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San Juan Bautista en el rito hispano-mozárabe.


Resumen
                  La figura de san Juan Bautista en el rito hispano-mozárabe tiene una gran importancia en el año litúrgico del rito. Su presencia va más allá de la celebración de su nacimiento y muerte, extendiéndose a un domingo precedente y a textos y lecturas de adviento y epifanía. Juan es considerado como amigo del Esposo (Cristo), santificado en el seno materno, Precursor, ángel, luz y voz del Verbo, entre otros títulos. Heraldo de la Verdad, puso los cimientos de la Iglesia por su predicación y por su invitación al seguimiento de Cristo.

Palabras clave:                     Liturgia hispana. Exégesis litúrgica. Año litúrgico.

Abstract
                  The character of Saint John the Baptist in the hispanic-mozarabic rite has a great importance in the liturgical year of the rite. His presence goes beyond of the celebration of his birth and death, spreading to a precedent Sunday and to texts and readings of Advent and Epiphany. John is considered as friend of the Husband (Christ), sanctified in the mother’s womb, Precursor, angel, light and voice of the Verb, amongst other titles. Herald of Truth, he puts the basements of the Church by his preaching and by his exhortation to the following of Christ.

Key words:                              Hispanic liturgy. Liturgical exegesis. Liturgical Year.


 Adolfo Ivorra

Artículo publicado con algunas variaciones en Hispania Sacra 62 (2010) 375-405.

«En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista» (Mt 11, 11). Los bautizados del rito hispano-mozárabe han tomado este versículo del evangelio de Mateo al pie de la letra. En el actual Missale Hispano-Mozarabicum (=MHM), su celebración no tiene parangón en el calendario. Ésta tiene el rango de solemnidad y el domingo anterior a ella se conoce como Domingo que precede al nacimiento de san Juan Bautista. Aún teniendo en cuenta las directrices del Concilio Vaticano II sobre la primacía del ciclo de tempore sobre el de sanctis[1], la Comisión para la renovación de los libros litúrgicos hispano-mozárabes mantuvo este domingo precedente en el actual misal, que gira en torno a la figura de san Juan Bautista. Además, se celebra también su decapitación. Mucho se ha dicho hasta ahora sobre la sensibilidad mariana del rito hispano. Sin embargo, el hecho de que la natividad del Bautista pueda condicionar un domingo del año litúrgico –cosa que ninguna fiesta mariana ha logrado– nos confirma que su figura tiene una importancia mayor que todo el santoral, incluyendo a los apóstoles[2]. Los fieles hispanos han creído firmemente las palabras de Mt 11, 11, y han considerado que incluso en el Reino de los Cielos san Juan Bautista es también el “mayor” de los nacidos de mujer[3].
Hay varias razones por las que Juan el Bautista llega a tener esta importancia en nuestro rito. En primer lugar, y esto afecta al período mozárabe, hay que tener en cuenta que para el Islam fue considerado como profeta[4]. En segundo lugar, y esto afecta especialmente al período visigótico pos-martirial, Juan Bautista fue considerado como modelo para los monjes y ascetas. Sin embargo, también existen datos en la eucología eucarística que indican que también en la época martirial Juan el Precursor fue también modelo de los mártires[5].

1. En los calendarios

            Los calendarios antiguos no suelen recoger los domingos, pero sí las fiestas de los santos. No encontramos en ellos una mención del domingo precedente a san Juan Bautista (natividad), pero todos ellos coinciden en registrar el 24 de junio el nacimiento y el 24 de septiembre su decapitación[6]. Sin embargo, el calendario de Ripoll (s. X-XI) registra una vigilia el 23 de junio[7]. En este calendario son varios los santos que poseen vigilias, aunque se trate de un grupo selecto[8]. En otros calendarios, el 23 de junio se celebra san Nicolás, obispo, o santa Tecla, por lo que la vigilia de san Juan no debería ser conocida por muchos. M. Férotin nos transmite unos datos interesantes sobre el 24 de junio: «Le mot Alhansora, ou mieux Alhansara, est (d’après Simonet) celui dont se servaient les Arabes d’Espagne pour désigner la fête de saint Jean-Baptiste»[9]. Citando un calendario de córdoba, fechado por él hacia el 961, dice: «Est dies Alhansora. Et in ipso retentus fuit sol super Iosue filii Nini (Nun) prophete. Et in ipso est festum Natiuitatis Iohannis, filii Zacchariae»[10]Este calendario incluye alusiones a hechos del Antiguo y Nuevo Testamento, además de dar brevísimas noticias sobre el santo de cada día. El «atrevimiento» de este calendario nos indica ya el carácter cósmico del día. El acontecimiento de Josué lo desarrolla una illatio (prefacio) del tiempo Cotidiano: sic Josue, invocans Dominum, in tanto nomine dum hostem prosternit diem tetendit, ut Iesus noster lux vera venturus in excidio tenebrarum semper excresceret[11]. Los formularios del domingo precedente a la solemnidad del Precursor y los formularios De Cotidianohan estado siempre vinculados porque el domingo precedente interrumpe la sucesión de domingos cotidianos y él mismo se enmarca dentro de la teología cotidiana. Aunque esa illationo se contiene en el domingo precedente[12], es claro que el autor del calendario pudo inspirarse en este insólito acontecimiento[13] recogido por la illatio para situar la solemnidad del Bautista en un contexto cósmico.
La victoria de Josué frente a los cinco reyes amorreos por medio de la oración sirve de excusa en la illatio para introducir la relación tipológica con Cristo, que no es tanto Josué – Cristo, sino la luz solar y Cristo como luz. La prolongación del día por la oración de Josué, dejando el sol en medio del cielo, es tipo de Cristo, luz verdadera (cf. 1Jn 2, 8) que crece tras vencer a las tinieblas. El solsticio de junio es, en realidad, el trasfondo del calendario que le mueve a escoger el acontecimiento de Josué para demostrar que Dios tiene poder sobre el cosmos. Es en este solsticio cuando, en el hemisferio norte, comienza el verano. Normalmente se sitúa el solsticio en torno al 21 de junio –día más largo del año–, pero es probable que para los antiguos este hecho no fuera evidente del todo, por lo que la fiesta del nacimiento del Bautista es el 24. Lo mismo cabe afirmar del solsticio de invierno, que se sitúa en torno al 22 de diciembre, cuando la navidad de Cristo se celebra el 25. El texto de la illatio, posible inspirador del acontecimiento aludido por el calendario cordobés, hace alusión a luz de Cristo, y esto tiene mucho que ver con el solsticio de verano: las tradiciones religiosas pre-cristianas ven en dicho solsticio un día de purificación por el fuego. De ahí la tradición de las hogueras. Esta vinculación entre Cristo y el día del nacimiento de Juan se explicitará en los textos eucológicos.
Con respecto al 24 de septiembre, Férotin recoge del calendario cordobés: «In ipso est Latinis festum decollationis Iohannis, filii Zaccharie»[14]. A esto, comenta: «Les Grecs célèbrent encore aujourd’hui la Conception de saint Jean-Baptiste au 24 septembre, fête inscrite également dans les Martyrologes latins antérieurs au XVe siècle [...] Dans les anciens documents du rite mozarabe, nous trouvons partout ce jour consacré à la Décollation du Précurseur. Nos calendriers son également unanimes sur ce point; mais les Mozarabes modernes se sont rangés à l’usage ordinaire, qui met cette fête au 29 août»[15]. El actual MHM se mantiene fiel a los calendarios antiguos, celebrando la decapitación el 24 de septiembre[16].

2. En el MHM

            Tres formularios de misas celebran in directo a san Juan Bautista: el domingo precedente a su nacimiento (In Dominico qui præcedit Nativitatem sancti Ioannis Baptistae), el día de su nacimiento (In diem nativitatis sancti Ioannis Baptistæ) y el de su decapitación (In diem Decollationis sancti Ioannis Baptistæ). También se alude a él en tiempo de adviento y navidad –I domingo de adviento y Epifanía–, donde su relación con Cristo no podía ser mayor: fiel amigo.

a) El domingo precedente

            Aunque el domingo quiere ser un preludio, a modo de “vigilia”, del nacimiento de Juan Bautista, lo cierto es que el protagonismo de Juan en esta misa se limita a la Liturgia de la palabra. El canto del sacrificium (Is 40, 3; 61, 1; Lc 3, 4; 4, 18) prolonga un poco más su protagonismo, que desaparece totalmente en la eucología subsiguiente. Las demás partes de la misa se podría decir que son típicamente cotidianas. Tanto el canto ofertorial del sacrificium como la oración post gloriam subrayan el carácter preparatorio de la misión de Juan. Ésta última está compuesta de citas bíblicas indirectas de Isaías[17]. La preparación consiste en un mensaje de esperanza: el Mesías sanará los corazones atribulados, restituirá a los ciegos la vista, preparará el corazón de los incrédulos. El binomio Profecía-Psallendum subraya el carácter profético de su ministerio, a la vez que el lugar de su predicación, el desierto. El Apóstol (Ef 4,1-13) permite reinterpretar la misión del Bautista como un ministerio propio al servicio de la Iglesia: «El constituyó a algunos como apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y doctores, para que trabajen en perfeccionar a los santos cumpliendo con su ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios». A diferencia de los otros profetas del Antiguo Testamento, Juan no es una simple figura y su predicación no es una simple profecía lejana, sino que con su labor precursora pone ya las bases para la constitución de la Iglesia en Cristo. El evangelio del día nos narra el estilo de vida de Juan y su bautismo de penitencia, que prepara al bautismo en el Espíritu[18].
            El hecho de que en esta misa se mencione a Juan en la Liturgia de la palabra y no en el resto, expresa bien la misión y el contexto de su misión: la primera parte de la misa, siendo acción sagrada, prepara a la segunda.

