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Diferencias entre cátedra y sede.

En las dos últimas ediciones de la Ordenación General del Misal Romano, lo mismo que en el Ceremonial de los Obispos, se nos habla de la conveniencia de que los fieles "manifiesten su participación trayendo pan y vino para la celebración de la eucaristía" (CE 145). La misma norma del Ceremonial nos indica, por un lado, que la participación no se reduce a llevar cosas, sino que expresión de esa participación que se da de forma continua en toda la celebración litúrgica. Pero por otro lado, no especifica el lugar o la manera de recibir estas ofrendas.


"Los diáconos o el mismo Obispo reciben las ofrendas de los fieles en un lugar adecuado. Los diáconos llevan el pan y el vino al altar, lo demás a un lugar apropiado, preparado con anterioridad" (CE 145)

"Las ofrendas de los fieles las recibe en un lugar adecuado el sacerdote, ayudado por los ministros, y las colocan en sitio conveniente; el pan y el vino para la Eucaristía se llevan al altar" (OGMR [2ª edición] 101)

"Las ofrendas de los fieles las recibe el sacerdote, ayudado por el acólito u otro ministro. El pan y el vino para la Eucaristía se llevan al celebrante, que los pone sobre el altar y el resto de los dones se colocan en un lugar apropiado" (OGMR 140)

Para comprender la evolución que se da en la última Ordenación General es necesario ver cómo se desenvuelve el rito en la liturgia papal:

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El papa Francisco recibe las ofrendas de pan y vino sentado en la cátedra. El lugar adecuado en la liturgia papal es, por lo tanto, en la cátedra. Normalmente asociamos la cátedra la homilía o simplemente como un lugar para sentarse. Pero en la liturgia episcopal -y por tanto también la del obispo de Roma- la cátedra es el lugar propio del obispo. En Occidente a veces pensamos que hacer las cosas sentado les da cierta "solemnidad" o hieratismo. Sin embargo, el papa recibe las ofrendas en la cátedra con toda naturalidad y empatía.
Si observamos la tercera edición de la Ordenación General no se dice que las reciba en un "lugar adecuado", como se decía en la segunda edición y en el Ceremonial. ¿Por qué? Porque de forma implícita se quiere ir diferenciando aspectos de la liturgia episcopal que le son propias. El celebrante pone él mismo el pan y vino sobre el altar, lo que significa que debe estar cerca del altar y seguramente de pie para no tener que levantarse con el pan y vino en las manos. El el caso del obispo, son los diáconos los que los llevan al altar. También está previsto que puedan ser ellos los que reciban el pan y el vino, pero en la liturgia papal esta posibilidad no se contempla. El obispo de Roma tiene la posibilidad de saludar e intercambiar algunas palabras con los oferentes. Todo esto acompañado por el canto: la antífona de ofertorio. No se hacen moniciones sobre qué es el pan y qué es el vino, sino que se contempla el gesto como una de las tres procesiones de la misa (entrada, ofertorio y comunión).
El lugar adecuado en el caso de un obispo parece ser la cátedra, mientras que en el caso del presbítero parece ser cerca del altar. La sede presbiteral no queda, en este caso, como una simple imitación de la cátedra episcopal. No es el único caso. Hemos aludido a la homilía. En este caso, la evolución entre las Ordenaciones Generales no es tan tajante, pero deja claro las preferencias.

"Luego, estando todos sentados, el obispo, con mitra y báculo, si lo considera oportuno, y sentado en la cátedra, hace la homilía, a no ser que haya otro lugar más adecuado para ser visto y oído cómodamente por todos" (CE 142)

"La homilía se hace en la sede o en el ambón" (OGMR [2ª edición] 97)

"El sacerdote, de pie en la sede o en el mismo ambón, o en otro lugar idóneo, si conviene, pronuncia la homilía" (OGMR 136)

Se da más libertad el presbítero sobre el lugar donde hacer la homilía. Sin duda, como "lugar idóneo" podemos pensar la sede estando sentados. Pero el matiz introducido, sobre todo si tenemos en cuenta el cambio que hemos visto en la recepción de las ofrendas, nos indica nuevamente la voluntad del legislador(es) de distinguir los oficios que se hacen sentados: más propio de los obispos que de los presbíteros. Los ejemplos se pueden multiplicar: el caso de la imposición de la ceniza es otro caso similar.
La diferencia entre cátedra y sede no es meramente etimológica. Aunque después de la reforma litúrgica la sede "imita" en cierto modo el ser de la cátedra episcopal, esto no significa que sean lo mismo. Junto a esto, se ve con claridad la presidencia litúrgica no es un concepto abstracto: no preside del mismo modo un laico que un diácono, un obispo que un presbítero. Con pequeños detalles, las sucesivas modificaciones del derecho litúrgico dejan ver las diferencias entre los ministerios en un mismo sacramento. Las celebraciones papales y episcopales son en muchos sentidos imitables. El Ceremonial de los Obispos completa en muchas cuestiones menores lo que falta por explicar o detallar en la Ordenación General del Misal Romano. Sin embargo, también se introducen distinciones necesarias.