epifanía (conocida en Hispania antes que la Navidad, con el recuerdo del Bautismo de Jesús en el Jordán, aunque luego se queda sólo la adoración de los Magos), a partir por tanto del 17 de Diciembre. Son invitados a huir de la dispersión de las fiestas paganas de esos días, a reunirse en asamblea y a evitar penitencias extravagantes propuestas por Prisciliano. Nos hace pensar que como en Oriente, la Epifanía, era un día en el que eran bautizados los catecúmenos y por eso el tiempo anterior era penitencial; no olvidemos que en la introducción hemos dicho que en la Epifanía uno de las Teofanías que se presentan es el Bautismo de Jesús; hasta ahora no había aparecido la fiesta romana del 25 de Diciembre. Más tarde aparecerá un riquísimo Adviento de seis semanas con una abundantísima eucología.

Estas seis semanas de Adviento dan comienzo con el Domingo que cae entre el 13 y 19 de Noviembre, el más cercano a la festividad de san Acisclo (Normas sobre el Año Litúrgico y Sobre el Calendario en el Rito Hispano-Mozárabe, 8-10); ningún signo exterior de carácter penitencial disminuye el tono festivo de los textos que están ordenados a suscitar la alegre esperanza de la Venida del Señor. A la solemnidad de la Natividad (Nativitas) sigue la de la Circuncisión (Circumcisio) el uno de Enero, introducida en el siglo VII, y la de la Aparición (Apparitio) el seis de Enero; tras esta última comienzan los Domingos “de Cotidiano”. Entre los días 1 y 6 de Enero tenía lugar un periodo penitencial con tres días de ayuno llamado In Caput Anni.

Temas de las perícopas evangélicas: 1.-predicación de Juan en el desierto, 2.-anuncio del Juicio final y 3.-entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Los dos últimos se derivan del primero: en la predicación de Juan resuenan las amenazas del Juicio; para suavizar y dar mayor profundidad a la contemplación del terrible Adventus, se propone la memoria de la venida del Rex mansuetus. A su vez, el tema de la predicación de Juan en el desierto se deriva del bautismo de Jesús, misterio central de Epifanía; será al final del periodo visigodo cuando quede reducida esta fiesta sólo a la conmemoración d la adoración de los Magos, perdiéndose la memoria también del Bautismo de Jesús como había sido concebido en Alejandría y después en todo Oriente como una nueva contemplación del Misterio Pascual. Es así como la fiesta de la Apparitio Domini, solemnidad en la que también se administraba el Bautismo, resultaba capaz de producir un tiempo de preparación análogo al de Cuaresma.

María en el Adviento: son muchísimas las alusiones a la Maternidad de María, propio del Adviento occidental, por eso apareció la Fiesta del 18 de Diciembre, la gran solemnidad mariana denominada de Santa María, única fiesta de la Virgen que se celebraba en España con anterioridad al siglo IX, ya que es decretada en el X Concilio de Toledo, año 656, ocho días antes de la fiesta de la Navidad. La solemnidad de Santa María era precedida por tres días de ayuno.

3.-Liturgia Ambrosiana

Hemos de introducirnos en esta Liturgia teniendo en cuenta cómo se dieron intercambios y contactos entre Milán y Oriente, África occidental y oriental, Hispania, Roma y los usos irlandeses. El Calendario ambrosiano ha sido construido sobre el romano usado en Italia.

El tiempo de Adviento consta de seis semanas, aunque hubo dudad de reducirlo a cuatro; comienza con las primeras Vísperas del Domingo siguiente al 12 de Noviembre y termina antes de las Primeras Vísperas de Navidad. De los seis Domingos que constituyen este tiempo, el VII Domingo se celebra la Solemnidad de la maternidad divina de María. Las ferias comprendidas entre los días 17 y 24 de Diciembre se conocen como prenatalicios y se orientan como una preparación inmediata de la Navidad. El tiempo de la Navidad se extiende desde sus primeras Vísperas hasta el Domingo siguiente a Epifanía. El IV Domingo de Enero se celebra la Fiesta de la Sagrada Familia. Ha desaparecido la fiesta de la Cristoforia introducida por el Cardenal Borromeo en 1625. El 1 de Enero se denomina in octava Nativitatis.

Un uso importante es la Bendición Natalicia de las casas que realiza el Párroco en la víspera de Navidad o en fechas próximas. Tenemos testimonios de este costumbre desde finales del siglo XI. Esta bendición es paralela a la que encontramos en el rito romano durante la Pascua, pero con un matiz bien diverso que le da el tiempo litúrgico distinto. El incienso y el agua bendita hacen presente la luz de la gracia que ha llegado a través de la Encarnación del Hijo de Dios y la purificación que necesita el corazón del hombre, del cual la casa es símbolo, para que en Él nazca el Redentor.