b) Nacimiento de san Juan Bautista

            En este día no hay oración o canto del misal que no haga referencia a Juan el Bautista. El canto del praelegendum nos lleva al anuncio del ángel a Zacarías y el sentido de la misión del Precursor. En cambio, el canto del sacrificium retrocede un poco en la narración para hablar de Zacarías, su condición sacerdotal y la descendencia de su esposa. La oración post gloriam se goza del nacimiento del Bautista, igualando a éste con Elías[19], tal y como lo hizo Cristo: «Y si queréis comprenderlo, él es Elías, el que ha de venir» (Mt 11, 14 ; cf. Mt 17, 10-13 ; Mc 6, 15). Esto nos da ya una primera vinculación con Cristo, pues Él también será considerado como Elías e, incluso, como el mismo Juan Bautista (cf. Mt 16, 14 y par.). Por tanto, el ministerio de Juan se entronca con los profetas del Antiguo Testamento, mostrándole como el último de los profetas. La oratio admonitionis comprende el mensaje del Bautista como luz, seguramente pensando en la iluminación de los corazones incrédulos[20]. La celebración vuelve a traer la vernante laetitia, y el mismo que reveló el futuro nacimiento de Juan del gran profeta nos auxilia a dar cumplimiento al mensaje de su predicación. Su misión precede a su nacimiento, y esto es digno de alabanza, antes y después de su nacimiento. Sin embargo, el aspecto resaltante de esta monición-oración es el título que recibe el Bautista: Ángel, enviado. Por medio de su ministerio angélico los bautizados que participan en la celebración son conducidos a una más perfecta participación[21]. La concesión del título de Ángel al bautista puede confundirnos en la oración siguiente, la alia, que pide que se acepten los dones por medio del oficio sacerdotal de un ángel: In huius ergo, Domine, natalicii diei sollemnitate gaudentes, pacificas sacrificiorum tibi hostias immolamus, ut sacerdotalis officii functionem sancti Angeli visitatione dignatus acceptes, faciasque promissa nos credere, credita praedicare, praedicata non perdere. En este sentido, observamos que la asociación Juan-Ángel en la eucología proviene del Oriente cristiano, donde el Bautista es representado como un ángel:


Esta misma oración alia expresa cómo Juan el Bautista antes de su nacimiento reveló al Dios creador, alusión ésta al magníficat, donde Juan salta de gozo al encuentro de Cristo (Lc 1, 44). Esto vuelve a ser retomado más adelante, insistiéndose en la misión de Juan, escuchando la voz de María y avisando a su madre Isabel de su futura misión. Se insiste de nuevo en la luz: conoció la luz del Señor antes de conocer la luz común. Después encontramos un texto difícil:

Qui praedicaturus paenitentiam,
paternae diffidentiae errorem
interceptae vocis dispendio castigaret,
et dubiae mentis incredulitatem prophetatus clauderet,
quo venturae salutis fidem prophetaturus aperiret.

            Aquí se confunde la acción del ángel Gabriel y la de Juan: «Yo soy Gabriel, que asisto ante el trono de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta buena nueva. Desde ahora, pues, te quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no has creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo» (Lc 1, 19s). La oración alia, como hemos visto, distingue entre la acción del ángel que tiene una función sacerdotal de la de Juan, que es denominado ángel por ser enviado de Dios. En efecto, en la última sección de la alia se habla de Gabriel y de su presencia a la derecha del altar del incienso (cf. Lc 1, 11). De este modo, parece como si la alia considerase que el castigo a Zacarías proviene de Juan –predicador de la penitencia– por medio del ángel, aunque éste último no lo menciona en ese momento. El castigo a Zacarías desaparece cuando Juan comienza su misión, es decir, cuando Zacarías le impone el nombre de Juan, cumpliéndose así el mandato del ángel Gabriel (cf. Lc 1, 13).
La oración post nomina vuelve sobre el tema de la luz al presentarnos a Juan como antorcha ardiente (lucernam ardentem) en el templo de Dios. Normalmente el término templose refiere en el MHM al templo del Antiguo Testamento, por lo que esta oración nos presenta un problema: el área de predicación de Juan no será el templo, sino el desierto. Este problema vuelve a aparecer en la illatio.
En la monición para la paz (ad pacem), continuando con el tema de la iluminación se nos muestra otra característica de la función profética de Juan: revelar la verdad de las figuras ocultas que profetizaban al Mesías[22]. El último profeta no sólo ejerce la profecía sino que aclara las profecías precedentes a él. Sin embargo, observamos una valoración negativa del Antiguo Testamento: el ministerio de Juan permite que no volvamos a las antiguas disensiones, esto es, a la oscuridad de las profecías y figuras veterotestamentarias. Esto quiere decir que la predicación de Juan comporta el principio cristológico de interpretación del Antiguo Testamento, y que ningún cristiano puede prescindir de él[23].
            Llegamos así a la anáfora, donde la profundización acerca de la figura del Precursor se hace mayor.

Dignum et iustum est, omnipotens Pater, 
tibi gratias agere, 
qui humanae salutis ita ex prima conditione, 
sicut ex secunda reparatione sollicitus, 
ne inopinatos nos causa tanti muneris inveniret, 
ad manifestandum Filii tui adventum 
electissimum Ioannem nuntium destinasti; 
qui nos de mirabilibus eius 
ipse iam per eum ex nativitate sua 
mirabilis commoneret, 
et magnitudinem sequentium rerum 
rudes adhuc populos credere 
sui ostensione consuesceret. 
Nuntiaturus Christum per Angelum nuntiatur; 
praedicaturus in populo, praedicatur in templo, 
ante notus honore quam tempore. 

            El nacimiento de Juan es motivo de gozo y de asombro para los bautizados. La elección de Juan en preparación del Salvador tiene un claro sentido profético. Éste vuelve a ser denominado Ángel, igual que en la oratio admonitionis, debido a su misión. El nacimiento extraordinario de Juan, maravilloso, se orienta a otro nacimiento maravilloso, el de Cristo. La perícopa aludida es Lc 1, 15: «será lleno del Espíritu Santo ya desde el vientre de su madre». Con la comparación con Cristo, la illatio sitúa el nacimiento de Juan como algo singular no sólo desde el punto de vista biológico, sino también desde el punto de vista salvífico. Juan, que va a anunciar a Cristo, es anunciado por un ángel. El que va a predicar en medio del pueblo, se predica en el templo. Vuelve así, la cuestión de la misión de Juan dentro del templo: aquí es más fácil de dilucidar, pues por predicación se debe entender aquí la acción del ángel Gabriel del evangelio de Lucas. Este uso indistinto del verbo predicar para definir la acción del ángel y la de Juan vuelve a poner de manifiesto la similitud de misiones. Esto, unido al paralelismo entre el nacimiento de Cristo y el de Juan, nos indican, al ser esta misa la anámnesis de su nacimiento, que la natividad del Precursor es, desde el punto de vista sobrenatural, algo singular[24].

Sic actum est tuae dispensationis effectu, 
ut qui parentibus in incensi est oblatione promissus, 
gentibus in agnitione luminis sit praemissus; 
praecursurus Verbum silentium ponit incredulis, 
et ante processum vitae suae 
futura infidelitatis damna 
muta patris voce loquebatur. 
Utique, ut persuasione veteri loquebatur, 
paternae traditionis obstructum, 
in meliorem evangelii doctrinam 
fidelium linguam nomen novi heredis absolveret.
Ecce exsultat in utero, 
ut in parentis visceribus nativae gentis pectora 
venturi Regis praedicatione concuteret. 
Erumpit in gaudio, 
ut desperatae promissionis taciturnitas, 
filii veritate convicta, 
in testimonium suscepti muneris exclamaret. 

            En esta sección se establecen las diferencias entre Zacarías y su hijo Juan, aludiendo a la manifestación del ángel Gabriel a Zacarías. Él queda como incrédulo, es decir, como un destinatario más de la predicación de Juan, que ha venido a las tradiciones paternas –del Antiguo Testamento– que obstaculizan la aceptación del Rey que viene. El cumplimiento de las promesas permite que Zacarías hable de nuevo, lo que significa que ha reconocido la acción de Dios y está preparado a recibir al Rey que viene[25].

Prophetat in spiritu, testificat in evangelio, 
ministrat in baptismo, docet in populo, 
deget in eremo, proficit in deserto. 
Parat viae viam; 
venturum nuntiat per quem venit, 
et priorem sibi quem secuturum diceret, non tacebat. 

            El Espíritu Santo actúa en Juan, permitiéndole dar testimonio del evangelio enseñando al pueblo. Su acción se realiza en el desierto. Administra el bautismo y prepara el camino al Camino, que es quien le ha enviado. Cual “ministro” de la Nueva Alianza, aquí realiza el oficio de enseñar y el culto.

Erat speculum luminis,
initium baptismatis, 
testimonium veritatis; 
ut in plenitudinem Christi 
signorum rem post rei signa monstraret. 

            Al ser espejo de la luz que es Cristo, Juan se sitúa nuevamente por debajo de Cristo. El bautismo cristiano comienza con él (initium baptismatis), aunque no es él quien lo instituye. Su testimonio ahora no es profético sino exegético: desvela el significado de los signos (de los tiempos).

