Ir al contenido principal

Personajes: Edmund Bishop (1846-1917).

       Edmund Bishop nació el 17 de mayo de 1846 en Totnes, una pequeña villa del condado de Devon (Inglaterra), donde sus padres trabajaban como gerentes del Hotel Seymour, perteneciente al Duque de Somerset. Su familia no era católica; como la mayoría de las familias del pueblo y de la región donde pasó sus primeros años de vida.

Estudios
       Cuando tenía cinco años muere su padre. Y aunque la familia era numerosa, su madre logró que sus hijos pudieran recibir una educación exquisita en colegios privados como Ashburton y Exeter. A los trece años es enviado a un colegio privado, que ya había frecuentado previamente un hermanos suyo, en Villevorde (Bélgica), donde pasará dos años. En este tiempo logra un gran dominio del francés; descubre el gusto y la afición por el libro El Genio del Cristianismo de Châteaubriend; y le permite conocer la piedad popular en los pueblos belgas.
     Esta experiencia le acerca al movimiento denominado “anglo-catolicismo”, que era una moda controvertida en la Inglaterra de su época. Según el cual, el Anglicanismo estaba en continuidad con la tradición de la Iglesia Católica y de las Iglesias ortodoxas. Este hecho le lleva a adoptar de modo ecléctico ritos, prácticas y elementos de espiritualidad católica.
       Durante el tiempo de estudios, trabajó a modo de secretario del historiador y ensayista británico Thomas Carlyle con el fin de transcribir y copiar sus artículos para la prensa. Este trabajo fue una verdadera prueba de inteligencia para Bishop, ya que Carlyle escribía sus ideas en cualquier papel en forma de garabatos, que posteriormente debían ser descifrados y corregidos por el joven Edmund.
        En el verano de 1962 considera seriamente la posibilidad de convertirse al catolicismo, pero posterga la decisión.

Vida laboral
     Completada su formación con una gran preparación en matemáticas y excelente dominio en el conocimiento de lenguas extranjeras, se preparó para conseguir una plaza administrativa en el Ministerio de Marina, a cargo entonces del Duque de Somerset. Pero inesperadamente se le concede un puesto en el Departamento de Educación de la Oficina del Consejo Privado de la Reina. Comienza así su carrera de funcionario público en 1863, con apenas 18 años; y es en este momento cuando muere su madre.
       El nuevo empleo le procuraba una modesta subsistencia y cumplido su horario de trabajo (11 de la mañana a 5 de la tarde) podía dedicar tiempo al estudio e investigación en la biblioteca del British Museum. Es allí donde entra en contacto con obras como De Antiquis Ritibus de Martène y Musaeum Italicum de Mabillón, que le descubren el tesoro de la liturgia. Precisamente durante el estudio de estas lecturas -verano de 1867-   decide convertirse al catolicismo.
         En 1868 obtiene el permiso para acceder a la sala de los manuscritos de la biblioteca de dicho Museo, y de modo autodidacta adquiere el fundamento de sus conocimientos en paleografía y liturgia. Su primer trabajo consiste en descifrar los fragmentos de un Ordinal de la Abadía de San Agustín en Cantorbéry (Cotton Ms. Vitellius DXVI). Desde este momento transcribe muchos manuscritos y comienza el acopio de notas técnicas en materias diversas. Muchas personas acuden a él para descifrar manuscritos y enriquecerse con sus notas inéditas, práctica que continuará haciendo durante toda su vida. En 1877 descubre la gran Collectio Británica (Addl. Ms 8873) compuesta por más 300 cartas papales que datan de la mitad del siglo XI, y las transcribe y analiza en 1878. A falta de medios para publicar dicha colección en Inglaterra, la entregó a la colección  Monumenta Germaniae, y fué utilizada por Ewald, Miklosish, Racki, Löwenfeld y otros.
         De este tiempo hemos de destacar su asidua dedicación a la lectura y su prodigiosa memoria. Leía con una rapidez asombrosa y nunca olvidó lo que leía.
         Durante unas vacaciones en Francia, conoció a uno de los amigos que ejercerá más influencia en él: el abad Armand Malais, sacerdote de la iglesia de St Martin en Rouen. Este eclesiástico se interesaba de las particularidades específicas de las liturgias locales, en particular de Normandia, y anima a Bishop a conocer este campo de estudio; así como interesarse también por el Concilio Vaticano I. Precisamente fue este sacerdote francés quien, con el pretexto de presentar un libro, facilitó el encuentro entre el joven Edmund y el cardenal Newman, una de las figuras más señeras del catolicismo inglés de su época.

