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22 de febrero: Cátedra de San Pedro.

(Rito hispano-mozárabe)



22 de febrero
cátedra de san pedro
(Solemnidad)


El testimonio más antiguo de esta fiesta petrina nos llega de Roma; allí aparece mencionada en la Depositio Martyrum (año 336). La fiesta debió comenzar a celebrarse en dicha ciudad tras las polémicas entre el papa Esteban y san Cipriano de Cartago (año 256) y antes del año 336, en que se compone la Depositio.
En el Rito Hispano la fiesta alcanza una gran solemnidad, presentando a Pedro como «piedra de la Iglesia». La fiesta se relaciona también con el fundamento de todo ministerio episcopal, rasgo recordado por fuentes africanas y textos conciliares hispanos.


Prælegendum (Apc 3, 12; Jdt 13, 24)
Te bendeciré, dice el Señor. Escribiré sobre ti mi nombre nuevo y el nombre de la gran ciudad la nueva Jerusalén, aleluya. V. Te bendeciré, Señor, que hiciste el cielo y la tierra. R. Escribiré sobre ti mi nombre nuevo. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Escribiré sobre ti mi nombre nuevo.

Oratio post Gloriam
Dios, Hijo de Dios, que enalteciste a Pedro como piedra solidísima en ti, y por medio de Pedro a la Iglesia; tú que fuiste su confianza en la tribulación, danos el auxilio de tu diestra, para superar cualquier adversidad que se presente: y así como él, después de su negación, fue salvado y confirmado en el bien gracias a ti, líbranos, por él, de todas las insidias del pecado, y que nuestra fe, sin ceder ante ti a la inconstancia, nos obtenga entrar en cuerpo y alma en el cielo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Profeta Isaías (Is 32, 1. 3-9. 15-18).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
1 He aquí que reinará un rey con justicia
y sus oficiales gobernarán según derecho.
3 Los ojos de los videntes ya no estarán cerrados,
prestarán atención los oídos de los que oyen;
4 los corazones agitados aprenderán discreción,
la lengua tartamuda hablará con soltura y claridad.
5 Ya no llamarán noble al necio,
ni tratarán de honorable al sinvergüenza,
6 pues el necio dice necedades
y su corazón planea maldades,
actúa perversamente
y dice injurias del Señor,
deja vacío el vientre del hambriento
y priva de agua al sediento.
7 El sinvergüenza usa malas artes;
planea sus intrigas
para atrapar a los débiles con discursos mentirosos
y al indigente que defiende su derecho.
8 El noble, en cambio, tiene planes nobles
y está firme en sus nobles intenciones.
9 ¡En pie, mujeres indolentes,
escuchad mi voz,
atended a mis palabras,
mujeres negligentes!
15 Hasta que se derrame sobre nosotros
un espíritu de lo alto,
y el desierto se convierta en un vergel,
y el vergel parezca un bosque.
16 Habitará el derecho en el desierto,
y habitará la justicia en el vergel.
17 La obra de la justicia será la paz,
su fruto, reposo y confianza para siempre.
18 Mi pueblo habitará en moradas apacibles,
en tiendas seguras,
en tranquilos lugares de reposo. R. Amén.

Psallendum (Sal 26, 6. 3)
En su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación, cantaré y tocaré para el Señor. V. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla, si me declaran la guerra, me siento tranquilo. R. Cantaré y tocaré para el Señor.

Apóstol
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1Pe 5, 1-5).
R. Demos gracias a Dios.
Amadísimos:
1 Así pues, a los presbíteros entre vosotros, yo presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se va a revelar, os exhorto: 2 pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, mirad por él, no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; 3 no como déspotas con quienes os ha tocado en suerte, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. 4 Y, cuando aparezca el Pastor supremo, recibiréis la corona inmarcesible de la gloria. 5 Igualmente los más jóvenes: someteos a los mayores. Pero revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 16, 13-19).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». R. Amén.

Laudes (Sal 93, 12)
Aleluya. V. Dichoso el hombre a quien tú educas, Señor, al que enseñas tu ley. R. Aleluya.

Sacrificium (Sal 26, 6. 3-4)
Rodearé el altar de Dios, entonando su alabanza, cantaré salmos, aleluya. V. Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla, si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Una sola cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida. R. Cantaré salmos, aleluya.

