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Homilía de la Seputura del Divino Cuerpo del Señor (XI)

Introducción
 
Pseudo-Epifanio propone un repaso a la historia salvífica del Antiguo Testamento siguiendo una cronología estándar de su época. Evoca fácilmente al elenco de Hebreos 11. Con una estructura similar, hemos propuesto entre paréntesis cuadrados verbos que agilicen la comprensión, optando por variar en dos ocasiones. La lista también recuerda a Mt 1,1-17 cuando repasa la genealogía de Cristo que de modo indirecto refiere aquí el predicador sacro.
 
En definitiva, nos hallamos ya de pleno en la segunda gran parte del Sermón. Hemos dejado de lado a José y a Nicodemo, para pasar a contemplar la acción salvífica ultramortal de Cristo, el cual según la carne yace en el sepulcro, aparentemente inactivo, si bien la descripción del autor sacro del siglo V nos muestra todo lo contrario.
 
Prosigue el Sermón atribuido a San Epifanio sobre el Grande y Santo Sábado (sección VIII)
 
Acude el Amigo de los hombres por naturaleza para llevarse consigo con poder y mucha autoridad a los que están bajo encadenados desde antiguo, a los que habitan en los sepulcros (cf. Ps 67,7), a los que el tirano cruel y entonces invencible tiranizó. Éste ejerció su tiranía contra Dios, cual [su] adversario y había despojado a la par que hacinado a los vivían en la altura. Allí [se hallaba] Adán, encadenado, el Primer moldeado y primer mortal, el más bajo de todos los condenados.
Allí Abel [se hallaba] el primer sacrificado y el primer justo pastor, modelo de la inmolación injusta de  Cristo Pastor.
Allí Noé [se hallaba], modelo de Cristo, Creador del gran Arca de la Iglesia de Dios, que salvó a los animales –todos los gentiles– del diluvio de la impiedad a través de una paloma –el Espíritu Santo– y que desterró de ella al cuervo oscuro, el Diablo.
Allí [estaba] Abrahán, el antecesor de Cristo, el oferente que, sin cuchillos ni muertes ofreció a Dios un sacrificio realmente bienaventurado.
Allí abajo [estaba] encadenado Isaac el que fue a imagen de Cristo antiguamente [mani]
atado por Abrahán.
Allí abajo [estaba] Jacob, en el hades, grandemente afligido, el que ya antes por causa de José fuera arriba grandemente afligido.
Allí José [estaba] prisionero, el que en Egipto estuvo en la cárcel para ser modelo de Cristo prisionero y Señor.
Allí Moisés [estaba], abajo, en la oscuridad, como cuando en el cesto oscuro arriba (cf. Ex 2,3.5).
Allí [estaba] Daniel, en el hades, en el pozo más profundo; él que había estado antes, arriba, en un pozo (cf. Dn 6,18).
Allí [estaba] Jeremías, como en un pozo de lodo, en el pozo del hades y en la corrupción de la muerte.
Allí, en la punta del mundo del hades estaba puesto Jonás como modelo de Cristo, el eterno y preexistente Jonás, que vive por siempre, por eternidad de eternidades, y desde siempre hasta ahora (cf. Ex 15,18).
Allí [estaba] David, el ancestro de Dios, de quien [viene] Cristo según la carne (cf. Rm 1,4; 9,5).
 
¿Y por qué hablo de David, Jonás y Salomón? Allí [estaba también] el Grande Juan, el mayor de todos los profetas, como en una matriz oscura, el que proclama de antemano a Cristo a todos los del hades, doblemente precursor y heraldo [por serlo] de los vivos y de los muertos. Él que de la cárcel de Herodes fue enviado a la prisión del hades, de quienes yacen desde antiguo [allí], justos e injustos.

Marcos Aceituno Donoso