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María y la preparación a la Navidad en la Tradición Bizantina

Viene la cordera que porta en su seno a Cristo

En las vísperas de la fiesta de san Nicolás la tradición bizantina inserta este tropario de la Madre de Dios: «Prepárate, oh gruta: porque viene la cordera, que porta en su seno a Cristo. Recibe, oh cuna, a aquél cuya palabra nos ha librado a los que vivimos en la tierra de nuestro obrar contra la razón. Pastores que pernoctáis en los campos, testimoniad el tremendo prodigio. Y vosotros, magos de Persia, ofreced al rey oro, incienso y mirra: porque se ha manifestado el Señor por medio de la Virgen Madre. Inclinándose ante él como sierva, la madre lo ha adorado, diciéndole al que llevaba en sus propios brazos: ¿Cómo has sido sembrado en mí? ¿cómote has engendrado en mí , mi Redentor y mi Dios?»

Las diversas figuras que aparecen en el texto, se convierten en figuras de otra realidad. De este modo, decir a la gruta “prepárate” es decirselo a la Iglesia, de la cual la gruta es figura. Para acoger a Cristo, el cordero, portado por su madre, la cordera, título relacionado con la maternidad divina de María. A los pastores, que pernoctan en los campos, en la soledad, el tropario les pide que se conviertan en testigos del misterio, pasando del aislamiento a la comunión. La conclusión se centra en María, con una confesión de fe muy clara, que afirma cómo el Señor se aparece y se manifiesta “por medio de la Virgen madre”.

Inmediatamente despúes, encontramos la fiesta de la concepción de María por parte de Joaquín y Ana [9-XII] que tiene como base el Protoevangelio de Santiago, un texto apócrifo que es la fuente de muchas fiestas del año litúrgico en diversas iglesias cristianas: «Un pareja venerable de esposos – canta un tropario – da como fruto a la divina ternera, de la cual de un modo inexplicable procederá el verdadero ternero cebado, inmolado en favor del mundo entero. Alegres, ellos ofrecen con compunción al Señor una alabanza incesante, y todo el universo es deudor de ambos. Proclamémoslos, por tanto, dichosos y formemos con fe un coro divino en la concepción de la Madre de nuestro Dios engendrada por medio de ambos, por la cual se nos ha dado la gran misericordia».


Este tropario alaba a los padres de la Madre de Dios. La primera parte narra la concepción de la Madre de Dios por parte de Joaquín y Ana, esposos venerables, y a aquélla que es relacionada directamente con el nacimiento de Cristo, el ternero cebado de la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32), inmolado en favor del mundo por medio de una relectura cristológica a la luz del episodio veterotestamentario de la ternera ofrecida por Abraham (Gn 15,9) y del cordero inmolado por nuestra redención del libro del Apocalipsis (5,6).


La segunda parte del tropario canta el gozo de Joaquín y Ana, y su alabanza a Dios. La expresión “ofrecen con compunción al Señor una alabanza incesante” no es fácil de traducir. Quizás el tropario tiene el sentido de alabanza al Señor, fruto de la mansedumbre, de la sencillez, de la oración (Joaquín y Ana, en el Protoevangelio de Santiago, pasan tres meses en soledad, inmersos en la oración, él en el monte, ella en casa).

En la tercera parte del tropario se percibe la dimensión comunitaria del texto: todos nosotros nos unimos en la alabanza al Señor y a Joaquín y Ana. En el centro de todo el texto está Cristo, ternero cebado inmolado que otorga la gran y copiosa misericordia de Dios. Él está en el centro de nuestra fe. María, de la cual celebramos la concepción, es la ternera, el instrumento del cual Dios se sirve para traer al mundo al Salvador. Joaquín y Ana son el matrimonio venerable, gozosos en el silencio.

Los textos de la liturgia del periodo que precede a la Navidad nos acercan a uno de los misterios centrales de nuestra fe. Nos toca estar atentos a la Palabra de Dios que cada día, como una gota de agua que cae sobre una roca, prepara nuestro corazón.

(Publicado por Manuel Nin en l'Osservatore Romano el 8 de diciembre de 2012; 
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)