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Misas mozárabes por diversas necesidades (II).


por un enfermo


Prælegendum (Sal 6, 3s)
Ten piedad de mí, Señor, porque estoy enfermo. Cúrame, Señor, aleluya, aleluya. V. Estoy angustiado, y tú, Señor, ¿qué esperas? R. Porque estoy enfermo. Cúrame, Señor, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Porque estoy enfermo. Cúrame, Señor, aleluya, aleluya.


Oratio post Gloriam
Ten piedad de tu siervo, Señor misericordioso, y cúralo propicio de toda enfermedad de alma y cuerpo, y adoctrínale con tu clemencia en la presente corrección corporal, de forma que le concedas después vivir felizmente contigo en tu reino, cuando se encuentre limpio de todas sus manchas. R. Amén.
Por tu inefable bondad, Dios nuestro, que vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del segundo libro de los Reyes (2Re 20, 1-6).
R. Demos gracias a Dios.
1 En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle: «Así habla el Señor: Pon orden en tu casa, porque vas a morir y no vivirás». 2 Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor: 3 «¡Ah, Señor!, recuerda que he caminado ante ti con sinceridad y corazón íntegro; que he hecho lo recto a tu ojos». Y se deshizo el rey en lágrimas.
4 Antes de que Isaías abandonase el patio central, le llegó la palabra del Señor que decía: 5 «Vuelve y di a Ezequías, jefe de mi pueblo: “Así habla el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y he visto tus lágrimas. Yo voy a curarte; al tercer día subirás al templo del Señor. 6 Añadiré otros quince años a tu vida. Te libraré, además, a ti y a Jerusalén, de la mano del rey de Asiria y, por mi honor y el de David, mi siervo, extenderé mi protección sobre esta ciudad”». R. Amén.

Psallendum (Sal 29, 2-4)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. V. Señor, Dios mío, te invoqué y me sanaste, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R. Y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Apóstol
Lectura de la carta del apóstol Santiago a las doce tribus (Sant 5, 13-16).
R. Demos gracias a Dios.
Amadísimos:
13 ¿Está triste sufriendo de vosotros? Rece. ¿Está contento? Cante. 14 ¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. 15 La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado. 16 Por tanto, confesaos mutuamente los pecados y rezad unos por otros para que os curéis: mucho puede la oración insistente del justo. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 8, 14-17).
R. Gloria a ti Señor.
14 Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; 15 le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle. 16 Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; el, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos 17 para que se cumpliera lo que dijo el profeta Isaías: «Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades». R. Amén.

O bien:

Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 4, 46-50).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
46 Había un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. 47 Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose. 48 Jesús le dijo: «Si no veis signos y prodigios, no creéis». 49 El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño». 50 Jesús le contesta: «Anda, tu hijo vive».
El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. R. Amén.

Laudes (Sal 118, 41)
Aleluya. V. Señor, que me alcance tu favor, tu salvación, según tu promesa. R. Aleluya.

Sacrificium
Oró el pueblo en la presencia de Dios, y el Señor lo escuchó. V. Ofreció el sacerdote un sacrificio matutino, de agradable perfume, aleluya. R. Y el Señor lo escuchó.

