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24 de septiembre: Decapitación de San Juan Bautista.

(Rito hispano-mozárabe)


24 de septiembre
decapitación de san juan bautista
(Memoria)


Precursor de Cristo, Juan Bautista prepara la venida del Salvador. Al cruel Herodes Antipas, que toma como mujer a la esposa divorciada de su hermano Filipo. Juan Bautista le recuerda que no le es lícito tomar la esposa de su hermano, por lo que se gana el odio de su mujer, Herodías, y provoca la ira del rey, que lo manda a encarcelar en su fortaleza de Maqueronte, junto al Mar Muerto.
Tras danzar Salomé, hija de Herodías, ante el rey y sus invitados, Herodes le promete todo lo que pida. Ésta le sorprende pidiendo la cabeza del Bautista.
En España, esta fiesta aparece ya en el Oracional de Tarragona, lo que nos habla de su antigüedad, aunque se trataba de una fiesta menos solemne que la del Natalicio de san Juan.

Prælegendum (Sal 143, 9-10; 118, 57)
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, aleluya, porque me libraste de la espada tajante, aleluya, aleluya. V. Mi porción es el Señor, he resuelto guardar tu palabra, te invocaré de todo corazón. R. Porque me libraste de la espada tajante, aleluya, aleluya. V. Gloria y honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos. Amén. R. Porque me libraste de la espada tajante, aleluya, aleluya.

Oratio post Gloriam
Dios Hijo, que en tu cruz das la salvación a los reyes y preparas siempre a tus humildes siervos para la victoria, templa ya, por fin, las miserias que nos afligen. Y para que nuestros cuellos no tengan que someterse a la espada amenazante, por la intercesión de tu glorioso precursor san Juan Bautista, haznos eficaces con la espada de la palabra. R. Amén.
Que nos lo conceda tu divino poder, Dios nuestro, que eres la vida de los que viven y corona de los santos, por los siglos de los siglos. R. Amén.


Profecía
Lectura del libro del Profeta Jeremías (Jer 33, 1s. 3s. 10s).
R. Demos gracias a Dios.
En aquellos días:
1 Jeremías volvió a recibir la palabra del Señor mientras seguía detenido en el patio de la guardia. Le dijo:
2 «Esto dice el Señor, el Creador, el que da forma a todo y lo consolida, y que se llama “Señor”:
3 Llámame y te responderé; te revelaré cosas importantes y recónditas que tú desconoces. 4 Porque esto dice el Señor, Dios de Israel, respecto a las casas de esta ciudad y a las viviendas reales de Judá que han sido destruidas por el asedio y la espada.
10 Esto dice el Señor: En este lugar del que decís que es una ruina, sin hombres ni ganados, en todos los poblados de Judá y en las calles desoladas de Jerusalén, sin hombres, sin habitantes y sin ganados, todavía volverán a escucharse 11 la voz de la alegría y de la fiesta, la voz del novio y de la novia, la voz de los que entran en el templo trayendo víctimas de acción de gracias y cantando: “Dad gracias al Señor del universo, porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. Pues voy a cambiar la suerte del país, dejándolo como era antes –dice el Señor. R. Amén.

Psallendum (Sal 141, 8; 143, 9s)
Sácame de la prisión y daré gracias a tu nombre. V. Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa de diez cuerdas, porque libraste a tu siervo de la espada del malvado. R. Y daré gracias a tu nombre.

