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¿Mantel de colorines?


Flash litúrgico publicado en Liturgia y Espiritualidad 40 (2009), 379.

En algunas ocasiones, cuando se entra en una iglesia, uno recibe un golpe visual de lo más desagradable al mirar el altar. O cuando ve las fotografías posteriores a una celebraciones eucarística con jóvenes o niños. Los ojos perciben un mantel que es todo un atentado a la estética y al buen gusto, con colores y formas que no usaríamos para vestir la mesa en una fiesta familiar.

Pero, ya se sabe... eso del gusto es muy subjetivo, aunque quizás no tanto: como suele suceder cuando se habla de este tema, en una ocasión alguien advirtió que "sobre gustos no hay nada escrito", para justificar los suyos, a lo que su interlocutor respondió diciendo: "perdone, pero sí hay mucho escrito, y yo lo he leído".

También nosotros hemos leído lo que dice la Institutio del Misal Romano al respecto, y en el número 117, cuando describe lo que hay que preparar para la misa con pueblo dice: "Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco". Y en el 394, en el marco de la disposición del presbiterio para la celebración sagrada, leemos: "Por reverencia a la celebración del memorial del Señor y al banquete en que se distribuye el Cuerpo y Sangre del Señor, póngase sobre el altar en el que se celebra por lo menos un mantel de color blanco, que, en forma, medida y ornamentación, cuadre bien con la estructura del mismo altar".

Por tanto, ¿la Institutio dice que el mantel del altar puede ser de colorines? Pues no; dice con una claridad meridiana que debe ser blanco, con una ornamentación que no sea una patada en la boca del estómago, sino en armonía con la estructura del mismo altar.

Jaume González Padrós