Ir al contenido principal

Epifanía.


La liturgia posconciliar ha sido totalmente fiel a la tradición romana y occidental de la fiesta de la manifestación del Señor . Por eso contempla el mismo misterio de la Navidad que la solemnidad del 25 de diciembre; pero lo hace destacando dos aspectos muy concretos: el primero es la revelación de la gloria infinita del Hijo unigénito del Padre, y el segundo es la llamada universal de todos los pueblos a la salvación de Cristo. Ambos aspectos están, no obstante, entrelazados.
"¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz;
la gloria del Señor amanece sobre ti" (Is 60, 1).
El texto lírico del profeta de la consolación de Israel, primera lectura de la misa y del Oficio de lectura , invita a mirar con esperanza al futuro, a la gloriosa epifanía del final de los tiempos, que ya ha sido cumplida anticipadamente en el nacimiento de Jesús:
"Mirad que llega el Señor del señorio;
en la mano tiene el reino,
y la potestad y el imperio" ( intr. ).
"Rey de reyes y Señor de señores" (Ap 19, l6), viene, como corresponde a su dignidad regia, precedido de una estrella (cf. Mt 2, 1-12: ev .). "Los reyes de Tarsis y de las islas le pagan tributo; los reyes de Saba y de Arabia le ofrecen sus dones, ante él se postran todos los reyes de la tierra" (Sal 71, 10-11: salmo r .); éste es el tema que destaca, ante todo, la liturgia de las Horas, tomando los salmos mesiánicos del Rey-Mesías: el l35 ( Vg l34), el 72 ( Vg 71), el 96 ( Vg 95), el 97 ( Vg 96), el 98 ( Vg 97, etc.; y cantando el himno cristológico de l Tim 3, l6 ( l Vís .), enmarcado en la siguiente antífona, que nos da la clave del papel que los Magos desempeñan en esta solemnidad:
"Esta estrella resplandece como llama viva
y revela al Dios, Rey de reyes;
los Magos la contemplaron
y ofrecieron sus dones al gran Rey"
En efecto, los Magos son los reyes anunciados por el Salmo 72 ( Vg 71), y le ofrecen oro e incienso, como profetizó Isaías (cf. lª lect .). La creencia popular, otra vez, se da la mano con la interpretación que la liturgia hace de la Biblia. Pero es significativo el simbolismo de los dones ofrecidos: oro como Rey, incienso como Dios -el pueblo añadirá: mirra como hombre, porque esta goma resinosa y perfumada aparece en la pasión (cf. Mc l5, 23; Jn l9, 39)-. Los Magos no sólo ha reconocido al Rey-Mesías que bascaban, sino que han adorado al Dios que se les manifestó, La honestidad del sabio que busca la verdad con humildad y constancia, recibe como premio la revelación del que es la Sabiduría infinita de Dios.
La Iglesia, también con humildad y sencillez, reconoce que "los dones" que ofrece "no son oro, incienso y mirra, sino Jesucristo, el Hijo de Dios, que se manifiesta, se inmola y se nos da en comida" en el misterio eucarístico ( superobl. ). La liturgia nos dice así donde podemos nosotros buscar y encontrar al Cristo que adoraron los Magos.
Pero esta manifestación de la divinidad del Rey-Mesías es también revelación de la salvación destinada a todos los hombres: "Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en Jesucristo por el evangelio", dice San pablo (Ef 3, 2-3.5-6: 2ª. lect .). Y añade San León Magno "Celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquel en que comenzó la salvación de los paganos" ( lect. patr. Of. Lect .).
La colecta de la misa lo declara también: "Señor, tú en este día revelaste a tu Hijo unigénito, por medio de una estrella, a los pueblos gentiles", mientras el prefacio da gracias por ello:
"Porque hoy has revelado en Cristo,
para luz de los pueblos,
el verdadero misterio de nuestra salvación;
pues, al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal,
nos hicistes partícipes de la gloria de su inmortalidad".
Extracto del libro de Julián López Martín, El año litúrgico , Madrid, 1984.