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13 de octubre: Santos Fausto, Jenaro y Marcial.

(Rito hispano-mozárabe)


13 de octubre
santos fausto, jenaro y marcial
(Memoria)

La hagiografía científica sólo nos dice de estos tres santos que murieron derramando su sangre martirial en Córdoba el año 304, dentro de la persecución de Diocleciano. La tradición, deseosa de más datos sobre estos mártires, a los que Prudencio, en el mismo siglo IV, llamó «los tres coronados de Córdoba», hace de ellos los hijos del también mártir Marcelo, centurión romano de Tánger.


Prælegendum (Esd IV, 2, 23. 35; Sal 138, 1-2)
A mis santos les daré un lugar preeminente, aleluya, en la resurrección eterna; y compartirán mi alegría. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Alegra, Señor, a tu pueblo, en esta celebración de tus santos mártires Fausto, Jenaro y Marcial: para que si estamos tristes por nuestros pecados, quedemos consolados con sus oraciones. R. Amén.
Nos lo conceda tu clemencia, Dios bondadoso y admirable, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro de la Sabiduría (Sab 16, 1-7).
R. Demos gracias a Dios.
Esto dice el Señor:
1 Fueron atormentados por una plaga de alimañas.
2 En vez de ese castigo, favoreciste a tu pueblo
y, para satisfacer su apetito,
les proporcionaste como alimento
un manjar exquisito: las codornices.
3 Así que los egipcios, aun estando hambrientos,
perdían hasta el apetito natural,
asqueados por los repugnantes bichos que les habías enviado,
mientras los hijos de Israel, después de una breve privación,
saboreaban un manjar exquisito.
4 Pues era justo que aquellos opresores sufrieran un hambre irremediable,
mientras a estos bastaba con mostrarles cómo eran torturados sus enemigos.
5 Incluso cuando les sobrevino la terrible furia de las fieras
y perecían mordidos por serpientes sinuosas,
tu ira no llegó hasta el final.
6 Para que escarmentaran, se les atormentó por poco tiempo,
pues tenían un signo de salvación como recordatorio del mandato de tu ley.
7 Y el que se volvía hacia él se curaba, no por lo que contemplaba,
sino gracias ti, Salvador de todos. R. Amén.

Psallendum (Sal 65, 12. 10s)
Pasamos por fuego y por agua, pero nos has dado respiro. V. Oh Dios, nos pusiste a prueba como se refina la plata; nos echaste a cuestas un buen fardo. R. Pero nos has dado respiro.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 1, 2-7).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
2 Gracia a vosotros y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3 ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, 4 que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios! 5 Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo. 6 De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros. 7 Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 10, 26-32; 18, 20).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
26 No les tengáis miedo, porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27 Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. 28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. 32 A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos.
20 Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». R. Amén.

Laudes
Aleluya. V. Los santos estarán gozosos, como corderos saciados de pasto. R. Aleluya.

