Ir al contenido principal

¿Celebrar porque sí el Triduo?

Después de hablar de la necesidad de los acólitos y de otros ministros en la liturgia "habitual", es conveniente plantearse si nuestras celebraciones litúrgicas del Triduo Pascual cumplen con estos requisitos mínimos. Las programaciones ya están hechas. Las celebraciones, seguramente que también están preparadas. Por lo que este post no va a condicionar una solución pastoral u otra de gran envergadura. Para ello voy a comentar las rúbricas del misal, que repiten un documento que es un poco desconocido: la Carta Circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, del 16 de enero de 1988. Los números que se van a citar afectan de lleno a las comunidades "muertas" y a la pastoral rural, que deberían sentirse interpeladas.

41. Para la celebración adecuada del Triduo pascual se requiere un número conveniente de ministros y colaboradores, que han de ser instruidos cuidadosamente acerca de lo que ellos han de hacer. Los pastores no dejen de explicar a los fieles del mejor modo posible el significado y la estructura de las celebraciones, preparándoles a una participación activa y fructuosa.

Dos cosas: la explicación del significado y estructura y el número conveniente de ministros y colaboradores. Lo  primero es especialmente importante el Viernes Santo y la Vigilia Pascual. Lo segundo, a mi parecer y al de esta Carta Circular de la Congregación para el Culto Divino, es más necesario todavía que en otros momentos del año: ministros, de paso en plural. Y los cantores están incluidos, según se desprende del siguiente número:

42. Tiene una importancia especial en las celebraciones de la Semana Santa y, especialmente durante el Triduo pascual, el canto del pueblo, de los ministros y del sacerdote celebrante, porque es concorde a la solemnidad de dichos días y también porque los textos adquieren toda su fuerza precisamente cuando son cantados.

Si en una comunidad, los domingos del año no saben/quieren/pueden contestar cantando a un "El Señor esté con vosotros", el número 42 no se va a cumplir por arte de magia. La segunda parte del número 43 explica todavía más las consecuencias de estos dos números:

Igualmente no se celebren los oficios del Triduo pascual en aquellos lugares donde falte el número suficiente de participantes, ministros y cantores; y procúrese que los fieles se reúnan para participar en las mismas en una iglesia más importante.
También cuando un único presbiterio es responsable de diversas parroquias, conviene que los fieles de las mismas, en cuanto sea posible, se reúnan en la iglesia principal para participar en estas celebraciones.
Si un párroco tiene encomendadas dos o más parroquias en las cuales hay una notable participación de fieles y las celebraciones pueden realizarse con la debida reverencia y solemnidad, para bien de los mismos fieles el párroco puede repetir, teniendo en cuenta lo previsto por la legislación, las celebraciones del Triduo pascual.


Hay que moverse. En comunidades dispersas y con pocos habitantes, es habitual lo contrario. Pero en estos días debería abundar el sentido común. Las iglesias más importantes de una región son de sobra conocidas. Son aquellas donde se celebra la confirmación con el obispo, por ejemplo. También son aquellas donde se celebra la eucaristía a diario. Por lo que ya se nos está indicando cuál es la opción pastoral más apropiada, al margen de la existencia o no de ministros idóneos y en cantidad suficiente. Lo de la iglesia "principal" queda todavía más señalado en el caso de un presbítero responsable de varias parroquias. Se puede repetir, pero creo que en el caso del Viernes Santo, donde en sentido estricto no se rige por el máximo de tres misas por sacerdote, se debería aplicar el mismo principio. Sobre esta cuestión se dice más adelante:

47. Donde verdaderamente lo exija el bien pastoral, el Ordinario del lugar puede permitir la celebración de otra Misa por la tarde en las iglesias u oratorios, y en caso de verdadera necesidad, incluso por la mañana, pero solamente para los fieles que de ningún modo pueden participar en la Misa vespertina. Cuídese que estas Misas no se celebren para favorecer a personas privadas o a grupos particulares y que no perjudiquen en nada la Misa principal.

Se trata de una solución "intermedia" en el caso del Jueves Santo: celebrar misas en donde se sabe que no se dan las condiciones de los números anteriores y cuyos fieles no pueden participar de la misa vespertina. Aquí sigue rigiendo el principio de las 3 misas como máximo del canon 905 § 2. No obstante, alguno puede decir, y con razón, que en sentido estricto sólo habría que celebrar dos, porque el Jueves Santo no aparecen en algunos lugares como fiesta/solemnidad de precepto (cf. Calendario Litúrgico-Pastoral 2011-2012, Madrid, 2011, p. 22):

can. 905 . Si hay escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto.

Todo esto lo digo porque hay una perspectiva con muy buena intención -de esas que está llena el camino al infierno, como dice el adagio- que su único desvelo es que la gente no se que sin... Pero al final se queda sin celebrar el Triduo, y tiene una misa no participada y celebrada solemnemente de forma unilateral (el solo presbítero). Por eso, es mejor celebrar una misa el Jueves por la mañana o por la tarde que no sea la misa In Coena Domini antes que celebrar esta misa de forma mediocre.

51. El lavatorio de los pies, que, según la tradición, se hace en este día a algunos hombres previamente designados, significa el servicio y el amor de Cristo, que ha venido "no para ser servido, sino para servir" (58). Conviene que esta tradición se mantenga y que se explique según su propio significado.

Pero para mantenerla hay que hacerlo como indica este número y las rúbricas del misal, es decir, hacer el lavatorio a hombres. Sobre esto ya he escrito en un libro y en el blog. Si no se puede, no se puede.
Finalmente, una parte importante del número 43, que también pasa desapercibido:

A fin de que los alumnos de los Seminarios "vivan el misterio pascual de Cristo de manera que sepan después comunicarlo a la comunidad que se les confiará" (48), deberán adquirir una formación litúrgica competente y completa. Es muy conveniente que, durante los años de su preparación en el seminario adquieran experiencia de más ricas y completas formas de celebración de las fiestas pascuales, especialmente de aquellas presididas por el obispo.

Hay una cierta tendencia en irse a parroquias, o lo que es peor, a comunidades rurales, para ayudar a un sacerdote en las celebraciones del Triduo. Así se garantiza un poco el cumplimiento de los números que hemos comentado, trayendo ministros "de fuera" que son los seminaristas. Y seguramente las celebraciones saldrán bien. Pero este deseo de conocer la "realidad" pastoral va en contra de esta parte final del número 43. Se da especial atención a las celebraciones presididas por el obispo. Y es lógico que así sea, porque así se cuidarán los detalles. En los seminarios hay una sentencia un poco pelagiana que dice que lo que hagas mal de seminarista no lo harás de presbítero, etc. Lo mismo se puede decir de las celebraciones del Triduo: lo que no contemples y sepas hacer según lo que indica el misal, no lo harás o te costará hacerlo de presbítero.
El domingo es la fiesta primordial y fundante de los cristianos. El Triduo no tiene, desde un punto de vista teológico, su misma importancia. Pero la complejidad de sus celebraciones y los acontecimientos salvíficos que recuerdan hacen que la Iglesia prevenga sobre su celebración de forma superficial. No seamos, amigos clérigos, en el Triduo unas máquinas dispensadoras de sacramentos/celebraciones. No seamos, amigos bautizados, de los que se conforman con que el sacerdote venga y "cumplir". Aspiremos no sólo a carismas mayores, sino a celebraciones mejores. Que al final la mediocridad acabará afectando psicológica y espiritualmente a sus participantes.

Adolfo Ivorra