Nuntius salutis, emulus passionis; 
servit propheta baptismo, Baptista martyrio; 
ut Christum Dei Filium pro mundi redemptione venturum, 
quem annuntiare se praedicatione sermonis ostenderet, 
amare se effusione sanguinis comprobaret. 
Unde merito caeli caelorumque virtutes, 
cum Angelis et Archangelis, 
hymno tibi laudis debitae cum Seraphim exsultant, 
ita dicentes:

            Mensajero de la salvación, él mismo se configura con Cristo en su pasión, la «emula». Su misión profética se realiza también por medio del bautismo de penitencia (cf. Hch 19, 4), lo que implica una consideración del adagio lex orandi – lex credendi dentro de los cultos que prefiguran el culto pleno. Su misión profética se consuma en el acto amoroso de su derramamiento de sangre. De este modo, el nacimiento de Juan no se puede desligar de su muerte. La illatio demuestra así, nuevamente, su filiación”  con la visión oriental del Bautista, que suele representarlo, además de con alas angélicas, junto con su cabeza decapitada.

 
            El post sanctus de esta misa es inusualmente trinitario[26], característica propia de la misma sección en las anáforas sirias[27].

Vere sanctus et vere benedictus es, 
Domine Deus omnipotens, 
unitas distinctibilis et distinctio inseparabilis, 
unitas Trinitatis et Trinitas summae unitatis. 
Qui operibus tuis compatiens impassibilis, 
eo usque misericordiam porrigis, 
ut ad notescendum salutare tuum 
praemitteres Ioannem puerum tuum, 
praevium viae, lucernam luminis, 
praeconem Iudicis, vocem Verbi, amicum Sponsi.

            Se dan aquí varios títulos a Juan: puer, que denota una relación filial cercana con el Padre; antorcha de luz, que ya ha aparecido otras veces y que nos muestra el carácter profético-revelatorio de su misión; voz del Verbo, que nos da el carácter particular de su misión: no es un enviado de Dios (Padre) sino de Cristo, y su vida no consiste en otra cosa; amigo del Esposo. Este último título es muy importante. Hace referencia a Jn 3, 29. Es el título que se arroga el mismo Juan y da a entender que su misión está subordinada a la de Cristo. Sin embargo, a otros personajes del Nuevo Testamento se les da ese título: en Mt 9, 15 y par. (los amigos del esposo no pueden ayunar cuando él está presente) y a Mt 25, 1 (las vírgenes prudentes). Considerando el primer texto, la figura de Juan se comprende mejor como enviado de Cristo. Los apóstoles lo son y no ayunan por estar presente el Esposo. Ellos también serán enviados (cf. Lc 9, 1s). Por tanto, Juan es como un protoapóstol[28]. Precisamente, en el texto de Lc 9 Cristo alude a Juan Bautista y a su destino a manos de Herodes. Desde esta perspectiva, los apóstoles, amigos también del Esposo, son continuadores de la misión de Juan, y al igual que él, ellos son enviados por el Verbo. La parábola de las vírgenes prudentes que esperan al Esposo también sirve para caracterizar la figura de Juan. Él también espera al Esposo. Por ello manda a preguntar si Él es el que había de venir (cf. Lc 7, 19s). El que las vírgenes lleven lámparas encaja perfectamente con la manera en que nuestros textos ven a Juan, antorcha de luz.

Unde nos, pro tuis donis eiusque bonis 
tibi litationis hostiam offerentes precamur, 
ut acceptabiliter eam assumas 
et dignatione consueta benedicas,
atque offerentes conformes eius efficias, 
quam tibi 
in commemorationem Iesu Christi Filii tui Domini nostri 
devota et prosternata servitute persolvimus.

            Además del inicio trinitario, esta sección presenta signos de arcaísmo: tiene todas las características de un post pridie isidoriano[29]. Este post sanctus  cumple la labor del canon romano[30], aunque prescinde de la narratio institutionis.
            El carácter completo del post sanctus sirve para que el post pridie pueda ser imperfecto en su formulación de la aceptación y bendición de los dones, y se dedique a presentar como objeto de anámnesis el bautismo de Cristo en el Jordán.

Convaluisti, Domine Iesu Christe, in gratia, 
et incredulis gentibus sedula testatione claruisti. 
Te annuntians beatissimus doctor ille Ioannes, 
tam incomparabilis sanctitate, 
quam singularis magisterii assertor; 
fontem lavacri sitientibus dabat, 
sed esse venturum te procul dubio nuntiabat. 
Ille descenderat aquis corpora purgaturus, 
sperabaris tu, Domine, animas corporum redempturus. 
Ex huius enim voce cognovimus Unigenitum te, Domine, 
in corporis forma et carne conspicuum, 
de quo nobis dixit: 
Ecce agnus Dei, ecce qui tollit peccatum mundi. 

            Nuevamente la incredulidad vuelve a ser el objeto de la revelación. El texto enlaza con la infancia de Jesús, que crecía en gracia y santidad (cf. Lc 2, 52), situándo así el ministerio joánico dentro de la misión de Cristo. La espera del bautismo definitivo es la razón que da el post pridie del bautismo de Juan, concediéndole al rito un claro sentido prefiguratorio. También se desvela el sentido salvífico: sólo lavaba los cuerpos, mientras que el sacramento de Cristo redimirá las almas. Una cita textual indirecta de Jn 1, 29 cierra esta sección del post pridie.

Hic est enim, 
cui et nomen antequam conciperetur dedisti, 
quem et Spiritu Sancto priusquam nasceretur implesti, 
qui sterilitatem matris conceptus abstersit, 
et patris linguam natus absolvit. 
Oramus ergo te, Domine, 
ut hanc oblationem nostram 
respicere et benedicere digneris, 
sicut benedicere dignatus es 
munus Abel iusti pueri tui.

            De nuevo se vuelve al nacimiento de Juan de forma resumida, insistiendo en la imposición del nombre y la plenitud del Espíritu Santo antes del nacimiento. El offerimus – epíclesis se construye aludiendo al justo Abel que, además de ser una cita acomodada del canon romano[31], establece un implícito paralelismo Juan-Abel que refuerza la idea de que Juan agradó a Dios con la oblación de su vida. Las demás oraciones –benedictio y completuria– y moniciones –ad Orationem Dominicam– repetirán los temas que han aparecido hasta ahora.

            Después de ver la eucología del día comprenderemos mejor las sutilezas que las lecturas del día exponen en la actual ordenación del Liber Commicus (=LC)[32].

Profecía: Jer 1,4-12.17-19
Psallendum: Sal 21,10-11;70,6
Apóstol: Gál 4,22-5,1
Evangelio: Lc 1,5-25.39-45.56-80

El evangelio, como era de esperar, nos narra el anunció de Gabriel, el nacimiento y la acción de gracias de su padre Zacarías, el BenedictusDe este modo, el evangelio presenta de antemano los temas que serán desarrollados y profundizados en la eucología. La vocación de Jeremías sirve de modelo para explicar la vocación del Bautista. Ambos fueron consagrados antes de su nacimiento y fueron constituidos profetas (cf. Jer 4, 5). Ambos hablaron en nombre de Dios, que les dio autoridad sobre los pueblos (cf. Jer 4, 9s). Ambos dicen lo que Dios les manda a decir (Jer 4, 17). El psallendum recoge el tema central de la profecía para ponerlo en boca de la asamblea: «desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios» (Sal 21, 11).
El Apóstol del día tiene un doble nivel de interpretación. El más afín con la temática del binomio profecía-psallendum es la cita interpolada de Is 54, 1, donde la esterilidad de Isabel se convierte en alegría. El otro nivel de interpretación es la temática propia de la carta a los Gálatas. La cita de Isaías, puesta dentro del contexto del nacimiento del Bautista puede ser problemática: «tú que no sufres dolores de parto» (Gál 4, 27). El sentido literal del texto en su contexto histórico queda claro, pero hay que tener en cuenta el Apóstol de este día pudo haber sido elegido por esta interpolación de Isaías, lo que dejaría a Isabel al nivel de su prima María. La tendencia a la asimilación Juan-Cristo tomaría cuerpo en su contexto precedente, Isabel-María. Ni la eucología ni el resto de la Liturgia de la palabra aclaran esta elección del LC. El otro nivel interpretativo tiene que ver con el sentido de las Escrituras. La eucología dirá que el Precursor esclarece el sentido de las antiguas figuras. Su misión es la de iluminar. La elección de Gál 4, 22-5, 1 explica la misión exegética de Juan en un contexto interesante. También su sentido histórico-cultural queda rebasado por la comprensión espiritual de la Escritura de la época Patrística, que ve en la alegoría lo que se ha de creer. Dentro de la llamada exégesis de los cuatro sentidos de la Escritura, sintetizada en una frase medieval, la alegoría es la exégesis de los contenidos dogmáticos : Littera gesta docet; quid credas, allegoria; moralis, quid agas; quo tendas, anagogia. Y alegoría tiene que ver con el desvelamiento de los misterios[33]munus propio del Precursor.
La elección de Gál 4 tiene, además, otros sentidos. Establece una nueva asimilación: Pablo-Juan Bautista. En primer lugar –y esto salta a la vista en la lectura del Apóstol–, ambos son exégetas espirituales de la Escritura. Pero en la vocación de ambos está la iluminación como tema común. Así en Pablo: «Pero mientras iba de camino le sucedió, al acercarse a Damasco, que de repente le envolvió de resplandor una luz del cielo. Y cayendo en tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hch 9, 3s). Ambos son también enviados de Dios : ángel y apóstol. Esto nos lleva a presentar el esquema teológico-exegético de este Apóstol del LC:

Acción divina:

Exégetas:
Exégesis:
Iluminación
Juan Bautista
Exégesis alegórica
Pablo

            El Apóstol del día tiene otro sentido: la Iglesia es el Pueblo libre de Dios, heredero de la promesa. El Sinaí, Agar, son tipos de la Sinagoga, la Jerusalén terrena. La Jerusalén de arriba, de la que Sara es figura, es la heredera de la promesa. Y es que la Jerusalén terrena se limitaba a una exégesis literal, a la letra de la Ley (cf. Rm 2, 25-29; 7, 6; 2Cor 3, 6). La Jerusalén de arriba, la Iglesia, realiza una exégesis espiritual de la palabra de Dios.

c) Decapitación de san Juan Bautista

            Las lecturas del día no tienen la profundidad de las del nacimiento de Juan. Se limitan a poner los fundamentos temáticos de la eucología.