Encuentro con los benedictinos
          A partir de 1880 visita varios monasterios benedictinos: Maredsous, Erdington, Buckfast y Downside; este último en 1883, bajo la dirección de Dom Francis Aidan Gasquet. Le impresionó Downside. Bishop simpatiza plenamente con el prior Gasquet y los demás monjes. Quiere contribuir al desarrollo intelectual de este monasterio dejando allí su impresionante biblioteca personal, y prepara junto con los religiosos de esta abadía una monumental historia de los benedictinos ingleses, proyecto que no tendrá continuidad.
      Precisamente por su experiencia en Downside, se plantea de nuevo, a sus 40 años, la pregunta vocacional: abandonar su vida de funcionario público o entrar en el monasterio. Decide entrar en la comunidad benedictina. Por este motivo tiene que pedir una jubilación anticipada del trabajo, al que no podrá volver posteriormente. Pero no se adapta a la vida benedictina y vuelve a la vida normal, conservando una buena relación con los monjes de la abadía. Desde entonces vivirá en condiciones materiales limitadas.

Investigación litúrgica
        Tras la experiencia en Downside retoma su vida de investigador en el British Museum de Londres. Allí está investigando desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde, interrumpiendo su estudio sólamente para comer y pasear con su amigo Gasquet. Continúa el análisis de revistas y manuscritos litúrgicos.
        El prior Gasquet renuncia a su misión por razones de salud y se traslada a Londres, donde continuará trabajando con su amigo Bishop hasta 1901. En la primavera de 1890 preparan juntos la obra de Gasquet Eduardo VI y el Libro del Common Prayer, a propósito de las primeras liturgias protestantes inglesas,. Sin embargo el excesivo trabajo comienza a tener sus primeras consecuencias en la salud de Bishop. Su médico le recomienda tomarse un descanso y vuelve a la abadía de Maredsous. Allí continúa sus estudios lingüísticos, cotejando gramáticas flamencas y danesas, y orienta algunos trabajos de Dom Germain Morin, Dom Ursmer Berlière, Dom Suitbert Bäumer y otros monjes, con quienes mantendrá una colaboración amical desde entonces.
        En esta época comienza a ocuparse del proyecto de creación de una Sociedad dedicada a la edición de textos bíblicos. El principal promotor de esta idea era un anglicano John Wickham Legg. Laico, autodidacta en los estudios litúrgicos, activo y respetado en este campo dominado por el clero. En julio de 1890 se constituye la sociedad bajo el nombre de Henry Bradshaw, un erudito bibliotecario de la universidad de Cambrigde, muerto poco antes. La Sociedad manifiesta su interés por la liturgia; pero está bajo el patronazgo de los obispos anglicanos y dominada por el clero de la misma confesión. La participación de los católicos era delicada. En el otoño de 1890, los liturgistas católicos Dom A. Gasquet, E. Bishop y W.H.J. Weale discutían sobre su eventual participación pública en la nueva Sociedad. Gasquet como sacerdote debía abstenerse de asistir a la reunión inaugural. Asistieron los laicos E. Bishop y E. Green. La Bradshaw Society se reunió el martes 25 de noviembre en la espléndida sala Jerusalén de la Abadía de Wetminster, con una lista de 175 personas inscritas, en la que había algunos obispos anglicanos y miembros católicos: Léopold Delisle, Antonio Ceriani, el abad Dúchense y Dom Hildebrando de Hemptinne, entonces abad de Maredsous y posteriormente Abad Primado de los benedictinos. El comité elegido fija un programa de publicación que incluye el Breviario de Hereford, el Antifonario de Bangor y una liturgia griega; posteriormente se asume por influencia de Bishop la edición del Consuetudinario de la Abadía Santa María de Cork. Pero, poco tiempo después, los católicos se retiran, excepto Delisle y Bishop, quien será elegido en 1909 vicepresidente con Mercati. Será el mayor honor que recibirá Bishop como liturgista.
         A partir de este momento comienzan a incrementarse los problemas de salud, sin embargo no impiden su asombroso trabajo y sus viajes a Beuron, Maredsous y Roma. En este momento dedica muchos esfuerzos a clarificar la historia de los sacramentarios relacionados con el Rito romano, y por este motivo examina los conservados en Roma.
         Participa en los debates a propósito de los planos de la catedral de Westminster, cuya primera piedra fue puesta en junio de 1885, y se debate la posibilidad de establecer en ella una comunidad de benedictinos.
         La estima de su amigo Gasquet y su conocimiento de la sociedad inglesa motivan su implicación en los diálogos entre Roma y Westminster, iniciados en el pontificado de León XIII, por quien manifiesta una gran admiración. En 1895, Bishop acompaña a su amigo Gasquet a Roma, y allí participa en las reuniones de la Confederación benedictina recientemente creada, debatiendo sobre el estilo de vida de los benedictinos ingleses. En 1896, Gasquet es nombrado miembro de la Pontificia Comisión para el estudio de la validez de las ordenaciones anglicanas. Este es el motivo por el que Bishop, a pesar de las continuas dificultades de salud, interviene en 1897 en los debates públicos a propósito del documento pontifical sobre las ordenaciones anglicanas Apostolica curae. Participa también en la preparación de las redacciones públicas del Cardenal Vaughan.
       En mayo de 1897 hizo una nueva visita a Roma para algunas cuestiones de la Confederación benedictina inglesa.
     Todos esta actividad redujo su enormemente su producción de obras litúrgicas, aunque trataba de aprovechar los viajes para enriquecer sus estudios. Por ejemplo, la visita a Roma de 1895 fue la ocasión de revisar los tesoros romanos en materia litúrgica y el viaje de regreso pasó por Paris y Cambrai, para ver el famoso manuscrito Cambrai 164. Cuando vuelve a Roma en 1987 hace algunas investigaciones en la biblioteca del Palacio Corsini sobre las cuestiones de la Congregación de los benedictinos ingleses en el siglo XVII, e investiga también en la Biblioteca Vaticana, donde pudo precisar la datación del Salterio Reginensis y demostrar sus semejanzas de escritura con el Reginensis 257, llamado Missale Francorum.
        En 1902 es consultado por la Comisión de reforma del Breviario Romano, establecida por León XIII en noviembre de ese mismo año. Hizo algunas propuestas basadas en detalles de los Breviarios diocesanos franceses post-tridentinos. Bishop nunca habló de esta consulta y se ha conocido al tener acceso a estos documentos en 1953.
      Entre 1896-1897 se dedica a examinar el Theologischer Jahresbericht con el fin de buscar una bibliografía litúrgica básica para su trabajo. Al mismo tiempo examina el Sacramentario de Nevers; hace una compilación de comentarios escriturísticos de san Cirilo de Jerusalén y san Basilio Magno; y colabora con Dom Hugo Connolly en el estudio de textos litúrgicos nestorianos. Su actividad intelectual es enorme en estos años. Aprovecha este tiempo para leer las obras de los teólogos clásicos anglicanos y luteranos; dedica mucho tiempo a la corrección de artículos de otros autores; dicta algunos artículos personales; examina en Cambrigde el manuscrito del Libro de Cerne; y pasa un trimestre entero ayudando a Taunton a preparar la publicación de su obra English Black Monks.

