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29 de septiembre: San Miguel.

(Rito hispano-mozárabe)


29 de septiembre
san miguel
(Memoria)


San Miguel Arcángel aparece como guerrero contra el demonio y sus ángeles ya en el libro del Apocalipsis. En los tiempos de la evangelización de la Hispania romana parece que se trasplantaron a este santo los atributos y las devociones del dios Endovélico, protector de la salud en las religiones ibéricas prerromanas. En unas épocas donde los valores militares estaban en alza, san Miguel es el general de Dios, el gran protector del pueblo cristiano.
En la España visigoda parece que recibe un culto bastante extendido. Será sobre todo en el Toledo regio del siglo VII cuando parece que se oficializa su culto, proveniente sea de Roma, sea del Oriente. Los textos litúrgicos parecen datar de los siglos VIII y IX.

Prælegendum (Esd IV, 2, 23. 35; Sal 138, 1-2)
A mis santos les daré un lugar preeminente, aleluya, en la resurrección eterna; y compartirán mi alegría. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Señor, tú me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. R. Resplandecerá en ellos una luz constante, aleluya; y poseerán la eternidad que les he preparado, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Oh Miguel, príncipe de las cohortes de los Ángeles, te pedimos que vengas a salvar a los hijos del pueblo fiel. De modo que los justos, manteniéndose en la justicia, progresen en el cumplimiento de las buenas obras; y los injustos, convertidos a la penitencia, no desconfíen de obtener el perdón. Que estimulándonos recíprocamente a alcanzar el bien merezcamos obtener el galardón eterno. R. Amén.
Por la misericordia del mismo Cristo, Dios nuestro, que, con el Padre y el Espíritu Santo, es un solo Dios y vive y reina por los siglos de los siglos. R. Amén.


Profecía
Lectura del libro del Profeta Daniel (Dn 7, 13s. 26s.; 9, 24s; 12, 1-4).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
Yo Daniel 13 seguí mirando. Y en mi visión nocturna
vi venir una especie de hijo de hombre entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano  y llegó hasta su presencia.
14 A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron.
Su poder es un poder eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
26 Pero cuando se siente el tribunal a juzgar, se le quitará el poder y será destruido y aniquilado totalmente. 27 El reinado, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, al que temerán y se someterán todos los soberanos».
24 Setenta semanas están decretadas sobre tu pueblo y tu ciudad santa; para poner fin al delito, cancelar el pecado y expiar el crimen, para traer una justicia eterna, para que se cumpla la visión y la profecía, y para ungir el santo de los santos.
25 Has de saberlo y comprenderlo: desde que se decretó la vuelta y la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido pasarán siete semanas; y pasarán sesenta y dos semanas; y entonces será reconstruida con calles y fosos, pero serán tiempos de angustia.
1 «Por aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que se ocupa de los hijos de tu pueblo; serán tiempos difíciles como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora. Entonces se salvará tu pueblo: todos los que se encuentran inscritos en el libro. 2 Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán: unos para vida eterna, otros para vergüenza e ignominia perpetua. 3 Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad».
4 «Tú, Daniel, guarda estas palabras y sella este libro hasta el momento final. Muchos lo repasarán y aumentarán su saber». R. Amén.

Psallendum (Sal 146, 4; 103, 31. 4)
Me has dado esperanza, Señor, este es mi consuelo en la aflicción. V. Los insolentes me insultan sin parar, pero yo no me aparto de tus mandatos, recordando tus preceptos antiguos. R. En mi aflicción.

Apóstol
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 5, 1-10).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
1 En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis que os escriba, 2 pues vosotros sabéis perfectamente que el Día del Señor llegará como un ladrón en la noche. 3 Cuando estén diciendo: «paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. 4 Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, de forma que ese día os sorprenda como un ladrón; 5 porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Así, pues, no nos entreguemos al sueño como los demás, sino estemos en vela y vivamos sobriamente. 7 Los que duermen, de noche duermen; los que se emborrachan, de noche se emborrachan. 8 En cambio nosotros, que somos del día, vivamos sobriamente, revestidos con la coraza de la fe y del amor, y teniendo como casco la esperanza de la salvación. 9 Porque Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, 10 que murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos con él. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (Lc 17, 20-37; 18, 1; 21, 34-36).
R. Gloria a ti Señor.
En aquel tiempo:
Los fariseos le preguntaron al Señor Jesucristo:
20 «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?»; Él les contestó: «El reino de Dios no viene aparatosamente, 21 ni dirán: “Está aquí” o “Está allí”, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros». 22 Dijo a sus discípulos: «Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. 23 Entonces se os dirá: “Está aquí” o “Está allí”; no vayáis ni corráis detrás, 24 pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. 25 Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación. 26 Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: 27 comían, bebían, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos. 28 Asimismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; 29 pero el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos. 30 Así sucederá el día que se revele el Hijo del hombre. 31 Aquel día, el que esté en la azotea y tenga sus cosas en casa no baje a recogerlas; igualmente, el que esté en el campo, no vuelva atrás. 32 Acordaos de la mujer de Lot. 33 El que pretenda guardar su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará. 34 Os digo que aquella noche estarán dos juntos: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; 35 estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. 37 Ellos le preguntaron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres».
1 Les decía una parábola para enseñarles que es necesario orar siempre, sin desfallecer.
34 Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; 35 porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre». R. Amén.

