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Misas mozárabes por diversas necesidades (I).


por los atribulados


Prælegendum (Sal 51, 6; 73, 2)
De los labios inicuos y la lengua traidora líbranos, Señor, aleluya. V. Acuérdate de tu pueblo al que escogiste desde el principio. R. Y de la lengua traidora líbranos, Señor, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Y de la lengua traidora líbranos, Señor, aleluya.


Oratio post Gloriam
Líbranos, Señor, de los labios inicuos y de la lengua traidora, y concede que tu pueblo no preste oído al pecador que se le acerque ni se avenga a sus maneras, para que la perversa sugerencia no despierte tu ira. Antes bien, te rogamos, hiere con tu divina espada al malvado enemigo que acecha al género humano, y socorre con tu conocida bondad a los pobres desvalidos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Profecía
Lectura del libro de Ester (Est 4, 17-17. 17-17).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días, La reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor. Se despojó de sus ropas lujosas y se vistió de luto; en vez de perfumes refinados se cubrió la cabeza de ceniza, y humilló por completo su cuerpo con ayunos. Luego se postro en tierra junto con sus criadas, de la mañana a la noche y rezó así: Yo oí leer en los libros de mis antepasados, oh Señor, que tú salvas finalmente a quienes te agradan. Y ahora, ayúdame, que estoy sola, y no tengo a nadie que me ayude sino tú, Señor, Dios mío. Y ahora ayúdame, que soy huérfana, y concede a mi boca un discurso acertado ante el león, y hazme valiente ante él; haz que su corazón se incline a odiar a aquel que nos hace la guerra, para su perdición y la de todos aquellos que conspiran con él. A nosotros, en cambio, líbranos de la mano de nuestros enemigos, convierte nuestro duelo en alegría y nuestro sufrimiento en salvación. A aquellos que se levantan contra tu pueblo, Dios, castígales de modo ejemplar. Manifiéstate, Señor, hazte conocer, Señor. R. Amén.

Psallendum (Sal 59, 13s)
En la tribulación auxílianos contra el enemigo, que la ayuda del hombre es inútil. V. Con Dios haremos proezas, Él reducirá a la nada a los que nos persiguen. R. Que la ayuda del hombre es inútil.

Apóstol
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (2Cor 1, 3-11).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
3 ¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, 4 que nos consuela en cualquier tribulación nuestra hasta el punto de poder consolar nosotros a los demás en cualquier lucha, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios! 5 Porque lo mismo que abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, abunda también nuestro consuelo gracias a Cristo. 6 De hecho, si pasamos tribulaciones, es para vuestro consuelo y salvación; si somos consolados, es para vuestro consuelo, que os da la capacidad de aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros. 7 Nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que si compartís los sufrimientos, también compartiréis el consuelo.
8 Pues no queremos que ignoréis que la tribulación que nos sobrevino en Asia nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas que perdimos toda esperanza de vivir. 9 Pues hemos tenido sobre nosotros la sentencia de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10 el cual nos libró y nos librará de esas muertes terribles; y esperamos que nos seguirá librando, 11 si vosotros cooperáis pidiendo por nosotros; así, viniendo de muchos el favor que Dios nos haga, también serán muchos los que le den gracias por causa nuestra. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (Jn 16, 20-24).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Nuestro Señor Jesucristo hablaba con sus discípulos y les decía:
20 En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. 21 La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. 22 También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. 23 Ese día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. 24 Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. R. Amén.

Laudes (Est 4, 17)
Aleluya. V. Convierte, Señor, nuestro luto en gozo, y nuestros dolores en alegría. R. Aleluya.