Oratio admonitionis
Hermanos, en este día en que fue confiada a san Pedro, príncipe de todos los apóstoles, la cátedra y la multitud de la Iglesia que, por elección de Cristo, descansa sobre él, celebremos devotamente en honor de Dios esta liturgia que él mismo nos enseñó. Ofrezcamos plegarias y cantos festivos, nosotros, que estamos lejos de sus méritos, y somos tan diferentes en el modo de comportarnos, ya que él cumplió su ministerio dignamente; que él como piadoso maestro alcance ante Dios todopoderoso el perdón de toda culpa a cuantos aceptamos su misión. Que interceda también por toda la Iglesia, ya que ha sido puesto como su piedra angular y ha recibido el primer lugar en la misma. Como buen pastor, que apaciente también ahora a las ovejas del Señor; y, según el poder recibido, desate lo que está atado; que, por la eficacia de su intercesión, no permita que prevalezcan las puertas del infierno; y aquél que ha recibido el poder de sus llaves, nos introduzca en los atrios del reino de los cielos. R. Amén.
Con la ayuda de Jesucristo que vive con el Padre y reina con el Espíritu Santo. R. Amén.

Alia
Cristo, Hijo de Dios vivo, tú, para justificar la confesión del apóstol san Pedro, dijiste que era tu Padre que le había revelado todo lo que de ti había comprendido; mientras los demás permanecían vacilantes acerca de ti, él, no pensando de ti según la carne y la sangre, te conoció, creyó en ti y te predicó de acuerdo con la verdad; contando con su intercesión, te pedimos suplicantes, que cuantos deseamos ardientemente ir hacia ti, no veamos resquebrajarse nuestra débil fe, a causa de los embates del mundo; más bien extiende benigno tu diestra para librarnos, antes de que empecemos a hundirnos, arrastrados por la duda surgida de una fuerte tentación. Aunque a causa de nuestra fragilidad mereciéramos ser reprendidos por titubear, no esperes a que perezcamos por culpa de nuestra iniquidad. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Señor santo, tú amonestaste por medio de figuras al apóstol Pedro, llamado a la casa del centurión Cornelio, para que no rechazase a aquel pagano como inmundo y impuro: mientras descansaba le hiciste ver en visión, una especie de lienzo cuyas puntas bajaban del cielo, que contenía a todos los animales agrupados, y le propusiste matar y comer de ellos; dado que él rechazó la propuesta para no comer algo contaminado, le dijiste que no llamase inmundo nada de lo que tú habías creado, significando así que, por la predicación apostólica, tú has convocado a todos los pueblos, de las cuatro partes del mundo, en la multitud de tu Iglesia, reunida en un único ámbito de fe por los cuatro evangelios; te pedimos que la hagas pura a tus ojos y le permitas ser digna del sacrificio del altar. Acepta pues sus ofrendas que son tu sacrificio y tu oblación, de modo que ella misma sea para ti sacrificio y oblación. Te rogamos, por intercesión de los santos ángeles, patriarcas, profetas, apóstoles, mártires y de todos los demás santos, que forman parte del cuerpo de la Iglesia y son miembros de Cristo, que concedas el descanso eterno a todos los fieles difuntos, de manera que habiendo sido recordados por sus familiares, obtengan aquellos solaz y éstos recompensa. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Jesús, Hijo de Dios, tú encomendaste tus ovejas a Pedro, príncipe de todos los apóstoles, cuando hubo confesado que te amaba más que los otros discípulos; su amor hacia ti, Señor, se manifestó cuando tú le interrogabas y él te respondía; por su intercesión, concede a la Iglesia que él preside, verse libre de escándalos y mantener la paz, arder en amor, crecer en la fe y afianzarse en la esperanza, resplandecer con toda clase de buenas obras; y ya que fue edificada según tus enseñanzas y ejemplos, mantenla siempre bajo tu protección. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, Dios todopoderoso, que te ensalcen en la asamblea del pueblo que todos te proclamen en el consejo de los ancianos, que los hombres y las mujeres te alaben, que los jóvenes y los ancianos te celebren. Para doblegar el orgullo del universo, y destruir la vanidad de la ciencia del mundo, aquella Roma, ciudad ilustre por su poder, que rendía culto a otros dioses con vanos sacrificios, cedió para dejar paso a la Sede Apostólica; ella, la ciudad orgullosa por sus leyes, llena de templos de diferentes divinidades e innumerables imágenes, recibió la humilde cátedra de tu Pedro; el rústico predicó a los filósofos la verdadera sabiduría de Dios y la toga consular aprendió a respetar la capa del pobre; mostró a las naciones sometidas con la criminal impunidad de la violencia, que la infame libertad tenía como derecho el crimen, y que su suprema religión era rendir culto divino a Rómulo quien derramó la sangre del hermano. [Pedro, tejedor de redes o constructor de casas, acostumbrado únicamente a regir una nave, ha sido elegido para el oficio de pescar hombres y gobernar al pueblo; este hombre enseña que es Dios aquél a quien una virgen dio a luz, no aquellos a los que la loba alimentó. El pescador del mundo ha sido instituido portero del cielo, y al que luchaba con húmedas velas, se le confía el reino de los cielos. El aldeano del mundo se ha convertido en guarda de Cristo; a aquél, que desplegaba las velas con maestría, se le concede el poder de perdonar los pecados. Por su carne era despreciable, pero por su elección sublime. A él corresponde la decisión de abrir el cielo a los santos; Cristo lo convierte en miembro de su consejo. Tiene a Cristo como testigo de su amor hacia él; y es invitado a seguirlo para ser su mártir. Fue amado por el Señor con un amor tan grande, que mereció oír: «La moneda que encontrarás en la boca del pez la darás por mí y por ti». Este es Pedro, que no poseyendo ni oro ni plata, como limosna restituye la salud a los pobres; y así, aquél que nació cojo del seno de su madre, que yacía esperando unas monedas, recibió la salud para levantarse. Este es Pedro, que, en nombre de Jesús devolvió a Eneas, el vigor primitivo, venciendo su debilidad, tras llevar ocho años paralizado. Este es Pedro, que cuando ya se disponían los ritos fúnebres, después de haber sido lavado su cuerpo exánime, resucitó a Tabita, la aventajada discípula, que se dedicaba a servir alimentando y vistiendo a las viudas, movido por el testimonio de sus buenas obras, de sus limosnas, presentado por la multitud deshecha en lágrimas. ] Este es Pedro, que encadenado a causa del nombre de Dios cuando aún estaba entre guardianes vio desatarse sus cadenas por mano de un ángel, cayendo los hierros libremente y, rotos los cerrojos, se abrieron las puertas de la cárcel. Por último, éste es Pedro, que curó a los pueblos con su palabra y a los enfermos con su sombra, de modo que por la inmensa gracia de Dios, la sombra del pontífice vicario producía el mismo efecto que la franja del manto del Salvador. A quien todos los ángeles y arcángeles no cesan de alabar, diciendo:

