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La Fiesta de la "Natividad del Señor" en el Canon de Cosme de Maiouma

Hoy la Virgen sacia la sed de Adán

En el oficio bizantino de Navidad podemos encontrar troparios de diversos himnógrafos de entre los siglos VI y IX. El Canon del matutino de Cosme de Maiouma, nacido en Damasco entorno al 675, obispo de Maiouma en Gaza desde el 734, murió el 752. Hermano adoptivo de Juan Damasceno, fue junto a él un valiente defensor de la veneración de los iconos. Las nueve odas del Canon contemplan el misterio del Verbo de Dios que nace en la carne de la Virgen María.

El primer tropario presenta los temas teológicos de la Navidad: "Cristo nace, rendidle gloria; Cristo desciende de los cielos, salid a su encuentro; Cristo está en la tierra, levantaos. Al Hijo que antes de los siglos inmutablemente del Padre ha sido engendrado, y en los últimos tiempos de la Virgen, sin concurso de varón, se ha encarnado, al Cristo Dios aclamémosle. Renuevo de la raíz de Jesé, y flor que procede de ella, oh Cristo, eres engendrado del boscoso monte eclopsado, oh digno de alabanza: has venido por medio de una Virgen que no conoce a varón, tú, inmaterial y Dios".

Cosme canta el nacimiento de Cristo como una nueva Creación: "Aquél que, hecho a imagen de Dios, se había perdido por la transgresión, llegando a ser totalmente presa de la corrucción, caído de la altura de la vida divina, el sabio artífice de nuevo lo plasma. El Creador, viendo que se perdía el hombre que con sus manos había hecho, plegados los cielos, desciende, y asume toda la sustancia de la divina Virgen pura, tomando verdaderamente carne".

El poema subraya cómo Cristo en su nacimiento se hace igual a Adán, participando plenamente en la naturaleza humana, para llevarla a la comunión con la naturaleza divina: "Adán hecho de tierra, que había participado de aquel soplo de lo alto, había caído en la corrupción, seducido por la mujer, viendo a Cristo nacido de mujer, grita: Oh tú que por mí te has hecho como yo, tú eres santo, Señor". El texto establece un paralelismo entre Adán seducido por la mujer y Cristo nacido de una mujer, y la invocación de Adán se puede encontrar de nuevo de manera muy similar en un tropario de la Ascensión del Señor ("oh tú que por mí te has hecho pobre"), enlazando su descenso a la tierra con su ascensión.

En la sexta Oda Cosme evoca la figura de Jonás, figura de toda la economía de Cristo, del Nacimiento a la Resurrección: "El mounstro marino, de sus entrañas, ha expulsado como un embrión a Jonás, tal como lo había recibido; el Verbo, tras haber morado en la Virgen y haber asumido la carne, de ella sale, custodiándola incorrupta. Ha venido encarnándose, Cristo nuestro Dios, que el Padre engendra antes de la estrella de la mañana; aquél que tiene las riendas de las potencias inmaculadas, es colocado en un pesebre. El Hijo ha sido parido como un neonato de la arcilla de Adán, y ha sido dado a los fieles. Él es el padre y príncipe del siglo futuro, y es llamado ángel del gran consejo".

Basándose en el libro de Daniel, Cosme en la Oda séptima relaciona a los tres jóvenes en el horno con los pastores de Belén: "Los jóvenes educados en la piedad, despreciando un impío mandato, no se dejaron aterrorizar por la amenaza del fuego, sino que entre las llamas cantaban: Oh Dios de los padres, tú eres bendito. Los pastores que velan en los campos, recibieron una luminosa visión que los dejó costernados: la gloria de Dios brilló a su alrededor, y un ángel gritaba: Entonad cánticos porque Cristo ha nacido. Qué discurso es éste, se decían los pastores; vayamos a ver el suceso, al Cristo divino".

En la Oda novena, siguiento el ejmeplo del cántico de la Madre de Dios en el evangelio de Lucas, Cosme por siete veces canta el misterio de la encarnación: "Proclama, alma mía, a Aquella que es más venerable y gloriosa que las supremas schiere. Proclama, alma mía, al Dios que en la carne de la Virgen ha sido alumbrado. Proclama, alma mía, al rey nacido en la gruta. Proclama, alma mía, al Dios adorado por los magos. Proclama, alma mía, la fuerza de la divinidad. Proclama, alma mía, a Aquella que nos ha rescatado de la maldición. Proclama, alma mía, a Aquella que es más venerable y gloriosa que las supremas huestes".

Finalmente, en un tropario de Romano el Cantor, con imágenes tomadas del Antiguo Testamento, el poeta canta el misterio del nacimiento virginal de Cristo: "Belén ha abierto el Edén, venid a ver: encontramos en lo escondido las delicias; venid, recibamos en la gruta los gozos del paraiso. Allí apareció la raíz no regada que hace brotar el perdón. Allí se encuentra el pozo que ninguno ha excavado, del cual David había en un tiempo en el que había deseado beber: allí está la Virgen que, parido el niño, rápidamente ha saciado la sed de Adán y de David, vayamos corriento entonces al lugar donde ha nacido, como niño pequeño, el Dios que existe antes de todos los niños".

(Publicado por Manuel Nin en l'Osservatore Romano el 25 de Diciembre de 2011; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)