Oratio admonitionis
Estamos temerosos, Señor, de que este castigo corporal que nos mandas para purificarnos no nos resulte provechoso, por atrevernos a murmurar bajo el mismo castigo. Mas como estamos obcecados con los pecados que combaten contra nosotros, infunde en nuestros corazones tu soplo de visión profunda; así podremos entender que es justo recibir las penas de tu mano y por el sufrimiento del castigo que nos envías, quedaremos libres de todas nuestras faltas. Te rogamos también especialmente por tu siervo (sierva) N. para que, como manifiesta sus culpas y errores delante de tu altar, experimente el beneficio de ver borrado su pecado. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Jesús, Salvador del género humano, que aceptando nuestra naturaleza mortal, a unos les mandas castigos para su purificación, mientras a otros, sin dejar de castigarlos, los reservas para la condenación. Te suplicamos humildemente que tu siervo (sierva) N., abatido (abatida) ahora por la molestia de la enfermedad, quede libre de preocupaciones por tu piadosa misericordia. Concédele, Señor, que todo lo que contra tu piedad pudo hacer en este mundo, quede saldado con esta corrección que le has enviado. Sana los peligros de sus dolores y fiebres, de forma que también sirvan para borrar sus culpas. Ni oprima la pena al reo endureciéndole, sea la misericordia la que le absuelva, postrado como está. Mitiga en él (ella), Padre y Señor, el ardor de la fiebre, la podredumbre de las úlceras, los escalofríos y todas las molestias de la enfermedad. Mírale de tal manera, piadoso perdonador, que no vuelva a ser herido por las punzadas de la enfermedad, ni le remuerda ya la conciencia por los pecados que cometió. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Dios, en cuyo libro están anotados los nombres de todos los mortales, concédenos a todos el perdón de los pecados y otorga a tus siervos que tu servidor (servidora) N., al (a la) que veja larga enfermedad, alcance por tu misericordia la curación. Si la ambición le trajo el dolor que padece, su arrepentimiento le traiga también la salud tan deseada. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Infunde tu paz, Señor, en nuestros corazones, esa paz que dejaste encomendada a tus discípulos al subir al cielo. Así nuestros corazones quedarán saciados de tu dulzura, para que, llenos a rebosar del amor del Espíritu Santo, soportemos en este cuerpo los azotes que merezcan nuestros pecados, meditando cómo tú soportaste por los impíos la terrible muerte en cruz. R. Amén.
Por ti, que eres la paz verdadera y la caridad perpetua, Dios nuestro, que reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo que te demos gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, que golpeas a los hombres en su cuerpo con la disciplina de la tribulación, para que en aquel edificio de la patria celestial no tenga que sufrir mutilación, el hacha que lo abata, ni la tribulación que lo requema, la enfermedad que lo cueza, ni el arrepentimiento que lo deprima, la molestia que lo consuma, ni el peligro que lo ponga en trance de perecer, ni la adversidad que lo deja sin fuerzas, la caída que lo desplome, ni la estrechez que lo atore. Así el hombre, tan golpeado desde fuera por todas estas adversidades, purificado y limpio de sus errores, podrá ver la pureza de Dios, en cuanto pueda agregarse a aquellos ilustres ciudadanos después de su muerte, teniendo un lugar asignado para él solo por el Dios de la gloria. Por lo que te pedimos, Padre santo, Dios todopoderoso, que limpies en profundidad las raíces de aquella culpa de su siervo (sierva) N. y lo (la) libres de todas las molestias de su enfermedad. Aléjense de él (ella) las fiebres para que recobre la salud del cuerpo; que muera en él (ella) la propia voluntad para quedar libre de la perniciosa libido. Expulsa de él (ella) las inveteradas enfermedades corporales, los violentos accesos de las dolencias, los escalofríos de la fiebre y todo cúmulo de molestias. Trátale con designios de misericordia, para que la enfermedad le limpie aquí de las caídas en los vicios, y tu visita reparadora consolide rápidamente su salud. Quede libre de sus pecados por la tristeza del castigo y quede revestido de virtudes al expiar sus delitos. Dale, Señor, que en la misma medida en que ha sido temporalmente azotado en su cuerpo, crezca en él la salud eterna. Dale el deseo de sufrir en tus persecuciones, para que perciba el fruto de sus padecimientos. Y que le sea tanto más amable soportar en su carne la penuria por los pecados que cometió, cuanto por ello sepa que recibirá un premio mayor. De forma que, al acabar felizmente el curso de esta vida, se llegue a ti limpio de pecados, a recibir su heredad en la tierra de los que viven para siempre. Y que proclame tus alabanzas con todo el ejército de los Ángeles, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. Él concede a los delincuentes la ocasión de corregirse, para que la investigación judicial no encuentre nada que castigar en ellos. Por ello te pedimos, por Él, Padre misericordioso, que recibas como un sacrificio de alabanza todo lo que tu siervo (sierva) N. ha sufrido bajo la sujeción de tu castigo.
Por Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Señor, te rogamos que sanes las llagas de tu siervo (sierva)  N., acaba con su enfermedad, perdona sus pecados, acepta su oblación y castígale en el mundo, de modo que después de su muerte merezca recibir el auxilio de la comunión de los santos. R. Amén.

Cantus ad Contractionem (Mt 8, 2)
Señor, si quieres, puedes salvarme.

Ad Orationem Dominicam
Dios, en cuya mano está el juicio de la corrección y el deseo de la salvación y la misericordia, tú que castigas a los pecadores para que vuelvan y les otorgas la ocasión de ser advertidos para que no se aparten; manda desde el cielo la completa salud a tu siervo (sierva) N., respondiendo a nuestra fe, en el momento en que nosotros proclamamos desde la tierra:

Benedictio
Dios todopoderoso, que ha corregido con la enfermedad a su fiel siervo (sierva) N., os libre, a vosotros y a él (ella), de las enfermedades de cuerpo y alma. R. Amén. Él, que acepto nuestra debilidad os conceda, a vosotros y a él (ella), la gracia de la paciencia sin fin. R. Amén. Y que su piedad nos ayude a todos en común, para que ni nuestra corrección toque a nuestra salud, ni la enfermedad, si nos llega, nos produzca desesperanza. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Robustece en nuestros corazones, Dios todopoderoso, los dones de tu misericordia, para aumentar nuestra fe, afirmar la esperanza, iluminar nuestra conciencia, acrecentar nuestra caridad y conservar la salud de cuerpo y alma. R. Amén.
Que nos lo conceda tu divino poder, Dios nuestro, que eres la vida de los que viven y corona de los santos, por los siglos de los siglos. R. Amén.