Domingo I de Cuaresma.

(Rito hispano-mozárabe)



primer Domingo de cuaresma,
en la supresión de la carne


Prælegendum (2Cor 6, 2b; Sal 92, 1a)
Ahora es el tiempo favorable, aleluya. R. Ahora es el día de la salvación, aleluya. V. El Señor reina vestido de majestad, el Señor, vestido y ceñido de poder. R. Ahora es el día de la salvación, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Ahora es el día de la salvación, aleluya.


Oratio post Gloriam
Que te escuchen, Señor, todas las naciones, y ricos y pobres te presten atención. Que no sintamos temor de los días nefastos, ni como mulas falsas pretendamos sacudir la carga de nuestra fe. Que nuestro entendimiento te busque con premura sólo a ti, para que recibamos el premio sempiterno cuando te alabemos con todos los santos en la gloria. R. Amén.
Por la misericordia de nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Lectura histórica
Lectura del primer libro de los Reyes (1Re 19, 3-14).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
3 Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para poner a salvo su vida. Llegó a Berseba de Judá y allí dejó a su criado. 4 Luego anduvo por el desierto una jornada de camino, hasta que, sentándose bajo una retama, imploró la muerte diciendo: «¡Ya es demasiado, Señor! ¡Toma mi vida, pues no soy mejor que mis padres!». 5 Se recostó y quedó dormido bajo la retama, pero un ángel lo tocó y dijo: «Levántate y come». 6 Miró alrededor y a su cabecera había una torta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a recostarse. 7 El ángel del Señor volvió por segunda vez, lo tocó y de nuevo dijo: «Levántate y come, pues el camino que te queda es muy largo». 8 Elías se levantó, comió, bebió y, con la fuerza de aquella comida, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
9 Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: «¿Qué haces aquí, Elías?». 10 Y él respondió: «Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela». 11 Le dijo: «Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor». Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante el Señor, aunque en el huracán no estaba el Señor. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Señor. 12 Después del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego el susurro de una brisa suave. 13 Al oírlo Elías, cubrió su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le llegó una voz que le dijo: «¿Qué haces aquí, Elías?», 14 y él respondió: «Ardo en celo por el Señor, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebatármela». R. Amén.

Año I
Psallendum (Sal 78, 8-9a)
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, Señor. V. Pues estamos agotados, socórrenos, Dios, salvador nuestro. R. Que tu compasión nos alcance pronto, Señor.

Año II
Psallendum (Sal 77, 19b-20a. 23-24a)
¿Podrá Dios preparar una mesa en el desierto? V. Es verdad, golpeó la roca y manó agua abundante que corrió torrencial. R. En el desierto. V. Dio orden a las altas nubes, abrió las compuertas del cielo. Hizo llover el maná para ellos. R. En el desierto.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 5, 20-6, 10).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
20 Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. 21 Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.
6, 1 Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. 2 Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. 3 Nunca damos a nadie motivo de escándalo, para no poner en ridículo nuestro ministerio; 4 antes bien, nos acreditamos en todo como ministros de Dios con mucha paciencia en tribulaciones, infortunios, apuros; 5 en golpes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; 6 procedemos con limpieza, ciencia, paciencia y amabilidad; con el Espíritu Santo y con amor sincero; 7 con palabras verdaderas y la fuerza de Dios; con las armas de la justicia, a derecha e izquierda; 8 a través de honra y afrenta, de mala y buena fama; como impostores que dicen la verdad, 9 desconocidos, siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; 10 como afligidos, pero siempre alegres, como pobres, pero que enriquecen a muchos, como necesitados, pero poseyéndolo todo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 4, 1-11).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Jesucristo nuestro Señor 1 fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2 Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». 4 Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». 5 Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo 6 y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». 7 Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». 8 De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 10 Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a el solo darás culto”». 11 Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y le servían. R. Amén.

Año I
Laudes (Sal 77, 1)
Aleluya. V. Escucha, pueblo mío, mi enseñanza. R. Aleluya.

Año II
Laudes (Sal 18, 11; 118, 103)
Aleluya. V. Qué dulces a mi paladar tus palabras, Señor. Más dulces que un panal que destila. R. Aleluya.

