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And can it be that I should gain.

El ecumenismo no es relativismo, lo mismo que el diálogo interreligioso. No se trata de olvidar las diferencias, ocultarlas o disminuirlas. El anglicanismo, lo mismo que el protestantismo, tiene un "defecto de orden" por el que no tienen ni el orden sagrado ni la eucaristía válida. No obstante, eso no impide que podamos reconocen, alabar y sanamente envidiar la manera en que se desenvuelve el culto en esas comunidades cristianas.

La ceremonia de entronización del arzobispo de Canterbury, Justin Welby, me dejó gratamente sorprendido, lo mismo que a un compañero en el mundo de los blogs de temática litúrgico-musical, Oscar Valado. En esa entronización pudimos contemplar el gran deseo de renovación de la liturgia católica, desde san Pío X hasta el Vaticano II: la participación, consciente y activa, de los que participan en una acción cultual cristiana. Los intentos de renovar el canto litúrgico con el papa citado, la vuelta al gregoriano como canto idóneo para la participación del pueblo y el deseo del concilio Vaticano II de que los fieles canten las partes del ordinario de la misa en latín han sido, en general, deseos con pocos frutos, especialmente en el catolicismo hispanohablante.
Hay que agregar, como ya lo he hecho en otras oportunidades, que el repertorio musical se ve limitado ampliamente a la celebración de la eucaristía, olvidando casi por completo otras acciones litúrgicas tan propias como el oficio divino. En cualquier caso, otras comunidades cristianas, lo mismo que Iglesias locales católicas del norte de Europa, han sabido potenciar un aspecto fundamental para la participación de todos los fieles (clérigos y laicos) como es el canto.
Uno de los himnos cantados en la entronización de la que estamos hablando es "And can it be that I should gain", compuesto por Charles Wes­ley en 1738 y dotado de música por Thomas Campbell en 1825. Creo que este himno del anglicanismo "histórico" nos muestra cómo el canto favorece no solo la participación activa, sino también la cohesión de la propia comunidad cristiana local. Por si fuera poco, el texto del himno realmente mueve a la devoción y a la piedad, con una temática propia de estos días de Viernes y Sábado del Triduo Pascual.


And Can it Be that I Should Gain
And can it be that I should gain
An interest in the Savior’s blood?
Died He for me, who caused His pain—
For me, who Him to death pursued?
Amazing love! How can it be,
That Thou, my God, shouldst die for me?
Amazing love! How can it be,
That Thou, my God, shouldst die for me?
’Tis mystery all: th’Immortal dies:
Who can explore His strange design?
In vain the firstborn seraph tries
To sound the depths of love divine.
’Tis mercy all! Let earth adore,
Let angel minds inquire no more.
’Tis mercy all! Let earth adore;
Let angel minds inquire no more.
He left His Father’s throne above
So free, so infinite His grace—
Emptied Himself of all but love,
And bled for Adam’s helpless race:
’Tis mercy all, immense and free,
For O my God, it found out me!
’Tis mercy all, immense and free,
For O my God, it found out me!
Long my imprisoned spirit lay,
Fast bound in sin and nature’s night;
Thine eye diffused a quickening ray—
I woke, the dungeon flamed with light;
My chains fell off, my heart was free,
I rose, went forth, and followed Thee.
My chains fell off, my heart was free,
I rose, went forth, and followed Thee.
Still the small inward voice I hear,
That whispers all my sins forgiven;
Still the atoning blood is near,
That quenched the wrath of hostile Heaven.
I feel the life His wounds impart;
I feel the Savior in my heart.
I feel the life His wounds impart;
I feel the Savior in my heart.
No condemnation now I dread;
Jesus, and all in Him, is mine;
Alive in Him, my living Head,
And clothed in righteousness divine,
Bold I approach th’eternal throne,
And claim the crown, through Christ my own.
Bold I approach th’eternal throne,
And claim the crown, through Christ my own.


Adolfo Ivorra