Laudes (Sal 79, 15)
Aleluya. V. Se alegrará el justo en su gloria, cantará jubiloso para siempre. R. Aleluya.

Sacrificium (Dn 7, 27; 12, 1. 3-4)
El reino y el poder y la grandeza del reino, para el pueblo de los santos, aleluya. V. Se levantará Miguel, el gran príncipe, y se salvará todo el que esté inscrito en el libro. Los que enseñaron a muchos la justicia, brillarán como las estrellas, por toda la eternidad. R. Para el pueblo de los santos, aleluya.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, con un mismo deseo y unidos en el afecto, imploremos la mirada del rey supremo, cuya inmensa grandeza no puede ensalzar la lengua humana; porque la capacidad del corazón es pequeña para abarcar los juicios de la divina majestad. Lo único que se concede a nuestro deseo es que acudamos a esta santa celebración llenos de fervor y con el corazón prostrado pidamos ayuda para nuestra redención, pues nos conforta la intercesión del primer heraldo de la salvación. Celebramos y acogemos la solemne festividad de este día dedicado al arcángel san Miguel, el cual, gozando de la presencia de Dios, obtiene del gran Rey poder servir como protector al pueblo fiel. Por su intercesión, Dios altísimo, concédenos que podamos agradarte siempre ya que por su ayuda nos permites permanecer en tu servicio; y así, aquél que escogiste como príncipe de las milicias angélicas, permanezca como protector para defender a todo tu pueblo. R. Amén.
Que lo conceda aquél a quien ha sido dado todo poder, y que vive con Dios Padre y reina con el Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Queridos hermanos, hoy ha amanecido para nosotros esta fiesta del gran enviado de Dios, en quien nuestros antepasados, desde hace mucho tiempo confiaron con razón. Pues, como es uno de los ángeles más importantes, los cristianos mostraron gran interés en tenerlo de su lado y disponer plenamente de su intercesión y la de sus compañeros. Cuando, a la hora de crear el universo, el Dios uno y trino, Majestad eterna, creó los ejércitos de los ángeles, su primera obra, a la que llamó luz, el ángel más excelente, destinado a ser el preferido de todos, engreído de soberbia, cayó a lo más hondo por su monstruosa maldad. [Un juicio ejemplar trajo la perdición para el culpable; en cambio, a los que permanecieron fieles en el servicio de Dios les dio el reino y la dicha para siempre. Muy dura fue la condena de los delincuentes, mas otro tanto creció en firmeza la fidelidad de los restantes. El que no quiso mantenerse humilde, perdió su honor y pereció; los otros, en cambio, permanecen encumbrados en la gloria, y en servir a Dios está su grandeza. Así fue como el ángel rebelde, privado de la dicha eterna, se convirtió en enemigo al acecho de la humanidad para que este débil amasijo de barro no consiguiera el honroso puesto que él había perdido. Engañó primero a la que vio de sexo débil y por ella hizo llegar el veneno mortal al rudo e incauto varón. Esta culpa de nuestro primer padre trajo consigo un justo castigo y a él quedó amarrada también la descendencia que de ellos brotó. Pero el amor del Creador y Señor salió vencedor frente a la trampa ingeniosa de la astuta serpiente, y frente al pecado cometido por el trasgresor, perdonó por piedad al que en justicia había condenado por su culpa, e hizo voluntariamente heredero del cielo al que había creado en el paraíso para que fuera feliz. Porque, de no haber sido desobediente, el primer hombre, una vez creado, debería ser el compañero de los ángeles. Pero cuando hizo caso del que le engañaba y se apartó de los mandatos del Creador, perdió el derecho a esa compañía. ] Mas ahora, gracias a la Palabra de Dios Padre todopoderoso, la única que de la Trinidad tomó carne humana, ha quedado restablecido en ese derecho. En la encarnación, los ángeles proclamaron su gloria y anunciaron que los hombres, a quienes Dios ama, habían de asociárseles, alabando también al Señor. En esta milicia de los ángeles, Miguel sobresale por encima de todos en el cumplimiento de su servicio: honrar al autor de su existencia en ordenado concierto y presentar al Creador las oraciones del pueblo de Dios. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Habiendo recordado los nombres de tus siervos, imploramos de tu piedad el don de la misericordia, de modo que por medio de tu mensajero san Miguel lleguen hasta ti nuestras plegarias; que él nos enseñe lo que hemos de pedir y presente nuestras súplicas ante tu presencia; solicitando protección para los vivos y obteniendo el descanso eterno para los difuntos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cristo, Hijo de Dios, por el misterio de tu encarnación reparaste la ausencia de paz que el maligno espíritu de la maldad había introducido entre los ángeles y los hombres; así los ángeles que no cayeron en pecado, y que consideraban a los hombres desterrados por causa del pecado, los reconocen ahora, reformados por ti, como consiervos en la gracia. Redimidos pues por tan gran obra de salvación, te pedimos que no recaigamos engañados en el antiguo lazo, sino que conservemos por la fe y las obras la renovación que supone el bautismo de modo que nos esforcemos en permanecer unidos con la cohorte de todos tus santos ángeles. R. Amén.
Concédelo por el autor de la paz y del amor, nuestro Señor Jesucristo, con el cual vives en una sola e igual esencia y, en la unidad del Espíritu Santo que reina, eres Dios por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es justo y necesario, ciertamente digno y hermoso alabarte, oh Trinidad indivisa, único Dios de una sola naturaleza con distintas personas, a cuyo imperio está sujeta toda la creación, que rinde el debido culto a tu poder creador. [Nosotros somos los más pequeños de todas las criaturas, pero, en la medida de nuestra posibilidad, deseamos acudir ante aquél que nos creó y nos redimió y, aunque no sea como debería ser, porque podemos poco, presentemos con todo la ofrenda de la alabanza en la medida que nuestras fuerzas lo permitan. Cuando al comienzo de los siglos, Dios Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, organizaba el universo, determinó elegir de entre todo lo creado a los ángeles como a los principales, y a ellos les dio el nombre de luz pues están rodeados del resplandor de una luz indeficiente. Pero el primero de entre los ángeles creados, condecorado por el don de la gloria, por no atribuir este don a aquel de quien lo había recibido, sino que, engreído, se sublevó, descendió por debajo de todo lo creado. Y Miguel recibió con humildad su lugar de gloria, que no de soberbia, para que fuese sublimado a aquel excelso trono el que supo atribuir a su Creador todo cuanto era. Ni aún así aquel ángel infiel y apóstata se sometió una vez condenado, sino que, lleno de malicia, envidiando la felicidad de nuestros primeros padres aconsejándoles el mal, los unió a los tormentos de los ángeles caídos, privándoles de las alegrías del paraíso. Pero volvió la piedad a quienes abrumaba el peso de su miseria, de modo que el mismo Creador se movió a renovar al joven caído, a quien antes había creado del barro. Y la suprema clemencia promete someter al engañador a la prueba de los hombres para que, aumentada su malicia, fuese oprimido más atrozmente en el juicio divino. Para inferirle la muerte dice que mandará a Miguel a fin de que perezca con rigor el príncipe de la soberbia por quien, humilde, se propone permanecer en servicio del Creador. Enviado del cielo, arrojará al infierno al inicuo enemigo, una vez vencido, y él permanecerá victorioso. Ved cómo la soberbia se derrumba y la humildad se mantiene firme; la soberbia condenada perece en el infierno y la humildad perfecta es elevada a la gloria de los cielos.] Aprended, os ruego, hermanos amados, cuánto vale la humildad perseverante. La cual, si se somete al Creador, en todo y siempre, sostenida con su gracia, participa del nombre de Cristo. Miguel quiere decir: ¿Quién como Dios? Nadie se atreva a hacer lo que Dios hace: cuando fue enviado, en nombre del Señor, para vencer a las potestades aéreas mereció por adopción participar de su nombre. Pensad hermanos amados con mucha atención, qué profunda yace la soberbia y cuánto brilla la humildad en las alturas. Y no creo que se os comunique sin razón especial lo que antes ha sido predicado por los profetas.  Oíd, reconoced, adornaos con las buenas obras. Y así mostraos como ministros de Dios para que merezcáis ser agregados a sus ángeles, cuya solemnidad queréis celebrar. Pues nuestro Dios y Señor nos promete la compañía de sus ángeles, con tal que le agrademos con las buenas obras. El concede obras dignas a los indignos y reina en los cielos glorioso sobre todas las cosas. A él no cesan de aclamar con razón todos los ángeles, cada día diciendo:

Post Sanctus
Santo, bendito y glorioso eres en verdad en todo Hijo de Dios, que resplandeces por encima del gran número de ángeles, a quien alaban multitudes de santos ricamente revestidos. Tú concediste a tu mensajero Miguel la gracia de la primacía y lo estableciste como defensor de tu pueblo; te pedimos ser defendidos por él en esta vida y después de la muerte tener parte en el número de los santos.
Cristo Señor y Redentor eterno.

Post Pridie
Recordamos, Cristo Dios, el misterio de tu gloriosa pasión, por el que, derrotadas las fuerzas del mal, nos haces triunfar de su malicia con el estandarte de la cruz, pues, mientras tú, nuestra cabeza, eras exaltado en el madero, se nos abrían de par en par las puertas cerradas de la vida. Tu humanidad, aunque tomada de la tierra, es ahora coeterna por los siglos con el Padre y el Espíritu Santo. A ti clamamos con gemidos, te exponemos nuestros deseos, y te manifestamos muestras aflicciones. Tú conoces lo que deseamos, pues nos ha hecho de la nada; nos acusarnos de nuestros pecados ante ti, a quien casi no nos atrevemos a levantar los ojos. Por eso suplicamos con toda humildad que nuestras plegarias merezcan tener como valedor a tu arcángel san Miguel, y que por su intercesión los fieles obtengan de ti la paz. [Por él alcancemos tiempos tranquilos y bienestar. Por él la Iglesia católica se mantenga firme y estable y los incrédulos encuentren motivos válidos para creer. Por él, el orden episcopal se vea enriquecido y prefiera las virtudes a los honores. Por él el clero florezca en santidad y en los monjes la firmeza en su propósito. Por él, los príncipes sean moderados en sus leyes y la fidelidad de los pueblos se fortalezca con la ayuda de la fe católica. Por él, los cónyuges alcancen la continencia y las vírgenes la perseverancia. Por él, la mente soberbia se domine por la humildad y los pecadores desesperados obtengan el consuelo de la esperanza. Por él, los mismos pecadores vengan a la penitencia, los reos al perdón, los violentos a la misericordia y los airados a la paciencia. Por él, alcancen el perdón los vencidos, los cautivos la libertad y las viudas y huérfanos protección. Por él, alcancen los marineros un viaje feliz y la mar propicia y los náufragos el puerto deseado. Por él, el desterrado pueda volver a su patria. Por él, los que están enemistados obtengan la paz y los que viven en la concordia perseveren en la caridad. Por él los enfermos obtengan los remedios necesarios y los difuntos gocen del descanso eterno. ] Y así por él, tu bondad nos conceda todo lo que pedimos, de modo que, superadas las insidias del adversario, podamos alegrarnos en la patria del cielo. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
A Cristo, Hijo de Dios, que con su palabra nos enseñó que cada persona tiene asignado un ángel custodio para su defensa, pidámosle que, permaneciendo siempre con nosotros el ángel de la paz quede lejos aquel ángel que un tiempo fue autor de iniquidad; que, debidamente purificado el corazón y el cuerpo, merezcamos acercarnos para ser santificados al sacramento de su cuerpo y su sangre. Y así inclinemos el oído del corazón a sus preceptos, de modo que podamos siempre con confianza clamar desde la tierra:

Benedictio
Que os bendiga y tenga misericordia de vosotros nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo y Rey eterno. R. Amén. Que envíe a su santo ángel, el príncipe Miguel, para que guarde vuestros cuerpos y vuestras almas. R. Amén. Permanezca con vosotros la paz de nuestro Señor Jesucristo, para que procedáis en la luz de la paz y seáis contados en el número de los santos. R. Amén.
Por la misericordia de Dios, nuestro Dios, que es bendito y vive y todo lo gobierna, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Invocamos tu bondad, Padre clementísimo, pidiéndote que recibas con agrado la solemnidad que hoy hemos celebrado en honor de tu santo Arcángel. Y, así como a él lo coronaste de gloria, concédenos a nosotros por su intercesión, el perdón y la remisión de todas nuestras culpas. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, que eres bendito y vives y todo lo gobiernas por los siglos de los siglos. R. Amén.