Genio del Rito Romano
        El año 1898 fue relativamente tranquilo. Se dedica, sobre todo, a publicar algunas críticas bibliográficas y algunos breves artículos. Sin embargo, el ritmo de trabajo se acelera en 1899 por la investigación de diversas liturgias griegas y la preparación del texto de una famosa conferencia, publicada posteriormente con el título Genio del Rito Romano (The Genius of the Roman Rite).
         Se trata de un discurso preparado por invitación de la Historical Research Society (sociedad católica fundada en 1892) e impartida el 8 de mayo de 1899 en el palacio episcopal de Westminster, en presencia del cardenal Vaughan y un grupo de católicos entusiastas. Fue publicada primeramente en 1902, y posteriormente en su obra Liturgica Historica, que apareció como trabajo póstumo en 1917.
     Se trata de una sencilla descripción de la sobriedad y simplicidad del genio propio del Rito romano. A través de varios ejemplos, expone el contraste entre los elementos puramente romanos y los elementos galicanos incorporados posteriormente al Rito romano. De este modo muestra las condiciones que determinaron el desarrollo de la misa occidental en el periodo crítico comprendido entre los siglos VII y IX, momento en el que se fusionan los dos grandes modelos litúrgicos: el romano y el hispano-galicano. Trata de mostrar que el oscurantismo que algunos atribuyen al Rito romano no formaba parte de su original esencia. 
            Se descubre en este escrito una influencia directa de la obra El genio del cristianismo de Chateaubriand, del libro La montée et la chute de l’Empire romain de Gibbons, así como de los estudios de Dom Guéranger. Bishop manifiesta que la liturgia romana conoció un largo desarrollo en el que su espíritu primitivo había sido revestido por elementos de culturas diferentes, velando la liturgia pura de la época clásica. En este breve escrito, redactado en forma de ensayo, manifiesta su gran conocimiento de los manuscritos estudiados, sus vastas investigaciones bibliográficas, sus lecturas asiduas y variadas durante treinta años y su dominio en las lenguas antiguas y modernas.
      A pesar de la celebridad que adquirió este breve escrito, Bishop manifestó que no se trataba de una investigación rigurosa, sino de un discurso proclamado oralmente en lenguaje popular.

