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Miércoles IV de Cuaresma - Estación en San Pablo "Extramuros".

La estación de hoy era junto a la tumba de Pablo donde tenía lugar el tercer "escrutinio" de los aspirantes al Bautismo: no debemos olvidar que antiguamente la Cuaresma era sobretodo la inmediata preparación al bautismo de los neófitos, que eran admitidos por primera vez a escuchar la Palabra de Dios en una celebración litúrgica llamada "In aperitione aurium". En frente están las catacumbas de Comodilla, donde nichos impolutos de Mártires y pinturas testimonian la fe de los primeros cristianos. La basílica no era la actual, sino la llamada “dei tre imperatori” porque fue decretada e iniciada por los emperadores Valentiniano, Teodosio y Arcadio en el año 384. ¡Era una maravilla! Hay obras de antiguos artistas tales como el arco triunfal de Galla Placida, obras de Pietro Cavallini, de Arnoldo di Cambio autor de la capilla del Crucificado, como de Poletti que reconstruyó el templo que fue destruido tras el incendio accidental, a causa de los restos de un brasero que, en el bajotecho, reanimado por un viento impetuoso, encontró fácil salida en las gruesas y antiguas vigas de cedro del Libano. Al pontífice de entonces, Pío VII, que estaba muriendo en el palacio del Quirinal, se le ocultó el enorme desastre. En el interior son todavía visibles algunas obras maestras como el admirable candelabro pascual obra de Vassalletto, el claustro de Calderini lleno de pulidas columnas, que sobre la lucentísima fachada adquiere resplandores de fuego al caer el sol; la preciosísima obra del claustro, la novísima puerta de Maraini, que retrata a Pedro y Pablo. Con la luz que penetra por las ventanas de alabastro el peregrino es llamado a mirar la luz de Cristo para ser iluminado y avivado en el espíritu. (Traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)