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La misa en rito hispano-mozárabe. Una sencilla explicación (IV)



V. Libros litúrgicos de la misa hispano-mozárabe 

La liturgia hispano-mozárabe, como el resto de ritos litúrgicos, cuenta con una serie de libros en los que están recogidos los textos y las indicaciones para la distintas celebraciones: eucaristía, oficio, sacramentos… Estos libros, denominados litúrgicos por estar destinados a las celebraciones litúrgicas de la Iglesia, son fruto de un largo proceso de elaboración, fijación y compilación de textos eucológicos. El primer esbozo de los libros litúrgicos lo encontramos en los libelli , unos cuadernillos que recogen los textos para una o más misas, sin un orden preciso. Con el paso del tiempo, estos libelli se van agrupando constituyendo libros que siguen el orden del año litúrgico y pretenden responder a cada una de las celebraciones insertas en el calendario; es el origen de los libros litúrgicos.
En el rito hispano-mozárabe los siguientes libros litúrgicos, por lo menos desde el periodo visigótico, están vinculados a la celebración eucarística: Misal (designado a veces como Manuale o Liber missarum ), Liber commicus , Evangeliario, Oferencio ( Oferencium ), Liber misticus , Antiphonarium , Pasionario, Liber sermonum . Además, existen otros que están destinados a los demás sacramentos y al oficio divino pero que, por no estar relacionados con la misa, no nos detendremos en su explicación particular: Psalterium , Liber canticorum , Liber hymnorum , Liber orationum psalmographus , Liber orationum festivus , Liber ordinum , Liber horarum , Liber precum.
En la actualidad, los libros litúrgicos hispano-mozárabes se encuentran en pleno proceso de revisión y edición. En el año 1982, el arzobispo de Toledo, superior responsable del rito hispano-mozárabe, creó una comisión para llevar a cabo esta labor. Hasta el momento han sido publicados dos: el Misal y el Liber commicus. El Misal comprende dos volúmenes, ambos en latín: el primero, editado en 1991, contiene, además del ordinario de la misa, todas las oraciones -eucología- para celebrar el ciclo temporal del año litúrgico (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua, Cotidiano), así como el texto de los cantos propios de cada celebración; el segundo, que vio la luz en 1994, recoge los mismos elementos que el anterior pero esta vez pertenecen a las fiestas de santos inscritas en el calendario litúrgico del rito hispano-mozárabe. También el Liber commicus , que contiene tanto el texto latino de las lecturas bíblicas de la misa como el de los cantos propios de la liturgia de la palabra, consta de dos tomos y, al igual que el Misal, el primero está destinado al ciclo temporal y el segundo al santoral; se publicaron en 1991 y 1995 respectivamente. Además, en 1991, se editó en un fascículo independiente, denominado Oferencio ( Oferencium ), el ordinario de la misa en castellano y en latín.

Misal
En el Misal figuran, por una parte los elementos invariables de la celebración eucarística, esto es, el ordinario de la misa, y por otra, siguiendo el orden del calendario litúrgico, los textos variables que emplea el sacerdote: oratio post gloriam , oratio admonitionis , alia , post nomina , ad pacem , illatio , post sanctus , post pridie , ad orationem dominicam , benedictio , completuria , juntamente con el texto, también variable, de los cantos de la misa, excepto los de la liturgia de la palabra que se encuentran en el Liber commicus : praelegendum , trisagio , sacrificium , cantus ad pacem , cantus ad accedentes . En algunas épocas, el Misal se ha denominado Manuale o Liber missarum. 

Liber commicus
Los textos bíblicos necesarios para la liturgia de la palabra de la misa hispano-mozárabe están recogidos en el Liber commicus . Así, siguiendo el orden del calendario litúrgico, en él se reproducen las lecturas bíblicas de la misa: prophetia (en el tiempo de Cuaresma: la lectura sapiencial y la histórica), apostolus y evangelium ; así como el texto para los cantos de la liturgia de la palabra: psallendum ( threni los miércoles y viernes de Cuaresma) y laudes. 

Evangeliario
Los especiales honores litúrgicos dedicados a la lectura del evangelio (lectura reservada al diácono, incensación del libro antes de comenzar la lectura, cirios encendidos durante su proclamación) dieron lugar a que estos textos se copiaran en un libro separado, dando origen así al Evangeliario. 

Oferencio (Oferencium)
El ordinario de la misa está recogido en un fascículo independiente que se denomina oferencio. La finalidad de este libro es facilitar la celebración eucarística pues posibilita que el celebrante pueda leer alternativamente las partes fijas desde el Oferencio y las variables desde el Misal, sin tener que estar continuamente cambiando de página. 