Profecía: Jer 33,1-2.3-4.10-11
Psallendum: Sal 141,8;143,9-10
Apóstol: Heb 11,24-28.36-40;12,1-2
Evangelio: Mt 14,1-14
            
            La lectura de Jeremías y el Psallendum dan el nuevo ámbito de la ‘actividad’ del Bautista: la cárcel. Jeremías y el Bautista comparten semejanzas en su cautiverio. A ambos llega el mensaje divino: «Así habla el Señor: llámame y te responderé, te comunicaré cosas grandes y ocultas, que tú desconoces» (Jr 33, 2s); «Juan, que en la cárcel había tenido noticia de las obras de Cristo, envió a preguntarle por medio de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?» (Mt 11, 2s), «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados» (Lc 7, 22). Sin embargo, la pregunta de Juan no aparece en el evangelio del día. Esto, sin embargo, está «asumido» por el LC hispano, que lee el texto de Mt 11 en el segundo domingo de adviento[34]. Ambos profetas tuvieron dificultades con reyes por proclamar la palabra de Dios. El Psallendum pide la liberación de la cárcel. Juan se libera de ella, pero por medio del martirio. El Apóstol del día habla de los padecimientos de los profetas, pero la selección de perícopas excluye a Isaac y a Josué para limitarse a Moisés, pero también excluyendo la alusión a su nacimiento, que no cuadra con la celebración, que es la muerte del profeta Juan. Tampoco él gozo de la promesa divina como ellos, en el sentido de que no vio la liberación total que Cristo trajo con su muerte y resurrección. El evangelio introduce el tema del martirio de Juan según el evangelio de Mateo. Jesús se entera de la muerte de Juan, pero continúa curando enfermos: debe continuar mostrando que el Reino ha llegado.

            El praelegendum y la oración post gloriam del 24 de septiembre hablan del gladio maligno, causante de la muerte del Precursor. El primero pide la liberación de la muerte por la espada malvada. ¿Pero acaso no murió el Bautista por una espada? ¿Por qué se pide la liberación de ésta? Porque él no sucumbió ante esa espada. Podemos aplicarle las palabras del Salvador: «A vosotros, amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os enseñaré a quién habéis de temer: temed al que después de dar muerte tiene poder para arrojar en el infierno. Sí, os digo: temed a éste» (Lc 12, 4s). Por esto la post gloriam pide la gladio verbi del Hijo, expresión que nos remite al corpus paulino y a la carta a los Hebreos[35]. En esta carta se habla de la capacidad de la gladio verbi –la palabra de Dios como espada– de descubrir los pensamientos del corazón. Ese es el tema del canto del sacrificum: la justicia y verdad de Dios (la Ley) es lo que se guarda en el corazón. Esa es la misión del Bautista: hacer la voluntad de Dios. Por eso muere. Como vemos, hasta ahora la celebración está preñada de alusiones bíblicas.
            La justicia aparece de este modo como la actitud propia del mártir. La oratio admonitonis dirá: por la justicia (Juan) es elegido, por ella habla y por ella es decapitado. Un poco antes la misma monición-oración nos confirma el sentido martirial: in conceptu vaticinium, in actu baptismum, in obitu datum est implere martyrium. Éste consiste en dar testimonio de Cristo, razón de su nacimiento y ahora también razón de su muerte. La predicación de Juan comienza en el seno materno y culmina bajo la espada del verdugo. No se cansó de predicar la castidad a Herodes, del mismo modo que con el silencio de su padre Zacarías se venció la incredulidad. Se deja ver en el texto que Herodes sabe que lo que Juan dice es verdad, pero es una verdad que no puede soportar. Lo pone en prisión para ocultar la culpa, pero por el baile de la meretriz en medio de gentiles lleva como consecuencia su muerte. La oratio admonitionis califica la muerte de Juan como ofrenda en la misma celebración, gozo y ejemplo para los creyentes, protección para la tierra y ornamento para el cielo.
            La alia retrocede en el tiempo hasta el nacimiento de Juan de una anciana, para entroncar con su predicación y su muerte. También aparece como intercesor y ejemplo a imitar. Se recuerda el bautismo de Jesús a la hora de desear que ese mismo Espíritu que descendió descienda ahora sobre la asamblea: ut mundata mens nostra a pollutione delicti, Spiritum Sanctum, quem in columbae adventu sub illius manus suscepisti, venire in nobis et manere eum sentiamus nobiscum; ac Filium Dei te dilectissimum voce, qua ipse audivit audiamus, et aequalem Patri cum Spiritu Sancto confiteamur, credamus et semper oremus. Con este deseo se pide una inserción en la historia salutis. La intercesión de Juan queda mejor desarrollada en la post nomina: Hic tibi sanctus vir obsequentis vota deferat plebis, qui praeco factus est iudicis. Se vuelve en ella al tema de la iluminación, pidiendo que la oración de Juan ilumine las tinieblas. La intercesión de Juan no se limita a los vivos, sino también a los difuntos. En la ad pacem Juan aparece como el castigador de Herodes y el iniciador del bautismo.
            La intercesión de Juan no se puede interpretar como una adecuación del personaje a un momento concreto de la celebración –los dípticos– que pibota sobre dicho tema. Prueba de ello es la illatio, que recuerda su estirpe sacerdotal:

Dignum et iustum est, aequum vere et iustum est, 
nos tibi semper gratias agere, 
Domine, sancte Pater, aeterne omnipotens Deus, 
teque mirabilem in sanctis tuis Dominum praedicare, 
eorumque memoriam sub tuis laudibus colere, 
quorum fuit in conspectu maiestatis tuae 
et mors et vita pretiosa. 
Unde nos hodie 
passionem beatissimi Ioannis Baptistae et martyris tui 
annua sollemnitate recolentes,  
altaribus tuae pietatis assistimus, 
tibique laudum hostias immolamus. 
Ioannes enim tuus, 
qui Domino nostro Iesu Christo unigenito tuo, 
et in nativitate praevius, et in passione praecursor, 
sacerdotalis prosapiae genitus, 
et propheta ille vocatur Altissimi.

            Con esto, quizás de manera irreflexiva, la eucología une el oficio sacerdotal al oficio profético, característica propia del sacramento del orden. 

Cui emissum nomen de caelo est; 
qui ipsum illum suae nativitatis ortum 
prophetiae praecessit officio, 
et aeterni praesentiam Domini 
priusquam ipse vel Christus nasceretur agnovit, 
atque intra viscera materna commotus, 
in virtutem oraculi mentem parentis agitavit, 
ad cuius nomen edendum
muta diu sancti patris ora laxata sunt. 
Hic eremi distincte habitator, 
et primus regnorum caelestium praeco, 
mundi fallentis illecebras abstinentiae virtute calcavit,
et Dominum maiestatis in corpore constitutum 
felici atque perfecto vaticiniorum fine monstravit.

            Esta sección vuelve sobre temas conocidos, siguiendo una sucesión temporal: su nombre enviado desde el cielo, su acción profética al reconocer al Mesías en el seno materno, etc. La vocación profética de Juan queda siempre de manifiesto.

Talem profecto, talem esse oportebat, qui Dominum baptizaret, 
et cui se sacra illa divinis germinis membra submitterent; 
qui conceptam Sancto Spiritu carnem, 
aquas potius abluentem fluvio auderet immergere. 
            La alusión al bautismo de Cristo en el Jordán nos transmite la idea patrística de este acontecimiento salvífico: es Cristo el que santifica las aguas[36].

Sit igitur fas 
hunc talem sub tui nominis honore laudare; 
cui tantae gloriae praestitisti agonem, 
suffragia nobis eius tua bonitate largire. 
Sonet pro nobis vox illa sublimis, 
quae parandas vias Domini et semitas eius 
rectas esse faciendas inter deserta clamavit. 
Loquatur lingua illa pro nobis, quae nescit tacere iustitiam. 
Talis te pro hac plebe, talis precetur, 
qualem illum Iordanis fluenta viderunt, 
cum a te Spiritum Sanctum in columbae specie 
super Unicum tuum descendentem videre promeruit. 
Ille pro populo tuo manus orent, 
quas Christus dignatus est sanctificare dum tangitur. 
Asserat tuorum vota famulorum sanguis ille benedictus, 
qui est fusus in carcere, qui rubuit in disco; 
qui ad te cum sanctis omnibus clamat 
quos ex Abel nunc usque impie caesos 
aeterna pietatis tuae memoria conservat. 
Unde merito tibi omnes Angeli atque Archangeli confitentur, 
gloriam tuam collaudant sine cessatione dicentes:

En la última sección de la illatio vemos cómo se desarrolla la dimensión intercesora de Juan: su voz habla en favor nuestro (abogacía), ruega por el pueblo el que mereció contemplar al Espíritu Santo (Don), intercede con sus manos –intercesión orante–, las que quedaron santificadas al tocar a Cristo. ¿Hasta dónde se debe interpretar esta última afirmación? ¿Después del bautismo de Jesús el bautismo de Juan era algo más que un mero signo de penitencia? En cualquier caso, es claro que se pretende mostrar que el sacerdocio de Juan –por ser heredado– llega a su consumación al encuentro con Cristo. Juan es también declarado justo, del mismo modo que muchos hombres que desde Abel han sido asesinados.
El post sanctus desarrolla un paralelismo típico del ciclo de sanctis: la comparación entre el santo y Cristo, que en este caso no se reduce a lo moral –las virtudes del santo se inspiraron en Cristo– sino en la historia salutis, específicamente en la muerte de Juan y la de Cristo.

