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Misas mozárabes por diversas necesidades (III).


por los enfermos – i


Prælegendum (Sal 59, 7; 122, 1)
Que nos salve tu diestra, y escúchanos, Señor, Dios nuestro, aleluya, aleluya. V. A ti levantamos nuestros ojos, que habitas en el cielo. R. Y escúchanos, Señor, Dios nuestro, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Y escúchanos, Señor, Dios nuestro, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Concédenos, Señor, que por tu nombre se consolide nuestra salud, y líbranos por tu poder de las enfermedades que ya sabes que nos afectan; para que sea tuyo todo el desarrollo de nuestra vida, ya que nos creaste de la nada para darnos la existencia. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro del Profeta Jeremías (Jer 29, 10-14).
R. Demos gracias a Dios.
10 Esto dice el Señor: «Cuando pasen en Babilonia setenta años, os visitaré y cumpliré en vosotros mi palabra salvadora, trayéndoos a este lugar. 11 Pues sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. 12 Me invocaréis e iréis a suplicarme, y yo os escucharé. 13 Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón. 14 Me dejaré encontrar, y cambiaré vuestra suerte. Os congregaré sacándoos de los países y comarcas por donde os dispersé –oráculo del Señor–, y os devolveré al lugar adonde os deporté». R. Amén.

Psallendum (Sal 26, 9)
Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad, Señor. V. Guíalos y ensalzalos has la eternidad. R. Señor.

Apóstol
Lectura de los Hechos de los Apóstoles (Hch 3, 1-9; 5, 14-16).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
1 Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora de nona, 2 cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. 3 Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. 4 Pedro, con Juan a su lado, se quedó mirándolo y le dijo: «Míranos». 5 Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. 6 Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda». 7 Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, 8 se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. 9 Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios,
14 más aún, crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor. 15 La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno. 16 Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 9, 35-10, 1).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
35 Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia.
36 Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». 37 Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; 38 rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
10, 1 Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. R. Amén.

Laudes (Sal 27, 9)
Aleluya. V. Salva, Señor, a tu pueblo y bendice a tu heredad. R. Aleluya.

O bien:

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 8, 5-13).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
5 Al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole: 6 «Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». 7 Le contestó: «Voy yo a curarlo». 8 Pero el centurión le replicó: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. 9 Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». 10 Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. 11 Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos; 12 en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». 13 Y dijo Jesús al centurión: «Vuelve a casa, que se haga lo que has creído». Y en aquel momento se puso bueno el criado. R. Amén.

Laudes (Sal 117, 25)
Aleluya. V. Tú eres mi Dios, te doy gracias, Dios mío, yo te ensalzo. R. Aleluya.

Sacrificium (Mt 8, 14s; Lc 13, 13; 4, 40)
Entrando Jesús en casa de Pedro, vio que su suegra estaba en cama con fiebre, aleluya, la cogió de la mano y se alejó la fiebre, aleluya, y glorificaba al Dios de Israel, aleluya, aleluya. V. Había muchos que tenían enfermos y los llevaban a Jesús, e imponiéndoles las manos los curaba. R. Y glorificaba al Dios de Israel, aleluya, aleluya.

