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Formación Litúrgica en la Escuela de Benedicto XVI (y IX)

Epílogo


Considerando las explicaciones anteriormente presentadas, se comprenderá más adecuadamente el Motu Proprio Summorum Pontificum (7-VII-2007), la decisión más importante del Papa Benedicto XVI en el campo litúrgico, fruto del pensamiento y de la oración, cuyos propósitos, que nosotros asumimos fielmente, fueron clarificados en la misma Carta del Pontífice presentando el Motu Proprio. En la base  del gobierno de Benedicto XVI no están las estructuras y las órdenes, sino el pensamiento y la plegaria; lo dijo en la Audiencia General del 10 de marzo de 2010. Ante el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI, algunos se rasgaron las vestiduras; otros cantaron victoria. Entiendo que ni los primeros, ni tampoco los segundos, reflejaron la verdad de los hechos. Además, nadie debería anteponer su autoridad particular o su visión personal a las decisiones del Santo Padre, cuyo principio es favorecer el desarrollo orgánico y homogéneo de la tradición litúrgica.    

La respuesta doctrinal y práctica a la cuestión aquí planteada, según el criterio de Benedicto XVI, no es la reforma de la reforma, sino una mejor aplicación del Concilio, perfeccionando la reforma hecha; éste es el sentido del Motu Proprio Summorum Pontificum, cuando habla del enriquecimiento mutuo entre el Misal romano antiguo, con quince siglos de historia, y el Misal de Pablo VI, con 40 años de historia, que nos permita reafirmar el auténtico sentido de la Liturgia en continuidad y fidelidad al Concilio Vaticano II, manifestando que la esencia de la Liturgia es siempre la misma; no es adecuado hablar de liturgia preconciliar y de liturgia posconciliar. El antiguo Misal “podría asumir algún elemento nuevo, que se ha juzgado válido, como las nuevas fiestas, algunos nuevos prefacios de la Misa, un leccionario amplio más notable que el anterior pero sin exagerar, la oratio fidelium, es decir, una letanía fija de intercesiones que sigue al oremus antes del ofertorio, donde fue colocado al principio”[1]. Además, el nuevo Misal se enriquecerá del antiguo aumentando el sentido de lo sagrado y de la reverencia, favoreciendo la fidelidad a la disciplina y haciendo más visible sus propias riquezas. De todos modos, las dos formas, ordinaria y extraordinaria, no están llamadas subsistir, sino a armonizarse en una futura 4ª edición del Misal Romano.

Benedicto XVI nunca ha negado el valor de la reforma litúrgica; lo único que ha defendido y defiende, cada vez con más claridad y contundencia, es la aplicación del criterio de la continuidad a la interpretación del Concilio Vaticano II y, en concreto, a la reforma litúrgica. “El principio de continuidad no es un juicio sobre la reforma litúrgica, sino un principio a aplicar a la luz de ese enriquecimiento mutuo del que habla el Papa”[2]. Con este principio se abre un trabajo inmenso en el campo litúrgico, en el sacramento del Orden y en la Vida Religiosa, pues algunos han querido romper la tradición  en estos campos. “Que la liturgia sea un don, una realidad no manipulable, había desaparecido de la concepción de los católicos en occidente”[3]. Cuando se crea una liturgia dominical, y algunos son suficientemente hábiles para hacerlo con soltura, se pierde el misterio y la Liturgia queda reducida a un encuentro social.

“Estoy evidentemente a favor del Vaticano II, que nos traído tantas cosas buenas. Pero pensar que es insuperable y rechazar toda reflexión sobre lo que nosotros debemos retomar de la historia de la Iglesia, es un sectarismo que yo no acepto (…) Pienso que es un quehacer actual para la nueva generación reformar la reforma, mas no a través de revoluciones -soy un reformador, no un revolucionario-, sino cambiando lo que debe ser cambiado. Afirmar que toda reforma es imposible me parece un dogmatismo absurdo (…) Es necesario defender el Concilio Vaticano II ante Mons. Lefebvre en cuanto válido y vinculante para la Iglesia. Ciertamente, algunos con una visión restringida consideran sólo el Vaticano II y, lo que ha provocado esta oposición. Hay presentaciones de él que dan a entender  que a partir el Vaticano II todo se ha cambiado y que lo precedente no tiene valor  o que, en el mejor de los casos, tenga valor en su perspectiva. El Concilio Vaticano II no ha sido tratado como una  parte de la entera tradición viva de la Iglesia, sino como un fin de la tradición, un nuevo comienzo desde cero. La verdad es que este particular concilio no ha definido dogma alguno y deliberadamente ha querido permanecer en un nivel modesto, como un concilio sólo pastoral, pero muchos lo tratan como si se hubiera transformado en un superdogma que quita importancia a todo lo demás”[4].

