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V Domingo de Cuaresma en la Tradición Bizantina: "de Santa María Egipcíaca".

Continuando el ciclo de la Cuaresma, hoy comentamos el icono de Santa María Egipciaca. Se nos presenta otra penitente que se prepara para configurar su vida en el desierto. Es una santa que fue muy querida en Occidente y como este año los calendarios occidentales y orientales hacen coincidir las fiestas del triduo pascual, pedimos que esta santa interceda por nosotros, para que nos convirtamos al perdón que lleva a la unidad.

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Una antigua tradición cuenta que, en el siglo V, un santo sacerdote, Zózimo, después de haber pasado muchos años de monje en un convento de Palestina, dispuso irse a terminar sus días en el desierto de Judá, junto al río Jordán. Y que un día vio por allí una figura humana, que más parecía un esqueleto que una persona. Se le acercó y le preguntó, recibiendo esta respuesta: "Yo soy una mujer que he venido al desierto a hacer penitencia por mis pecados". Como estaba desnuda, Zózimo se desprendió de su mando para taparla y la mujer le narró su historia. Su nombre era María, proveniente de Egipto.

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Desde los 12 años, llevada por sus pasiones y su libertinaje, se fugó de casa. Se dedicó a la prostitución y corrompió a muchas otras personas. Más tarde se sumó a un grupo de peregrinos que iban de camino a Jerusalén, al Santo Sepulcro, para la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Ella quería divertirse y conocer mundo, recopilando el dinero necesario ofreciendo favores sexuales a todos los que se encontraba en el camino. Cuando llegaron los devotos peregrinos comenzaron a rezar y accedieron el Santo Sepulcro. Cuando quiso entrar ella, sintió en la puerta del templo que una mano que la detenía y le impedía el acceso. Tras realizar tres intentos escuchó una voz que decía: "Tú no eres digna de entrar en este sitio sagrado, porque vives esclavizada por el pecado". Ella se puso a llorar, pero de pronto levantó los ojos y vio allí una imagen de la Madre de Dios (un icono de la Theotokos fuera de la iglesia), que parecía mirarla con cariño y compasión. Se arrodilló llorando y le dijo: "Madre, si me es permitido entrar al templo santo, yo te prometo que dejaré esta vida de pecado y me dedicaré a una vida de oración y penitencia. Y le pareció la Virgen sincera la promesa y le permitió entrar. Una vez dentro, lloró amargamente y pidió por muchas horas el perdón de sus pecados. Estando en oración una voz le decía: "En el desierto más allá del Jordán encontrarás tu paz".

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María egipciaca se fue al desierto y allí permaneció cuarenta años, en oración y meditación de la Palabra y haciendo penitencia. Se alimentaba de dátiles, de raíces, de langostas y del agua del río Jordán. Durante diecisiete años vivió atormentada por la tentación de volver otra vez a Egipto y volver a la mala vida anterior, pero un amor grande a la Virgen fue el que le sostuvo en la debilidad.

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Zózimo, una vez conocida su historia, la visitaba y le portaba los sacramentos. La penitente le hizo prometer al santo anciano que no contara nada hasta que ella hubiera muerto. Era Jueves Santo y San Zózimo le llevó la Sagrada Eucaristía quedando para la próxima visita en la fiesta de Pascua. Cuando rompió el alba, Zosimo levantó los ojos al cielo y rezó: "Oh Señor mi Dios, rey y creador de todas las cosas, haz que te vuelva a ver en esta doncella santa". Cuando el santo llegó la encontró muerta, tumbada sobre la arena, con una inscripción en un pergamino: "Padre Zózimo, he pasado a la eternidad el Viernes Santo, día de la muerte del Señor, contenta de haber recibido su santo Cuerpo en la Eucaristía. Ruegue por esta pobre pecadora, y devuélvale a la tierra este cuerpo que es polvo y en polvo tiene que convertirse".

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La devota tradición cuenta que el monje no tenía herramientas para hacer el agujero de la sepultura, entonces un león le ayudó a realizar el hoyo en la arena. Zózimo al volver de allí narró a los monjes la emocionante historia, y pronto junto a aquella tumba empezaron a obrarse milagros y prodigios y la fama de la santa penitente se extendió por muchos países. Su cuerpo permaneció incorrupto y visible a los ojos de los peregrinos. La historia permaneció viva por tradición oral hasta que fue escrito por San Sofronio.

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Es una fiesta que en Oriente se coloca en este quinto domingo de Cuaresma, invitándonos al arrepentimiento. Del mismo modo que María egipciaca quiso entrar en el Sepulcro del Señor, nosotros nos aproximamos al misterio de su muerte y resurrección en la Santa y Gran Semana. Todos los misterios de la vida de Cristo se deben realizar en nosotros, para participar de la transformación de nuestras vidas. La Vida de Santa Maria de Egipto se lee durante la Gran Cuaresma junto con el gran canon de San Andrés de Creta.

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Tropario (Tono 8) "En ti fue preservada la imagen con exactitud, Oh Madre María; Porque llevaste la Cruz y seguiste a Cristo. Obraste y enseñaste a pasar por alto al cuerpo siendo perecedero; Y de ciudar las cosas del alma por ser inmortal. Por eso, Oh Piadosa, se regocija tu espíritu eternamente junto a los Ángeles".

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Kontakio (Tono 4) "Tu que alguna vez fuiste llena de toda clase de fornicación, Eres ahora vista como la Novia de Cristo por tu arrepentimiento. Imitaste y emulaste la vida de los ángeles, Por la Cruz aniquilaste las hordas demoníacas; Por ello eres ahora la novia en el Reino de los Cielos, ¡Oh humilde María!".

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En occidente llega esta historia por medio de una devota tradición del siglo XIII, siendo muy difundida la devoción a la santa en nuestro Siglo de Oro español. Posteriormente, San Alfonso de Ligorio y muchos otros predicadores narraron muchas veces y dejaron escrita en sus libros la historia de María Egipciaca. El Templo circular de Portunus de Roma fue preservado como iglesia de santa María de Egipto en el año 872.

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En la iconografía occidental es representada como una anciana canosa muy bronceada, semivestida y portando los signos de la penitencia. Algunas veces le acompaña el león que ayudó a Zózimo a cavar la tumba. También se la representa a menudo con los tres panes que compró antes de emprender su viaje al desierto. Junto con San Jerónimo penitente formaba pareja de santos penitentes de occidente. Hay una capilla dedicada a Santa María egipciaca en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, que conmemora el momento de su conversión.

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Daniel Rodríguez Diego