Oratio admonitionis
Señor Jesucristo, que eres en verdad médico y medicina celestial, muéstrate propicio y ven en nuestra ayuda. Sana, Señor, toda dolencia y toda enfermedad de tu pueblo. Aparta de nosotros todo contagio y malestar de cuerpo y alma, dejándonos totalmente sanos, sin dejar de acudir con la misma benevolencia a las causas de nuestras heridas, de forma que cures las enfermedades a la par que sanes nuestras maldades. R. Amén.
Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro, que, con el Padre y el Espíritu Santo, es un solo Dios y vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor, corrígenos con misericordia y no con ira, tú que corrigiendo perdonas y al perdonar nos dejas libres, y con tu misericordia nos conviertes. De forma que por tu reprensión quedemos corregidos y consolados por tu indulgencia; que tu disciplina nos enseñe y tu medicina nos sane. Que tu celo nos castigue y tu piedad nos salve. Que te agrade, pues, Señor, librar a estos tus siervos N. N., reprenderlos al mismo tiempo que los perdonas, y salvarlos con tu corrección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Queridos hermanos, repasados los nombres de los oferentes, dirijamos a Dios nuestras súplicas, para que la ofrenda que se presenta ante los santos aproveche para su salud a los enfermos renacidos en el bautismo. Así que, Señor, imploramos tu clemencia, para que a todos los que tienen miedo, están afligidos por la pobreza, vejados por la tribulación, oprimidos por la enfermedad, entregados a los sufrimientos, cargados de deudas, los libre tu piadosa indulgencia. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros, tú que no te apresuras a consumir en su miseria a los miserables, sino a librarlos con tu misericordia. Que sintamos, Señor, tu mano más pronta a curar que a castigar, más presta al auxilio que a la herida, de modo que mostrándonos los presentes castigos, apartes de nosotros los suplicios eternos. Y a tus siervos N. N., corrígelos con amor paterno, pero no los separes; escúchalos y no los confundas. Y a todos nos concedas propicio la paz que nos aleje del pecado y la paz de los tiempos, y a los enfermos la salud íntegra y plenísima. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro. Él asumió nuestros pecados y los llevó en su cuerpo hasta la cruz, sus moretones nos sanaron. A su tacto, cesa inmediatamente la fuerza de la fiebre, a su palabra oye de repente el sordo, a su mandato el mudo empieza a hablar, corre el cojo, ve el ciego, se alivia el enfermo, el tullido se endereza, se recuperan los miembros secos, disminuye el vientre del voraz, el paralítico carga con la camilla en que yacía, el leproso pierde su piel descolorida, se alza del sepulcro el que llevaba muerto cuatro días. Por él te rogamos llorando, Señor, que aceptes complacido la ofrenda de este sacrificio, y otorgues tu perdón a los pecadores, y curación a los enfermos. A Él mismo alaban sin cesar todos los ángeles y arcángeles, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que cargó con nuestras enfermedades y nos trajo la medicina apropiada de su crucifixión. Él es el único que puede dar vigor a los miembros gastados, alegrar la tristeza, sanar la enfermedad.
Cristo, Señor y Redentor nuestro.

Post Pridie
Creemos, Jesucristo, que tú eres el salvador. Por eso te pedimos que aceptes bondadoso nuestros sacrificios y alejes con tu poder sanador toda clase de enfermedad. R. Amén.

Cantus ad Contractionem (Sal 17, 2s; Is 33, 2)
Señor nuestra fuerza, sé el apoyo de los enfermos, refugio y liberación para los oprimidos. V. Sé nuestro brazo por la mañana y nuestra salud en el tiempo de la tribulación. R. Sé refugio y liberación para los oprimidos.

Ad Orationem Dominicam
Cristo Jesús, que eres médico y salvador, concede a tus siervos enfermos la ayuda de tu medicina celestial. De forma que sanos de alma y cuerpo, incólumes y confiados, alcemos hacia ti nuestras voces desde la tierra:

Benedictio
El Señor desde el reino celestial os envíe su medicina saludable. R. Amén. Atienda como buen abogado vuestras preces y reciba vuestros deseos para el bien de vuestras almas. R. Amén. Aparte de vosotros todo mal y os conceda a vosotros y a los vuestros toda clase de bienes. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Robustece en nuestros corazones, Dios todopoderoso, los dones de tu misericordia, para aumentar nuestra fe, afirmar la esperanza, iluminar nuestra conciencia, acrecentar nuestra caridad y conservar la salud de cuerpo y alma. R. Amén.
Que nos lo conceda tu divino poder, Dios nuestro, que eres la vida de los que viven y corona de los santos, por los siglos de los siglos. R. Amén.