En concreto, el Motu Proprio Summorum Pontificum no supone una desobediencia al Concilio Vaticano II, ni tampoco un peligro para la unidad de la Iglesia. “No ha sido el Concilio quien ha reformado los libros litúrgicos; él ha ordenado la revisión, y para ello ha propuesto algunos principios fundamentales. En primer lugar, el Concilio ha dado una definición  de qué es la liturgia y esta definición ofrece una medida para toda celebración litúrgica. Si se ignoran estas reglas fundamentales y se olvidan las normae generales formuladas  en los nn. 34-36 de la Constitución De Sacra Liturgia, entonces sí se desobedece al Concilio (…) Nadie se ha escandalizado jamás porque los Dominicos, con frecuencia presentes en nuestras parroquias, no celebrasen como los sacerdotes seculares, sino que tuvieran un rito propio (…) Creo que los contrastes mencionados son tan grandes porque las dos formas de celebrar, se sobreponen a dos posturas espirituales, es decir, dos modos diversos de concebir la Iglesia y de ser cristianos (…) Las contradicciones y contrastes que hemos enumerado no tienen su origen en el espíritu del Concilio, ni en los documentos conciliares (…)

En una parte de los liturgistas modernos está la tendencia por desgracia a desarrollar los principios del Concilio en una sola dirección, desenfocando así la misma voluntad del Concilio. El quehacer del sacerdote ha sido reducido por algunos  a algo simplemente funcional. El hecho que el Cuerpo de Cristo en su entereza es el sujeto de la liturgia, viene de tal modo confundido que la comunidad local se convierte en el sujeto suficiente de la liturgia y los diversos quehaceres viene distribuidos dentro de ella. Se da además una peligrosa tendencia a minimizar el carácter sacrificial de la Misa y a hacer desaparecer el misterio y lo sagrado con el pretexto –un pretexto que se hace mandato- que de ese modo se comprende mejor.

Existe también, afortunadamente, una oposición al racionalismo lleno de frivolidad y al pragmatismo de algunos liturgistas, teóricos o prácticos, y se constata una vuelta al misterio, a la adoración, a lo sagrado y al carácter cósmico y escatológico de la liturgia, como ha subrayado la Oxford Declaration on the Liturgy de 1996 (…) Cuando hace algunos años alguien propuso un nuevo movimiento litúrgico para evitar que las dos formas litúrgicas se distanciaran demasiado, provocando así el fruto de su íntima convergencia, algunos amigos de la antigua liturgia sospecharon que se trataba de una estratagema para obtener finalmente la eliminación de la vieja liturgia. Estas preocupaciones y miedos no tienen fundamento. Si la unidad de la fe y la unidad del misterio aparecen claramente en entrambas formas de celebración, será motivo de alegrarse y de dar gracias a Dios. Cuanto más nosotros creamos, vivamos y actuemos con esta intención, tanto más seremos capaces de persuadir a los obispos que la presencia de la antigua liturgia no turba ni rompe la unidad de sus diócesis, sino más bien es un don destinado a vigorizar el Cuerpo de Cristo, al cual todos servimos”[5].   
Padre Pedro Fernández, OP

[1] J. RATZINGER- BENEDETTO XVI, Davanti al protagonista. Alle radici della liturgia. Cantagalli. Sena 2009, p. 128.
[2] A. HOCQUENILLER –L. M. DE BLIGNIÈRES, “Autour des deux formes du rite Romaní”. Sedes Sapientiae 107 (2009) 29.
[3] J. RATZINGER, Introduzione allo spirito della liturgia. San Paolo. Cinisello Balsamo 2001, p. 162.
[4] J. RATZINGER- BENEDETTO XVI, Davanti al protagonista. Alle radici della liturgia. Cantagalli. Sena 2009, pp. 180.181. 187. 188.
[5] J. RATZINGER- BENEDETTO XVI, Davanti al protagonista. Alle radici della liturgia. Cantagalli. Sena 2009, pp. 202. 203. 204. 205. 206. 207.

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Este artículo: "Formación litúrgica en la escuela de Benedicto XVI", fue publicado por el Padre Pedro Fernández, OP, en la Revista "Liturgia y Espiritualidad" en los nn. 5, 6, 7 y 8 del año 2010, pp. 256-263; 323-334. 394-407, respectivamente.