Liber misticus
El Liber misticus agrupaba en cuatro volúmenes, distribuidos según el año litúrgico, todos los textos y elementos necesarios, tomados de otros libros litúrgicos, para la celebración de la misa y del oficio.

Antiphonarium 
El Antiphonarium contenía los cantos musicalizados para la misa y el oficio. Todo el material musical estaba ordenado por días y ciclos litúrgicos. Además, en un apéndice se ofrecía un repertorio variado de cantos alternativos para los domingos de Cotidiano, los sacramentos, el común de santos y las celebraciones sacramentales y votivas. 

Pasionario
El Pasionario contenía la narración de la pasión de los mártires, según el orden del calendario de las fiestas litúrgicas. Era una mezcla bastante desigual de actas de martirio auténticas, leyendas y narraciones artificiales adaptables a cualquier mártir. Se leía en el oficio matutino. Sin embargo, en las principales fiestas de mártires, la última parte de la narración de la pasión, que generalmente ensalza el triunfo invisible de los héroes de la fe, se reservaba para la misa, leyéndose en la liturgia de la palabra tras el psallendum. 

Liber sermonum
El Liber sermonum no es propiamente un libro litúrgico. En él están recogidas homilías o sermones, sólo en parte de autores hispanos, destinados para ser leídos después de la proclamación del evangelio. 

VI. Las dos tradiciones del rito hispano-mozárabe
El proceso de gestación, desarrollo y estructuración de un rito litúrgico, así como el de composición de sus textos es lento y en él, además de influir factores culturales e históricos, intervienen diferentes personas que podemos agrupar en escuelas litúrgicas o eucológicas. Las escuelas que colaboraron activamente en la formación de la liturgia hispano-mozárabe son: la escuela tarraconense, la escuela hispalense y la escuela toledana. Cada una de ellas surge en torno a una sede metropolitana: Tarragona, Sevilla y Toledo, respectivamente.
La existencia de diferentes escuelas dio lugar a dos tradiciones litúrgicas dentro del rito hispano-mozárabe, conocidas como tradición A y tradición B. Partiendo de un tronco común, las dos tradiciones se formaron autónomamente, aunque hubo entre ambas influencia e intercambio de textos litúrgicos. 

Tradición A
La tradición A la encontramos recogida en manuscritos y se extiende por el norte de la península Ibérica: Tarragona, Carcasona, San Juan de la Peña, San Millán de la Cogolla, Silos, León. 

Tradición B
La tradición B se ha mantenido hasta nuestros días en Toledo, donde el rito hispano-mozárabe nunca llegó a desaparecer ya que el rey Alfonso VI, al liberar esta ciudad del dominio árabe (año 1085), concedió a los cristianos que allí vivían (mozárabes) el privilegio de seguir celebrando la fe con su rito propio. Sin embargo, aunque no cabe la menor duda de que esta tradición está vinculada a Toledo, parece que su origen esté en Sevilla, de donde huyeron los cristianos con ocasión de las llamadas guerras civiles (año 891), refugiándose en Toledo y habiendo llevado consigo los libros para las celebraciones litúrgicas. El Misal que en el año 1500 editó el cardenal Cisneros así como la reedición revisada que hizo el cardenal Lorenzana en el año 1804 siguen esta tradición. 

Diferencias entre ambas tradiciones
Las diferencias existentes entre las dos tradiciones litúrgicas del rito hispano-mozárabe son numerosas. Sin embargo, aunque a veces elementos de la misa, de los sacramentos o del oficio varíen en orden, contenido o número, estas diferencias no afectan a la estructura fundamental del rito.
Señalamos, a continuación, algunas de las divergencias entre ambas tradiciones, centrándonos sobre todo en la celebración eucarística: el texto de los dípticos, así como el orden de los mismos, difiere en ambas tradiciones; tampoco coinciden dentro de la misa algunas doxologías de conclusión de las oraciones, las moniciones para la paz y la antífona invariable para después de la comunión; los ritos de preparación para la comunión, una vez concluida la plegaria eucarística, comienzan, en la tradición A, con la fracción el pan seguida del Credo y el Padre nuestro, mientras que en la tradición B el pan se fracciona entre el Credo y el Padre nuestro; además, los fragmentos en los que se divide el pan eucarístico antes de la comunión son siete en la tradición A y nueve en la tradición B; durante toda la Cuaresma, en la tradición B hay textos propios sólo para la misa de los domingos, los miércoles y los viernes, mientras que en la tradición A para los domingos, los lunes, los miércoles y los viernes, a los que se añaden, a partir del domingo IV de Cuaresma, los martes y los jueves; los textos bíblicos asignados a la liturgia de la palabra de cada misa varían entre ambas tradiciones; en Cuaresma, en la tradición A se suple la lectura de la profecía por una lectura histórica del antiguo Testamento, en cambio, en la tradición B, además se incorpora una de los libros sapienciales tras esta lectura histórica; en la tradición A el tiempo de Adviento cuenta con cinco domingos, mientras que en la tradición B son seis… 