B.-Liturgias Orientales

Ninguna liturgia ha constituido un ciclo de Adviento comparable al de la Liturgia Romana, en opinión de I.H. Dalmais, pero esto no quiere decir que falte. La división que hago es la misma que hace Manuel Nin en “Las Liturgias Orientales”

1.- Bizantina

El año litúrgico comienza el 1 de Septiembre y contiene doce grandes fiestas fijas: siete de Señor y cinco de María: a nosotros nos interesan ahora: Navidad (25-XII) y Epifanía (6-I). Existe una larga preparación para Navidad pero fuera del ciclo temporal y dentro del santoral. Existe una especie de Cuaresma que comienza el 15 de Noviembre; los Domingos van marcado van preparación ideal para Navidad, preparación que se centra en los dos Domingos precedentes a Navidad, uno dedicado a los antepasados de Cristo, es decir, los personajes que habían profetizado a Cristo y su venida y el otro los Santos nacidos antes del Señor; en el Domingo anterior al 25 se conmemoran los Padres, desde Adán hasta José el esposo de María. Los cinco días anteriores a Navidad, es decir, desde el 20 de Diciembre, son días prefestivos (pre-eortia) con una preparación inmediata.

La Fiesta del 25 de Diciembre incluye el Nacimiento del Señor de María la Virgen y la Adoración de los Magos; si vemos el icono del día incluye: el nacimiento de Jesús de la Virgen María, el anuncio de los pastores, las dudas de José, la adoración de los Magos. En este día celebran el Misterio de Dios que se humilla, se abaja hasta la tierra y asume la condición humana para salvar al hombre caído.

Preceden la Navidad con 40 días de ayuno, la llamada Cuaresma de Navidad, durante este periodo los textos hacen vagas referencias a la Navidad, y sólo desde el 21 de Noviembre los textos del Oficio matutino comienzan a hacer referencia a la celebración navideña

2.- Siro-Occidental

Tienen nueve periodos litúrgicos y el segundo de ellos es el tiempo llamado Subbara, es decir, Anunciación, que surge entre el 450 y 600, en torno al inicio de Diciembre: son los seis Domingos (para los caldeos cuatro) anteriores a Navidad en los que se leen los relatos de las diferentes anunciaciones: 1º: Anunciación a Zacarías (Lc 1, 1-25), 2º: Anunciación a María (Lc 1, 26-38), 3º: Visitación a Santa Isabel (Lc 1, 39-56), 4º: Nacimiento del Bautista (Lc 1, 56-70), 5º:Anunciación a José (llamado también Domingo del sueño, Mt 1, 18-25) y 6º: la genealogía de nuestro Señor Jesucristo (Mt 1, 1-17). A éste tiempo le sigue el de Navidad, aunque para los caldeos no es un tiempo autónomo sino unido al de Subbara; este tiempo comprende el día de Navidad y dos o tres Domingos: 1.-Navidad (Jn 1, 1-17), 2.-Domingo del hallazgo de Jesús en el Templo (Lc 2, 39-52) y 3.-Domingo anterior de Epifanía (Lc 3, 1-9, predicación de Juan). A estos le sigue Denha: manifestación, Epifanía, que es el tiempo que hay entre la Epifanía y la Pre-Cuaresma; aunque la celebración navideña ha entrado en Oriente hacia el final del siglo IV, en el 386 Juan Crisóstomo habla en Antioquia de una doble celebración, la del 25 de Diciembre y del 6 de Enero. El ayuno en este tiempo es de la siguiente manera, para los: 1.-sirios ortodoxos: 40 días para los monjes y desde el 1 o 10 de Diciembre para los laicos; 2.-sirios católicos: a partir del 16 de Diciembre y 3.-maronitas: a partir del 13 de Diciembre.

3.- Siro-Oriental

También tienen nueve tiempos litúrgicos y el primero es también es llamado Subbara, los cuatro Domingos se leen las siguientes perícopas evangélicas: 1º dedicado a Zacarías: anuncio del nacimiento de Juan el Bautista (Lc 1, 1-25), 2º dedicado a María: anuncio del nacimiento de Cristo (Lc 1, 26-56), 3º dedicado a Juan Bautista: nacimiento de Juan el Bautista (Lc 1, 57-80) y el 4º dedicado a Jesús: fragmento de la genealogía y nacimiento de Jesús (Mt 1, 8-25); el día de Navidad se lee el Nacimiento de Jesús (Mt 1-20), luego son contemplados los dos anuncios nacimientos: el del Precursor y el del Mesías. A estos les siguen dos Domingos: 1º y 2º de Navidad (Mt 2, 1-23 y Lc 2, 21-52, respectivamente).

Entre Subbara y Denha está la Fiesta de Navidad (25 de Diciembre) y la de la Felicitación a la Virgen (26 de Diciembre o Viernes tras la Navidad). En ésta última, al igual que ocurre en otros días festivos de la liturgia siro-oriental y en la Semana Santa Siro-Occidental, se leen en el Evangelio diferentes perícopas unidas: Jn 2, 12 (en Cafarnaum); Mt 13, 53-56; Mt 12, 40-50 (visita a Nazaret y los familiares de Jesús); Lc 11, 27-28 (la verdadera dicha); Jn 19, 26-28; Lc 1, 46-55 (María al pie de la cruz y el Magnificat): todo estos textos hablan de María, y en las otras lecturas se une el AT al NT hablando cualquier María como typos de la Virgen María.