Sacrificium (Dn 2, 18-19; 7, 9-10)
Dijo Daniel a Ananías, Azarías y Misael: busquemos la misericordia del Dios del cielo, sobre este misterio. Entonces el misterio fue revelado a Daniel y él dio gracias a Dios, aleluya. V. Colocaron unos tronos y el anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve, su cabellera como lana limpísima, su trono, llamas de fuego, sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. R. Entonces el misterio fue revelado a Daniel y él dio gracias a Dios, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, celebremos con suma veneración el día famoso y triunfal de los santos mártires de Dios Fausto, Jenaro y Marcial, orando con humildad y temor a Dios Padre todopoderoso a las puertas del santuario. Desempeñamos la legación del oficio que se nos encomendó, y aunque no seamos idóneos por nuestros pecados, estamos obligados a abogar por los crímenes de un pueblo pecador. No actuemos llevados de nuestra presunción, si nos atrevemos es porque nos lo han mandado. Roguemos, pues, que limpiándonos a nosotros sus siervos de los propios delitos, conceda el perdón al pueblo que le confiesa y santifique el sacrificio que hoy colocamos sobre su altar en honor de sus mártires. R. Amén.
Por la gracia tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor Dios nuestro, se te debe a tus mártires una digna alabanza, a tus soldados probados una digna veneración, a tus fieles amigos un digno obsequio. Estos tres quisieron hoy morir para vivir, quisieron ser asesinados para reinar, quisieron ser crucificados para escapar a los tormentos del infierno y poseer perpetuamente las riquezas del reino celestial. Dichoso propósito, mantenido entre las penas y los tormentos, cuando Fausto, Jenaro y Marcial fueron confortados, en plenitud de ánimo y corazón, por el Espíritu Santo, para que vencieran al diablo, pisotearan el mundo y siguieran en cuerpo y alma al rey eterno. Imploramos su intercesión, para que por ellos te muestres propicio a nuestras súplicas Señor Dios nuestro, e infundas sobre nosotros la múltiple misericordia de tu bendición. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios, que en la Trinidad tienes una sola naturaleza, acepta estas ofrendas que te dedicamos en esta fiesta de tus tres mártires: ello aprovechará para la salvación de los oferentes y para el descanso de los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Asistidnos, santos Mártires de Dios, en quienes quedó comprobada por la hoguera la asociación trina e indivisa de la caridad. Por vuestros sufragios, procurad la paz a nuestras fronteras y para todos una caridad sin fisuras, para que por vuestra intercesión permanezca en paz todo lo que en este día de vuestro martirio se llena de alegría. R. Amén.
Por ti, que eres la paz verdadera y la caridad perpetua, Dios nuestro, que reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, en verdad equitativo y saludable, que te demos gracias, Dios Trinidad, por Jesucristo nuestro Señor. Él, que parece complacerse en los números impares, coronó hoy tres abanderados en el campo de la lucha gloriosa, de forma que ninguno de ellos se apartara de la fe, sino que Marcial hiciera lo que vio hacer a Jenaro, y Jenaro siguiera a Fausto, que penetraba los cielos. Así los tres llenos de fe en la Trinidad, vencieron la soberbia del tirano, despreciaron la vanidad de los ídolos, desdeñaron las pompas del mundo y emigraron al reino celestial, bajo la guía de tu Hijo, nuestro Señor. [Tuyo es, Señor, todo el bien que se hace. Tú vences en el hombre y siempre resultas vencedor con él. Tú eres el que actúas en tales batallas, tú el arma que se emplea en ellas, tú la fuerza necesaria para tan gloriosa pugna. Tú vences en todos y concedes la palma apropiada a la grandeza de la victoria. En honor de estos Mártires queremos ofrecerte un digno sacrificio de alabanza a tu majestad, rogándote quieras santificar el holocausto que está sobre el altar, por la señal de tu Hijo, por Espíritu Santo que baja de lo alto, por la  presencia del Ángel designado. Que te resulte acepto y grato, que lo tengas por santo y venerable, glorioso, vivo, dador de vida y fervor. Sea para cada uno de nosotros, cuando lleguemos a degustarlo, como el carbón encendido que vio el profeta Isaías, sacado por manos angélicas del mismo altar, con unas tenazas. Purifique nuestros labios sucios y haga santos en tu presencia nuestros corazones manchados de pecado. Sea vida para los creyentes, perdón para los que confiesan sus pecados, alegría para los tristes, salud para los enfermos; sea ungüento para los que padecen dolencias, vida para los que temen a la muerte, buen camino para los que vuelven de sus errores y santa y perpetua medicina, preparada por ti, Señor nuestro, para el desfallecimiento del alma y la fragilidad de la carne. ] Por nuestro Señor Jesucristo, a quien con razón todos los Ángeles y Arcángeles, los tronos, las dominaciones y las potestades no cesan de aclamar, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, cuyas huellas siguieron estos tres mártires, al paso firme de la fe. Fausto como seguidor de  las leyes patrias, Jenaro al alcanzar las puertas de la vida, y Marcial, mártir, rechazando con vigor el culto a los ídolos. Ellos como verdaderos siervos de Cristo y coherederos de su reino, mientras aquí fueron condenados a la última pena, llegados a la región celestial, recibieron las palmas de la victoria.
Por Cristo, Señor y Redentor nuestro.

Post Pridie
Trinidad indivisa y Majestad única, que recibes hoy alabanzas en la pasión de estos tres mártires, y te muestras favorable a recibir los presentes sacrificios, te rogamos con nuestras palabras, votos y oraciones, que como a ellos les concediste la victoria definitiva sobre el enemigo, santifiques propicio estas ofrendas nuestras. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Consérvanos en el temor de tu nombre, Señor, que no permitiste que la unión de tus tres mártires Fausto, Jenaro y Marcial, fuera rota por las persuasiones del enemigo. Tú que recibiste sus almas después del tormento del potro y de las llamas, escucha nuestras voces desde las conmociones del mundo inseguro, después de haber padecido las tribulaciones de la carne, cuando ahora te decimos lo mismo que tú nos enseñaste:

Benedictio
Por la intercesión de sus mártires Fausto, Jenaro y Marcial, os proteja la suprema Trinidad, que se mostró indivisa en la unión mantenida entre los tres. R. Amén. Y así Fausto preste su favor a vuestras preces, para que Jenaro os abra las puertas de la vida eterna. R. Amén. De forma que, por la intervención de Marcial, despreciéis las tentaciones del mundo, para que en el juicio de Cristo recibáis coronas inmarcesibles por vuestra vida santa. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Señor Jesucristo, por cuyo poder los santos Mártires extinguieron la fuerza de la hoguera y alcanzaron la santidad; dispénsanos el favor de tu piedad a nosotros, los pecadores; para que por la fe con que los santos vencieron a los reinos, los pecadores podamos obtener la corona celestial.  R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.