Las dos tradiciones y la última edición del Misal hispano-mozárabe
Para preparar la última edición del Misal hispano-mozárabe se han tenido en cuenta las dos tradiciones litúrgicas: la A y la B. Esto ha permitido que en muchas de las celebraciones se propongan dos posibilidades en los textos bíblicos de la liturgia de la palabra y en las oraciones variables de la misa, siguiendo así un ciclo bienal: Año I y Año II. Para el ordinario de la misa se ha seguido la tradición B, por ser la que se ha mantenido viva, pero enriquecida con elementos de la tradición A.  



VII. Los concilios hispano-visigóticos y la misa hispano-mozárabe
Las diferentes Iglesias locales comprendidas dentro de la península Ibérica mantuvieron una intensa actividad conciliar durante el periodo hispano-visigótico, esto es, desde su origen hasta la invasión árabe iniciada en el año 711. Aunque no había una jurisdicción eclesial que englobara a estas iglesias, existía entre ellas una conexión y un interés recíproco que les llevaría a reunirse en concilios y sínodos para tratar cuestiones y problemas comunes. A menudo, fueron cuestiones litúrgicas las que se debatieron en estas reuniones. Concretamente encontramos disposiciones sobre la eucaristía en las actas del concilio de Valencia, de los concilios III y IV de Toledo, y del concilio III de Braga. 

Concilio de Valencia (año 546)
En el concilio de Valencia, convocado en el año 546, participaron los obispos de la provincia Cartaginense. El primero de los cánones que redactaron se refiere a la celebración eucarística, y más concretamente a la liturgia de la palabra. Con el fin de corregir algún error introducido en el culto, recuerda que en la misa el evangelio debe ser proclamado después de la lectura del apóstol y antes de la presentación de las ofrendas y de la despedida de los catecúmenos. Así, éstos pueden oír tanto el texto evangélico como la homilía que le sigue. 

Concilio III de Toledo (año 589)
El concilio III de Toledo, convocado en el año 589, contó con la presencia de sesenta y ocho obispos procedentes de todas las provincias de Hispania y de parte de las Galias. El asunto principal de este concilio fue la conversión oficial al catolicismo del reino visigodo, hasta entonces arriano. Esta conversión tuvo sus implicaciones en la celebración eucarística, pues para manifestar la adhesión a fe verdadera, se introdujo en todas las misas la proclamación del Credo antes del Padre nuestro, según consta en el canon 2 de las actas de este concilio. 

Concilio IV de Toledo (año 633)
Entre todos los concilios hispano-visigodos, en materia litúrgica destaca el concilio IV de Toledo que reunió, en el año 633, a sesenta y seis obispos procedentes de todas las provincias del reino visigodo, bajo la presidencia del arzobispo de Sevilla san Isidoro. Su importancia radica, según podemos leer en el canon 2 de sus actas, en que pretende unificar las celebraciones litúrgicas (misa, oficio divino y sacramentos) de quienes están unidos por una misma fe y un mismo reino. Así, también se evitaría que la diversidad en las celebraciones litúrgicas, dado que la liturgia es expresión de la fe, pueda parecer un error cismático, convirtiéndose en un motivo de escándalo.
Tras este deseo de unificación litúrgica, las actas conciliares recogen las disposiciones tomadas sobre algunos puntos concretos de la liturgia donde seguramente las diferencias y la diversidad eran más llamativas.
Disposiciones referidas a la celebración eucarística encontramos en los cánones 11, 12, 14 y 18. El canon 12 sitúa el canto de las laudes después de la proclamación del evangelio, y no antes del mismo; además, en el canon anterior -el 11-, se indica que este canto no debe contener la palabra «aleluya» durante el tiempo de Cuaresma. El canon 14 manda incorporar los domingos y fiestas de los mártires el cántico de Daniel a la liturgia de la palabra. Finalmente, el canon 18 obliga a impartir la bendición antes de la comunión, concretamente después del Padre nuestro y de la conmixtión. 

Concilio III de Braga (año 675)
Las actas del concilio III de Braga del año 675, en el primer canon recuerdan que en la misa no se puede sustituir el vino por leche o por granos de uva y que tampoco se puede dar, para comulgar, el pan eucarístico impregnado en vino, como se hace en el rito bizantino.

José Antonio Goñi