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Misas mozárabes por diversas necesidades (IV).


por los enfermos – ii


Prælegendum (Sal 102, 3s; 55, 9)
Sana, Señor, todas nuestras enfermedades, aleluya, líbranos de la muerte, aleluya, aleluya. V. Admítenos cuando acudimos llorando a tu presencia, como nos tienes prometido, aleluya, aleluya. R. Líbranos de la muerte, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Líbranos de la muerte, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Sánanos, Señor Dios nuestro, de forma que la abundancia de nuestros pecados no nos traiga la muerte, sánanos, Señor, a todos los enfermos, líbranos de la muerte. Para que libres de culpa, nuestra vida permanezca tranquila por tu gracia. Derrama tu medicina sobre los enfermos y concede el perdón de los delitos. R. Amén.
Concédenoslo, Dios altísimo, glorioso en la Trinidad, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Las lecturas como en la primera misa por los enfermos.

Sacrificium (Mt 8, 14s; Lc 13, 13; 4, 40)
Entrando Jesús en casa de Pedro, vio que su suegra estaba en cama con fiebre, aleluya, la cogió de la mano y se alejó la fiebre, aleluya, y glorificaba al Dios de Israel, aleluya, aleluya. V. Había muchos que tenían enfermos y los llevaban a Jesús, e imponiéndoles las manos los curaba. R. Y glorificaba al Dios de Israel, aleluya, aleluya.
Oratio admonitionis
Implore todo el pueblo la omnipotencia de Dios, que se acerca a sus fieles con ocasión de las enfermedades propias de la fragilidad del cuerpo, invítele la Iglesia a que les preste auxilio, con el cuidado propio de su piedad maternal. Aclámele la vida de los que amamos, con el cuidado de la devoción religiosa. Invóquenlo los afectos de nuestros prójimos con el sentimiento entreverado de fe y de temor. Que sólo queramos lo que Él quiere, ya que confiamos en que todo lo puede. Esperemos el remedio máximo, apoyados en la potestad del que nos lo ordena; esto es, hagamos en su presencia lo que nos han mandado. No hacen falta medicinas ante el poder de la palabra, cuando la palabra de su boca es la que opera la salud. El milagro alcanzará a lo que señaló el mandato. La palabra ajustada logra el efecto. Si Él toma el mando, no se demorará la salida de la enfermedad y la vuelta de la salud, porque podrá curar fácilmente a los enfermos el que puede dar la vida a los difuntos. R. Amén.
Que nos lo conceda tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Tú, Señor, médico de cada uno de tus fieles, conoces el remedio de todos los males, pues conoces dónde se originan. Si se trata de poner a prueba la fe, si la debilidad es consecuencia del pecado, si lo que se manifiesta es la discordia entre los elementos, si se nos recomienda la paciencia; danos lo que nos conforte, templa el poder desatado, ordena lo que tiende a separarse, olvida lo que te ofende. Que tu perdón poderoso nos arranque de las enfermedades y de los delitos; que la enfermedad no nos lleve a la miseria, ni la salud nos vuelva viciosos. Concédanos tu piedad un mejor vivir, no ocurra que sigamos viviendo peor. Que lo que abunde sea la misericordia y no la ofensa; que falte lo dañino, no el perdón. Deseamos que siempre nos perdones, pero no evitamos herirte. Con todo, que tengamos al presente la medicina, y en el futuro la protección. Que no repitamos lo que venimos haciendo y podamos escapar de lo que tememos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Acepta, Dios, la oblación de los oferentes, y sana las dolencias de todos los enfermos, así la misma enfermedad será provechosa para la salvación eterna, y obtendremos la salud deseada. Danos también, como te pedimos por estos sacrificios, el descanso eterno de los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Dios, que estás siempre dispuesto a ser misericordioso con los que te suplican, y estás deseando que te lo pidan, que ruegas que te rueguen e invitas a que te busquen, porque nos corriges con tu disciplina y nos favoreces con tu perdón, mientras sanas con el castigo y sanando nos confortas; concede a tu familia que, rechazada la adversidad de todas las enfermedades, por la caridad te alcancen, y gocen contigo por la paz perpetua. Hazte encontradizo con los que te suplican, pues te ofreciste a los que te buscan. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, Dios todopoderoso, que dándote gracias te supliquemos por el remedio de los enfermos, pues es potestad tuya privativa crear las naturalezas, sanarlas, convertirlas y ampliarlas. A ti solo deben su principio las cosas creadas, el remedio de las curadas, el mérito las corregidas, el desarrollo las crecidas. A ti se debe que lo firme no se disuelva, y lo disuelto alcance otra vez su firmeza, que lo incólume conserve su vigor, que lo débil recupere fuerzas, que el castigo del pecado no disminuya el tiempo establecido de nacer y de vivir, que la fecha fijada para la muerte pueda retrasarse con un nuevo espacio de tiempo. Dios, único poseedor de tantos géneros de curación, cuantas son las incómodas enfermedades que tenemos, que como nada podría viciarse más después del pecado, nada pueda quedar fuera de sanación después del vicio. Y a los que transmitieron el contagio de la naturaleza corrompida y con ella la culpa, les confiriera los remedios de la medicina deseada, la misericordia del creador, para que el enemigo de la raza humana no pudiera alegrarse de arrebatar al autor las cosas creadas, si pudiera ver que no volvía a su prístino estado las que él había corrompido. Sea auxilio de los que están en peligro el Redentor misericordioso que viene a sanar todos los daños de la vida, porque Él quiso sanar las mismas llagas de la naturaleza. Por eso, con razón, no cesan las potestades angélicas de aclamar al Dios uno, que vive en Trinidad, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Dios, que hieres para sanar, haces la herida y la curas. Que nos castigas con el látigo para confortarnos con tu piedad, nos golpeas con las desazones, para consolarnos con la salud devuelta.
Por Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Santifica, Señor, este sacrificio que te ofrecemos por el alivio de los enfermos; de manera que por él obtengan los sanos la gracia y los enfermos la salud. R. Amén.

Cantus ad Contractionem (Gn 47, 25)
Nuestra salud está en tu mano, Señor; míranos misericordioso, para que te sirvamos en seguridad.

Ad Orationem Dominicam
Dios, que nos das alivio en la enfermedad y respiro en la opresión, danos lo que te pedimos: que tu pueblo recobre la deseada salud, de forma que si la enfermedad nos agobia, tu piedad nos levante; a los que la culpa ha traído las dolencias, traiga la misericordia, la salud recuperada. Así, alejados de los males de alma y cuerpo, puedan con nosotros suplicarte desde la tierra:

Benedictio
Cristo el Señor, que es la verdadera redención, sane toda enfermedad y toda la miseria dentro de su pueblo. R. Amén. Expulse las enfermedades de los cuerpos y los engaños de las almas. R. Amén. Para que bien limpios de todas las molestias podáis llegar a la salud de cuerpo y alma. R. Amén.
Que lo conceda aquél, que vive con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Robustece en nuestros corazones, Dios todopoderoso, los dones de tu misericordia, para aumentar nuestra fe, afirmar la esperanza, iluminar nuestra conciencia, acrecentar nuestra caridad y conservar la salud de cuerpo y alma. R. Amén.
Que nos lo conceda tu divino poder, Dios nuestro, que eres la vida de los que viven y corona de los santos, por los siglos de los siglos. R. Amén.