Teología litúrgica. Métodos y perspectivas.



AA.VV., Teología litúrgica. Métodos y perspectivas, Cpl, Barcelona, 2013, 150pp.

Este breve Dossier está conformado por las contribuciones de cuatro estudiosos de la teología litúrgica: Félix Arocena, profesor de la Universidad de Navarra, David Fagerberg, profesor de la Universidad de Notre Dame (USA), Bogusław Migut, profesor de la Universidad Católica de Lublin (Polonia) y Manlio Sodi, profesor de la Universidad Pontificia Salesiana (Italia).
El propósito de los autores es responder de forma general a la actual cuestión ¿qué es la teología litúrgica? Aunque como tal el concepto aparece hace unos siglos, todos ellos dan por supuesto que esta disciplina teológica tiene su inicio y desarrollo en el s. XX. El primero que nos introduce en la cuestión es el americano Fagerberd, conocido por sus estudios sobre la teología litúrgica (Theologia Prima: What is Liturgical Theology, Chicago, 2004). El autor orienta la cuestión desde la perspectiva anglosajona, basándose solamente en las obras de Aidan Kavanagh y el bizantino Alexander Schmemann. En este último, el tema recurrente en su obra es el descubrimiento del ordo detrás de las normas litúrgicas, cuestión típicamente bizantina debido a la constante contradicción entre la praxis real y lo previsto en los libros litúrgicos, especialmente el Typikon. La fe se expresa en la liturgia, que no es una autoridad o locus theologicus sino la condición ontológica de la teología. Para Kavanagh, benedictino, la liturgia es un acto de theologia prima, además de ser un encuentro que nos transforma al modo de las experiencias teofánicas del Antiguo Testamento. También el propio Fagerberd expone su visión de la teología litúrgica, resaltando que la liturgia es un punto de entrenamiento (aksesis) para realizar la liturgia cósmica: que lo sagrado empare lo profano. Señala también el carácter dado de la liturgia, que parte de la visión de Dios, no la del hombre.
Esta lluvia de ideas nos prepara para el segundo capítulo, que es el más sistemático. Manlio Sodi describe los contenidos y método de la teología litúrgica, al hilo de Optatam Totius 16, buscando el lugar de dicha teología en el marco de las disciplinas teológicas. Siguiendo de cerca a su maestro, Achille M. Triacca, Sodi desarrolla la estructura mental de su aproximación a la teología litúrgica desde las conocidas categorías de lex credendi, lex orandi y lex vivendi. La liturgia es un momento simbólico y ella misma es teología: discurso sobre Dios a partir de la experiencia de los fieles. Esto hace a cada fiel un teólogo. Sigue en la línea de otros autores al proponer a la liturgia como theologia prima, distinta de la theologia secunda que se expresa y manifiesta en el Magisterio y en la reflexión de los teólogos. Señala la importancia de la eucología, pero también advierte de la dificultad para encontrar una metodología adecuada para comprender el aspecto gestual en la liturgia y la interacción con las ciencias humanas. Entre los múltiples puntos que aborda, cabe señalar el valor central que tiene la liturgia para la espiritualidad: «El Espíritu Santo es invocado y opera en la acción litúrgica. Solo de la epíclesis sacramental puede surgir aquella experiencia de “vida en el Espíritu” (=espiritualidad) que constituye la amalgama de todos los demás compromisos» (pág. 57).
Arocena también desarrolla el tema de la liturgia como símbolo que media entre el logos y el ethos cristiano. Elige para ello la trilogía de Jean Corbon: Mysterium, Actio, Vita. La liturgia queda registrada como el punto de encuentro y relación entre la fe y la ética. Insiste en la cuestión de la forma: «no se trata tanto de plasmar la liturgia cristiana conforme a los postulados del momento presente, cuanto de permitir sobre todo que la liturgia sea la más nítida imagen de cómo transformar el mundo» (pág. 73). Lo principal de la liturgia no es tanto el enseñar la fe como el celebrarla. También fundamenta su visión de la teología litúrgica desde las categorías de theologia prima et secunda. Tiene afirmaciones sugerentes, como la relación entre causalidad y significatividad, que el autor ve en expresiones rubricales como «en razón del signo», que se pueden encontrar en los libros litúrgicos. El aspecto existencial de la liturgia, tratado por el autor en otra publicación (Liturgia y vida, Madrid, 2012), recibe un tratamiento más preciso, resaltando el lugar insustituible que es el domingo para la vida cristiana. Otros aspectos dignos de mención es la alusión a los sentidos espirituales de la liturgia, la necesidad de revalorizar la gestualidad, la unión entre lo intelectual y afectivo.
En el último capítulo, Migut adopta una postura más tradicional al ver la liturgia vinculada a la Revelación: la primera está al servicio de la segunda. La reflexión de este autor se fundamenta en la Constitución Dei Verbum. Como novedad a estos planteamientos, Migut abre su exposición al pensamiento de Marie-Dominique Philippe y su comprensión de la teología litúrgica como mística. Migut considera muy importante que la teología litúrgica esté enraizada en la teología bíblica, pues la litúrgica sería una teología de la Economía divina. Desde estos presupuesto, afirma que la liturgia «puede y debe ser vista como un lugar privilegiado en el que Dios habla al hombre» (pág. 122).
En estas páginas queda enmarcada la situación de la teología litúrgica en general, además de ofrecer las líneas fundamentales que tiene hoy en la mayoría de los teólogos. Aunque se han tratado varios autores mundialmente conocidos, no se ha ahondado en las diferentes escuelas y posturas a nivel monográfico. Para ello, el lector tendrá que consultar otras obras, como la también recientemente publicada Liturgia y Teología. Del dilema a la síntesis de Alfonso Berlanga. El mérito de esta obra conjunta está precisamente en eso: mostrar que varios teólogos del mundo –España, Estados Unidos, Polonia e Italia– tienen un modo armónico de comprender la teología litúrgica. De fácil lectura, nos encontramos ante una obra que sin ser propiamente divulgativa, sí que nos introduce en las cuestiones fundamentales de esta joven disciplina teológica.

Adolfo Ivorra