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"María al pie de la Cruz" en la Tradición Bizantina.



Madre esposa de Dios nosotros te magnificamos


En Cuaresma la tradición bizantina celebra la Divina liturgia solamente el Domingo y el Sábado. En las diversas horas litúrgicas encontramos los troparios llamados theotókia, dedicados precisamente a la Madre de Dios (theotókos), donde se expresa su dolor al pie de la cruz, junto al dolor pero sobre todo a la fe de toda la Iglesia.


Los textos presentan el asombro de María frente a la crucifixión del Hijo. Es el dolor de la Madre que se une al de toda la creación: "Toda la creación lloraba y se lamentaba dándose golpes. Y la pura Virgen, tu Madre, doliente a ti gritaba: Ay, Hijo mío, dulcísimo Salvador mío, se habrá visto jamás este espectáculo nuevo, extraordinario y extraño?". En algunos troparios asistimos a un dialogo entre María y Cristo: "Hijo amadísimo, qué espectáculo inaudito ven mis ojos? Y él a ella: Madre Inmaculada, esto se revelará para la gloria del mundo".


El dolor y la consternación de la Madre destacan el contraste entre Cristo dador de vida y aquellos que dan la muerte: "Porqué el pueblo te clava en la cruz a ti, el único dador de la vida, dulcísima luz mía?". Uno de los theotòkia del tercer Domingo de Cuaresma, dedicada a la santa Cruz, resuma la fe cristiana: "Hoy aquel que por esencia es inaccesible, se convierte para mí accessibile, y sufre la pasión para liberarme de las pasiones; Aquél que da la luz a los ciegos, recibe salibazos de labios inicuos y, por los prisioneros, ofrece los hombros a los flagelos. Viéndolo en la cruz, la pura Virgen y Madre dolorosamente decía: Hijo mio, Tú, espléndido de belleza más que todos los mortales, apareces sin respiro, desfigurado, sin forma ni belleza! Mi luz! No puedo verte atormentado, son heridas mis entrañas y una dura espada me traspasa el corazón".


Las preguntas de María al pie de la cruz se convierten en profesión de fe de la Iglesia: "Oh Hijo mío, coeterno al Padre y al Espíritu, qué es esta inefable economía, por la cual has salvado a la criatura plasmada por tus manos inmaculadas?". La fe cristiana, formulada en los primeros grandes concilios ecumenicos, es resumida en estos troparios: "¡Aquella que al final de los tiempos te ha parido, oh Cristo, viéndote pender de la cruz, engendrado del Padre que no tiene principio, gritaba: Jesús amadísimo! ¿Cómo es posible que tú, glorificado como Dios por los ángeles, seas ahora voluntariamente crucificado, oh Hijo, por inicuos mortales? Cuando de ve alzado en la cruz, tu Madre inmaculada, oh Verbo de Dios, maternamente gimiendo decía: Qué es éste espectáculo, Hijo mío, nuevo y extraño? Cómo eres abocado a la muerte tú, vida del universo?".


Maria y la Iglesia al pie de la cruz lloran a Aquél que voluntariamente ha salido de Ella, aquél que verdaderamente es Dios y hombre, el Verbo encarnado: "Oh Virgen toda inmaculada, Madre de Cristo Dios, una espada traspasó tu alma santísima cuando tu Hijo y Dios voluntariamente crucificado. Frente a la pasión del Hijo, la pura, gimiendo dolorosamente, gritaba con este lamento: ¿Cómo han podido entregarte al juicio de Pilatos a , que incesantemente los ángeles glorifican con himnos? Me acojo, oh Verbo, a tu gran e inexplicable compasión!". Los theotòkia insisten en la muerte voluntaria de Cristo en la cruz: "Tu Virgen Madre, oh Cristo, viéndote muerto, tendido sobre el leño, en el llanto gritaba: ¿Qué es, Hijo mío, este terrible misterio? ¿Cómo tú que donas la vida eterna a todos, mueres volontariamente en cruz?".


Otro aspecto relevante de estos textos litúrgicos es el paralelo establecido entre Cristo y María, el "cordero" y la "cordera", un tema que la liturgia bizantina retoma en los textos de la Semana Santa: "Viéndote, oh Verbo, crucificado con los ladrones, cual cordero paciente, atravesado el costado por la lanza, la cordera como madre exclamaba: ¿Cómo puede una tumba cubrir abarcar al Dios incircunscribible? Viéndote, pastor inmaculado, colgado en el leño, la cordera gimiendo como madre gritaba: A la muerte te han entregado, a cambio de la nube que acompañaba a tu pueblo en el paso del mar rojo".


Puede sorprender en algunos troparios la insistencia en el parto indoloro de María, mas son textos que se centran en el contraste entre la alegría del parto de María y su dolor por la crucifixión, pero de cualquier manera pone en paralelo dos iconos, el del nacimiento de Cristo y el se María a los pies de la Cruz de Cristo: "¿Qué es este hecho prodigioso e inusitado? Así la Virgen gritaba al Señor como madre: los dolores que no he conocido al parirte, oh Hijo, siento penetrantes mi corazón".


Maria, como la Iglesia, intercede al pie de la cruz: "Oh Virgen toda inmaculada, Madre de Cristo Dios, una espada traspasó tu alma santísima cuando viste a tu Hijo y Dios voluntariamente crucificado: no ceses de suplicarle, oh bendita, porque en este tiempo de ayuno nos da el perdón de las culpas".
(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 7 de Marzo de 2010;


traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)