Sacrificium (Sal 50, 19s)
Un alma atribulada es un sacrificio ofrecido a Dios; un corazón contrito y humillado no lo desprecies. V. Aceptarás como sacrificio de justicia las oblaciones y holocaustos. R. Un corazón contrito y humillado no lo desprecies.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, roguemos a Dios que no desprecia el gemido de los afligidos de corazón, que no se burla del lastimoso aspecto de los tristes, suplicándole con oraciones y lágrimas que acepte propicio esta víctima singular, que le ofrecemos confiadamente por sus siervos desanimados; y nos conceda que todo lo que contra ellos maquinó el diablo y la malicia humana, quede reducido a la nada al estrellarse con su buena disposición hacia nosotros. Para que sin contrariedad alguna que nos moleste, podemos ofrecerte sin daño este sacrificio. R. Amén.
Que lo conceda aquél, que vive con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Señor Jesucristo, que nos llevas a tu reino a través de muchas tribulaciones, enseñándonos con los dardos de las adversidades, acepta complacido este sacrificio que te ofrecemos: te lo ofrece tu Iglesia por la liberación y consolación de tus siervos. No les hagan tropezar las asechanzas de los hombres, que no los tenga que castigar al juzgarlos tu divino poder, que no los avergüence su propia indignidad ni la malicia ajena. Perdona los delitos que contra ti cometieron, las ofensas que te hicieron, líbralos de los tormentos que imaginan y de las enfermedades de alma y cuerpo. Para que te busquen compungidos sin dolerse de haber sido tocados por tu castigo; susténtalos para que desprecien las adversidades y te busquen con diligencia, buscando la corrección. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Recitados los nombres de los oferentes, solicitamos de tu piadosa misericordia que te dignes asistir a tus siervos en apuros. No te pedimos que los castigues viendo sus malas obras, sino que los salvas después de soportarlos; para que robustecidos con el auxilio de tu gracia queden libres de la opresión que les amenaza; y por nuestra invocación con estos dones, te pedimos también que concedas el descanso a los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Aquel amor que por el Espíritu Santo fue difundido en nuestros corazones te mueva, Dios Padre, con  nuestras lágrimas y gemidos, para que mantengas con nosotros para siempre en la tranquilidad y la paz a tus siervos más débiles, libres de todo peligro, tormento o necesidad. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo que te demos gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que esté en cualquier dificultad, fiándonos de Él, y por ello no caigamos en la tentación. Él nos protege con las armas de la justicia, Él nos ampara con el yelmo de la salvación para que no nos hinchemos en las prosperidades ni desfallezcamos en las contrariedades, para que no nos traspasen los dardos de los espíritus inmundos ni las saetas de los enemigos. Para que las dificultades de este mundo nos ganen la patria eterna, y sus tribulaciones nos procuren los bienes del cielo. Por Él te rogamos, Dios excelso, que atiendas la voz de tu Iglesia, y con amplia dignación mires propicio estos dones que te ofrecemos en espera de tu venida y del levantamiento de nuestra opresión. Míralos ya, Señor, con rostro propicio y con singular misericordia. Quita de ellos lo que les pronosticó la crueldad de nuestros primeros padres, lo que les acarreó la maldad de los enemigos, lo que la adversidad amontonó en los conciliábulos de los malvados. [Lo que puede resultar en el juicio, lo que puede depender de la sentencia, lo maquinado por las conspiraciones, lo que la acusación pueda demostrar, lo perpetrado por nuestra propia iniquidad, lo fabulado por los ajenos. El apocamiento bajo las opresiones, la presión de los tormentos, la angustia de la opresión. No ejerzas tu justicia según su injusticia, antes bien, pon de manifiesto tu piedad sobre su injusticia. No los humilles bajo el látigo, no los rebajes por la murmuración, no les dejes perder por la tolerancia, guíalos por la misericordia. ] Así, cubiertos por ti de los dardos del enemigo, libres de las tribulaciones que los oprimían, puedan aclamarte como Dios uno en la Trinidad, con voz acompasada, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo. Él nos ha herido con la censura de las tribulaciones, nos ha enseñado con los estímulos de los adversarios, nos ha quebrantado con las contrariedades de los que nos llagaban, para que después de los dolores lleguemos al descanso. Él presente ante ti, Padre omnipotente, estos sacrificios, recomendándolos en tu presencia, dé valor a nuestras preces, y a tus siervos, aquellos por quienes ofrecemos estos dones, los libre de toda opresión interior y exterior, impartiéndoles cuanto antes el múltiple consuelo de sus gracias.
Cristo, Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Dios, que sanas a los contritos de corazón y justificas en su momento a los tristes, atiende con bondad esta ofrenda que te ofrecemos por la liberación de tus siervos. Acéptala, benigno, y acaba con los temores de aquellos por quienes la ofrecemos. Atiende a la aflicción de los que están inquietos y aparta de ellos la opresión que sufren, para que una vez libres de todos los males que los hieren, hallen en tus juicios su deleite eterno. R. Amén.

Cantus ad Contractionem
Señor, no pongas mis males delante de mis ojos, porque nos graves mis cargas; te lo ruego, Señor, ten piedad de mí.

Ad Orationem Dominicam
Olvida, Dios, nuestros pecados, y concédenos tu misericordia. Así, por las palabras de nuestra boca, mires la humildad de tus siervos suplicantes, sueltes sus ataduras, borres sus delitos, contemples sus penas y rechaces desde el cielo el efecto de las adversidades, mientras ahora te alabamos desde la tierra:

Benedictio
Cristo el Señor, que mira cómo vosotros, obedientes a su precepto, gemís en su presencia por la liberación de sus siervos, haga que ellos y vosotros os mantengáis firmes en esas tribulaciones. R. Amén. Quiebre la audacia de vuestros enemigos y los lleve con vosotros, por la tribulación y la adversidad, al reino celestial. R. Amén. Para que libres ya de las ataduras de este mundo merezcamos ser felices con Él, ahora y por todos los siglos. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Colma, Señor, de alegría nuestros corazones, ya que te has dignado darnos la Eucaristía de tu sagrado cuerpo; de forma que así como somos reconfortados por la recepción de los alimentos, merezcamos también saciarnos de felicidad con tus dones espirituales. R. Amén.
Por la dignación de tu misericordia, Dios nuestro, que vives y lo señoreas todo por los siglos de los siglos. R. Amén.