Ir al contenido principal

«El legado litúrgico de Benedicto XVI» (VI)

La cuestión litúrgica principal sigue siendo, como ya decía Romano Guardini, la formación [1], sabiendo que no basta la teoría, se necesita la sabiduría cristiana y la experiencia litúrgica. Es verdad que la constitución sobre la Liturgia ofrece una nueva pedagogía espiritual. Pero estamos todavía ahí. “Es manifiesto que cualquiera que es negligente en tener o hacer lo que tiene que tener o hacer peca por omisión” [2]. Es nuestra obligación conocer lo que se celebra para saber celebrar; conocer la voluntad de Dios para saber predicarla, entrar en el misterio para celebrarlo con unción. La vida litúrgica está bloqueada, porque no hemos experimentado la nueva vida de la Pascua, donada por el Cordero de Dios, al no haber sido evangelizados y al no estar convertidos. Se intenta catequizar a quien no está evangelizado; se celebran bautismos y primeras comuniones de niños que no viven en familias cristianas. Se celebran confirmaciones a quienes no han tenido un encuentro personal con Cristo. Se celebran matrimonios de personas que no saben lo que hacen. En fin, necesitamos unir la fe y la vida en contexto real, no ideológico; necesitamos comenzar a hacer una pastoral a partir de la realidad, no desde la polémica, sino desde la instrucción cordial y fraterna.
 Consideremos que a veces olvidamos las cosas fundamentales y es posible que incluso los mismos celebrantes perdamos de vista lo que estamos haciendo cuando estamos en el púlpito, en confesonario o en el altar. Hacemos y decimos todos los días las mismas cosas, las mismas frases; pero nos debiéramos preguntar con alguna frecuencia: ¿Cuál es el significado de estas palabras? ¿Qué se quiere decir con estos gestos?  Saborear las cosas del culto desde la fe y desde el buen hacer y el buen decir nos ayuda a vivir la predicación, la confesión y la eucaristía. Al final, siempre es lo mismo: lo que nos falta es la formación litúrgica y, sobre todo, conversión, unción y devoción. Ciertamente, necesitamos hoy día comprender desde la fe el sentido profundo de los gestos y las fórmulas de las celebraciones litúrgicas. Por tanto es preciso acercarnos con respeto a la sagrada liturgia para saber celebrar y estas formas nos llevarán a una verdadera participación, que facilitará una vida cristiana auténtica.

Pedro Fernández Rodríguez, OP



[1] Cf. R. GUARDINI, “Lettera sull´atto di culto e il compito attuale della formazione liturgica”. Humanitas 20 (1965) 88.
[2] S. TOMÁS DE AQUINO, Summa theologiae, I-II, 76, 2c.