Sacrificium (Dt 7, 13; Ex 12, 16; Lv 26, 23; Dt 9, 15-18; 16, 1-2. 4b)
El Señor os multiplicará como las estrellas del cielo. Amadle y observad sus preceptos y las ceremonias de cada tiempo, para que vuestros hijos aprendan la manera de comportarse con el Señor, vuestro Dios, Aleluya. V. Habló Moisés a todo el pueblo de Israel, y les dijo: “Al bajar del monte, trayendo en mis manos las tablas de la ley, vi que habíais abandonado los senderos de Dios, que yo os había enseñado, y arrojé las tablas y las deshice al pie del monte, y me postré ante el Señor, cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua, por los pecados que habíais cometido en presencia de Dios, y, temiendo por vosotros, le pedí y me escuchó. R. Para que vuestros hijos aprendan la manera de comportarse con el Señor, vuestro Dios, Aleluya. V. Observad el mes de las primeras mieses y primer día del tiempo que conmemora la salida de Egipto, e inmolaréis vuestra pascua a Dios, por la tarde. Desde la puesta del sol no quedará en vuestras casas nada de lo preparado el día anterior y ese mismo día por la mañana. Celebraréis los días festivos, ofreciendo oblaciones espontáneas de vuestras manos. R. Para que vuestros hijos aprendan la manera de comportarse con el Señor, vuestro Dios, Aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, cuando se acercan los días de la santa Cuaresma, oremos a Dios con humildad de cuerpo y alma. Y aunque todo el tiempo de nuestra vida debe estar el alma dedicada al servicio del que nos creó a su imagen, los ejemplos de los Padres nos dicen que debemos observar las prescripciones de estos días de manera especial, y eso nos lo enseñan lo mismo de palabra que de obra, porque ellos pusieron en práctica primero lo que nosotros debemos imitar. Traigamos primero a colación a Moisés, el legislador, que en tal número de días, en la cima del alto monte, no se alimentaba más que de la palabra de Dios que conservaba con él. El segundo que nos sale al encuentro es Elías, el profeta, que caminó con la fuerza que le dio una sola comida durante cuarenta días, hasta una montaña elevada, donde escuchó de la sagrada boca, los anuncios acerca de la salvación de los hijos de Israel. El tercero es el mismo Señor nuestro Jesucristo, que en el interior del desierto, por otros tantos cuarenta días, venció todas las tentaciones del diablo. Enseñados por estos ejemplos, esforcémonos durante estos cuarenta días, en expulsar de nosotros la levadura de la maldad, para que merezcamos encontrar después los ázimos de la sinceridad y la verdad. R. Amén.
Por la misericordia de nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Que los que deseamos consagrar el inicio del camino de la salvación, por el sacrificio de esta solemnidad, encontremos, Dios Padre, a tu Hijo Unigénito, que en otro tiempo rechazó y derrotó con la palabra divina la astucia del taimado tentador, que pretendió seducirlo de tres maneras distintas. Él aparte de nosotros las virulentas semillas de las tentaciones, impida que prestemos asentimiento a las malas sugerencias, él restaure con el pasto divino el hambre de nuestra tibieza. Que nos protejan contra las asechanzas de este tentador la loriga de la justicia y el yelmo de la salvación eterna. Muestre desde el cielo a nuestra fragilidad, la fortaleza del alimento perenne; así tendremos las máximas fuerzas para empezar desde mañana el tiempo de abstinencia establecido para nosotros. Pierdan fuerza en nosotros los deseos de la petulancia carnal, aléjese la ira, cese la avidez, apáguese el vicio de la bebida. Apártense los engaños, tengan salud nuestros cuerpos y nuestras almas la fuerza divina. Que el alma y el cuerpo mantengan la paz al cumplir el ayuno, la fortaleza en cada uno de nuestros actos, la constancia en el propósito, la disciplina en el cumplimiento. Así, aceptando libremente el tiempo de ayuno prescrito, nos resulte fácil y saludable, con la ayuda de quien lo instituyó para nuestra purificación. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los Santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Cristo, Hijo de Dios vivo, de quien hemos aprendido que no se vive de solo pan sino de toda palabra que sale de tu boca: concede a los que, siguiendo tu magisterio, comenzamos hoy los inicios de la presente cuaresma con cánticos festivos, que podamos obtener de ti los deseados auxilios para vivos y difuntos. Así nosotros lograremos la gracia de servirte con plena dedicación, y ellos alcanzarán el lugar de la eterna bienaventuranza. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, a quien Elías dedicó su ayuno de cuarenta días antes de ser arrebatado en el carro de fuego; concede la gracia profética a los pueblos cristianos, para superar los deleites de la carne y de la sangre. Haznos sobrios en todo y por todo, haznos pacíficos, observantes de los preceptos celestiales; así te hallaremos benigno en este sacrificio y mostrarás tu rostro amable a los que te invocamos humildemente. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo que te demos gracias, Dios Trinidad, que alimentas los cuerpos y llenas de bendiciones a las almas. Ayúdanos, Señor, que no sólo alimentas con manjares materiales, sino también nutres con alimentos espirituales, para que no vivamos solamente de pan, sino que hallemos alimento de vida en cada una de tus palabras, y encontremos refección no sólo en los banquetes, sino también en los ayunos; pues como los cuerpos se ceban con los manjares y los licores, las almas lo hacen con los ayunos y con tus palabras. Pues con este don tú has preparado para los cuerpos abundancia de salud y de bienestar para las almas, disponiendo para nosotros el venerable ayuno desde el principio del mundo. Pues si Eva, la madre del género humano, se hubiera guardado de probar el fruto del árbol prohibido, hubiera conservado la inmortalidad y el paraíso; pero ahora, hemos de rogarte que borres con nuestros ayunos el pecado que nuestra primera madre cometió por el uso indebido del árbol prohibido; para que de este modo, expulsados del paraíso por la desobediencia de Adán, que no cumplió con la abstinencia que se le pedía, podamos ahora levantarnos con el ayuno, por la obediencia de Cristo. Él nos preparó el cáliz de salvación de la misma materia en que habíamos bebido la copa de muerte, para que quienes habíamos recibido la muerte como fruto de aquel árbol, obtuviéramos la salud perdida por el árbol de la cruz. Por eso, con razón todos los ángeles y arcángeles no cesan de aclamarte cada día, diciendo a una voz:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad en el cielo, Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Él, asumiendo la frágil naturaleza humana, hizo fecunda la esterilidad de los infieles, facilitándoles la conversión. Él después de cumplir la cuarentena de ayuno, echó por tierra con su brazo omnipotente a la vieja serpiente, experta en obsequiosas seducciones, que le prometía las riquezas del mundo entero. Así enseñó a sus discípulos, nuestros Apóstoles, que no se puede propiciar tu clemencia por la abundancia de toros y carneros, ni por la grosura de los becerros, ni por los corderos cebados ofrecidos como víctimas sino ofreciendo a tu grandeza sacrificios espirituales, con pureza de alma y manos lavadas en la inocencia.
Él es el Señor, el Redentor eterno.

