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Edición Facsímil de los "Cantorales Mozárabes del Cardenal Cisneros"

Los cantorales mozárabes de Cisneros. Catedral de Toledo, Toledo; Madrid, Cabildo de la Catedral Primada, Instituto Teológico San Ildefonso; Sociedad Española de Musicología, Ministerio de Cultura, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Primatialis Ecclesiae Toletanae Memoria; 11), 2011, 2 vols. Edición facsímil preparada por Ángel Fernández Collado, Alfredo Rodríguez González e Isidoro Castañeda Tordera.

Coincidiendo con el reciente Simposio Internacional sobre el Antifonario de León, el Canto Mozárabe (Viejo-Hispánico) y su entorno litúrgico musical (León, 24-26 marzo de 2011) se han presentado dos ediciones facsimilares de gran utilidad para facilitar un acceso directo a las fuentes musicales visigóticas -o mozárabes- que destacan, entre otras razones, tanto por su excepcionalidad como por las dificultades de lectura que entrañan. Por un lado, el facsímil del célebre Antifonario de la Catedral de León y, por otro, la publicación aquí tratada, que aparece en el seno de la colección de publicaciones del Cabildo de Catedral de Toledo, ya con el número 11. Se trata de una edición global que recoge en dos volúmenes la reproducción en escala de grises de los cuatro cantorales mozárabes conservados en el Archivo de la Catedral de Toledo (fondo Capilla Mozárabe). Entre los especialistas, estas cuatro obras son conocidas habitualmente como los Cantorales de Cisneros, pues fue el arzobispo toledano Jiménez de Cisneros (1436-1517) el promotor de esta empresa libraria a inicios del siglo XVI. Junto con el duplicado de los cuatro cantorales mozárabes, la publicación se completa con toda una serie de bellas reproducciones en color procedentes de la significativa colección de manuscritos visigóticos depositados en la Biblioteca Capitular de la Catedral de Toledo que, amén de su indudable interés litúrgico, incluyen diversas secuencias musicales, anteriores, por tanto, a la reforma gregoriana, que debieron de inspirar el futuro trabajo cisneriano. No se puede olvidar que, a pesar de lo exiguo de este tipo de códices, el conjunto de la Biblioteca catedralicia debe complementarse con los manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid, uno de ellos copia de Palomares del siglo XVIII, y el códice del Museo de los Concilios de Toledo. En los dos volúmenes de esta obra destaca igualmente una completa recopilación de láminas que trata de aproximarse a la iconografía del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, tanto en su condición de eclesiástico como de político destacado en la gobernación del reino en el periodo bisagra que transcurre de los Reyes Católicos a la entronización de Carlos I. El facsímil va precedido de un estudio introductorio del canónigo archivero-bibliotecario, D. Ángel Fernández Collado, en el que aborda el contexto histórico que contempla el nacimiento de este proyecto musical del siglo XVI que bebe de fuentes altomedievales. Como analiza el autor, en la estela de los estudios de autores como Susana Zapke o Casiano Rojo y Germán Prado, el impulso reformador y humanista de Cisneros le llevó a interesarse por la precaria situación en que vivían los templos mozárabes de Toledo, cuya vida eclesial languidecía a causa de la obsolescencia y pobreza de sus manuales litúrgicos. Este aspecto preconiza en cierto modo la incidencia que luego pondrá la Iglesia tridentina en una adecuado soporte material de libros y ornamentos para el servicio cultual. No obstante, quizá más determinante para la atonía sentida por el oficio mozárabe, era la distancia cultural cada vez mayor entre la insuficiente formación de los párrocos mozárabes y las fuentes litúrgicas que debían utilizar. Según se señala, tampoco fue baladí en este proceso de restauración mozárabe la fundación de la capilla del Corpus Christi en el ámbito catedralicio, hecho que incrementó todavía más la necesidad de un corpus litúrgico fiable y contrastado para los nuevos capellanes, del mismo modo que una serie de textos musicalizados propios. Por eso, como señala Fernández Collado, la publicación de los Cantorales mozárabes de Cisneros, preparados para su interepretación en el desarrollo del culto de la nueva capilla, no puede entenderse sin la aparición de los dos libros que sustentaban el entramado litúrgico del rito local, el Missale mixtum, impreso en 1500, y el Breviarium de 1502. El artículo preliminar tiene además la virtud de abordar un catálogo no sólo de los cantorales del fondo mozárabe en facsímile sino que también compila las fichas de los mencionados ocho códices visigóticos de la Biblioteca Capitular (BCT, Ms. 33-1; BCT, Ms. 33-3; BCT, Ms. 35-3; BCT, Ms. 35-4; BCT, Ms. 35-5; BCT, Ms. 35-6; BCT, Ms. 35-7; BCT, Ms. 35-8), los cuales estuvieron al servicio de las parroquias mozárabes de la ciudad de Toledo en una horquilla que va