Vere sanctus, vere benedictus, 
Dominus noster Iesus Christus Filius tuus, 
pro quo Ioannes Baptista et martyr
mystico vaticinii sui praenuntiavit oraculo, 
quod illum crescere, se autem minui oporteret. 
His etenim verbis et suam pariter et Domini mortem, 
vivens longe ante praedixit, 
cum et idem Filius tuus elevatus in cruce, 
et iste comminutus sit capite

            Esta sección se fundamenta en el texto de Jn 3, 30: «Conviene que él crezca y que yo disminuya». Cristo es elevado en la Cruz, mientras que Juan, seguramente de rodillas, era decapitado. La elevación en la cruz nos remite a otra «elevación»: «Es necesario, por tanto, que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo en que el Señor Jesús vivió con nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado de entre nosotros, uno de ellos sea constituido con nosotros testigo de su resurrección» (Hch 1, 21s). La misión de Juan se fusiona con la de Jesús.

Nam ille Dominus creaturae sublimitate praelatus est ligni; 
iste animadversione decisus est gladii. 
Illius caput crux in altum porrexit; 
istius cervicem mucro secus desecuit. 
Ille Spiritum emisit in cruce; 
hic animam efflavit in carcere. 
Sed ille in luce, 
qui vitam redditurus esset omnibus moritur; 
iste in abditis, qui nisi Christo moriente redempturus esset ex inferis, 
iugulatur. 
Sic, sic plane docuit, ut per has mortes dissimilitudines
sacramentorum patescerent qualitates; 
quo et in illo divinitas se exaltata ostenderet, 
et in isto humilitas se custodita monstraret.

            En la última sección del post sanctus se ponen de manifiesto las diferencias entre Juan y Cristo. Mientras el primero entrega su alma, el segundo envía el Espíritu. El primero va al sheol (inferis), a la espera de que el segundo muera y lo libere[37]. Al final la conclusión se hace patente: en Cristo se manifiesta la divinidad, mientras que en Juan la humildad. El post pridie vuelve a ensalzar a Juan y lo coloca como mediador: por medio de él Cristo se manifestó a los que no creían –manifestación del Jordán[38]–, y por Juan nos llega ahora la salvación:

Redempti, Christe, tui sanguinis pretio, 
Praecursoris tui, ut nobis parcas, exoramus suffragio. 
Tu per eum et nobis et his benedicito hostiis, 
per quem te manifestasti incredulis; 
ut qui tuae fuit praevius mortis,
nostrae sit praerogator salutis.

            La última expresión quiere expresar la epíclesis sobre la asamblea, que se realiza por medio de Juan, quizás inspirándose en la comparación angélica de su misión que se hace en otros textos eucológicos. Las demás oraciones y moniciones repiten los temas expuestos hasta ahora.

d) Otras presencias del Precursor en el MHM

            Si el adviento romano es calificado –sobre todo al final– de ser un tiempo mariano, el adviento hispano se puede calificar de ‘joaneo-bautista’. La illatio del primer domingo de adviento se centra en el comienzo de la misión pública de Jesús en el Jordán. El adviento es venida, porque se realiza una presencia, una apparitio. Juan aparece en esta illatio como Precursor: precedió naciendo, predicando en la soledad del desierto y bautizando. La illatio es consciente del carácter propiamente veterotestamentario del mensaje de Juan y lo muestra como Precursor del Juez, que también es Redentor. También encontramos una clarificación acerca del valor soteriológico del bautismo de Juan:

convocavit peccatores ad paenitentiam, 
et populum Salvatori acquirens 
baptizavit in Iordane peccata propria confitentes. 
Non homines innovandi plenam conferens gratiam, 
sed piissimi Salvatoris admonens exspectare praesentiam. 
Non remittens ipse peccata ad se venientibus, 
sed remissionem peccatorum 
ad futurum pollicens esse credentibus; 
ut descendentibus in aquam paenitentiae, 
ab illo sperarent remedium indulgentiae, 
quem venturum audiebant plenum dono veritatis et gratiae.

            El bautismo de Juan queda equiparado de este modo a los sacramentos veterotestamentarios y sigue su dinámica soteriológica, centrada en el Mesías que ha de venir[39].

Baptizatur igitur ab eo Christus 
ex elemento visibili et spiritu invisibili. 
Ducebantur per oboedientiam ad misericordiam, 
per filium sterilis ad filium virginis, 
per Ioannem hominem magnum ad Christum hominem Deum

La sección final de la illatio hace un breve desarrollo de teología sacramental[40] para insistir en el carácter humano de Juan y teándrico de Cristo. Este tipo de salvedades constatan una gran veneración por el amigo fiel de Cristo, título que también aparece en la illatio. Poco antes, en la ad pacem se presentaban los temas típicos del Bautista: su precursorado, su predicación en el desierto, etc.
La presencia del Bautista no se limita al primer domingo, sino que toma cuerpo en la Liturgia de la palabra:

I Domingo de Adviento (Año I)
Profecía: Is 10, 33-11, 10
Psallendum: Sal 147, 16s
Apóstol: Rm 15, 14-29
Evangelio: Lc 3, 1-18

La Profecía nos muestra la tipología cristológica del vástago del tronco de Jesé, mostrando también una continuidad con el evangelio lucano: el espíritu que se posará sobre el Mesías (Is 11, 2) recibe de la boca del Bautista su profecía última –«él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego»–, aunque no se aluda al Espíritu que se posa sobre Cristo el día de su Bautismo. El sentido universal de la salvación, olvidado pronto por Israel, implicará su sustitución como Pueblo de las promesas por la Iglesia, como lo hace ver el evangelio: «no empecéis a decir entre vosotros: Tenemos por padre a Abrahán. Pues os digo que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego». Los hijos de Abrahán no son para Dios un linaje de sangre, sino de espíritu. Del árbol seco de Israel surge un vástago del que brota un Nuevo Pueblo de Dios. De este modo, «todo hombre verá la salvación de Dios». La exhortación del Bautista a la conversión, aunque situada en el contexto del profetismo veterotestamentario, da la relativa connotación penitencial a este tiempo.

I Domingo de Adviento (Año II)

Profecía: Is 2, 1-5; 4, 2s
Psallendum: Sal 71, 3s. 1
Apóstol: Rm 11, 25-31
Evangelio: Mt 3, 1-11

El evangelio, en la misma línea que el del año anterior, da la connotación penitencial por la cercanía del Reino, rechazando la vinculación carnal del Pueblo de Israel y proponiendo una vinculación espiritual: «no os justifiquéis interiormente pensando: Tenemos por padre a Abrahán. Porque os aseguro que Dios puede, aun de estas piedras, suscitar hijos de Abrahán. Mirad que el hacha está ya puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego». Los hijos de Abrahán no son para Dios un linaje de sangre, sino de espíritu. El canto de laudes no da una connotación especial, sino que limita a la asamblea a alabar a Dios, y con ella, a todos los pueblos: «¡Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de alegría!».

II Domingo de Adviento (Año I)

Profecía: Is 51, 7-12
Psallendum: Sal 79, 3. 2
Apóstol: Rm 13, 1-8
Evangelio: Mt 11, 2-15

La primera lectura de Isaías, con sus versículos continuados, nos invita a contemplar el ansia que tenía el antiguo Pueblo de Dios por la manifestación del Señor, que clama el salmo: «despierta tu poder y ven a salvarnos». El evangelio también comparte ese deseo por la manifestación de Dios, pero en Cristo: «¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?» ¿Han llegado los tiempos de salvación que solicitaba el salmo? Han llegado: «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio». Sin embargo, el evangelio vuelve a mirar, como en el domingo anterior, a Juan el Bautista. Con su elogiosa afirmación acerca de Juan, Cristo se sitúa a sí mismo como continuación de la historia de salvación: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista».

II Domingo de Adviento (Año II)

            En este Año II, la perspectiva de este domingo es más mesiánica todavía que el anterior. La primera lectura y el evangelio comparten esta vez la misma visión sobre la plenitud de los tiempos: «Oirán aquel día los sordos palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán, los pobres volverán a alegrarse en Dios, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán», dice la Profecía con sus versículos escogidos. El evangelio: «los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se anuncia el Evangelio». Los ciegos y los pobres aparecen como los principales destinatarios de la salvación. Quizás a los primeros esté referido el último versículo de la profecía, pues el contenido de la iluminación en los Padres de la Iglesia suele ser la sabiduría de las cosas divinas: «Los descarriados alcanzarán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina». Los pobres, que no tienen poder en este mundo –poder que pide el salmo a Dios– lo obtienen en la justicia del Dios de Jacob: «Pondré la equidad como medida y la justicia como nivel». Sin embargo, esta centralidad de la acción mesiánica de este Año II no descuida el elogio que hace Cristo de Juan el Bautista: «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer nadie mayor que Juan el Bautista».

