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Oficio catedralicio hispano-mozárabe.


"El Oficio catedralicio, una de cuyas características es la fuerte oposición a su monasticización, tenía sólo las dos horas principales, el vespertino y el matutino y su estructura era compleja y muy variable en cantos, himnos y oraciones; en los días litánicos o penitenciales se añaden las tres horas menores; consta en diversos Concilios la costumbre de celebrar diariamente estas dos horas principales y se invita al clero a que asista para que recen al final la plegaria dominical y se bendiga a los fieles presentes"

"El Oficio catedralicio se distingue principalmente, no por su obligatoriedad, sino por su unidad. Una característica llamativa del Oficio catedralicio es la desaparición a veces de los salmos en cuanto tales, pues se desmembraron en versículos, alternándolos con antífonas sálmicas y otras frases bíblicas; costumbre nacida posiblemente en el siglo VI bajo la influencia bizantina en contra de los visigodos arrianos [...] Existen dos tipos de Oficio catedralicio: el ferial ordinario más arcaico, y el dominical-festivo (domingos, fiestas y solemnidades), que reflejan las diversas fases evolutivas y se distinguen por su estructura y por los textos utilizados" (P. Fernández, Historia de la Liturgia de las Horas, Barcelona, 2002 , 162s).