al menos desde el siglo X en su ejemplar más antiguo hasta el siglo XIII, hecho que testimonia la vitalidad de la tradición litúrgica hispano-visigoda en el devenir de la Iglesia toledana medieval. Al lado de una descripción física de sus caracteres externos e internos, el listado de los manuscritos visigóticos tiene una utilidad notable en la publicación, por cuanto ejemplifica los antecedentes musicales en que los expertos de la comisión formada en torno a Cisneros tuvieron que apoyarse para reconstruir la sonoridad del rito toledano. En este sentido, un análisis de los ejemplares muestra, desde el punto de vista musicológico, la manera en que en Toledo convivieron los dos sistemas de notación «mozárabe» identificados por la crítica, el norteño y el toledano. Sobre estos cimientos, Cisneros y su equipo de colaboradores, versados liturgistas, historiadores y filólogos encabezados por el doctor y canónigo Alonso Ortiz, fabricaron su particular visión del canto mozárabe, generando una «restauración» de la tradición hispano-goda guiada por sus ideales reformadores, pero también, inevitablemente, por sus incomprensiones. Esto significa que el especialista capaz de interpretar el lenguaje musical de esta edición facsímil será capaz de advertir que la plasmación musical del proyecto de Cisneros está contaminada por elementos musicales extraños a una original «música mozárabe», difícil de reconocer en toda su pureza. Al decir de Fernández Collado, el fondo de sencillez y emotividad que subyace a este tipo de música litúrgica, que persigue una empatía profunda con el fiel, está pasado por el tamiz de los expertos de la reforma de Cisneros. Así, en los cuatro cantorales convive lo mozárabe con melodías medievales de corte aquitano y gregoriano. Al mismo tiempo, rellenan sus carencias interpretativas acudiendo a fragmentos musicales conocidos por los autores de los cantorales en los ambientes de la composición de esos años. Los Cantorales I y II, copiados por el clérigo Luis de Aguado, guardan una cierta unidad, pues contienen los oficios correspondientes al recorrido del año litúrgico y al Común de los Santos, y especifican una serie de antífonas y laudas propias de la liturgia mozárabe. Por su parte, los números III y IV parecen proceder de una misma mano, y contienen respectivamente el Offerentium u ordinario de la misa, y el oficio de difuntos junto con el ritual correspondiente al santoral de las parroquiales mozárabes de la ciudad (San Lucas, Santa Eulalia, San Sebastián, San Torcuato, San Marcos y Santas Justa y Rufina). Cada una de las reproducciones de los cantorales van acertadamente precedidas por índices que desglosan los esquemas litúrgicos que corren paralelos a la notación musical. Por esta razón, esta publicación rebasa los intereses del mero músico o historiador de la música, para situarse en posible foco de interés del liturgista, aunque también de cualquier lector interesado en conocer el engranaje de la liturgia mozárabe, ajena para un público amplio por su carácter local. Con mayor profundidad, la edición ofrece como colofón una selección bibliográfica a través de la cual el lector tiene la oportunidad de ampliar los temas que rodean al concepto «mozárabe». La aparición del facsímil de los Cantorales mozárabes de Cisneros nos sumerje en una materia tan desconocida como es la vivencia de la primitiva Iglesia hispánica. Una gran parte de la comunidad científica interesada por la música mozárabe, que procede de fuera de España, encontrará en esta publicación una fuente fundamental para avanzar en sus investigaciones. En contra de lo aventurado por Donovan en su estudio del drama litúrgico medieval, los desarrollos del culto mozárabe debieron de gozar de una ornamentación musical bien elaborada que ha sobrevivido con modificaciones en estos cuatro cantorales de la Capilla Mozárabe. Es indudable que los cantorales que mandó realizar Cisneros constituyen un indicador de que la representación musical no fue privativa de la Iglesia posgregoriana. A la vez, el conocimiento del proyecto de confección de los mismos nos pone en guardia sobre el manido concepto de una esencia «mozábe» inmutable e igual a sus orígenes. Desde la misma Edad Media, con una cultura de fuerte impronta oral, la tradición visigótica fue sometida a diversas transformaciones y contagios del ceremonial gregoriano que fueron reflejándose en el canon litúrgico escrito y en su acompañamiento melódico. En conclusión, se podrá comprobar que la intervención de Cisneros, que toma cuerpo en la edición de estos cantorales, fue una de tantas reformas que versionaron el rito toledano, un culto al que todavía le quedaba por afrontar los cambios de Trento y las reformas de la Ilustración, llegando finalmente a su admisión total y al fortalecimiento que, como ritual autóctono, le confirió el Concilio Vaticano II.

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Isidoro Castañeda Tordera