Ir al contenido principal

Los «Salmos Imprecatorios» (III)

Batalla de Josué con los amalecitas
de Nicolás Poussin

El salmo 83

1. Salmo 83 (82). Cántico. Salmo de Asaf

Cese del silencio
Oh Dios, no estés callado, 
    no estés mudo e inactivo, oh Dios.

Presentación del enemigo y sus planes
Mira que tus enemigos se amotinan, 
    y los que te odian levantan la cabeza.
Se conjuran contra tu pueblo, 
    conspiran contra tus protegidos.
Dicen: «Vamos a borrarla como nación, 
    que nunca se recuerde el nombre de Israel».
Así han decidido unánimemente 
    concertar un pacto contra ti:
las tiendas de Edón y los ismaelitas, 
    Moab y los agarenos,
Guebal, Amón y Amalec, 
    los filisteos con los habitantes de Tiro;
también Asur se alió con ellos, 
    prestando ayuda a los hijos de Lot. (Pausa).

Dios interviene y vence al enemigo
10 Trátalos como a Madián, como a Sísara, 
    como a Yabín en el torrente Quisón:
11 fueron exterminados en Endor, 
    y sirvieron de estiércol para el campo.
12 Trata a sus caudillos como a Oreb y Zeeb, 
    y a sus capitanes como a Zébaj y Salmuná,
13 que decían: «Conquistaremos 
    los campos de Dios».
14 Dios mío, conviértelos en vilanos, 
    en tamo a merced del viento;
15 como fuego que quema el bosque, 
    como llama que abrasa los montes,
16 persíguelos así con tu tormenta, 
    atérralos con tu huracán.
17 Cúbreles el rostro de ignominia; 
    para que busquen tu nombre, Señor.
18 ¡Avergonzados y aterrados para siempre, 
    queden humillados y perezcan!

Exaltación de Dios
19 Y reconozcan que tu nombre es «el Señor», 
    que tú solo eres Altísimo sobre toda la tierra.

2. Comentario exegético

Con este salmo nos encontramos con una súplica a Dios ante una amenaza bélica gravísima[1]. Se inspira en su descripción en diversas épocas de la historia de Israel, especialmente del tiempo de los Jueces. En 83,2, Asaf increpa al silencio de Dios es un motivo habitual en el salterio bíblico[2]. En 83,3-9 se presenta una confabulación hostil que se resuelve en 83,10-18, cuando Dios actúa teniendo como única arma la tormenta (cf. Sal 83,16). Además aparece el resultado victorioso del Señor (aquí se emplea el nombre salvífico de Dios en la Pascua hebrea): los enemigos salen aterrados, desbaratados; llenos de ignominia, desconcertados y confundidos. Nos queda finalmente Sal 83,19 que sirve de epifonema de todo el salmo: aquí se recoge en síntesis la reacción final de los enemigos los cuales, a su pesar, reconocen el nombre salvífico del Dios de Israel (el Señor) y que tiene un dominio universal sobre la creación, incluidos los planes humanos adversos contra su Pueblo.

La redacción incluye elementos tradicionales que se retrotraen a la época de los jueces, por lo tanto predavídica[3]. La lista de los diez enemigos es una composición que tiene algunos puntos de contacto con la predicación profética, aunque se separa cuando cree conveniente (cf. Is 13–23; Jr 25; 46–52; Ez 25–32; Am 1–2; Sof 2)[4], que se insertan dentro de una primera parte dramática: una coalición internacional contra Israel, y en definitiva contra Dios mismo[5]. A continuación sigue un segundo movimiento en el que hallamos doce imprecaciones, manifestando las victorias históricas del Señor (cf. Sal 83,10-13); el juicio liderado por el Señor tanto cósmico (cf. Sal 83,14-16) como moral (cf. Sal 83,17-19)[6].

En el contexto del salterio bíblico, la colección de Asaf muestra un especial interés por la suerte de las naciones[7]. En el salmo 83 por sus características específicas y comunes con otras composiciones del género, tenemos que nos hallamos antes un salmo genérico pro tempore belli[8], con expresiones estereotipadas, que tuvieron quizá un origen históricamente concreto, pero que rápidamente se liturgizaron. Además presenta algunos elementos que recuerdan a otros salmos, como indican J.S. Kselman – M. L. Barré acerca del salmo 2,1-2[9].

3. Bibliografía

L. Alonso – C. Carniti, Salmos. Traducción, introducciones y comentario, I–II, Estella (Navarra) 1993.
J.S. Kselman – M. L. Barré, «Psalms», R.E. Brown, ed. – al., The New Jerome Biblical Commentary, Londres 1968, 21990, 523-552.
G. Ravasi, Il Libro dei Salmi. Commento e attualizzazione, I–III, Lettura pastorale della Bibbia 12.14.15, Bologna 1983.

Marcos Aceituno Donoso



[1] Cf. L. Alonso – C. Carniti, Salmos, II, 1089.
[2] Cf. Sal 28,1; 35,22; 39,13; 109,1. Además de ello, Juega con la aliteración hebrea y con la inclusión del nombre de Dios al inicio y al final del estico. Cf. L. Alonso – C. Carniti, II, 1092.
[3] Cf. L. Alonso – C. Carniti, Salmos, II, 1093.
[4] Cf. L. Alonso – C. Carniti, Salmos, II, 1090.
[5] Cf. G. Ravasi, Il Libro dei Salmi, II, 732.
[6] Cf. G. Ravasi, Il Libro dei Salmi, II, 728-729.
[7] Cf. G. Ravasi, Il Libro dei Salmi, II, 725.
[8] Pace G. Ravasi, Il Libro dei Salmi, II, 726, que prefiere ver en el salmo una ocasión histórica y no tanto una composición genérica.
[9] Cf. J.S. Kselman – M. L. Barré, «Psalms», NJBC, 540.