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El inicio del año civil, que no del eclesiástico.

Este es un tema del que se suele hablar -o se debería- al comenzar el Adviento, para tratar de "justificar" por qué el año litúrgico no comienza como el año civil. Y es tal la influencia del ámbito "secular", que no sólo tenemos que justificar por qué somos "diferentes", sino por qué no tiene una significación religiosa especial el 1 de enero. Pero lo cierto es que, en líneas generales, el 1 de enero no tiene ningún significado, porque secularmente nació así. A este respecto, me sorprende demasiado que la infinidad de manuales sobre el año litúrgico no se detengan en este tema, limitándose a explicar el inicio del año cristiano y no el civil, y las diferencias entre ellos.
Aunque voy a remitir a otro blog que lo trata de forma exhaustiva, hasta ahora se mantiene que fue el cónsul romano Julio César el que dispone que el 1 enero fuera el comienzo del año. En este día los cónsules comenzaban su mandato. Según el Blog de Eduardo Mosqueira, la culpa la tiene una revuelta en España en el año 153 a. C. que obliga a adelantar el nombramiento de dos cónsules. Sin embargo, creo que se puede decir que es Julio César quien le da su carácter definitivo, que no hizo coincidir el comienzo del año con el solsticio de invierno por motivos supersticiosos. Así que así es: comenzamos el año el 1 de enero por la decisión de un pagano supersticioso... Fin.
Pero como hemos dicho, la influencia secular no se hace esperar. Y en cada región hay una "canonización" de ese día según algún criterio. Hace unas semanas, hablando con un colega liturgista, me confesó su extrañeza ante el hecho de que en el rito hispano-mozárabe el día 1 de enero se celebrara la circuncisión del Señor. Para él lo "normal" era celebrarlo el 2 de febrero. Pero en realidad, lo "normal" sería celebrarlo el 1 de enero, pues es el octavo día desde el nacimiento de Jesucristo, que celebramos el 25 de diciembre. En Roma eso de circuncidar sonaría más tarde a judío, y para cuando se estableció la hoy conocida solemnidad de Santa María Madre de Dios, nos encontrábamos ya en el s. V. Por tanto, es lógico pensar que también en Roma se celebraría anteriormente la Circuncisión del Señor. La datación de la solemnidad de Santa María nos la ofrece el libro "Al año litúrgico" de Mons. Julián López Martín:

Esta solemnidad ha sido la primera fiesta mariana de la Iglesia occidental. Su origen más remoto debió ser la dedicación de la basílica de Santa María la Antigua, en el Foro Romano, dedicación que tuvo lugar el día 1º de enero. Sin embargo, la fiesta se encuentra también en el ámbito de los ritos bizantino y siríaco, remontándose a los años finales del siglo IV, pero en otra fecha: el 26 de diciembre.
El rito romano celebraba el 1º de enero la octava de Navidad, conmemorando la circuncisión del Niño Jesús (cf. Lc 2,21). La vieja fiesta mariana desapareció hasta que en 1931 el papa Pío XI, con ocasión del XV centenario del concilio de Éfeso, instituyó la fiesta de la Maternidad Divina de María para el día 11 de octubre. La reforma litúrgica ha trasladado esta fiesta al 1º de enero, y de este modo ha recuperado la antiquísima celebración de la santa Madre de Dios (p. 237s).

A este último juicio de valor habría que decir que más antiguo sería el recuerdo de la Circuncisión con ocasión de la Octava de Navidad. También que en Oriente no encontramos esa fiesta en ese día. Y, finalmente, que la esta solemnidad de la Madre de Dios no es sino una prolongación de temas del día de Navidad. Este año el evangelio hablaba de los pastores que van a Belén, por ejemplo.
El rito hispano-mozárabe, que por lo menos en cuestiones de calendario suele ser más sensato, sitúa esta fiesta de María el 18 de diciembre, y el 1 de enero celebra la Circuncisión. Este rito dispone de otra misa, que se puede celebrar como misa vespertina del 31 o como misa dominical o ferial entre el 1 y 6 de enero, que se llama In Caput Anni o In Initio Anni. De más está decir que no se compuso necesariamente para el 1 o 2 de enero, sino que se podía adaptar al inicio del año civil. En este sentido, también el rito hispano supone la noción de inicio de año civil, pero el resultado es por lo menos sorprendente. El comienzo del año civil sirve de excusa para mostrar a los fieles que Jesucristo es el Señor del tiempo y de la historia. Por tanto, todo año (litúrgico o secular) y toda medida del tiempo tienen en el Verbo encarnado su consistencia. Así lo vemos en una serie de oraciones:

ALIA
Dios, tú eres siempre el mismo y tus años no se acaban; concédenos pasar el nuevo año con voluntad decidida de servirte...

POST NOMINA
Cristo, que eres el alfa y la omega, el principio y el fin, bendice este sacrificio que te presentamos por el año próximo...

ILLATIO
Es justo y necesario darte siempre gracias, Señor, Padre santo, Dios eterno y todopoderoso por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. El cual, nacido de ti, Dios Padre, antes del tiempo, juntamente contigo y con el Espíritu Santo dio origen al tiempo, y en el curso del mismo quiso nacer del seno de la Virgen María. Él, eterno como es, ha establecido la sucesión de los años durante los cuales el mundo se va desarrollando. Y ha dado al curso de cada año una inconfundible variedad, gracias a las distintas y determinadas etapas de la órbita solar...

AD ORATIONEM DOMINICAM
Señor, tú eres el gran día de los Ángeles y en cambio te hiciste pequeño en el día de los hombres; Eras Palabra de Dios antes de todos los tiempos, y fuiste Palabra hecha carne en el tiempo oportuno; siendo el creador del sol, quisiste vivir bajo el sol...

Podemos resumir estas reflexiones con unas "sentencias":

1) Lo más conveniente es celebrar la Circuncisión del Señor el 1º de enero. Pensemos que es la primera vez que Cristo derrama su sangre, se somete a las prescripciones de la Ley, etc., etc. Da mucho "juego" esa fiesta desde un punto de vista teológico y catequético.

2) La celebración de santa María el 1º de enero corresponde a una celebración local de la ciudad de Roma con la ocasión de la edificación de una basílica. Es como si el 25 de diciembre se dedicara una basílica en nuestra diócesis y por tanto dejara de celebrarse la Navidad. Por muy antigua que sea, siempre hay otra fiesta más antigua y más significativa. Además, repite temas del 25 de diciembre y de las ferias.

3) Una solución intermedia o complementaria estaría en celebrar una misa votiva por el año que comienza, al modo del Initio Anni hispano-mozárabe, que pone de manifiesto que ese niño nacido en Belén no sólo es el Rey de Reyes sino que también es el Cronócrator, el Señor del tiempo y de la historia.