Post Sanctus
Santo eres en verdad, Señor Jesucristo, que estableciste a tu apóstol Pedro como roca solidísima, y dijiste que querías edificar sobre ella a tu Iglesia, a quien las puertas del infierno estarán completamente sometidas. Obtuvo de ti que le concedieras las llaves del cielo para poder abrir las puertas de la vida e introducir en el celeste palacio de tu majestad a todos cuantos desean acercarse a ti,
Cristo Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Estos son, Señor, los sacrificios agradables, que ofrecemos para recordar tu pasión, semejantes a la miel que brota de la piedra, y establecidos según las enseñanzas de tu apóstol Pedro, que las aprendió de ti, su maestro. Que sean aceptables ante tu bondadosa presencia y queden santificadas por la diestra de tu majestad. Que basten para obtener tu favor, y sean bendecidas por tu palabra. Que para quienes los reciban sean firme fortaleza y para los débiles les sirvan de remedio para el alma y el cuerpo. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Tú, Maestro, enseñaste el saludable precepto de orar a tus discípulos, a quienes diste como guía a Pedro; haz que abandonando la multiplicidad de las palabras en la oración, nos atrevamos a invocar al Padre, que es tuyo por naturaleza divina y nuestro por la gracia de nuestra adopción, diciendo:

Benedictio
Nuestro Señor Jesucristo, que constituyó a su apóstol Pedro príncipe de los apóstoles y le entregó las llaves del reino de los cielos, bendiga al pueblo entero y a sus ministros. R. Amén. Que la sombra del apóstol Pedro cubra, para su salvación, a aquellos que, veneran hoy devotamente la solemnidad de su cátedra. R. Amén. Que quienes participan en esta celebración de la cátedra puedan experimentar la ayuda del perdón generoso. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Cristo, Hijo de Dios, tú encomendaste el cuidado de tus ovejas a Pedro, príncipe de todos los apóstoles, después de cerciorarte de que te amaba, tú le interrogaste y él te respondió, hasta dejar bien claro que era digno pastor de la Iglesia. Concédenos que siempre seamos fieles a tu amor, y que aquél a quien confiaste las llaves del reino nos ayude a poder entrar por las puertas del paraíso. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.