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El diácono en el Ceremonial de los Obispos (I).

Como hemos venido haciendo en los últimos posts, continuamos considerando el orden de los diáconos. Ahora citaremos los textos que indican cómo se desenvuelve el diácono en las acciones litúrgicas según el Ceremonial de los Obispos. Seguiremos de forma general la traducción del CELAM, que actualmente es la única traducción oficial en castellano. Según el caso, subrayaremos alguna indicación que sea digna de ello.

Parte I: La liturgia episcopal en general.

Capítulo II: Oficios y ministerios en la liturgia episcopal

Los diáconos

25. Pertenece a los diáconos en las acciones litúrgicas: asistir al celebrante, servir al altar, tanto en lo referente al libro, como al cáliz, dirigir oportunas moniciones al pueblo, proponer las intenciones de la oración universal y proclamar el Evangelio.

Si no está presente ningún otro ministro, supla él según la necesidad los oficios de los demás.

Si el altar no está de cara al pueblo, el diácono siempre debe volverse a la asamblea cuando le dirige moniciones.

Este principio, evidentemente, rige también las moniciones hechas por el presbítero.


26. En la celebración litúrgica que preside el Obispo, haya por lo menos tres diáconos: uno que sirva al Evangelio y al altar, y otros dos que asistan al Obispo. Si son varios, distribuyan entre sí los diversos ministerios, y por lo menos uno de ellos preocúpese de la participación activa de los fieles.

Capítulo IV: Algunas normas más generales

65. La vestidura litúrgica común para todos los ministros de cualquier grado es el alba, que debe ceñirse a la cintura con el cíngulo, a no ser que esté hecha de tal manera que pueda ajustarse al cuerpo sin necesidad de cíngulo. Pero antes de ponerse el alba, si ésta no cubre perfectamente el vestido ordinario alrededor del cuello, póngase el amito. El alba no puede cambiarse por una sobrepelliz, cuando se ha de vestir la casulla o la dalmática, o cuando la estola cumple la función de casulla o dalmática. La sobrepelliz ha de llevarse siempre sobre la sotana.

Los acólitos, lectores y demás ministros, en vez de las vestiduras antes mencionadas, pueden usar otras legítimamente aprobadas.

67. La vestidura propia del diácono es la dalmática, que se reviste sobre el alba y la estola. La dalmática se puede omitir por necesidad o por una solemnidad de grado menor.

El diácono lleva atravesada la estola, desde el hombro izquierdo, pasando sobre el pecho, hacia el lado derecho del tronco, donde se sujeta.


Por tanto, no es la estola. De ahí que en la Instrucción Redemptionis Sacramentum recomienda no omitir su uso (n. 124): "La vestidura propia del diácono es la dalmática, puesta sobre el alba y la estola. Para conservar la insigne tradición de la Iglesia, es recomendable no usar la facultad de omitir la dalmática".

74. En la Misa, en la celebración de la Palabra y en una vigilia prolongada, mientras se proclama el Evangelio, todos están de pie y, de ordinario, vueltos hacia el que lee.

El diácono se dirige al ambón llevando solemnemente el Evangeliario, lo preceden el turiferario que lleva el incensario y los acólitos que llevan cirios encendidos.

El diácono, de pie en el ambón y vuelto hacia el pueblo, después de que haya saludado a la asamblea, teniendo juntas las manos, con el dedo pulgar de la mano derecha signa con el signo de la cruz, primero el libro sobre el principio del Evangelio que va a leer, después se signa a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, diciendo: Lectura del Santo Evangelio.


La razón de las manos juntas para el gesto diaconal de la lectura del Evangelio tiene que ver con lo que se dirá en el núm. 104, cuando al hablar de las manos extendidas se menciona al obispo y al presbítero pero no al diácono. Se puede intuir aquí una expresión ceremonial del carácter esencialmente ministerial del diaconado según la mentalidad actual.