Post Pridie
Ya están aquí, Señor Dios, aquellos días que señalaste con tu ejemplo, para ser celebrados por nosotros en el transcurso del ayuno cuaresmal. Por eso imploramos de tu piedad que, complacido con el sacrificio de esta solemnidad, otorgues a tus siervos el alimento de los majares espirituales, invitándolos al banquete de tu palabra. Así, a la manera de tu profeta Elías, protegidos por la participación en este sacrificio, desde mañana cumplamos los laboriosos ayunos que para nuestra salvación tenemos ordenados, y podamos disfrutar, en coloquio contigo, de todas tus palabras. R. Amén.

Cantus ad Confractionem
Tú, Señor, danos el alimento en el tiempo oportuno, abre tu mano y llena de bendiciones a todo ser viviente. V. La gloria del Señor dura por siempre, el Señor se complace en sus obras. R. Abre tu mano y llena de bendiciones a todo ser viviente.

Ad Orationem Dominicam
Salvador y Señor nuestro, que en las páginas del Antiguo Testamento nos mandas ofrecerte los diezmos anuales, mira cómo procuramos consagrarte el diezmo de los días del año, implorando de tu clemencia y piedad, tan abundantes, que en el discurrir de este camino nos instruyas con los ejemplos de tu justicia y con las prescripciones de tu ley. Para que así instruidos, acabemos las solemnidades que iniciamos en este día, celebrando devotamente desde mañana los ayunos prescritos.

Benedictio
Cristo, Hijo de Dios, que, tras pasar cuarenta días en la práctica de la abstinencia, permitió ser tentado, no permita que vosotros seáis apartados del santo propósito por ninguna clase de tentaciones. R. Amén. El que respondió al astuto tentador que el hombre no puede vivir de solo pan sino también de la palabra de Dios, os restaure con el alimento espiritual. R. Amén. Para que saciados con manjares divinos, podáis cumplir desde mañana las obligadas leyes de la templanza. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Cantus ad Accedentes (Jn 6, 35b; 8, 12b; 6, 56; 11, 26)
El que viene a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá nunca sed. V. Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. R. El que viene a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá nunca sed. V. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. R. El que viene a mí no tendrá hambre, el que cree en mí no tendrá nunca sed.

Completuria
Mientras gustamos, Señor, la plenitud de tu suavidad y dulzura, te pedimos que tu presencia realice en nosotros el perdón de los pecados y la salvación de nuestras almas. R. Amén.
Por la misericordia de nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.