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La Natividad de la Madre de Dios en el Kontakion de Román "el Cantor"

Hoy la estéril Ana da a luz a María, el nido del Señor

La Natividad de la Madre de Dios es una de las fiestas marianas más arcaicas, de origen jerosolimitano, testimoniada ya en el siglo IV e introducida en Costantinopla en el siglo VI y en Roma en el siglo VII.

Los textos del Oficio de la Fiesta en la Tradición Bizantina - toman autores de Jerusalén (Esteban, siglo VI) o de Constantinopla (Sergio y Germán, siglos VII-VIII)- subrayan la oración de Joaquín y de Ana en la angustia de no tener descendencia y el gran gozo en la Natividad de María.

Román "el Cantor" (siglo VI) tiene un Kontakion para la Fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. En la estrofa introductoria el autor resume los temas que más adelante se desarrollarán en el texto y, sobretodo, el misterio que la Fiesta celebra y contempla: a María misma, cantada con los títulos de "Madre de Dios, Inmaculada, Nutriz del género humano", y su Natividad, fuente de gozo para las parejas, la de Joaquín y Ana, liberados de la vergüenza de la esterilidad, y la de Adán y Eva, liberados de la muerte.

Las dos primeras estrofas subrayan la falta de descendencia de Joaquín y Ana y su oración ferviente para obtener el don y la bendición de Dios: la oración de Joaquín tiene lugar en el monte, la de Ana en el jardín (en griego: "paraiso"); con estas dos imágenes Román parece evocar los lugares en los cuales Cristo mismo orará: "La oración y el lamento de Joaquín y de Ana por la falta de hijos fueron acogidos, llegaron a los oídos del Señor e hicieron germinar un fruto portador de vida para el mundo. Joaquín recitaba su oración en un monte, Ana en el jardín soportaba su humillación".

Otras tres estrofas contemplan y resumen el Nacimiento de María y su "Entrada" en el Templo, dos misterios celebrados por las Iglesias cristianas el 8 de Septiembre y el 21 de Noviembre, respectivamente. Joaquín y Ana ofrecen en el Templo los dones prescritos tras el Nacimiento de María: "Joaquín ya había llevado dones al Templo, pero no habían sido agradables: estaba privado de descendencia. Pero en tiempo oportuno él presenta a la Virgen, junto a Ana, con los dones de la acción de gracias. Joaquín invitó a la plegaria a los sacerdotes y levitas y condujo a María hasta ellos".

La quinta estrofa del poema resume el misterio de la "Entrada" y la Vida de María en el Templo, donde vive nutrida por manos de un ángel y entra acompañada de diez vírgenes que portan en sus manos lámparas encendidas. Entonces, sirviéndose de la imagen del riachuelo que brota del templo (Ez 47, 1-12), Román subraya cómo, gracias a la presencia de María, el Templo mismo se convierte en el lugar de donde brota la vida: "Un afluente de vida has hecho brotar para nosotros, Tú que tuviste el don de ser nutrida en el Santuario por un ángel, Tú que eres Santa entre los santos, y Templo y Nido del Señor. Las vírgenes condujeron con lámparas a la Virgen prefigurando al Sol que Ella dio a los creyentes". Además de la imagen de "Templo", Román aplica a María el de "Nido del Señor".

Continua la plegaria de acción de gracias de Ana. El don de Dios por la Natividad de María la hace similar a la otra Ana, por la natividad de Samuel, el profeta; éste, sirviendo, se convierte en sacerdote del Señor, María se convierte en Madre del Señor: "Tú has oido mi súplica, oh Señor, como la de aquella Ana. Ella ofreció a su hijo Samuel para que sirviera como sacerdote al Señor, y Tú también me has hecho un don. Grande es mi ventura porque he engendrado una Hija que engendrará al Señor Dios antes de los siglos, Aquél que después del parto conservará Virgen a la Madre. Será Ella, oh Misericordioso, la puerta por donde Tú descenderás de lo alto de los cielos".

El poeta describe, además, el encuentro y los desposorios de María y José: "María ahora resplandece al volgere delle stagioni y permanece en el templo de los santos. Viéndola Zacarías en la flor de la juventud, por indicación de la suerte, la pone bajo la autoridad de su esposo José, su prometido por voluntad divina. Ella es entregada a él por medio de una vara portada por el Espíritu Santo".

Finalmente Román elenca una serie de títulos que enlazan a María con el misterio de la salvación llevado a cabo por Cristo: "Tu parto, oh venerable Ana, es bendito porque has parido a la gloria del mundo, la deseada mediadora del género humano. Ella es muralla, fortaleza y refugio para cuantos confían en Ella. Todo cristiano tiene en Ella protección, refugio y esperanza de salvación". Cierra el poema una plegaria a Dios, el único amigo de los hombres.

(Publicada por Manuel Nin en l'Osservatore Romano el 8 de Septiembre de 2011; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)