4.- Armenios

Su calendario está dividido en ocho periodos, nos interesan: el 1º: Epifanía (Haidnutiún) de duración variable, que va desde Epifanía (6-I) hasta Cuaresma; y el 8º y último: Quincuagenario (Hissnag) que son siete semanas antes de Epifanía, es decir del 15/21 de Diciembre (semana VII antes de Epifanía) al 5 de Enero. Deberemos tener en cuenta que recibe un gran influjo de la Iglesia de Jerusalén y de la Iglesia de Capadocia. Su calendario es bastante complejo porque parte de un principio de inmovilidad o, si se prefiere, de la precedencia de los días de la semana sobre los días fijos del calendario; hay tres días dedicados exclusivamente al misterio de la salvación: el Domingo, en el que se conmemora la resurrección del Señor y las únicas fiestas que se pueden celebrar si caen en Domingo, son las grandes fiestas del Señor (por ejemplo, Teofanía) a las que precede siempre un periodo de ayuno. No olvidemos, puesto que es importantísimo, que la Navidad y el Bautismo del Señor lo celebran el día 6 de Enero.

5.-Coptos

Su calendario es diferente al nuestro y comienzan a contar desde el 29 de Agosto del 284, año del inicio del imperio de Diocleciano, que marca la era del inicio de la era de los mártires; el año tiene trece meses, doce de treinta días y uno de cinco, seis en los bisiestos; los que coinciden con el Adviento y Navidad nuestros son el mes de Athor (10 de XI- 9 de XII) y de Khoiak (10 de XII- 8 de I). Tienen un Ayuno de Navidad del 25 de Noviembre al 6 de Enero, es decir, que dura 43 días, este prepara a una de sus Fiestas Mayores, la primera, que es la Navidad, y termina la víspera de la segunda fiesta importante, la Epifanía. Entre las Fiestas Menores se encuentran: la Circuncisión de Jesús el 1 de Enero y el Milagro de Caná el 8 de Enero.

6.-Etíopes

Siguen el mismo esquema del calendario copto con trece meses del año, y el cuarto y quinto mes son: Tashvasv (27 de XII- 26 de XII) y Ter (27 de XII- 25 de I). Su año litúrgico está dividido en muchos periodos, de corta duración, y comienzan y terminan con una fiesta del Señor, de la Madre de Dios o de algún Santo. Entre las principales del Señor están: Encarnación, Navidad y Bautismo del Señor (Epifanía). Hay conmemoraciones mensuales y una de las cuatro del Señor es el Nacimiento de Jesús.

De los diecinueve tiempos fijos que tiene su calendario vemos los que se desarrollan en el tiempo de nuestro Adviento: el 10º: Pastor (del domingo hasta el 27 de Tashvasv); el 11º: Esposo (28 de Tashvasv); 12º: Nacimiento (29 de Tashvasv-11 de Ter, o lo que sería lo mismo, de la Vigilia de Navidad hasta la Vigilia de Epifanía o el Bautismo); 13º: Nazaret (Llamado también periodo de los Santos Inocentes, desde el Domingo después de Navidad hasta el Domingo siguiente) y el 14º: Cuatro Domingos que llevan el título de las antífonas del libro de Deggua: 1.-“Él ha caminado, ”2.-“ha nacido, ”3.-“ha sido bautizado” y 4.-“ha convertido el agua en vino”; este periodo llega hasta el Domingo del Encuentro que es el anterior a Cuaresma.


Bibliografía


Castellano, Jesús. El año Litúrgico, Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia. CPL, Barcelona 2005.


Ferrer Grenesche, Juan Miguel. Curso de Liturgia Hispano-Mozárabe. ITSI, Toledo 1995.


Molinero, Antonio. Las Otras Liturgias Occidentales. Ed. EGA, Bilbao 1992.


Nin, Manuel. Las Liturgias Orientales. CPL, Barcelona 2008.


Pinell, Jordi. Liturgia Hispanica. CPL, Barcelona 1998.


Schuster, Alfredo Ildefonso. Liber Sacramentorum, Estudio histórico-litúrgico sobre el Misal Romano. Versión española de los Benedictinos de Samos. Marrietti, Turín-Roma 1935.


Salvador Aguilera

domingo 22 de noviembre de 2009

Segundo Domingo de Adviento (hispano-mozárabe).


Segundo domingo de Adviento, Año II:

Profecía: Is 28,16s; 29,17-24.
Psallendum: Sal 79,3.2.
Apóstol: 1Cor 4,1-5.
Evangelio: Mt 11,2-15.