VI Domingo de Adviento (Año I)

Profecía: Is 35, 1-10
Psallendum: Sal 71,3-4.1
Apóstol: 2Tes 2,1-14
Evangelio: Mc 1,1-8

La dimensión escatológica del Adviento se hace palpable en este domingo, donde Juan el Bautista vuelve a ser protagonista del evangelio. En la Profecía se vuelve a tocar el tema de la venida de Dios, esta vez como vengador y salvador (Is 35, 4). Vuelve a manifestarse el júbilo por su venida, que implica la justicia, como repite el psallendum. Pero ya se está aludiendo a Juan: «serán alumbradas en el desierto las aguas». La alusión al agua señala la futura manifestación de Dios en el bautismo de Juan y por medio de la relación Profecía-Evangelio se da una interpretación a este acontecimiento: las aguas serán santificadas por Cristo que viene a ellas. Ésta es la exégesis patrística de Ignacio de Antioquía y otros autores que ven en el bautismo en el Jordán cómo Cristo concede al agua su poder de santificar y hacer hijos de Dios. Pero en el evangelio se amplía la acción trinitaria: el “nuevo” bautismo será en el Espíritu Santo.

VI Domingo de Adviento (Año II)

Profecía: Is 35, 1s
Psallendum: Sal 147, 16s
Apóstol: Flp 4, 4-7
Evangelio: Lc 3, 1-18

El evangelio, centrado nuevamente en el ministerio de san Juan Bautista, habla de la penitencia: bautismo de penitencia y exhortación a la penitencia. Aquí vemos nuevamente la tenue connotación penitencial del Adviento. En su exhortación profética, no faltan en Juan una llamada a la misericordia y a la caridad. En ellas se manifiesta la verdadera filiación divina. Nada vale ya la genealogía carnal, tan apreciada por el judaísmo. No se trata de un mero cambio de mentalidad. Está en juego la salvación, pues «todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego». Ante esta situación, todos los estamentos de la sociedad del momento se sienten interpelados y se preguntan cómo alcanzar la salvación: publicanos, soldados, la muchedumbre. El Juicio está cerca, y ese juicio comienza con la venida del Mesías.

            En Epifanía –In Apparitio Domini– se excluye intencionadamente a Juan de la Liturgia de la palabra, pero aparece en la eucología. En la oración post gloriam y en la alia se habla del bautismo en el Jordán, pero no se menciona a Juan. El la illatio aparece como ‘Bautista’: hinc in quo baptizari Baptista. I. Tomás resume la teología del día acerca del bautismo en el Jordán diciendo: «El gesto del bautismo, desde el inicio de la celebración destaca, de nuevo, un gesto de humildad de Cristo; el Bautismo, signo de purificación, es asumido por Cristo, siendo puro y santo como es Él. No rehúsa ser bautizado por el siervo, Él que es Señor. Este signo de Jesús al descender a las aguas para su Bautismo, santifica las aguas del Jordán, para limpieza de todos los hombres»[41].

3. En el BG

En el Breviarium Gothicum (=BG), libro todavía vigente para la celebración del Oficio Divino del rito hispano, nos encontramos con sendas celebraciones de la vida del Precursor: su nacimiento y su decapitación. En la versión leonesa del BG encontramos un oficio para el domingo precedente, ausente del BG de PL 86, reproducción del breviario de Lorenzana.

a)          Nacimiento

            La primera parte de las vísperas –que valen para la tarde del día del 24 de junio– repiten temas que encontramos en la eucología eucarística: la elección anterior al nacimiento, el gozo por el mismo, la conversión, la comparación con Elías, el desierto como ámbito de predicación. Por tanto, hay una continuidad temática, fundamentada en la Sagrada Escritura.

Hymnus.


Nativitatem Pueri,  
Prophetamque Altissimi  
Esse dicit, quem merito  
Corde canamus, et ore.  
Vetulisque Parentibus,  
Alvo conceptus sterili,  
Extrema Mundi tempora,  
Partum praecessit Virginis.  
Ut vox clamans in invio,  
Adnuncians Justitiam,  
Christi clarus praeconio  
Viam pararet cordibus.  
Intra materni corporis  
Adhuc locatus viscera,  
Accepto sensit spiritu,  
Mundi salutans Dominum.  
Exultat Infans gaudio,  
Et lucem lucis Filium  
Intra naturae tenebras  
Nec dum progressus indicat.  
Mater: Propheta nuntiat,  
Te esse plenam gratia;  
Non ex virili commercio,  
Sed Dei foetam mysterio.  
Ac sic in diem saeculi  
Verbum ructandum fit Dei;  
Facta Mater haec sterilis,  
Fructum praesagit Virginis,  
Matre majorem Filium,  
Sanctum Ministrum Baptismi:  
Sic se priorem post natum,  
Lumen perfudit Dominum.  
Deum Patrem cum Filio,  
Simul cum sancto Spiritu,  
Unum potentem nomine  
Fusis oremus precibus.  
Amen.  


            En el himno encontramos alusiones históricas –no tipológicas– del nacimiento del Bautista, de una madre estéril. Su nacimiento preludia el nacimiento de Cristo de una Virgen, estableciendo también aquí una asociación Juan-Cristo. Como quedaba de manifiesto en la misa del 24 de septiembre, el contenido de la misión del Precursor es anunciar la justicia, además de preparar los corazones. El himno continúa con el texto evangélico del nacimiento de Juan en torno a la visitación de María a Isabel. Ahí se vuelve a poner de manifiesto el carácter iluminador de la persona del Bautista, para seguir con una confesión del carácter sobrenatural del nacimiento de Cristo.
            La capitula (completuria) y la benedictio vuelven sobre Juan como luz. Él también habla hoy a los corazones de los fieles y los purifica de los errores y vicios, haciéndoles discípulos de la verdad. La acción angélica como fruto de la bendición, en este contexto, nos vuelve a presentar la asociación entre la misión angélica y la joánica. Sin embargo, la acción angélica es de protección frente al mal, por lo que la asociación sólo se puede apreciar al celebrar la eucaristía y escuchar sus textos.

Oratio. Vox Verbi, amicus sponsi, qui, Christum in eremo venturum esse pronuncias, viam illi in infidelium cordibus praeparans; esto nobis cordium nostrorum et mentium praeparator pariter et purgator: ut quod illis olim egisti praedicatione vocis, in nobis nunc exores quotidianis suffragiis: quo sicut per te Domino in Israel praeparata est, via, ita per  te nobis praeparetur post transitum mansio in coelestibus laetabunda. R\. Amen. Per.

El final de las vísperas, en lo que se refiere a la oración final, nos presenta dos títulos que ya hemos observado antes en el post sanctus de la misa del nacimiento: voz del Verbo y amigo del Esposo. Sin embargo, observamos algo nuevo: además de preparar y purificar el corazón y el alma de los fieles, se pide al Bautista que prepare a los bautizados para su tránsito a las moradas celestes, del mismo modo que preparó al Señor a Israel. Con esto, la misión de Juan no acaba nunca, siendo ahora su capacidad intercesora la nueva forma de su acción precursora.
            La primera oración del matutinum cambia de títulos, y concede al Bautista el ser mártir y precursor. El triunfo de Cristo se adelanta así con el Bautista, aunque no nos encontremos todavía en el Oficio de su decapitación. La segunda pide la intercesión de Juan al mencionar el encuentro de Zacarías con el ángel. La idea central es que Dios escucha las oraciones de los que le suplican. La tercera oración recuerda cómo la esterilidad de Isabel no es obstáculo para la obra de Dios, y se pide que por la predicación del Bautista acerca del Reino de los Cielos en otros tiempos, con la respectiva conversión de sus oyentes, sirvan de sufragio y conduzca a la gloria. La cuarta oración vuelve sobre el encuentro angélico, pero se centra en el mensaje de paz que el Bautista predicó. En realidad, el Bautista profetizaba con cierto pesimismo la venida del Mesías: « Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que ha de venir?» (Mt 3, 7). La oración de antífona interpreta la misión del Bautista dentro de la predicación de Cristo, por lo que obvia el contenido de la predicación del primero en favor del segundo. La última oración habla de Juan como luz, a propósito de la antífona que dice que él es el mayor de los nacidos de mujer. La petición es clara: la iluminación de los que oran[42].
            En in laudibus no se ofrece nada fuera de lo dicho hasta ahora, excepto cuando llegamos a la lectura de Is 61, el oráculo del nuevo mensajero, perícopa que Jesús leerá al comienzo de su predicación, después de sus tentaciones en el desierto. ¿Qué función cumple aquí? En primer lugar, establecer el carácter profético de la misión de Juan: él es el último de los profetas. Pero también volver a identificar la misión de Juan con la de Cristo: la predicación acerca de la inminencia del Reino de Dios. El himno, en cambio, se limitará al misterio propio del día, pero hablando de la presencia del Espíritu en él[43].
            Para las segundas vísperas se incluye una oración final que, por medio de un hodie actualizador nos habla de la consagración de Juan, su carácter de voz del Verbo, su gozo en el seno materno –encuentro María-Isabel– y su misión de anunciar los fidei sacramenta.

b)         Decapitación

El oficio de la decapitación (decollatio) de san Juan Bautista tiene primeras vísperas propias. Los elementos de las mismas no agregan nada a los temas de la misa del día, ni siquiera el himno, que se alude a la muerte de Cristo y de Juan al modo del post sanctus de la misa. Lo mismo sucede con el matutinum, que habla del martirio en la cárcel y la muerte de Juan como algo precioso a los ojos de Dios. Es en las alabanzas matutinas –in laudibus– donde encontramos aspectos novedosos en el himno y la capítula (completuria).

