22 de noviembre: Santa Cecilia.

(Rito mozárabe)


22 de noviembre

santa cecilia

(Memoria)


Cecilia es una de las más famosas mártires romanas. Su sepulcro, en las catacumbas de san Calixto, fue venerado desde época antiquísima y su nombre aparece en la Plegaria Eucarística romana (Canon Romano). Más tarde, sus restos son trasladados a la basílica que lleva su nombre, en el barrio del Trastevere, y que la tradición dice edificada sobre la casa de la familia de Cecilia.

Su martirio suele situarse a finales del siglo II o comienzos del III. En el siglo IV existen testimonios que nos hablan de un culto solemnísimo y una gran veneración popular en Roma a esta santa.


Prælegendum (Sal 118, 46. 1)

Expondré tus preceptos ante los reyes, aleluya, y no me avergonzaré, aleluya, aleluya. V. Dichoso el que con vida intachable camina en la voluntad del Señor. R. Y no me avergonzaré, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Y no me avergonzaré, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam

Cristo Señor, que concediste a tu sagrada virgen Cecilia una fortaleza tan grande que venció al mundo, apresurándose a dar la vida por ti; por su intercesión, enciende en nosotros la llama de tu amor, para que no nos seduzcan las llamas de la carne ni nos engañen los halagos del mundo. R. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Profecía

Lectura del libro del Profeta Jeremías (Jer 31, 3-7).

R. Demos gracias a Dios.

En aquellos días:

3 El Señor se me apareció de lejos:

Con amor eterno te amé,

por eso prolongué mi misericordia para contigo.

4 Te construiré, serás reconstruida,

doncella capital de Israel;

volverás a llevar tus adornos,

bailarás entre corros de fiesta.

5 Volverás a plantar viñas

allá por los montes de Samaría;

las plantarán y vendimiarán.

6 «Es de día» gritarán los centinelas

arriba, en la montaña de Efraín:

«En marcha, vayamos a Sión,

donde está el Señor nuestro Dios».

7 Porque esto dice el Señor:

«Gritad de alegría por Jacob,

regocijaos por la flor de los pueblos;

proclamad, alabad y decid:

¡El Señor ha salvado a su pueblo,

ha salvado al resto de Israel!». R. Amén.


Psallendum (Sal 47, 11s)

Tu alabanza, Dios, llega al confín de la tierra, tu diestra está llena de justicia. V. El monte Sión se alegra, se alegran las ciudades de Judá, con tus sentencias. R. Tu diestra está llena de justicia.


Apóstol

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (Col 1, 12-22).

R. Demos gracias a Dios.

Hermanos:

12 Damos gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

13 Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,

y nos ha trasladado

al reino del Hijo de su Amor,

14 por cuya sangre hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

15 Él es imagen del Dios invisible,

primogénito de toda criatura;

16 porque en él fueron creadas todas las cosas:

celestes y terrestres,

visibles e invisibles.

Tronos y Dominaciones,

Principados y Potestades;

todo fue creado por él y para él.

17 Él es anterior a todo,

y todo se mantiene en él.

18 Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,

y así es el primero en todo.

19 Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

20 Y por él y para él

quiso reconciliar todas las cosas

las del cielo y las de la tierra,

haciendo la paz por la sangre de su cruz.

21 Vosotros, en otro tiempo, estabais también alejados y erais enemigos por vuestros pensamientos y malas acciones; 22 ahora en cambio, por la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados para ser admitidos a su presencia santos, sin mancha y sin reproche. R. Amén.


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 13, 44-52).

R. Gloria a ti Señor.

En aquel tiempo:

Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:

44 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

45 El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, 46 que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

47 El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: 48 cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. 49 Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos 50 y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51 ¿Habéis entendido todo esto?». Ellos le responden: «Sí». 52 Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo». R. Amén.


Laudes (Sof 3, 14)

Aleluya. Regocíjate, hija de Sión, alégrate, salta de júbilo, Jerusalén. R. Aleluya.


