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Cánones litúrgicos de los Concilios hispano-visigóticos.

F. M. Arocena, Cánones litúrgicos de los concilios hispano-visigóticos, CPL (Cuadernos Phase 237), Barcelona 2017, 204 págs.

El profesor Félix Arocena, de la Universidad de Navarra, nos presenta un subsidio especialmente útil para aquellos que estén interesados en conocer la historia de la liturgia hispano-mozárabe en el primer milenio cristiano. El mérito del autor consiste en haber identificado los cánones litúrgicos contenidos en la edición de José Vives y disponerlos temáticamente. Después de una breve introducción histórica general al período y la geografía de los concilios recopilados, se presentan unas introducciones a cada concilio que son especialmente útiles para situarlos en su contexto histórico (págs. 18-35). Los concilios comienzan en el año 300/306 en Elvira y terminan en el año 694 con el concilio XVII de Toledo.
Algunos aspectos introductorios de la obra pueden ayudar al lector poco familiarizado con los temas conciliares y con la liturgia visigoda a comprender mejor algunos aspectos característicos. Sin embargo, como pasa con los cánones de todo concilio de la antigüedad, en no pocas ocasiones muestran unas prerrogativas y pretensiones que van más allá de su jurisdicción o de su influencia. Desde estas coordenadas se deben comprender los cánones que hablan de unificación litúrgica en la península (págs. 37-45).
La distribución temática del capítulo II nos ofrece cánones acerca del bautismo, eucaristía, oficio divino, año litúrgico, las “celebraciones” –unificación litúrgica, ritos episcopales, vasos sagrados, canto litúrgico, etc.–, los fieles –obispos, clero catedral, clérigos, diáconos, catecúmenos, lectores, penitentes, enfermos, niños, herejes y sacerdotes de los gentiles (conversos)– y el espacio sagrado.
Seis apéndices concluyen esta breve pero interesante recopilación. El Ordo celebrandi Concilii es especialmente pertinente, habida cuenta de que se trata de una recopilación de textos conciliares que, como todo concilio, tiene una ritualidad litúrgica. El segundo apéndice recoge algo no contemplado en el actual Missale Hispano-Mozarabicum: el anuncio de la fecha de Pascua. El tercero nos muestra un elenco de los principales concilios locales, desde el siglo III al VII. La selección bibliográfica ocupa el siguiente apéndice, que es mayormente histórica. El penúltimo apéndice es el índice onomástico, donde se ve con claridad la influencia del profesor Manuel González López-Corps, como reconoce el mismo autor en su apartado “Al lector” (pág. 7). El último apéndice comprende el muy útil índice de materias, que bien recuerda al del Ceremonial de los Obispos romano.
Si habría algo que valorar de forma crítica esto sería, principalmente, el seguir teniendo por válida la distinción de las llamadas “dos tradiciones del rito” (pág. 110) que, tanto personalmente como en opinión de otros estudiosos del rito –J. Janini, por ejemplo–, probablemente nunca existió. Alguna otra cuestión referente a los colores litúrgicos también entraría dentro del terreno de lo opinable (pág. 128).
Hechas estas posibles salvedades, la complejidad del trabajo realizado y el significado de la obra no pueden pasar desapercibidos. Calificaría este libro como subsidio necesario e ineludible para comprender mejor la historia visigoda del rito hispano, además de permitir al lector actual el acceder a una obra ya agotada y de difícil acceso como son los Concilios visigóticos e hispano-romanos (Barcelona-Madrid 1963) de J. Vives (†1978) en los que se ha fundamentado el autor para su recopilación. Para la futura edición de los demás libros litúrgicos por reformar de la liturgia hispana, este subsidio será, sin duda, de gran ayuda.

Adolfo Ivorra