En este Año II, la perspectiva de este domingo es más mesiánica todavía que el anterior. La primera lectura y el evangelio comparten esta vez la misma visión sobre la plenitud de los tiempos: Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán, los pobres volverán a alegrarse en Dios, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán, dice la profecía con sus versículos escogidos. El evangelio: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio. Los ciegos y los pobres aparecen como los principales destinatarios de la salvación. Quizás a los primeros esté referido el último versículo de la profecía, pues el contenido de la iluminación en los Padres de la Iglesia suele ser la sabiduría de las cosas divinas: Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina. Los pobres, que no tienen poder en este mundo –poder que pide el salmo a Dios– lo obtienen en la justicia del Dios de Jacob: Pondré la equidad como medida y la justicia como nivel. Sin embargo, esta centralidad de la acción mesiánica de este Año II no descuida el elogio que hace Cristo de Juan el Bautista: En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista. La liturgia hispana acogerá la frase del Mesías con especial aprecio, pudiéndose afirmar que el santo más apreciado por ella es Juan el Bautista: es el único santo que tiene un domingo que sirve de preparación para su fiesta (24 de Junio). Los demás santos de importancia tendrán un día previo de preparación, normalmente de carácter penitencial, pero nunca un domingo. Por tanto, su preparación es propiamente festiva y extraordinaria, rompiendo la sucesión de domingos De Cotidiano.
El Apóstol a los corintios continúa con la temática del anterior del Año I, centrándose en un tema aludido: la conciencia (1Cor 4, 4). La ser el Señor el Juez de la vida del creyente, no se debe temer ningún tribunal humano. Con esto se complementa la doctrina sobre la autoridad proveniente de Dios, tema del Apóstol del año pasado. También encontramos continuidad con los “efectos mesiánicos” de la profecía y del evangelio referidos a los ciegos, pero desde una perspectiva moral: Él iluminará lo oculto de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones. Hay que señal, sin embargo, que la conciencia y la moralidad del cristiano tienen en el Apóstol un fundamento cristológico: Así han de considerarnos los hombres: ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios. El trasfondo litúrgico de estas palabras no es difícil de apreciar, mostrando una vez más que debe existir una continuidad entre liturgia y vida.

domingo 15 de noviembre de 2009

Comienza el año litúrgico hispano-mozárabe.

El Calendario Litúrgico del Rito Hispano-Mozárabe para el año litúrgico 2009-2010 todavía no está disponible. A la espera de su publicación, ofrecemos los datos propios de estos días en los que comienza el Adviento hispano-mozárabe.

TIEMPO DE ADVIENTO
1. Normas del misal
«El tiempo de Adviento consta de seis semanas: el primer domingo es el que cae entre el 13 y 19 de noviembre.
»Ningún signo externo de carácter penitencial disminuye el tono festivo de sus textos, ordenados a suscitar la alegre esperanza de la Venida del Señor.
»En el Misal, figuran solamente las misas dominicales: ciclo bienal para los domingos I, II, III, V y VI. En las misas feriales de Adviento, se repetirá la misa del domingo precedente. Durante la semana podrán utilizarse también las lecturas y cantos del año alternativo; es decir, las del segundo año en el primero, y viceversa» (Prenotandos, n. 151).

2. Temas del Adviento hispano
El Adviento es un tiempo de espera de la venida de Cristo, ya sea según la carne preparando así la fiesta de Navidad, ya sea al final de los tiempos. Por eso las lecturas de este tiempo insisten sobre la espera del Mesías como recapitulador de la historia y liberador de los oprimidos. En este tiempo la figura de Juan el Bautista tiene una gran importancia, pues él se presenta como modelo de espera en el Señor, y su vida y misión son en sí mismas preparación para la venida del Mesías. La alusión a su bautismo de penitencia sirve para exponer la superioridad del bautismo de Jesucristo. El nacimiento en la carne y la figura de María también aparecen en este tiempo, tanto en la eucología adventual como en la fiesta mariana del 18 de diciembre.

NOVIEMBRE 2009
15 DOMINGO I DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año II.
- MHM: vol. I, pág. 91-98.
- LC: vol. I, pág. 19-21: Profecía: Is 2,1-5; 4,2s.
Psallendum: Sal 71,3s.1.
Apóstol: Rm 11,25-31.
Evangelio: Mt 3,1-11.
- BG: In I Dominico Adventus Domini

16 Lunes. Feria.
morado Misa del Domingo I de Adviento (cf. Prenotandos, n. 151).
Las lecturas pueden ser del año I ó II (cf. Prenotandos, n. 151).
- BG: Feria II post I Dominicum de Adventus Domini

17 Martes. San Acisclo, mártir, festividad.
rojo Misa propia de la festividad.
- MHM: vol. II, pág. 67-73.
- LC: vol. II, pág. 31-34: Profecía: Dan 7, 13s; 12, 1-4.
Psallendum: Sal 123, 7. 1-3.
Apóstol: 1Tes 5, 1-10.
Evangelio: Lc 17, 20-36; 21, 34-36.
- BG: In festo sancti Aciscli, et comitum eius
CÓRDOBA: Solemnidad.

