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Homilía de la Sepultura del Divino Cuerpo del Señor (XVI)

Introducción

He aquí la tercera parte descriptiva en clave dramática de la llegada salvífica de Cristo al hades. En efecto, se entretiene en un sinfín de detalles que ocupan dos secciones, y que de hecho servirán como de gran prólogo al diálogo salvador de Cristo con Adán en la sección 15, el mayor en longitud y en calado teológico.

Prosigue el Sermón atribuido a San Epifanio sobre el Grande y Santo Sábado (sección XIII)
Al mismo tiempo las virtudes gritaron y las puertas se abrieron y los grillos y las cerraduras fueron hechos a pedazos, y los cerrojos cayeron, y los fundamentos de la cárcel cedieron, y las fuerzas enemigas se dieron a la fuga. Uno al otro se empujaban y mutuamente se pisaban, y otros animaban a los suyos a huir. Se desarraigaron, se tambalearon, se espantaron, se aturdieron, se vieron fueron de sí, de pie y caían, sin saber qué hacer temblaban. Uno permanecía boquiabierto, el otro se cubría el rostro con las rodillas, y otro inclinado hasta el suelo, y otro, como [si estuviese] muerto estaba desnudo, y otro se quedaba pasmado del asombro; otro aturdido, y otro huía a lo más recóndito.

Es entonces allí cuando Cristo cortó con estupor cabezas, allí las removió, allí abrió por la mitad sus bridas (cf. LXX Hab 3,14; Ct 4,14), mientras decían:

«¿Quién es este rey de la gloria? ¿Quién es este tal, que después de esto ha completado tales maravillas? ¿Quién es este rey de la gloria, que en medio del hades realiza ahora lo que hasta ahora jamás se había hecho? ¿Quién es este, que conduce a fuera a los encadenados desde antiguo? ¿Quién es este que libera a nuestro poder y dominio invencibles? (cf. Pss 23, 7-10; 67,7)».

Y los ejércitos del Señor les responden en alta voz, diciéndoles:

«¿Queréis saber quién es este rey de la gloria? Es el Señor poderoso y valeroso; el Señor poderoso y fuerte e invencible en las luchas. Este es aquel que os hizo salir de las bóvedas del cielo y os ha desarraigado, oh miserables e injustos tiranos. Este es aquel que golpeó en las aguas del Jordán las cabezas de vuestros dragones (cf. Mc 1,9-11par; Ps 73,13). Este es aquel que por medio de la cruz os puso en la picota, y [os] puso como espectáculo y os enervó (cf. Col 2,15). Este es aquel que os encadenó y [os] dejó en oscuridad y al Abismo os envió. Este es aquel que os ha enviado y destruido en fuego eterno y gehenna. Por lo demás no os demoréis, no vayáis lentos, antes bien corred y expulsad a los prisioneros hasta ahora y que habéis deglutido con maldad. Vuestro poder, en definitiva, se ha destruido, vuestra tiranía ha cesado, vuestra insolencia ha sido aniquilada manifiestamente, vuestro orgullo ha sido desvinculado hasta el final y vuestra fuerza demolida y perecida».

Marcos Aceituno Donoso