Viernes antes de Pentecostés (hispano-mozárabe)


Profecía: Is 1, 16-20.
Psallendum: Sal 78, 8s.
Apóstol: Ef 4, 23-5, 2.
Evangelio: Mt 15, 32-38.

            El viernes y sábados antes de Pentecostés tienen un tinte penitencial, lo mismo que las Letanías antes de san Cipriano (13 de septiembre) y antes de san Martín (10 de noviembre). Con estas ferias el nuevo calendario recoge la antigua práctica de prepararse penitencialmente antes de un día señalado. En el caso de Pentecostés se trata de dos días. El carácter penitencial de estos días apenas se aprecia en la liturgia de la palabra. Tanto el viernes como el sábado (año I) limitan al psallendum esta nota: la petición de la misericordia ante los pecados cometidos este viernes y la súplica por el perdón mañana. También en estos dos días se aprecia una continuidad no entre profecía y evangelio sino entre profecía y apóstol. Si san Pablo nos recuerda que el hombre nuevo ha sido creado en justicia y santidad verdaderas, Isaías nos invita a buscar la justicia. El don se convierte en tarea. Defender al huérfano y proteger a la viuda se convierten para los cristianos de Éfeso en dar al necesitado, dejar de robar, moderar las palabras y abrazar la verdad. En eso consiste la verdadera imitación de Cristo.
            Si pedimos misericordia en el psallendum es porque la hemos practicado. El canto responde a la primera lectura. Y si pedimos es porque, parafraseando a la Carta a los Hebreos, tenemos un sumo sacerdote que se compadece. El evangelio de Mateo de hoy nos dice que Jesús tenía lástima del hambre de la gente. El ayuno del cristiano mozárabe no solo es muestra de su arrepentimiento sino también pretende suscitar la misericordia divina. Mover a la generosidad a ese Dios impasible pero no inmisericorde, tal como lo recordará siglos después san Bernardo: Impassibilis Deus, sed non incompassibilis[1]. La multiplicación de los siete panes y los peces, con su connotación eucarística, nos invita a descubrir su misericordia por medio de los sacramentos, expresión de su compasión y cercanía.


[1] Bernardo, Sermo 26, 15.






Adolfo Ivorra