Vox namque Verbi, vox Sapientiae est:  
Major Prophetis, sed minor Angelis

            Juan Bautista es la voz del Verbo, la voz de la Sabiduría. Este fragmento del himno nos muestra temas conocidos pero con forma nueva. El segundo título del Bautista entronca con el documento más reciente del Antiguo Testamento, el libro de la Sabiduría, y nos abre a una interpretación cristológica. En este fragmento se matiza la grandeza de Juan al declararlo como el mayor de entre los profetas pero el menor entre los ángeles. Esto no contradice la iconografía oriental del Bautista, sino que se limita sin lugar a dudas a su existencia terrena, siguiendo al Salmo 8, 6: Minuisti eum paulo minus ab angelis, gloria et honore coronasti eum. En la oración que sigue al himno (capitula/completuria) se habla de Juan como coronado con la palma del martirio, santo, profeta, bautista, evangelista en la soledad y mártir en la muerte. Las segundas vísperas nos ofrecen otra oración después del himno, donde Juan aparece como consagrado por la espada de Herodes y predicador de la penitencia.

4. San Juan Bautista y la espiritualidad hispano-mozárabe

            La figura de san Juan Bautista inunda el año litúrgico hispano-mozárabe. Su nacimiento “cristianiza” las festividades paganas acerca del fuego y de la luz, viendo en su persona la luz que ilumina a los incrédulos; pero Cristo es la Luz que ilumina a todo hombre. La piedad oriental queda reflejada en su consideración como ángel, íntimamente unido a su condición de profeta, que se prolongará en Occidente hasta el final de la teología monástica[44]. Su misión es preparar la venida de Cristo, pero su relación con esa misión pone ya las bases de la Iglesia. La amistad con el Esposo es un tema recurrente que nos indica que para los habitantes de nuestra tierra Juan no se predicaba a sí mismo sino a Cristo, por lo que debemos suponer que los discípulos de Juan le harían caso y seguirían desde el principio al Señor. Sin embargo, la evidente inferioridad de Juan frente a Cristo no impide reconocer su trato de amistad, su conocimiento profundo de los designios de Dios y de la persona de Cristo antes de su nacimiento. El nacimiento de Juan, desde un punto de vista soteriológico, sigue abierto a interpretaciones.
            Es difícil conocer la importancia de un santo en la vida de una comunidad. Por el paralelismo de fechas entre su nacimiento y su muerte, el hecho de que su nacimiento tenga desde hace tiempo y en la actualidad un domingo precedente a modo de vigilia, nos hacen ver su importancia. Ningún otro personaje del Nuevo Testamento tendrá una importancia tal como para interrumpir el ciclo dominical cotidiano y dedicar un domingo a la espera de su persona. Esto también nos indica que la espera por la celebración de su nacimiento tenía una connotación festiva, del mismo modo que en otras latitudes y tiempos, a diferencia de la austera vida terrena de Juan. Desde el punto de vista del año litúrgico, por las lecturas y por la presencia en la eucología, san Juan Bautista no tiene igual entre los santos celebrados en el MHM. Esto, unido a la sobriedad mariana que manifiesta la liturgia hispana[45], nos indica que la piedad de los cristianos antiguos tenía otros acentos distintos a los de hoy. Pero también se nos invita a redescubrir sensibilidades espirituales y comprensiones de la historia de la salvación que no son siempre las mismas. La omnipresencia del rito romano en Occidente y del Bizantino en Oriente es enriquecedora, pero también puede ocultarnos tesoros menos conocidos[46]. Esperamos que este breve estudio sobre san Juan Bautista en el pasado y en el presente del rito hispano-mozárabe sirva para abrirnos más a la historia salutis atestiguada por la Sagrada Escritura y por la comunidad orante.


