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Homilía sobre la Sepultura del Divino Cuerpo del Señor (II)

Epitafios
 Introducción Crítica
 
Quién lo escribió. Dificultades sobre el autor.
 
Diversos han sido los candidatos a quienes atribuir este bello texto incluido en la Liturgia de las Horas del Sábado Santo, según el rito romano actual. El motivo es doble: por un lado nos hallamos con las diversas versiones que de éste nos encontramos, y por otro, la «operación de rescate» de muchos textos en la Antigüedad cristiana fue el hecho de atribuir los diversos escritos a uno u otro Padre o Santo de la Iglesia para que perdurasen en la posteridad. Ello condujo a que muchos textos están atribuidos a un santo (p.ej. San Agustín o san Basilio Magno o san Gregorio de Nazianzo). Y también llevó a que ya en el siglo XIX europeo se estudiaran más a fondo dichos textos para poder celebrar su autoría cierta, como deber de justicia y honradez académica y científica.
 
En primer lugar destaca san Epifanio de Chipre. Es incuestionable que el texto se pronunció y escribió en griego de la época que va de san Atanasio a san Juan de Constantinopla, el Crisóstomo. Esto significa que nos movemos en un arco de tiempo muy amplio (295-407): son casi tres siglos. La conservación del texto no ha sido muy buena, lo que ha llevado a que hayan tantas discrepancias textuales que alguno haya desistido de estudiarlo científicamente (1). San Epifanio de Chipre fue el receptor de dicho texto, gracias a lo cual permanece hasta nosotros.
 
Del texto hay diversas versiones. Las comentamos brevemente. Marcos de Alejandría, sucesor del gran San Atanasio (295-323), en el siglo IX recibió la tilde de ser autor del texto, porque se conserva una traducción en copto (2). Según esta opinión, Marcos de Alejandría pronunció dicho sermón en su catedral de san Marcos. De todos modos se descarta dicha atribución por improbable y por criterios literarios (cf. en el texto 65,1.1-2).
 
Se halla también en armenio, tal como estudió M. van Esbroeck; en árabe y en geórgico. Finalmente, como más reciente, Drobner (1992) lo atribuye a Anfiloquio de Iconio, obispo capadocio (c. 340- c. 403), que condujo con su doctrina a la elaboración del Credo trinitario oficial de la Iglesia en Constantinopla (381).
 
¿Qué decir en resumen ante una tan vasta lista de candidatos? Que fue compuesto en griego, en Asia Menor, hacia el siglo V dC. Se sirve de material hallado en San Gregorio de Nazianzo (Oratio 45) y que incluso se puede concebir como un conjunto de diversos materiales que vieron la luz de su unidad a mediados del siglo VI. Petau (que conservó el texto que tenemos en Patrologia Graeca 43) y A. Vaillant se atreven a retrasar dicho evento hasta el siglo VII, lo cual hallamos muy exagerado.
 
Qué texto seguiremos.
 
Nos apoyamos en el testimonio de A. Vaillant para acudir a un texto seguro y fiable a nivel crítico. Si bien no apoyamos su visión tan tardía del texto (siglo VII [!]), sí valoramos la edición moderna última de finales del siglo XIX con Dindorf que se apoyó en un manuscrito de El Escorial del siglo IX, cotejándola con la antigua versión paleoeslava del mismo que ayuda a discernir ante un texto que de tanto uso en el Oriente católico-ortodoxo ha sufrido retoques siglo tras siglo.
 
Finalmente, la crítica literaria interna, es decir, el estilo con que el autor pronuncia el sermón o el escriba transcribe, nos señalan el siglo V como momento en el que abunda su modo de expresión. También el Evangelio apócrifo de Nicodemo se remite a tal fecha (c. 425 dC), lo cual nos deja bastante consolidado que nos hallamos en uno de los tiempos más ricos de teología y reflexión eclesial sobre la Persona de Cristo, no exento de dificultades (controversias sobre las naturalezas y la Persona del Salvador). Con todo, con este bello testimonio homilético podemos agradecer al Señor que siempre se ha acudido a Él y a sus santos Misterios para ser sostenidos en la vida presente en su gracia y su amor.

Notas
(1) Cf. A. Vaillant, L’homélie d’Épiphane (Zagreb 1958), 7.
(2) Cf. H. de Vis, Le Muséon 34 (1921) 179-216 ; Le Muséon 35 (1922) 17-48.
Marcos Donoso Aceituno