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La Cuaresma en la tradición siro-occidental

Dichosos tus invitados a la bella ciudad de Caná!
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La Cuaresma en la tradición litúrgica siro-occidental es precedida por un tiempo pre-cuaresmal que inicia con el Ayuno de los Ninivitas, que tiene como referencia y modelo al pueblo de Nínive, que se convierte tras la predicación del profeta Jonás. En estos días de ayuno se hace conmemoración de los difuntos - sacerdotes, peregrinos y fieles- y esto indica que la Iglesia y la tradición litúrgica siro-occidental están muy vinculadas al paso de los peregrinos hacia los Santos Lugares y las tumbas de los Mártires.

La liturgia de la Cuaresma comienza con el llamado Lunes del óleo y uno de los himnos de san Efrén nos da la clave de lectura: "Con óleo santificado son ungidos, en vista a la expiación, los cuerpos manchados. Purificados mas no destruidos. Descienden manchados por el pecado y vuelven puros como un niño". Se trata de un rito de unción catecumenal originariamente, que más tarde se extiende a todos los fieles; la liturgia lo conecta también a la unción de Betania: "Cuán dulce es la voz de la pecadora, cuando dice al perfumista: Dame el óleo y dime su precio; dame el óleo de más calidad y lo mezclaré con el dolor de mi llanto, para poder ungir al Primogénito del Altísimo; confío en el Señor que por medio de este óleo me serán perdonados los pecados. El Señor vio su fe y la perdonó".

Los seis Domingos cuaresmales toman el nombre del texto evangélico que es leído: el milagro de Caná; la curación del leproso; la del paralítico; la del siervo del centurión; la resurrección del hijo de la viuda de Naín; la curación del ciego Bartimeo. La liturgia siríaca quiere destacar y subrayar en Cristo el aspecto de taumaturgo y de juez.

El milagro de Caná inicia la serie de prodigios contemplados a lo largo de la Cuaresma, para indicar la misericordia, el perdón, la salvación y la vida que nos vienen dadas por Cristo, médico de los hombres. En las vísperas del primer Domingo este aspecto es desarrollado prolijamente: "Médico bondadoso que todo lo curas por medio del arrepentimiento, Señor, soberanamente bueno y príncipe de los médicos, fuente de vida y principio de las curaciones, que curas nuestras almas por medio de las enfermedades corporales. Tú que has sido llamado verdadero samaritano nuestro y que para liberarnos de las llagas de nuestros pecados has derramado sobre ellas óleo y vino misteriosos. Tú, médico de los corazones y sanador de los sufrimientos nos has signado con el signo de la cruz, sellado con el sello santo del santo óleo, alimentado con tu Cuerpo y tu Sangre; embellece nuestras almas con el esplendor de tu santidad; protégenos de toda caída y toda mancha y haznos llegar a la heredad dichosa reservada a aquellos que han hecho obras de penitencia".

La tradición siríaca, además, ve en el milagro de Caná la unión esponsal de Cristo con su Iglesia, con la humanidad entera; en Caná el verdadero esposo es Cristo mismo que invita a la humanidad sufriente y pecadora a unirse a Él para portarla a la verdadera estancia nupcial que es el jardín del Edén. San Efrén canta: "Dichosos tus invitados, bella ciudad de Caná! Ellos gozan de tu bendición y las vasijas llenadas por su palabra anuncian que en Tí se encuentran los dones celestes que alegran el pasto del paraiso".

El vino nuevo que une a los comensales es símbolo de la preciosa sangre que une a Cristo mismo: "Tú que, como esposo prometido redimes a la Iglesia con tu sangre, Tú que alegras a los comensales de Caná, alegra a tu Iglesia con tu Cuerpo". La liturgia siríaca vede ancora las vasijas como modelo del alma que llega a ser lugar de una admirable transformación, donde Cristo mismo renueva todo lo que es viejo.

A lo largo de los Domingos de Cuaresma, la tradición siro-occidental, antes de la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor, quiere celebrar los milagros con los cuales el Salvador ha querido manifestar su misión divina entre los hombres. El oficio matutino de todos los Domingos cuaresmales contiene esta plegaria: "Señor misericordioso, que en tu compasión has descendido a la naturaleza humana, Tú has purificado al leproso, abierto los ojos a los ciegos, resucitado a los muertos, haz que nuestras almas sean purificadas y nuestros cuerpos santificados; que se abran los ojos de nuestro corazón para comprender tus enseñanzas a fin de que, con los pecadores arrepentidos, elevamos la alabanza". Los milagros narrados y celebrados en estos Domingos nos llevan a contemplar los prodigios de la gracia divina en las almas de los hombres; de esta manera muchos de los textos litúrgicos de la Cuaresma terminan siempre con el mismo estribillo conclusivo: "También nosotros, Señor, te rogamos: toca nuestro espíritu y purifícalo de toda mancha y de toda impureza del pecado, y ten piedad de nosotros".
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el día 17 de Febrero de 2010;
traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)