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«Misa en Rito Hispano-Mozárabe en el Concilio Vaticano II»

A los 50 años de la Misa en Rito Hispano-Mozárabe en el Aular Conciliar

En aquella mañana del 15 de octubre de 1963, día en el cual tenía lugar la quincuagésima octava asamblea conciliar, la Eucaristía se celebraba según una antigua y venerada Liturgia. La mirada de los más de dos mil padres conciliares estaba puesta en Monseñor Anastasio Granados, obispo auxiliar de la archidiócesis primada de Toledo que, bajo la cúpula de Miguel Ángel, celebraba en Rito Hispano-Mozárabe.

            Día gozoso para España, no sólo por ser el día en el que se recordaba a la santa doctora de la Iglesia Teresa de Jesús, sino también porque se celebraba con los mismos ritos y las mismas oraciones con las que, generaciones y generaciones de cristianos, alabaron a Dios en tierras hispanas. Y para ayudar a que la participación fuera plena, la tipografía políglota vaticana había preparado para los presentes el Ordo Missae ritu mozarabico in Concilio Oecumenico peragendae que contenía el formulario de la Misa Pro Episcopis.

Las voces de los alumnos del Pontificio Colegio Español y los del Claretianum resonaban en la basílica vaticana bajo la dirección del capellán mozárabe Gonzalo de la Cierva. El diácono era don José Guerra Campos, canónigo de Santiago de Compostela, y don Francisco Rivera Recio, canónigo de Toledo, el maestro de ceremonias. Terminada la Eucaristía, los Santos Evangelios eran introducidos solemnemente por monseñor Eduardo Martínez, entonces obispo de Zamora, y una vez pronunciado el famoso: «Exeant Omnes», daba comienzo la sesión. Pero esta celebración no fue sino la mecha que prendió el inicio de un largo camino.

Años más tarde, el Cardenal Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo y Superior responsable del Rito, siguiendo las directrices del Concilio, dará inicio a la reforma. Así, en el año 1982 nacería en Toledo un coetus, presidido por el benedictino Jordi Pinell y un nutrido grupo de cualificados liturgistas. En solo 6 años nació el Ordo Missae que, aprobado ad interim por la Santa Sede, sería presentado en la Plenaria de la Conferencia de los Obispos de España en noviembre de 1991. Y, tras éste, vinieron los siguientes frutos: el primer y segundo volumen del Misal, en 1991 y 1994 respectivamente; los dos tomos del Liber commicus, en 1991 y 1995.

Sólo habría que esperar un año desde la aparición del primer tomo del Misal para que, el 28 de mayo de 1992, sucediera algo verdaderamente único y excepcional. Como culmen de la reforma llevada a cabo, en la Basílica de san Pedro volvían a resonar las melodías mozárabes pero, en esta ocasión, era un sucesor de Pedro, el beato Juan Pablo II, el que presidía la Eucaristía en este venerable Rito. Concelebraron con el Santo Padre, además del Cardenal González Martín, los Cardenales Martínez Somalo y Javierre Ortas, además de numerosos obispos españoles y más de 150 sacerdotes. Asistieron los Cardenales Sodano, Rossi, Noé, Innocenti y Baffile, y diversos prelados, como por ejemplo, los monseñores Re y Del Portillo.

            Don Marcelo agradeció al Papa el haber celebrado la Eucaristía en esta venerable Liturgia y quiso proclamar y profesar la fe que, desde hacía muchos siglos, la Archidiócesis Primada vivía en comunión con la sede de Pedro. Y allí, en el altar de la Confesión de la basílica, el Papa dijo a los presentes: «Deseo expresar mi viva complacencia por el meritorio trabajo realizado en la revisión del misal hispano-mozárabe, cumpliendo así lo prescrito en la Constitución “Sacrosanctum Concilium” sobre la sagrada liturgia (cf. SC, 4). Con ello se ha ofrecido a la Iglesia de España un fruto precioso, que es a la vez un eminente servicio a la cultura, por lo que tiene de recuperación de las fórmulas en que expresaron su fe vuestros antepasados». Con estas palabras el Santo Padre agradecía los frutos y desvelos de Don Marcelo.

[Publicado por Salvador Aguilera López en

l’Osservatore Romano el 16 de noviembre de 2013]