18 Miércoles. San Román, mártir, memoria.
rojo Misa propia de la memoria.
- MHM: vol. II, pág. 73-80.
- LC: vol. II, pág. 34-36: Profecía: Is 61, 6-9.
Psallendum: Sal 65, 12. 10s.
Apóstol: 2Cor 1, 2-7.
Evangelio: Lc 6, 20-23; 22, 28-30.
- BG: In festo sancti Romani martyris

19 Jueves. Feria.
morado Misa del Domingo I de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

20 Viernes. Feria.
morado Misa del Domingo I de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: Feria VI post I Dominicum de Adventus Domini
Se puede celebrar la memoria de San Crispín, obispo.
rojo Misa del Común de un Confesor.
- MHM: vol. II, pág. 709-713.
- LC: vol. II, pág. 234-235: Profecía: Is 42,1-4.
Psallendum: Sal 70,22-24.
Apóstol: 1Tim 6,7-14.
Evangelio: Lc 12,35-40.
- BG: In festo sancti Crispini episcopi, et confessoris

21 Sábado. Feria.
morado Misa del Domingo I de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
Se puede celebrar la memoria de San Longinos, mártir.
rojo Misa del Común de un Mártir I, II ó III.
- MHM: vol. II, pág. 668-685.
- LC: vol. II, pág. 213-215; 216-218; 219-221:
Profecía: Ecclo 14,1-2.22;15,1-3.4-6 / Is 43,1-3.4
5;44,2-4 / Sab 18,1.3-4.7;19,9.
Psallendum: Sal 20,4.2-3 / Sal 111,7-8 / Sal 20,4.2-3.
Apóstol: Gál 6,9-18 / 2Cor 11,19-30 / Rom 8,28-39.
Evangelio: Mt 16,24-26; Lc 9,26-27 / Lc 19,12-
27;8,8 / Mt 24,6; Mc 13,8-9.11-13.

22 DOMINGO II DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año II.
- MHM: vol. I, pág. 99-106.
- LC: vol. I, pág. 24-26: Profecía: Is 28,16s; 29,17-24.
Psallendum: Sal 79,3.2.
Apóstol: 1Cor 4,1-5.
Evangelio: Mt 11,2-15.
- BG: In II Dominico Adventus Domini

23 Lunes. San Clemente, papa y mártir, memoria.
rojo Misa propia.
- MHM: vol. II, pág. 89-95.
- LC: vol. II, pág. 40-42: Profecía: Sab 4,7-15.
Psallendum: Sal 68,2s.
Apóstol: 2Tim 2,1-10.
Evangelio:Jn12,24-26; 13,16s.20;
14, 6.12s; Lc 8,22.26.27.
- BG: In festo sancti Clementis papae et martyris

24 Martes. Feria.
morado Misa del Domingo II de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

25 Miércoles. Feria.
morado Misa del Domingo II de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: In IV feria II Hebdomadae (Adventus Domini)

26 Jueves. Feria.
morado Misa del Domingo II de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.

27 Viernes. Feria.
morado Misa del Domingo II de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
- BG: In IV feria II Hebdomadae (Adventus Domini)
Se puede celebrar la memoria de los Santos Fecundo y Primitivo,
mártires.
rojo Misa del Común de varios Mártires I, II ó III.
- MHM: vol. II, pág. 692-708.
- LC: vol. II, pág. 225-227; 228-230; 231-233:
Profecía: Sab 11,2-4;10,17-20 / Sab 3,1-8 / Sab 5,15-16.1-5.
Psallendum: Sal 91,13-14.2 / Sal 65,12.10 / Sal 67,36.29.
Apóstol: 2Cor 5,1-5.6-8 / Rom 8,12-21 / Ef 1,2-14.
Evangelio: Mt 10,16-22 / Mt 10,26-32;18,20 / Lc 9,1-6.

28 Sábado. Feria.
morado Misa del Domingo II de Adviento.
Las lecturas pueden ser del año I ó II.
Se puede celebrar la memoria de San Caprasio, obispo y mártir.
rojo Misa del Común de un Mártir I, II ó III.
- MHM: vol. II, pág. 668-685
- LC: vol. II, pág. 213-215; 216-218; 219-221:
Profecía: Ecclo 14,1-2.22;15,1-3.4-6 / Is 43,1-3.4-
5;44,2-4 / Sab 18,1.3-4.7;19,9.
Psallendum: Sal 20,4.2-3 / Sal 111,7-8 / Sal 20,4.2-3.
Apóstol: Gál 6,9-18 / 2Cor 11,19-30 / Rom 8,28-39.
Evangelio: Mt 16,24-26; Lc 9,26-27 / Lc 19,12-27;8,8 /
Mt 24,6; Mc 13,8-9.11-13.

