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Homilía de la Sepultura del Divino Cuerpo del Señor (XVII)

Introducción

Nos encontramos en un contexto bélico. Esta cuarta escena descriptiva es una extensa alegoría que concluye con esta perícopa. Si aceptamos la cronología que nos han ofrecido Vaillant y Ostrogorsky, nos hallamos ante la posible descripción de una guerra binzantina en la cual vence Leoncio, cuando cambia la política centralista y despótica de Justiniano II (que no se debe confundir con su predecesor Justiniano I). Así pues, de la experiencia dura y amarga de una guerra, unida a la alegría de ver por fin finalizado la situación política nefasta de exilio civil y religioso, saca Pseudo-Epifanio material para una descripción así de larga y vívida de la entrada gloriosa de Cristo, Basileus y Despotes. Aparece por fin Adán, el culmen –y el final– de este precioso sermón.

Prosigue el Sermón atribuido a San Epifanio sobre el Grande y Santo Sábado (sección XIV)
Esto decían las virtudes señoriales del Señor a las fuerzas enemigas, y las urgían [así].
Unos asolaban la cárcel desde sus mismos fundamentos, y empujaban a las fuerzas enemigas desde sus cubículos más externos haciéndolas huir hacia el interior.
Unos repasaban los depósitos de más abajo, los puntos de vigilancia y los escondites, y corrían [hacia allí], [mientras que] otros entregaban al Señor uno un prisionero y otro otro de otro lugar.
Unos ligaban al Tirano y otros desligaban a quienes eran prisioneros desde antiguo.
Unos ordenaban y otros ordenaban con muchísima rapidez.
Unos se anticipaban a la llegada del Señor a lo más interno y otros asistían al Portador de la victoria como Dios y Rey.
Estaban así las cosas –y aún más– en el hades con respecto a lo sucedido, al estruendo, a todo el desorden y el movimiento, iba a suceder la venida del Señor para apoderarse de lo más bajo de lo bajo, [entonces] aquel Adán, el primer creado y el primer moldeado de todos los hombres –y el primer mortal– estando el más interior a todos, estando encadenado con mucha seguridad, oyó los pasos del Señor entrando entre los prisioneros, y reconoció su voz mientras caminaba en la cárcel y volviéndose a todos los encarcelados con él desde antiguo, dice:

«Siento el rumor de los pasos de quien ha venido a nosotros, y si en verdad se ha dignado acercarse hasta aquí, [esto significa que] nosotros seremos liberados. Si es verdad que podemos verle entre nosotros, es que nosotros saldremos libres del hades».

Marcos Aceituno Donoso