Se signa sobre el principio del Evangelio (+) y se hace según indica arriba, sin hacer la señal de la cruz depués sobre todo el cuerpo, como se hace al rezar el rosario.

El Obispo, a su vez, se signa, de igual manera, en la frente, la boca y lo mismo hacen todos los demás.

Después, al menos en la Misa estacional, el diácono inciensa tres veces el Evangelio, es decir, en el medio, a la izquierda y a la derecha. En seguida lee el Evangelio hasta el final.

Terminada la lectura, el diácono lleva el libro para ser besado por el Obispo, o el mismo diácono lo besa, a no ser que como se dijo en el n. 73, la Conferencia Episcopal haya determinado otro signo de veneración.

No se especifica quién decide, si el mismo diácono u otro. Besar el evangeliario, por tanto, no es una "prerrogativa" del obispo.

Si no hay diácono, el presbítero pide y recibe la bendición del Obispo y proclama el Evangelio, tal como se indicó antes.

81. Al Obispo que preside o participa en una sagrada celebración sólo con el hábito coral, lo asisten dos canónigos revestidos con su hábito coral, o presbíteros o diáconos con sobrepelliz sobre la sotana.

Después de la reforma litúrgica puede ser difícil comprender el por qué del número 81. La tendencia que existe es que el diácono lleve siempre alba porque así es más fácil ceñirse la estola del lado derecho. Sin embargo, hay que recordar que antes de la reforma litúrgica, en la celebración de los demás sacramentos -fuera de la misa- sólo el obispo llevaba alba. Se trata, por tanto, de una vestidura que de suyo es más "solemne" que el sobrepelliz, por lo que no parece lógico que los que asisten al obispo la lleven mientras que éste no.

El número 81 afecta a las demás celebraciones que se encuentran en el Ceremonial de los Obispos en las que el Obispo se encuentra con hábito coral.


9o. El Obispo, si está en la cátedra, o en otra sede, se sienta para poner incienso en el incensario, de no ser así, pone el incienso estando de pie; el diácono le presenta la naveta y el Obispo bendice el incienso con el signo de la cruz, sin decir nada.

Después el diácono recibe el incensario de manos del acólito y lo entrega al Obispo.

Esta última rúbrica es contradicha por el número 140: en este número no se da la opción para que el Obispo ponga el incienso de pie y nada se dice sobre el diácono que recibe el incensario de las manos del acólito. Observando las citas a pie de página del número 90 -que cita al anterior Caeremoniale episcoporum- podemos decir que este es el modo ordinario en que el Obispo recibe el incensario -siempre de manos del diácono-, pero en el momento de la proclamación del evangelio el obispo no tiene nunca el incensario ya que no lo va a usar.

96. ...El diácono inciensa a todos los concelebrantes al mismo tiempo.

Por último, el diácono inciensa al pueblo desde el sitio más conveniente.

99. El Obispo celebrante, después que el diácono dice: Daos fraternalmente la paz, da el saludo de paz por lo menos a los dos concelebrantes más cercanos y después al primer diácono.

Nos encontramos con otro gesto que diferencia al diácono de los presbíteros. Aunque el diácono asiste al Obispo y siempre le acompaña, no recibe primero el gesto de la paz.

100. Mientras tanto los concelebrantes, los diáconos, los demás ministros y también los Obispos acaso presentes, se dan de modo semejante unos a otros el saludo de paz.

El Obispo que preside la sagrada celebración, sin que concelebre la Misa, da la paz a los canónigos, o a los presbíteros, o a los diáconos que lo asisten.

104. Es costumbre en la Iglesia que los Obispos o los presbíteros dirijan a Dios las oraciones estando de pié y teniendo las manos un poco elevadas y extendidas.

107. ...También los concelebrantes y ministros, mientras van caminando o están de pie, tienen las manos juntas, a no ser que tengan que llevar algo.



Adolfo Ivorra