29 DOMINGO III DE ADVIENTO
morado Misa propia - Año II.
- MHM: vol. I, pág. 107-114.
- LC: vol. I, pág. 30-32: Profecía: Ez 36,6-11.
Psallendum: Sal 95,12s.1.
Apóstol: Col 3,4-11.
Evangelio: Mt 21,1-9.
- BG: In III Dominico Adventus Domini

30 Lunes. San Andrés, apóstol, festividad.
rojo Misa propia.
- MHM: vol. II, pág. 104-111.
- LC: vol. I, pág. 46-48: Profecía: Sab 9,17;10,46;14,5.7;16,8.
Psallendum: Sal 91,13.11.
Apóstol: Gal 2,19s;6,9-18.
Evangelio: Mt 16,24s.
- BG: In festo sancti Andreae apostoli

¿Un atril delante de la sede?

Flash litúrgico publicado en Liturgia y Espiritualidad 40 (2009) 515s.

No es infrecuente observar, dentro de un presbiterio, que, delante de la sede destinada al sacerdote que preside la acción litúrgica, se encuentra un atril. Y, en no pocos casos, no se trata de un mueble discreto, finito, sino que tanto su altura como su anchura son, digamos, generosas, con el consiguiente efecto de ocultar, en todo o en parte, uno de los tres espacios litúrgicos más importantes y elocuentes en el santuario de una iglesia.
La sede -ya lo sabemos- no es simplemente una silla para que el sacerdote se siente a escuchar las lecturas, sino mucho más. Signo de que quien nos preside es nuestro Maestro, el mismo que es la Palabra de Dios y el gran Sacerdote de la nueva alianza, a la vez que la Víctima divina. Todo eso nos lo dice un presbiterio bien dispuesto con su lenguaje: sede, ambón, altar.
Los partidarios del atril que aquí nos ocupa, lo defienden porque de esta forma se ahorran sostener el misal en sus propias manos (gesto que -consultada la Penitenciaría Apostólica- concluimos que no está calificado como pecado, ni siquiera venial), y -los más atinados- lo quieren delante porque así, al pronunciar la colecta y la conclusión de la oración universal, pueden extender las manos en gesto orante.
Esto último está muy bien, pero precisamente para eso está el ministerio del diácono o del acólito. Y, ¿si no hay ni acólito ni diácono? Pues si no lo hay, conviene buscar. Pero, en cualquier caso, si no es posible por razones de peso, admitimos que un atril puede ser útil ad casum, pero a condición de que no se convierta en una pieza estable, ocultando a la sede y al sedente.
Una simple banqueta al lado, para sostener los libros necesarios, es mucho mejor, para el lenguaje visual de un presbiterio, que el mueble aquí discutido, que se yergue delante del sacerdote con pretensiones de un protagonismo inadecuado.
¿Atril sí, atril no? Desde aquí votamos NO. Piénsalo bien, querido lector, y vota también tú.

Jaume González Padrós

martes 10 de noviembre de 2009

Concordantia Missalis Hispano-Mozarabici.

Presentamos las Concordancias del Misal Hispano-Mozárabe y adjuntamos una parte de la introducción a la misma:

“El sacrosanto Concilio, ateniéndose fielmen­te a la tradición, declara que la Santa Madre Iglesia atribuye igual derecho y honor a todos los ritos legítimamente reconocidos y quiere que en el futuro se conserven y fomenten por todos los medios. Desea, además, que, si fuere necesario, sean íntegramente revisados con prudencia, de acuerdo con la sana tradición, y reciban nuevo vigor, teniendo en cuenta las circunstancias y necesidades de hoy”.[1]

Con estas palabras, el Concilio Vaticano II declaraba su estima por los diversos ritos litúrgicos que, celebrando el único misterio de Cristo, actualizan para la asamblea el sacrificium redemptionis nostrae.[2] Por lo que respecta a la liturgia Hispano-Mozárabe, su originalidad debe ser comprendida sobre el trasfondo de las demás liturgias occidentales antiguas, es decir, la Romana, la Ambrosiana y la Galicana.[3] De modo análogo al caso de algunas de estas liturgias, la renovación del Rito Hispano ha tenido en la edición del Missale Hispano-Mozarabicum su principal fundamento.[4] Desde los albores de su compilación, este Misal ha constituido una fuente litúrgica de primer orden sobre la que han investigado los peritos de la ciencia litúrgica, atraídos por la hondura litúrgico-sacramental de los textos que alberga.