Sacrificium (Ct 4, 4. 7. 10; 5, 12-15)

Te alzas como la torre de David, y no hay tacha en ti. ¡Qué hermosa y adornada resultas con tus vestiduras! La fragancia de tus perfumes es como la del Líbano, más que todos los bálsamos, aleluya. V. Como las palomas que anidan sobre las cascadas, como las balsameras, macizos de perfume, como los lirios que destilan mirra, como los aretes de oro con piedras preciosas de Tarsis, como el Líbano esbelto, cual los cetros, como columnas de alabastro, asentadas en basas de oro. R. ¡Qué hermosa y adornada resultas con tus vestiduras! La fragancia de tus perfumes es como la del Líbano, más que todos los bálsamos, aleluya.


Oratio admonitionis

Queridos hermanos, dediquemos con suma devoción este día venerable por el martirio de Cecilia, la vencedora. En él ha sido coronada con el martirio esta virgen, fecunda en su castidad, al derramar su sangre. Ella, sin duda, podrá impetrar de Dios el perdón para nuestras ofensas, ella que cubriendo su carne de cilicios convirtió a la fe las almas de muchos, cuando tras rechazar la cópula carnal con su esposo lo asoció consigo y con todos los escuadrones de los mártires en la gloria del martirio. Roguemos, pues, devotamente, que los que vencieron la libido y superaron la persecución del enemigo demencial sean nuestros intercesores en la presencia de Cristo, por cuyo nombre padecieron: sean refugio para los peregrinos, liberación para los encarcelados, alivio para los oprimidos, regreso para los que viajan, recuperación para los enfermos, subsidio para las viudas y defensa diaria para los huérfanos. Pues no van a ser defraudados en sus preces delante de Dios los que por él entregaron su vida. R. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Alia

Omnipotente Hijo unigénito de Dios Padre, que para fortalecer la fe de tus mártires, Valeriano, Tiburcio y Cecilia enviaste a la tierra ángeles resplandecientes, con sendas coronas entretejidas de lirios y rosas; cuando ellos intercedan por nosotros en tu presencia, líbranos de nuestras molestias, y cólmanos de dones espirituales. Para que como ellos, siguiendo los impulsos de tu gracia, alcanzaron el martirio, así nosotros por tu gracia precedente y subsiguiente alcancemos aquí fruto de la penitencia y después la compañía de los santos. Que sin cesar perdones a los necesitados de misericordia en cada región donde haya un santo intercesor que justifique a los penitentes, ya que los mártires te suplican a favor de los pecadores, para que gocemos de su compañía en el cielo los que aquí nos amparamos bajo su patrocinio, y nos congratulamos ahora con su alegría, que un día esperamos compartir para siempre. R. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.


Post Nomina

Dios eterno, te pedimos suplicantes que tu sierva Cecilia merezca ser oída en tu presencia en favor de todo el pueblo cristiano, lo mismo que fue escuchada en favor de su esposo, y así, por ella, lo mismo vivos que difuntos, obtengan el consuelo de la indulgencia como su esposo mereció conocer la verdadera fe. R. Amén.

Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.


Ad Pacem

Cristo, Hijo de Dios, que a través de tu ángel, portador de las coronas destinadas a cada uno, fortaleciste para la fe los corazones de Valeriano, Tiburcio y Cecilia, dándoles con ella una señal de la castidad y aumento en la experiencia de tu dulce amor, te rogamos que a su semejanza habite siempre tu paz en nuestros corazones, que podamos rechazar los incentivos de la carne y ser renovados por la abundancia de tu multiforme dulzura. R. Amén.

Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Illatio

Es digno y justo que te demos gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Él da fuerzas a los que creen en él y fortalece en la alegría a quienes ponen en él su confianza. Todo el que cree en él no será confundido, pues uno y otro sexo sacan fuerzas del que es refugio para los varones y para las féminas trofeo de triunfo y de victoria. Él dotó a su virgen santa Cecilia en alto grado con el don del Espíritu Santo, de forma que, portándose en las buenas obras como hubiera podido hacerlo el más esforzado varón, atrajera a su esposo a la fe de Cristo y ablandara la dureza del cuñado con sus asertos sobre las divinas leyes. [Y por si esto fuera poco, los siguió trabajando con sus palabras, hasta hacerles desear ardientemente la gloria del martirio. Así consta en las actas de los mismos mártires, donde vemos cómo ellos fueron decapitados por la espada, y que la gloriosa virgen Cecilia estuvo encerrada en las termas un día entero y toda una noche, sin que ello le ocasionara daño alguno, pues mereció ser preservada en la caldera de los baños la que llevaba a Cristo en su pecho. Eran dos distintas hogueras las que ardían, una en el corazón de la virgen, la otra bajo sus pies. Una destinada a la combustión, otra para el refrigerio; una amenazaba con el suplicio, la otra prometía el reino; una causaba la muerte a los cuerpos mortales, otra preparaba la libertad futura para el espíritu llamado a ser vivificado; por una se extingue la vida, por la otra se llega a la vida verdadera; en la primera refrigeraba Cristo, en la segunda se enardecía el horrendo perseguidor. Cuando vence el fuego divino, cesa el humano por más que se pretenda cebarlo: la persecución humana tuvo que ceder al poder divino. Pero aunque se salvara en las llamas, tú habías dispuesto que se acercara a ti en paz, consagrada con la efusión de su sangre. ] Te rogamos, Dios santo, que por ella otorgues la concordia a tus sacerdotes, la disciplina de la frugalidad a los ministros y a todo el clero, vida a los reyes, modestia a los príncipes, castidad a las vírgenes, continencia a las viudas, pudor a los casados, y a todos en general el perdón de los pecados. Por el mismo a quien alaban todos los ángeles y arcángeles, los tronos, las dominaciones y las potestades, diciendo:


Post Sanctus

Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, por quien estos mártires, combatiendo valerosamente, dieron sus vidas, y ahora gozan participando de la gloria celestial. Él penetró el corazón de su virgen Cecilia con su dulce amor, extirpando ella de raíz todo deseo carnal. Y así, rechazando la cohabitación con su esposo, se guardó intacta para Jesucristo solo, que por ella ablandó el corazón del esposo. Gloria y acción de gracias para nuestro Dios y Salvador, que colmó a esta virgen de su amor, un amor en el que no cabe divorcio, sino que aumenta la plenitud espiritual de la caridad.

Porque él es el Señor, el Redentor eterno.


Post Pridie

Dios excelso y Señor de los cielos, que quisiste conocer por medio de tu Ángel la voluntad de tu mártir Valeriano, dándole la oportunidad de pedir lo que quisiera, garantizándole que había de conseguirlo por su fe; y él pidió y obtuvo la salvación de su hermano. Te pedimos, por la oración del mismo Ángel, que prestes oído a nuestras peticiones, y lo mismo que visitó aquellos corazones ya creyentes, sane los nuestros enfermos; así el mismo que te llevó sus preces nos traerá la santificación de esta ofrenda. Nos complace que el mismo que bajó del cielo y se presentó ante los ojos de nuestros santos venga ahora a traer tu bendición a estos sacrificios nuestros. R. Amén.


Ad Orationem Dominicam

Queridos hermanos, considerad lo que puede la oración de los santos, lo que pueden obtener las oraciones de los justos a favor de los que no lo son, viendo que por la oración de Urbano se cumplen los deseos de la virgen Cecilia, y la fe de Valeriano y Tiburcio brilla aumentada con la gloria del martirio. Alcemos, pues, nuestras palmas al cielo, imploremos el auxilio divino invocando al que conocemos como Padre, por su bondad, aunque también le temamos por ser el juez que ha de venir a juzgarnos. Sabemos que nos dará la vida eterna el mismo que libró a Cecilia de las llamas. El que les oyó en medio de su lucha martirial nos oirá cuando expongamos nuestras angustias en su presencia, cuando le ensalcemos diciendo:


Benedictio

El Dios todopoderoso que dispuso que el matrimonio de Valeriano y Cecilia fuera espiritual, os otorgue el incremento de la convivencia celestial. R. Amén. El que condujo a la fe a Tiburcio a ruegos de su hermano, haga que por vosotros se enciendan en muchos el deseo de las mansiones eternas. R. Amén. Para que gocéis siempre de las ayudas de estos santos, cuyo triunfo celebráis con patente alegría. R. Amén.

Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Completuria

Señor, Dios todopoderoso, que eres vida y salvación de los fieles: creemos que has de venir como juez verdadero. Sé propicio con nosotros, para que sintamos que el auxilio de tu misericordia se derrama sobre nosotros, que hemos ofrecido esta oblación por nuestra salvación y la de los nuestros, y por la expiación de nuestros pecados, en honor de tu virgen y mártir santa Cecilia; y así, los que nos hemos alimentado en el banquete de tu mesa, merezcamos conseguir como don de tu generosidad, el premio eterno. R. Amén.

Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.