5 de febrero: Santa Águeda.



 
5 de febrero
santa águeda
(Memoria)

Águeda, como indica su nombre, la buena, era una virtuosa joven cristiana de Catania, antigua colonia griega en Italia, al pie del Etna, que ofreció su vida por amor a Cristo y a su fe en la persecución de Decio, del 251.
Su culto pronto se extendió por toda Sicilia, y en siglo VI ya había llegado a difundiese por el norte de África. Es muy probable que su culto arraigase en la España visigoda gracias a los intensos intercambios entre nuestra Península y la Sicilia bizantina.

 
Prælegendum (Is 52, 1; 62, 3; Sal 112, 2)
Vas ataviada con vestiduras de gloria, y te has puesto hermosísima, aleluya. V. Sea bendito el nombre del Señor, ahora y por todos los siglos. R. Te has puesto hermosísima, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Te has puesto hermosísima, aleluya.

Oratio post Gloriam
Tú eres nuestra gloria, Dios nuestro, y prometes una cosecha del ciento por uno a los que conservan el don de la virginidad; por intercesión de la virgen y mártir santa Águeda, concédenos el perdón de nuestros pecados, y, si nos sentimos abatidos por nuestra fragilidad, haz que nos conforte su protección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito, y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.


Sacrificium (Ecclo 24, 17-20)
Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón, como mirra escogida exhalé mi perfume, aleluya. V. Crecí como palmera en el monte, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la campiña, como el plátano en las plazas. R. Como mirra escogida exhalé mi perfume, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, con ocasión de la fiesta de santa Águeda virgen, que para honor de Dios celebramos cada año, ofrezcamos nuestras ofrendas de propiciación a Dios, para conmemorar la gloria de la virgen y para poner de manifiesto nuestras culpas y nuestra pobreza. Águeda, de noble familia, dotada de singular belleza, superando al enemigo de la fe y del alma, quedó consagrada por los méritos de su pureza y adornada con el trofeo de la sagrada pasión. Al celebrar de nuevo la fiesta de tan gloriosa virgen, supliquemos a nuestro crreador, el Señor Jesucristo, que, como a ella la consagró para sí con su sangre, a nosotros nos santifique por la confesión. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios, que otorgaste a tu sierva Águeda tanta constancia para que no cediese ante ninguna tentación que pudiera llevarla a condescender en algo con el enemigo, y que por sus méritos libras a sus conciudadanos del fuego devorador, acrecentando así la gloria de sus virtudes: acrecienta también en tu Iglesia los dones espirituales de forma que florezca lozana por la virginidad y no sea empujada a la ruina por ninguna tentación del enemigo, sino que, libre de los horrendos incendios de la voluptuosidad, se inflame en deseo de ti, animada por el propósito de servirte. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Celebrando el ilustre martirio de tu noble virgen Águeda, pedimos que, por su auxilio, la oblación que recibes propicio de los que vivimos, libre a los difuntos de sus tormentos. Así, lo mismo que apagaste pavorosos inccendios con el manto que cubría el sepulcro de esta santa virgen, su intervención de patrona, apartando a los difuntos de las llamas, nos sostenga y consuele con el descanso eterno. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, salvación eterna y salud plena, a causa de su fe tu sierva sufrió el tormento de la ablación de aquel órgano del cuerpo que suministra a los infantes la leche maternal: concede a los que mamamos de los pechos de la madre Iglesia que no nos separemos nunca unos de otros. Así, alimentados con la leche de la caridad fraterna, seremos dignos de la compañía de los ciudadanos del cielo. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
En verdad es digno y hermoso que te dediquemos a ti, Dios y Señor nuestro, una inmensidad de gracias y alabanzas, inmolando también víctimas espirituales: Porque tú adornas con la pureza a tu virgen Águeda que se entrega a tus abrazos, la enriqueces con la virginidad y la glorificas con la muerte, otorgándole la fragancia de sus honestas costumbres, el trofeo debido a su virginidad y el triunfo obtenido por su martirio. Pues es a ti a quien hay que atribuir el glorioso pudor virginal que brilla en ella, el consuelo que recibe en las estrecheces de la cárcel con la presencia de una luz celestial y la fortaleza creciente de su fe cuando es sometida al tormento. Al sufrir sin queja el corte de sus pechos, consigue al punto la salud celestial. Por sus méritos te pedimos, Dios, Padre santo, que te resulte acepta nuestra oración y concedas la  plenitud de la gracia celestial según los deseos de tus fieles. Por el que vive contigo y con el Espíritu Santo alabado como un solo Dios por los Ángeles y por todas las Virtudes celestiales, que sin interrupción dicen:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, por quien esta virgen, adornada con sus gloriosos méritos, brilló en esta vida por el ejemplo de su martirio, y ya muerta, libró a sus paisanos de los incendios.
Por Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Señor excelso, que enviaste celestes mensajeros a la santa virgen Águeda, lo mismo de viva que de muerta, cuando viva para curarla de sus heridas, cuando difunta para recordad más gloriosamente la memoria de su martirio, cuando el mensajero celestial dejó escritas en mármol sus virtudes para recuerdo de los que vendrían después: concédenos que por la custodia de tus ángeles nuestra vida quede libre del mal y nuestros sacrificios reciban el Espíritu de santidad, para que la participación en estos holocaustos otorgue la gracia a los cuerpos y a las almas la medicina celestial. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, que confieres la justicia y otorgas la castidad, que visistaste a esta su sierva para dar la salud a sus miembros magullados y para iluminar su cárcel en medio de la noche con una luz celestial, ilumina nuestras almas con la luz del Espíritu Santo, para que podamos verte: haznos fuertes en el cuerpo y más puros en el alma. Con ello, mientras el afecto espiritual se difunde en el interior del corazón, nuestros labios te alaben, proclamando fielmente:

Benedictio
Sane las heridas de vuestra alma el Señor, que no dejó sin curar el pecho cortado a santa Águeda, por su nombre. R. Amén. El que por los méritos de la santa apagó los incendios y los apartó de sus paisanos, por su ayuda aparte de vosotros las llamas de los malos deseos. R. Amén. La que quedó proclamada libertadora de su patria en una inscripción celestial, os conserve a todos bajo su incansable patrocinio. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Dios, donador de las riquezas celestiales y distribuidor admirable de los bienes eternos, que elegiste a santa Águeda, pobre en este mundo, y la ensalzaste a las riquezas eternas por haber luchado por ti; concédenos seguir siempre la pobreza de espíritu, y por ella podamos complacer en todo a tu majestad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.