Fruto de la generosa solicitud de S. E. R. Marcelo González Martín (†2004), Cardenal Arzobispo de Toledo, los dos volúmenes del Missale Hispano-Mozarabicum, publicados en 1991 y 1994, se presentan, junto con los dos volúmenes del Liber Commicus, como los libros litúrgicos para la celebración eucarística en este rito venerable. Tales libros pueden apreciarse como resultado del estudio de varias generaciones de liturgistas españoles y extranjeros, y, sobre todo, de la labor de la “Comisión para la Revisión de los Libros Litúrgicos Hispanos”, creada el 12 de julio de 1982.[5]

La anterior edición del Missale,[6] que data de 1850, no pudo contar con el auxilio de unas concordancias.[7] En este sentido, nuestro nuevo Misal Hispano, que no ha conocido revisiones ni ediciones como el Missale Romanum ―tampoco traducciones―, se encuentra en condiciones más favorables: pasa a contar con esta Concordantia como subsidio eficaz para el estudio de la eucología eucarística, tal y como se nos presenta en la edición de 1991-1994.[8] El Missale Hispano-Mozarabicum se rodea, por tanto, para su comprensión no sólo de los estudios que le han precedido y seguido, sino de un nuevo instrumento de trabajo que facilita un más aquilatado conocimiento de su eucología.

Los numerosos textos del Misal Hispano, el trabajo prolongado de renovación del Misal ―casi el doble de tiempo que el empleado para el Missale Romanum― y el mismo hecho de que su renovación se realizara una vez que hubieran visto la luz los misales Romano y Ambrosiano, hace que la publicación de esta Concordantia constituya una realidad de particular interés. Se dispone, en efecto, de una herramienta que puede servir de referencia no sólo para la renovación de los demás libros litúrgicos hispano-mozárabes, sino también para una esmerada traducción castellana de la riqueza oracional contenida en el libro litúrgico princeps del Rito Hispano.

...

2. Valor y actualidad de una Concordantia

La Concordantia Missalis Hispano-Mozarabici se pone al servicio del significado de los términos latinos en el seno de esta particular fuente, en la que viven, al servicio del sentido que poseen los sintagmas dentro de las fórmulas oracionales que los contienen… todo un conjunto de acepciones semánticas que un determinado término asume, como valencia propia, en el seno de un formulario, o de todo un periodo litúrgico. Nadie ignora la importancia de acudir a una consulta de este tipo, si se quiere realizar una fiel traducción vernácula de la fuente.[17] Sólo un examen filológico-litúrgico, como el que esta obra facilita, permite captar los matices semánticos que encierra la elección de un determinado término o de otro. He aquí uno de los principales valores que justifican el esfuerzo invertido en esta obra, que ahora ofrecemos.

A quien se asome a estas páginas le resultará fácil apreciar la actualidad de esta Concordancia, sobre todo cuando se descubren las posibilidades que con ella se abren. A través de este instrumento, se pueden confrontar los contenidos eucológicos de esta edición con aquellos otros presentes en los libros litúrgicos plenarios que editaron Cisneros en 1500, actualmente consultable en la edición revisada de Lorenzana de 1804;[18] se puede analizar la elección realizada en la selección de textos que la presente edición incluye, y considerar las variaciones textuales con respecto a los manuscritos de Silos y Toledo; se pueden justificar valoraciones en torno al exuberante patrimonio eucológico que caracteriza a la celebración eucarística hispana.

...


Confiamos que este instrumento pueda ser acicate que estimule la reflexión teológica en torno al actual Misal Hispano y facilite su acercamiento, corrigiendo, según sea oportuno, las hipótesis y conclusiones, hasta ahora formuladas, por medio de una inspección in directo de los textos, sensible a su historia ―no siempre lúcida―, a sus correlaciones semánticas, a su enraizamiento bíblico, a la teología subyacente.

Félix María Arocena – Adolfo Ivorra – Alessandro Toniolo


[1] Sacrosanctum Concilium 4.

[2] Cf Missale Hispano-Mozarabicum, S1931al.

[3] Cf J. M. Ferrer (dir.), Curso de liturgia hispano-mozárabe, Toledo 1995, 139. Para una visión complexiva sobre la historia de la liturgia hispana, además de lo expuesto al inicio de los Prenotandos del Missale Hispano-Mozarabicum (nn. 1-20), cf J. Pinell, Hispánica (Liturgia), A. Di Bernardino (ed.), Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana, vol. II, Sígueme, Salamanca 19982, 1048-1054.

[4] Cuando empleamos la expresión “Rito Hispano” nos referimos a la liturgia que se celebra según los usos hispanos, sin pretender la precisión que caracteriza la noción de rito en el ordenamiento canónico.

[5] Para un estudio más detenido acerca de la nueva edición del Misal, cf J. Pinell, El Misal Hispano-Mozárabe - Nueva edición revisada, Phase 191 (1992) 367-380; idem, El Misal Hispano-Mozárabe, Phase 211 (1996) 94-96. Sobre el iter de la renovación del Misal y los peritos que, presididos por J. Pinell, conformaban esta Comisión, cf G. Ramis, La reforma del rito hispano mozárabe, en Asociación Española de Profesores de Liturgia (AEPL), La reforma litúrgica. Una mirada hacia el futuro, Grafite, Bilbao 2001, 155-166. Para las motivaciones, cf J. Pinell, Liturgia hispánica, CPL, Barcelona 1998, 213-221.