Adolfo Ivorra Robla
Madrid





[1] «Oriéntese el espíritu de los fieles, sobre todo, a las fiestas del Señor, en las cuales se celebran los misterios de salvación durante el curso del año. Por tanto, el cielo temporal tenga su debido lugar por encima de las fiestas de los santos, de modo que se conmemore convenientemente el ciclo entero del misterio salvífico»: SC 108. Sin embargo, en el núm. 106, sobre la revalorización del domingo, dice: «No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico». La cursiva es nuestra. ¿Es la figura de san Juan Bautista una solemnidad de suma importancia? El actual MHM considera que sí, lo mismo que la tradición anterior.
[2] La natividad de María (8 de diciembre) no tiene vigilia ni, por supuesto, domingo precedente.
[3] El versículo de Mateo continúa: «Pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él». Esto lo dice Cristo cuando Juan todavía no había muerto, por lo que con esta frase sólo se afirma que la condición de los bienaventurados es siempre mayor que la de cualquier viator, por muy justo que sea.
[4] En el Corán, los ángeles hablan a Zacarías diciéndole: «Dios te anuncia la buena nueva de Juan, en confirmación de una Palabra que procede de Dios, y que será jefe, abstinente, profeta de los justos» (Corán, sura 3,39). Cuando se narra el nacimiento de Juan, se dice: «¡Zacarías! Te anunciamos la buena nueva de un muchacho que se llamará Juan, a quien no dimos homónimo en el pasado» (19,7). El carácter profético se comparte también en la Ortodoxia considerándolo como el último de los profetas del Antiguo Testamento.
[5] En una monición al Padrenuestro (Ad Orationem Dominicam) se dan dos títulos a Juan: precursor y mártir de Cristo.
[6] Cf. J. Vives – A. FábregaCalendarios hispánicos anteriores al siglo XIII, en Hispania Sacra 3 (1950), 150 y 153 respectivamente.
[7] Cf. J. Vives – A. FábregaCalendarios hispánicos anteriores al siglo XII, en Hispania Sacra 2 (1949), 128.
[8] Pedro y Pablo, Laurencio, la fiesta de la Asunción, Simón y Judas, Todos los santos y Cecilia, además de la Natividad y Epifanía.
[9] M. FérotinLe Liber Ordinum en usage dans l’église wisigothique et mozarabe d’Espagne du V au XI siécle, Paris, 1904 (reimpresión anastática de A. Ward y C. Johnson, 1996), 324 (468). Los pueblos bárbaros del norte de África (bereberes) prenden hogueras en la fiesta llamada Ansara.
[10] M. Férotino. c., 325 (469).
[11] «así, cuando Josué invocó al Señor, por la fuerza del nombre divino, prolongó el día hasta vencer al enemigo, tal como nuestro Jesús, la luz verdadera que haía de venir, crecería siempre más hasta destruir las tinieblas» (Los domingos de cotidiano, Barcelona, 1997, 42).
[12] El domingo precedente prefiere la illatio V De Cotidiano. Sin embargo, esta illatio es problemática por ser, en realidad, una anáfora completa hecha prefacio.
[13] «Entonces habló Josué a Yahveh, el día que Yahveh entregó al amorreo en manos de los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: «Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayyalón». Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está esto escrito en el libre del Justo? El sol se paró en medio del cielo y no tuvo prisa en ponerse como un día entero. No hubo día semejante ni antes ni después, en que obedeciera Yahveh a la voz de un hombre. Es que Yahveh combatía por Israel»: Jos 10, 12-14.
[14] M. Férotino. c., 337 (481).
[15] M. Férotino. c., 336 (480).
[16] En el rito romano, la decapitación se celebrará el 29 de agosto.
[17] Domine Deus, qui adventum unigeniti Filii tui Ioannem puerum praecurrere voluisti, ut missus a te, viam Christo incredulorum cordibus praepararet, et sanando contribulatos corde, et caecis restituendo luminis claritatem. Suffragio eius, et caecitatem cordis nostri illumina, et tribulationes cordium nostrorum in aeternum gaudium muta; ut qui in nativitate unigeniti Filii tui gaudio christiano attollimur, in adventu iudicii eius nullis poenarum vinculis contristemur.
[18] Aunque no recoja esto, Amalario de Metz nos habla de una misa de vigilia que se centra en la preparación como misión del Bautista: cf. Liber officialis, III, 38.
[19] Deus, qui nos in nativitate praecursoris tui Ioannis voluisti gaudere, fac nos plenum gaudium a te in futura examinatione percipere. Ut meritis eius, qui adventum tuum in spiritu et virtute Eliae praecessisse cognoscitur, et hic et in aeternum gaudiis collaetemur. Aquí alude a Lc 1, 17: Et ipse praecedet ante illum in spiritu et virtute Eliae, ut convertat corda patrum in filios et incredibiles ad prudentiam iustorum, parare Domino plebem perfectam.
[20] Este tema aparecerá en la post nomina.
[21] et concedat ut natalis Angeli sui ante faciem suam missi, os nostrum repleat confessione, cor nostrum roboret fide, cursum nostrum dirigat voce, contemptum mortis instruat veritate, agnitionisque innocentiam populo suo ipse impetret, qui eum Agnum Dei in populorum exspectatione monstravit. Sit ergo laus eius in ore nostro, ut qui vocis sollemnia solvimus, verbi munera capiamus.
[22] Deus, qui nobis per prophetiam praecursoris tui Ioannis obumbratarum significationum figuras aperta veritatis manifestatione monstrasti, tribue nobis intelligentiae lumen et pacis perpetuae claritatem.
[23] Esto nos indica ya el valor de la ordenación de perícopas de los manuscritos antiguos del rito.
[24] Con respecto al texto bíblico que inspira la comparación de la illatio, las exégesis varían: «Las opiniones de los exegetas se dividen sobre si el Bautista fue lleno del Espíritu Santo “ya desde el seno de su madre”, esto es, desde su nacimiento, o “todavía en el seno de su madre”, aún antes de haber nacido, así como sobre el problema de en qué consista más exactamente estar lleno del Espíritu Santo, si quiere decirse con ello que Juan, en el momento descrito en el v. 41, fue librado ya del pecado original y dotado de uso de razón»: J. SchmidEl evangelio según San Lucas, Barcelona, 1968, 54. Cf. F. BovonEl evangelio según san Lucas, I, Salamanca, 1995, 84-86.
[25] San Agustín da al silencio de Zacarías una interpretación que tendrá eco en varias partes de esta misa: «Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado»: AgustínSermo 293, citado en Liturgia de las Horas, 24 de junio, Oficio de lectura, Segunda lectura. A diferencia de la interpretación de san Agustín, nuestros textos ponen ya en Juan el fin del ocultamiento veterotestamentario.
[26] Los post sanctus hispanos son normalmente cristológicos: cf. MHM, Prenotandos, n. 74.
[27] Cf. A. Hänggi – I. PahlPrex Eucharistica, Fribourg Suisse, 1968, 377.
[28] Al combinar el elemento profético y apostólico de la misión del Bautista, la eucología hispana consolida las intuiciones de gnósticos y eclesiásticos del s. II: «Heracleón considera al Precursor, dentro de la antropología gnóstica, como una persona dotada, sobre el común de los mortales, de dos elementos privilegiados: el Profeta y el Discípulo. Como Profeta, poseía una naturaleza psíquica dotada de los dones proféticos del A. T. Como Discípulo, tenía la misma índole espiritual de los Discípulos y Apóstoles de Jesu-Cristo, y podía predicar las enseñanzas espirituales, típicas de la Economía Nueva. Heracleón adelanta así, heterodoxamente, una doctrina que había de ser traducida por S. Ireneo y Orígenes, mediante la concepción ortodoxa del Bautista, Profeta y Apóstol»: A. OrbeEl primer testimonio del Bautista sobre el Salvador, según Heracleón y Orígenes, en Estudios Eclesiásticos 30 (1956), 35.
[29] San Isidoro de Sevilla considera que la oración sexta –que la casi totalidad de especialistas identifica con los post pridie– está conformada por una súplica por la aceptación de la ofrenda y la epíclesis transformadora: Porro sexta exhinc succedit conformatio sacramenti, ut oblatio, quae Deo offertur, sanctificata per Spiritum sanctum, Christi corpori ac sanguini conformeturDe ecclesiasticis officcis, I, 15.
[30] Es decir, la anáfora sin el prefacio.
[31] munera pueri tui justi Abel.
[32] Liber Commicus, II, 126-130.
[33] «La dimensión dogmática, que identifica en el misterio de la persona de Cristo la alegoría, es decir, el Otro anunciado o proclamado (según el sentido etimológico de allegoria, término compuesto del griego allo y agoreuo) a escondidas, en secreto o misteriosamente, por la littera del Antiguo Testamento que expone los hechos»: I. GarganoLa metodología exegética de los Padres, en H. Simian-Yofre (ed.), Metodología del Antiguo Testamento, Salamanca, 2001, 212. La alegoría era un método común en Hispania, en continuidad con los Padres: «San Isidoro puso el acento en lo que él llamaba la interpretación alegórica [...] Además de interpretar la letra desde la fe y de querer enseñar con claridad la doctrina cristiana, hay otra nota característica en la obra isidoriana y es que en ningún momento pretendió ser original sin que quería situarse lo más fielmente posible en la tradición patrística»: M. Lluch BaixauliLa interpretación del decálogo en los siglos VII al IX. San Isidoro de Sevilla, Beda el Venerable y los escritores carolingios, en Scripta Theologica 33 (2001), 74.
[34] El texto de Lc 7 no se lee en el rito hispano.
[35] Cf. Ef 6, 17; Hb 4, 12.
[36] Cf. Ignacio de AntioquíaA los efesios, 18, 2.
[37] Aquí se observan dos temas propios de la tradición Occidental acerca del sheol: se insiste en la liberación, no en la predicación a los cautivos (cf. 1Pe 3, 18) y en el papel activo del Espíritu Santo. Si con su muerte Cristo ya envía el Espíritu, es que se encuentra presente en su misión, que concluye con la resurrección: «Es el poder vivificante del Espíritu el que ha resucitado a Cristo y quien actúa también en los infiernos de la muerte. Cristo arranca a los hombres de la cautividad del infierno. El descenso a los infiernos resulta así la puerta abierta para la vuelta de Adán al Paraíso»: E. Aliaga GirbésVictoria de Cristo sobre la muerte en los textos eucarísticos de la octava pascual hispánica, Roma, 1973, 104.
[38] La Epifanía en el MHM se denomina Apparitio.
[39] «entre la misión del Bautista y la de Cristo, no existe oposición alguna sino complemento. Se dice, en efecto, que asocie el Señor a los fieles presentes en la celebración a aquellos que, en el alborear de la fe, fueron primero lavados por Juan en el Jordán con aguas de penitencia y que, más tarde, fueron bautizados por Cristo en Espíritu Santo y fuego [...] El bautismo de Juan será completado posteriormente por Jesucristo, pero posee en sí un gran valor de preparación espiritual para los hombres. Lo que Juan realiza no puede comprenderse ni detenerse en él, sino, más bien, está exigiendo la culminación mesiánica, la actuación de Cristo que lo complete»: J. J. Rodríguez VelascoTeología y espiritualidad del adviento en la liturgia eucarística hispánica, Burgos, 1989, 75.
[40] La expresión ex elemento visibili et spiritu invisibili refleja la teología sacramental agustiniana: invisibilis gratiae, visibilia sacramentaAgustínQuaestiones in Heptateucum, 3, 84. El espíritu invisible no es aquí la gracia sino el Espíritu que se posa sobre Cristo.
[41] I. Tomás CánovasTeología de las celebraciones del tiempo de Navidad en la liturgia Hispano-Mozárabe revisada en 1991, Bilbao, 2003, 356s.
[42] Deus, qui Joannem praecursorem tuum ardentem lucernam atque lucentem in templo tuo constituisti; ut ardore fidei, quo calebat, aliis quoque inlucesceret suorum operum flamma; da nobis ejus meritis, et ardorem tuae dulcedinis habere, et lucem aeternitatis tuae attingere, concedens fragilitati nostrae, ut sic lucernae tuae sint animae nostrae, qualiter dum illis oleum suavitatis infundis, futuris eas gaudiis consoleris.
[43] Clange lyram Zacharias  Sacerdotum Princeps,  Cui copulata conjunx  Ab Aaron filiabus  Thalamorum inhaerebat  Solita praenuntiis.  Operibus Sanctiores  Praepollebant ceteris;  Ac synceris in mandatis  Incedebant Domini,  Et, nulla prole conlata,  Pergebant ad senium.  Mox enim hora refulsit  Incensorum tempore,  Suetum gestabat vates  Ignem in thuribulis  Sacris deferens odorem  Nectareum atriis.  Audit coelitus affatum,  Et sonorum Nuncium,  Cujus candore praeviso,  Tremor vatem inruit,  Quem blandis robustiorem  Reddidit sermonibus.  Ecce juncta thorum tibi  Conjunx parit sobolem;  Quam protinus nuncupabis  JOANNEM vocabulo:  Cujus totum praedicatur  Per Orbem Nativitas.  Hic coram Domino Magnus  Matris infra uterum  Repletus Spiritu Sancto,  Praecursurus Dominum;  In virtute, spirituque  
Praemissurus Heliae.  Talia, Sacer; e contra  Sic respondit Angelo:  Ecce jam nostra sub annis  Emarcuerunt viscera:  Ac vetulis denegatur  Sensibus posteritas.  Ego sum missus ab Astris  Angelorum socius;  Et tu Divinis videris  Praeceptis incredulus,  Propter quod carens loquela  Eris tacens labiis.  Temporibus jam completis,  Natus infans cernitur,  Cujus nomen praenotavit  Pater in volumine;  Vinculo soluto linguae  Conlaudavit Dominum.  Gloria, et honor Deo  Usquequaque altissimo,  Una Patri, Filioque,  Inclyto Paraclito;  Cui laus, et potestas  Per aeterna saecula. Amen.
[44] Hablando de los apóstoles y el Bautista, san Bernardo afirma: «Pero aquéllos lo escuchan [a Cristo] sólo con los oídos, éste, en cambio, lo aprendió internamente como los ángeles, porque nadie está tan cerca de Dios como la voz que precede al Verbo»: In nativitate Sancti Ioannis Baptistae, 4. En el mismo sermón encontramos títulos que aparecieron en nuestros textos: vox sponsiamicus sponsi.
[45] Aunque por la mañana se canta el Benedictus, en vísperas el BG no canta el Magnificat. La fiesta mariana de la liturgia hispana es el 18 de diciembre, a diferencia de la liturgia bizantina y la romana, que tienen varias.
[46] En el caso del rito romano, en el misal romano la Natividad de san Juan Bautista tiene rango de Solemnidad, posee un formulario para la Misa vespertina de la vigilia y otro para la Misa del día, además de un prefacio propio. Reproducimos el embolismo del prefacio: «Y al celebrar hoy la gloria de Juan el Bautista, precursos de tu Hijo y el mayor de los nacidos de mujer, proclamamos tu grandeza. Porque él saltó de alegría en el vientre de su madre, al llegar el Salvador de los hombres, y su nacimiento fue motivo de gozo para muchos. Él fue escogido entre todos los profetas para mostrar a las gentes el Cordero que quita el pecado del mundo. Él bautizó en el Jordán al Autor del bautismo, y el agua viva tiene, desde entonces, poder de salvación para los hombres. Y él dio, por fin, su sangre como supremo testimonio por el nombre de Cristo»: Misal Romano24 de junio. La Natividad de san Juan Bautista. El Martirio de san Juan Bautista es en este misal Memoria Obligatoria, y también tiene un prefacio propio, que es el mismo del día de su Natividad.