Últimos años
       Tras este interesante trabajo, continúa con la revisión y transcripción de manuscritos. Investiga sin intención inmediata de publicar lo estudiado, simplemente desea tomar notas para completar su conocimiento litúrgico. Se dedica principalmente al estudio del Libro de Cerne y de las relaciones complejas entre las liturgias hispana, céltica, galicana e italianas, sobre todo, relacionándolas con la piedad popular.
      Sin embargo, los últimos años suponen una cierta frustración, porque la ciencia litúrgica de los autores más jóvenes no valoraba su obra; y las instituciones y sociedades dedicadas al fomento de los estudios litúrgicos, le decepcionan. Le escandalizan las posiciones modernistas y la situación intelectual del momento le parecía estéril.
            Los últimos quince años vive con su hermana y sobrina, la señora y la señorita Crosskey, en una nueva casa en Barnstable. Allí se dedica a estudiar la obra de Amalario, los orígenes de la Liturgia de las Horas, la tradición manuscrita de los sacramentarios gregorianos y el texto del Canon romano, la historia del altar cristiano, la Carta de Gregorio Magno a Agustín de Cantorbery, y se interesa también por la piedad popular en relación con el desarrollo de la liturgia.
      Consideraba el estudio de la liturgia como la parte más noble de los nuevos estudios comparados de las religiones. Su preocupación era desarrollar la metodología y la técnica necesaria para buscar los orígenes romanos de los ritos y de los textos. Esto requería distinguir la procedencia de los elementos hispanos, celtas y anglosajones fusionados con el Rito romano a lo largo de la historia. Este estudio se encaminaba a publicar un Manual de estudio de las liturgias occidentales. Trabajó también con Mercati en un proyecto de publicación del Eucologio Barberini; se interesó por los elementos devocionales anteriores a la conquista romana de las Islas Británicas, tal como aparecían en la edición del Saltaerio de Bosworth, publicado por Gasquet; y elabora unas consideraciones comparativas sobre los ritos orientales impresos que aparecen en el apéndice al libro The Liturgical Homilies of Narsai de Dom Hugo Connolly. Colabora también en la Enciclopedia of Religión and Ethics de Hastings.
            Los últimos diez años estuvieron marcados por una alternancia entre periodos de actividad intensa y otros de fatiga y enfermedad. Su interés en esta época se centra en la historia de la liturgia romana entre los siglos V al X, sobre la forma de los ritos orientales en los primeros siglos y sobre los restos de la liturgia medieval inglesa.
            En 1914, su amigo Gasquet es creado Cardenal. En septiembre de 1916 padece una neumonía y su médico le informa que no tiene curación. Se debilitó aún más a principios de 1917 y sus facultades descendieron casi completamente. Estuvo lúcido hasta el momento de su muerte ocurrida en Barnstaple mientras leía el periódico el lunes 19 de febrero de 1917, a los 70 años de edad. Por propio deseo fue enterrado en el cementerio de la abadía de Downside.
    Tanto la Iglesia Católica como la sociedad inglesa sintió su pérdida. Fue admirado por los intelectuales de su tiempo, consultado por la Curia romana y los obispos católicos ingleses sobre algunas cuestiones eclesiales difíciles en aquel momento, y valorado en el ámbito internacional, aunque su reconocimiento no fue inmediato, sino posterior a su obra póstuma. Edmund Bishop fue un verdadero sabio y un ejemplar católico, apasionado por el estudio de la liturgia, hasta el punto que en 1909, John Wickham le definió como “el más ilustre liturgista vivo”.

Aurelio García Macías
Publicado en Pastoral Litúrgica 312 (2009) 311-318.