[6] Cf Missale Mixtum, præfatione, notis et appendicibus ab Alexandro Lesleo, S. J. sacerdote, ornatum, Parisiis 1850 (PL 85). Este Misal es reproducción del Missale Mixtum de 1775. Éste último fue objeto de una reedición con revisión del texto en el año 1804, bajo el nombre de Missale Gothicum.

[7] Tampoco se hicieron concordancias de las “colecciones” de fuentes posteriores, cf M. Férotin, Le Liber Ordinum en usage dans l’église wisigothique et mozarabe d’Espagne du V au XI siécle, Paris 1904 (reimpressio, A. Ward - C. Johnson (a cura di), Le Liber Ordinum en usage dans l’église wisigothique et mozarabe d’Espagne du V au XI siécle, CLV, Roma 1996); Idem, Le liber mozarabicus sacramentorum et les manuscrits mozarabes, Paris 1912 (reimpressio A. Ward - C. Johnson (a cura di), Le liber mozarabicus sacramentorum et les manuscrits mozarabes, CLV, Roma 1995).

[8] Para el Misal Romano de Pío V, en su edición de 1962, existen las concordancias de A. Pflieger (cf A. Pflieger, Liturgicæ orationis concordantia verbalia. Prima pars: Missale Romanum, Herder, Romæ 1954, XI+740). Para el Misal de Pablo VI, en su editio altera de 1975, se cuenta con las que han publicado T. A. Schnitker y W. A. Slaby (cf T. A. Schnitker - W. A. Slaby, Concordantia verbalia Missalis Romani. Partes euchologicæ, Aschendorff, Münster 1983, XV+1508). Para la Collectio Missarum de Beata Maria Virgine, en cuanto Apéndice del Missale Romanum, se han publicado unas concordancias en Notitiæ 25 (1989) 629-785. Para el Misal Ambrosiano existen las Concordancias de P. Barberi, Concordantiæ Missalis Ambrosiani: orationes et præfationes, CLV, Roma 1995, XII+1472.

[9] Cf M. Sodi - A. Toniolo, Concordantia et indices Missalis Romani. Editio typica tertia, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2002, XVI+1965; cf Idem, Prænotanda Missalis Romani - Textus, concordantia, appendices, Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 2003, XIV+807.

[10] Cf J. Pinell, Los cantos variables de las misas del propio de Santos en el rito hispánico, Ecclesia Orans 7 (1990) 245-308.

[11] Cf I. Tomás, Teología de las celebraciones del tiempo de Navidad en la liturgia hispano-mozárabe revisada en 1991, Grafite, Baracaldo 2002, 38. Cuatro son las celebraciones hispanas situadas entre el sexto y último domingo de Adviento y el primer domingo de Cuaresma in carnes tollendas: In Nativitate Domini, In Circumcisione Domini, In initio anni e In Apparitione Domini.

[12] La inclusión de la Feria VI in Parasceve en el Ciclo Pascual obedece a que el propio nombre la vincula a este Ciclo. En la Concordantia del Missale Romanum, el tiempo pascual comienza con la Vigilia.

[13] El Ordo Missæ vuelve a aparecer al inicio del segundo volumen del Missale.

[14] No distinguimos, por ejemplo, entre la variedad de cantos ocasionales, algunos de ellos con nombres propios (ad Confractionem, ad Accedentes).

[15] No todos los textos que fueron entregados para la edición del Missale Hispano-Mozarabicum fueron siempre asumidos. Por ejemplo, en la illatio del Domingo I De Cotidiano aparece el término latum en vez del original lutum; en la Alia de ese mismo Domingo ­­―C984al― se omite el sintagma: pietatis tuæ beneficio pareat, ut quiescat (cf J. Sancho, Los formularios eucarísticos de los domingos de quotidiano en el rito hispánico. Edición crítica y estudio teológico, Facultad de Teología san Vicente Ferrer, Series Valentina VII, Valencia 1981, 203).

[16] Sería el caso, por ejemplo, de los Post Sanctus. Los prænotanda señalan el carácter relativo de estos embolismos: “Es muy frecuente que se hable de Cristo explícitamente en la parte conclusiva de la misma y entonces viene muy bien una fórmula de conexión como Ipse Dominus ac Redemptor æternus, o Quia ipse est Dominus ac Redemptor æternus, o simplemente Christus Dominus ac Redemptor æternus. Si la última alusión a Cristo queda un poco lejana del final de la oración, se puede recurrir a Per Christum Dominum ac Redemptorem æternum” (Prenotandos, n. 82).

[17] En torno a esta amplia temática de las traducciones litúrgicas, en la que la sede reconquistada de Toledo ocupó un lugar destacado en la historia por su “Escuela de traductores arábigo-latinos”, cf M. Guerra, La traducción de los textos litúrgicos - Algunas consideraciones filológico-teológicas, Estudio Teológico San Ildefonso – Seminario Conciliar, Toledo 1990.

[18] Missale Mixtum secundum regulam beati Isidori, dictum mozarabes (PL 85).