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12 de febrero: Santa Eulalia en Barcelona.

(Rito hispano-mozárabe)



12 de febrero
santa eulalia EN barcelona
(Festividad)


Siempre se consideró a esta Eulalia, que desde muy antiguo recibió culto en Barcelona, otra santa mártir que, como la homónima de Mérida o santa Leocadia de Toledo, entregó su vida en la gran persecución de comienzos del siglo IV.


Prælegendum (Is 61, 9-10; Sal 44, 14)
Vas ataviada con vestiduras de gloria, aleluya, coronada de belleza y hermosa, con tus fíbulas de oro, aleluya, aleluya. V. Toda la gloria de la hija del Rey redunda de su interior. R. Hermosa, con tus fíbulas de oro, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Hermosa, con tus fíbulas de oro, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Dios, que has hecho santa para nosotros la solemnidad de este día de la pasión de tu bienaventurada mártir Eulalia; acoge las plegarias de tu familia; haz que quienes celebramos hoy su fiesta, por los méritos de su intercesión, podamos seguir los pasos de aquella que deseamos imitar. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Las lecturas del Común de una Virgen y Mártir (pág. ).

Sacrificium (Ecclo 24, 17-20)
Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón, como mirra escogida exhalé mi perfume, aleluya. V. Crecí como palmera en el monte, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la campiña, como el plátano en las plazas. R. Como mirra escogida exhalé mi perfume, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, he aquí aquel gran día de la gloriosa virgen santa Eulalia, que vuelve cada año para que podamos celebrarlo. En este día la mártir, ciudadana y vecina de Barcelona, sigue distinguiendo su tierra natal con el eco de sus méritos y la ilumina con el honor de su sepulcro; porque aquella que en vida nos edificó con su palabra al derramar su sangre nos enseña con su ejemplo. Ella, llena de valentía y de gozo, se presentó en el foro entregándose al martirio sin haber sido perseguida y con palabras llenas de coraje reprendió al juez pagano ofreciéndose así voluntariamente a la pasión. Reconozcámosla, pues, como mártir por las heridas y como patrona nuestra por su profunda piedad. Reclamemos mediante una íntima plegaria que aquella que triunfó llena de fortaleza en su cuerpo delicado, haga posible para nosotros una victoria eficaz, ella, que tras pasar por las llamas, alcanzaba el cielo, nos conceda, tras la caída, llegar a gozar de la compañía de los ángeles. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Dios de inmenso poder, corona de los mártires, dispensador de toda gracia, acoge las plegarias que el pueblo humilde te presenta en honor de tu virgen Eulalia. Tú le diste la victoria, aún en su corta edad, a ella, a quien sin méritos previos ya habías hecho confesar tu nombre. Que esta santa virgen, Señor, nos sea abogada y defensora por nuestros pecados, que nos haga ver en qué hemos de ser perdonados y que lo haga perdonar con sus plegarias. Así, acogiendo la confesión de nuestras faltas, saldrá en defensa de las culpas de cada uno para obtener nuestro perdón. Que sea protectora de nuestra tierra, amparo del país; que gobierne nuestra ciudad y expulse de ella a los enemigos; que extinga las epidemias y aleje de ella el hambre; que aparte las enfermedades, expulse la adversidad y lleve a término todo buen deseo. Sé siempre propicio a nuestros ruegos gracias a ella, a fin de que, por su intercesión, cesen nuestros pecados en la vida presente y, en la futura, por sus méritos, podamos entrar en tu reposo. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
A ti, a ti, altísimo Señor y Redentor nuestro, te alabamos por tus obras. Tú, mientras enardecías la virgen Eulalia en el amor de tu nombre, le hacías descubrir la dignidad de su propio nombre de cristiana y la reafirmabas en vista al martirio a fin de que no callara su nombre ante el juez cruel. Te pedimos, pues, que tal como ella no temió revelar su nombre, así tampoco enmudezca ante ti cuando sea preciso pronunciar los nuestros; y ella, que no calló ante el juez cómo se llamaba, haga inscribir los nombres de los fieles en las estancias eternas. Que cuantos creemos en aquél que ella confesó con sincero corazón, obtengamos en la vida presente su ayuda y en el mundo futuro la compañía de todos los santos junto con los fieles difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo Hijo de Dios, que has revestido de blanca nieve el cuerpo sin vida de la virgen Eulalia, dígnate revestirnos con vestiduras de justicia y con obras de santidad; que por estos dones que te ofrecemos nos revistamos con el blanco manto del amor fraterno y así, junto con aquella que hizo confesión de ti, lleguemos a la luz de la paz eterna. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, Dios todopoderoso, darte siempre gracias por Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro, el cual probó a la mártir Eulalia con diversas llamas y, al mismo tiempo, por medio de ellas la glorificó benignamente. En efecto, en el interior de la santa virgen ardía la llama del amor divino, mientras el exterior de su cuerpo era abrasado por otras llamas. Ahora bien, aquella llama interior era mucho más viva que las que se inflamaban por fuera; la llama interior mientras está encendida refresca, las llamas externas cuanto más atormentan más decaen. Aquella perdura sempiterna con vigor indeficiente, estas muestran a menudo cómo se agotan cuando se han apoderado sólo del cuerpo. Aquella prepara el alma para la eternidad, éstas muestran sus límites tocando sólo el cuerpo. Aquella, una vez obtenida, nunca disminuye. Éstas, cuanto más queman, más presto se consumen. [Aquella no conoce el fin de su calor, éstas pierden tarde o temprano su vigor. Aquella no deja desfallecer a aquellos en quienes se ha encendido, éstas, al contrario, se extinguen junto con los culpables y, en cambio, son dominadas por los inocentes. Aquella promete la gloria de un reposo más allá del tiempo, éstas sólo aportan la pena de un suplicio temporal. Aquella llama interior supera y apaga por entero estas llamas externas, éstas a menudo se le someten y la sirven. De aquí que la llama celestial jamás cae vencida por las llamas temporales, antes al contrario, salga siempre victoriosa sobre ellas dominando, rebajando y superando el poder del fuego material. Puesto que en el interior de la virgen se aviva un incendio divino, fallan las antorchas ardientes que le aplican por fuera. Porque tú, Dios nuestro, eres un fuego devorador que si no quemases en su corazón con llama ardiente no te manifestarías victorioso en su pasión. ] Por ello te suplicamos y te pedimos que también a nosotros nos serenes encendiéndonos como a ella en tu amor. Y que nos hagas aptos para ti dándonos la perfección de la santidad. Que quienes hoy veneramos la pasión y el sepulcro de esta mártir insigne, seamos guiados hacia el cielo libres de las pasiones y del sepulcro de nuestros pecados. Así pues, ahora y siempre, con todos los coros de los ángeles te cantamos de todo corazón la alabanza aclamándote y diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, al que hay que atribuir que la virgen Eulalia no tiemble a pesar de estar herida, no se queme entre las llamas, que se alegre así a su muerte, cuando llevando ya de algún modo en su rostro la eterna alegría, mostraba todavía en esta sustancia corporal de cuanta paz de ánimo gozaría allí, cuando aquí sonríe así al santo confesor Félix, al pasar del cuerpo a la felicidad eterna.
Cristo Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Dios todopoderoso, que salvas de las llamas el cuerpo inmaculado de la virgen Eulalia, envía sobre estos dones el Espíritu de santidad, que santifique esta ofrenda y haga de nosotros que la ofrecemos un sacrificio aceptable. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Dios, antes de que culminara su gloriosa pasión, te dignaste enseñar a la bienaventurada Eulalia qué había de creer cómo había de orar y no dejaste que se desdijera de todo cuanto había creído firmemente bajo tu guía; haz que nosotros celebremos con eterna alegría todo aquello que sabemos y creemos de ti, a fin de que lo que ella mereció al derramar su sangre, nosotros lo consigamos gracias a las palabras de la oración de tu Hijo y Señor nuestro:

Benedictio
Que Cristo, el Señor, que hizo vencer a Eulalia en medio de las llamas, haga que lleguéis a vencer las tentaciones de la carne por sus plegarias, y que, una vez vencido el mundo, podáis alcanzar la plena victoria en el cielo. R. Amén. El que cubrió gloriosamente con copos de nieve el cuerpo insepulto de la virgen, revista vuestros corazones y vuestros cuerpos con la perfección de la santidad. R. Amén. Que quienes celebráis ahora con solicitud su fiesta alcancéis con ella la palma de la victoria por la confesión de vuestra fe. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor, Dios todopoderoso, que eres vida y salvación de los fieles: creemos que has de venir como juez verdadero. Sé propicio con nosotros, para que sintamos que el auxilio de tu misericordia se derrama sobre nosotros, que hemos ofrecido esta oblación por nuestra salvación y la de los nuestros, y por la expiación de nuestros pecados, en honor de tu mártir santa Eulalia; y así, los que nos hemos alimentado en el banquete de tu mesa, merezcamos conseguir como don de tu generosidad, el premio eterno. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.