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"Anunciación" en la Tradición Siro-Occidental.

Has hecho de la tierra un segundo cielo

En la Tradición siro-occidental (o antioquena) el año litúrgico comienza ocho Domingos antes de Navidad, un tiempo que está dividido en dos periodos: Dedicación (o consagración o renovación) de la Iglesia (dos Domingos) y Anunciación (seis Domingos).
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En los primeros domingos los temas son muy parecidos y forman el único misterio del inicio del camino de la Iglesia, en la oración y en la alabanza, hacia Cristo. Un aspecto es la prefiguración veterotestamentaria de la Iglesia: "A ti la alabanza, Jesucristo, roca firme e inexpugnable sobre la cual ha sido fundada la santa Iglesia. Ella es prefigurada en la roca de la cual Moisés hizo fluir admirablemente doce riachuelos para dar de beber al ingrato Israel. Ella posee los ríos místicos del Edén que por la rectitud de la doctrina esparce una bebida divina. No está apoyada sobre columnas de bronce o de hierro sino sobre los profetas que han revelado las cosas secretas, sobre los apóstoles predicadores de los misterios y sobre los mártires que han seguido las huellas de Cristo. Ella no se gloría de tener el Candelabro de los siete brazos, sino el Sol de justicia y las Estrellas de la mañana que son los doctores inspirados por el Espíritu Santo".
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La Iglesia es vista, pues, como fuente y lugar de la luz y de la verdad, que transmite la verdadera fe, y es el lugar de los sacramentos: "Iglesia santa, esposa llena de luz, álzate y recibe a tus verdaderos pastores que en su celo han recibido la ciencia divina. Haz retornar a aquellos que se han desviado de la verdad, complácete en el Cordero de Dios así como a ti te ha sido transmitido por los Apóstoles y por los Santos Padres, y aleja de ti a los que abandonan la fe verdadera. Esta Iglesia David la cantaba, esta hija del rey, adornada no en modo figurado como la tienda de Moisés, sino por el manto espléndido de la fe, el Bautismo, los Dones del Espíritu Santo, el Santo Altar y la Sangre del Cordero sin mancha, su esposo, rey de reyes, y por las estrellas que son los doctores inspirados por el Santo Espíritu".
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Los seis Domingos de la Anunciación- también la tradición ambrosiana cuenta con seis Domingos de Adviento (también la liturgia hispano-mozárabe*), mientras que la tradición romana tiene cuatro- contemplan la preparación y el anuncio de la salvación que viene por la Encarnación del Verbo eterno de Dios a través de sus perícopas evangélicas que dan el nombre a cada uno de los domingos. Así, los textos del primer domingo, de la Anunciación a Zacarías, presentan las promesas hechas por Dios, que encontrarán cumplimiento en las diversas anunciaciones de los domingos sucesivos, destacando también el progreso del cristiano en el conocimiento del misterio divino.
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La Anunciación a María, en el segundo domingo, subraya la realidad de la Encarnación del Verbo y los títulos cristológicos de la Maternidad de María: "Sin mutación, encarnado por la Virgen y por el Espíritu Santo, aparece como un hombre en el mundo, haciendo de la tierra un segundo cielo. Nosotros te saludamos, llena de gracia, madre del Creador del mundo entero; nosotros te saludamos bendito vellón que has acogido al Verbo de Dios como el rocío; te saludamos, colina sagrada de donde salió la roca sin intervención humana; te saludamos, dulce paloma, porque tu Creador ha crecido en tu seno, como un niño; te saludamos, luz de Aquel que se sienta sobre las tinieblas y sombras de muerte".
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En el tercer Domingo, Domingo de la Visitación, progresa la comprensión de la Economía divina: "Isabel proclamó: Con qué palabras podré proclamar perfectamente la gloria de los misterios que se cumplen en ti? Por ti es cancelado el documento que Eva nuestra madre había escrito, por ti acaba la maldición. Por esto adoro tu seno, y a Aquel que lo habita yo le digo: Dios de nuestros padres que te nos has manifestado, seas bendito por siempre"
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El Nacimiento de Juan Bautista, celebrado el cuarto domingo, llega a ser motivo de gloria y preanuncio del nacimiento de Cristo, en contraste, típico del siríaco, entre dos sinónimos como verbo y palabra: "Cuando llegó por el Verbo el tiempo de su manifestación, una palabra fue mandada por un nacimiento, como fue dicho: da un fruto a aquella que era avanzada en los años y alegra su espera; es gloria para la madre que pare un fruto deseable y deseado".
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En el quinto Domingo, Domingo de la Anunciación a José (o Domingo del Sueño), la duda de José subraya el misterio escondido y sobretodo la Virginidad de María.
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Finalmente llega el sexto Domingo, de la Genealogía del Señor: "Nace como un hombre sin perder su divinidad; fue envuelto en pañales y mamó leche como los niños. Hijo del Padre, Verbo eterno, nacido de su sustancia antes de todos los siglos, tiempos y generaciones; tu que estás más allá de todo razonamiento humano, has querido nacer de la Virgen pura no esposada a causa de tu grande amor por nuestra raza humana. Tú has nacido en el humilde Belén, tú que llenas los cielos; has querido dormir en una miserable gruta, tú que estás sobre los querubines; has querido ser envuelto en pañales, tú que llenas la tierra de los diversos colores y has puesto en el cielo las estrellas".
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(Publicado por Manuel Nin en L'Osservatore Romano el 29-XI-2009; traducción del original italiano: Salvador Aguilera López)
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(* Añadido del Traductor)