Apóstol
Lectura de la carta a los Hebreos (Hb 11, 24-28. 36-40; 12, 1s).
R. Demos gracias a Dios.
Hermanos:
24 Por fe, Moisés, ya crecido, renunció al título de hijo de una hija del Faraón, 25 y prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios al disfrute efímero del pecado, 26 estimando que la afrenta de Cristo valía más que los tesoros de Egipto, y atendiendo a la recompensa. 27 Por fe abandonó Egipto sin temer la cólera del rey, y se apoyó en el in visible como si le viera. 28 Por fe celebró la Pascua, e hizo la aspersión de la sangre para que el exterminador no tocase a sus primogénitos.
36 Otros pasaron por la prueba de las burlas y los azotes, de las cadenas y la cárcel; 37 los apedrearon, los aserraron, murieron a espada, rodaron por el mundo vestidos con pieles de oveja y de cabra, faltos de todo, oprimidos, maltratados 38 –el mundo no era digno de ellos–, vagabundos por desiertos y montañas, por grutas y cavernas de la tierra.
39 Y todos estos, aun acreditados por su fe, no consiguieron lo prometido, 40 porque Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro, para que ellos no llegaran sin nosotros a la perfección.
1 En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, 2 fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. R. Amén.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (Mt 14, 1-14).
R. Gloria a ti Señor.
1 En aquel tiempo, oyó el tetrarca Herodes lo que se contaba de Jesús 2 y dijo a sus cortesanos: «Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso las fuerzas milagrosas actúan en él». 3 Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; 4 porque Juan le decía que no le era lícito vivir con ella. 5 Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. 6 El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, 7 que juró darle lo que pidiera. 8 Ella, instigada por su madre, le dijo: «Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista». 9 El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; 10 y mandó decapitar a Juan en la cárcel.
11 Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. 12 Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
13 Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. 14 Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ellos y curó a los enfermos. R. Amén.

Laudes (Sal 118, 46)
Aleluya. V. Comentaré tus preceptos ante los reyes y no me avergonzaré. R. Aleluya.

Sacrificium (Sal 39, 11. 9-10)
No me he guardado en le pecho tu defensa, he contado tu fidelidad y tu salvación. No he negado tu misericordia y tu lealtad ante la gran asamblea, aleluya, aleluya. V. Al principio del libro está escrito de mí: aquí estoy, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quise, tu ley es el centro de mi ser. Proclamé tu fidelidad ante la gran asamblea.

Oratio admonitionis
Queridos hermanos, con fe profunda y devoción generosa debemos celebrar la solemnidad del glorioso Juan, y alabar la santidad con que acaba su vida, con las mismas señales de elección divina con que empezó. Se va con el mismo testimonio de gloria celestial con que había venido. Cristo fue la causa de su muerte, como Cristo había sido la causa de su nacimiento, por obra del Espíritu Santo, que concentró su amor en él. En ningún momento se nota en él la debilidad de la naturaleza: en su concepción se cumple un vaticinio, en su acción el bautismo, en su muerte el martirio. La misma gracia está presente en el nacimiento del profeta, en el transcurso de la vida del docente, en la pasión del que amaba ardorosamente. Profetiza desde el seno materno, predica en el mundo, termina su misión bajo la espada. Lo elige la justicia, habla de justicia, es decapitado por la justicia. No es extraño que un varón dispuesto para proclamar a Dios con tantos méritos de santidad, al que no pudo acallar el seno materno, que no tuvo miedo a la espada del tirano y fue constante en no dar descanso a Herodes, en su defensa de la castidad, el que había silenciado a su padre por su incredulidad, golpeando así al rey con sus palabras, y al sacerdote [Zacarías] con el silencio, no es extraño, digo, que a este censor de la honestidad y de la ley, no le soporten las malas costumbres. La conciencia obcecada del orgulloso se revuelve contra el crimen de incesto que le imputa, y el furor provocado por la humillación anda queriendo perder al que le enseña, por no acertar a corregir lo que le está prohibido. Piensa que podrá ocultar la culpa poniendo en prisión al que se la echa en cara. El brillo del profeta se apaga en la mazmorra y la sangre que es preciosa para Dios, se valora como precio del baile voluptuoso de una cortesana, haciéndose espectáculo en un banquete pagano, para ser ahora ofrenda en esta religiosa celebración, gozo para los creyentes, ejemplo para los que han de creer, protección para la tierra, ornamento para el cielo. R. Amén.
Nos lo conceda tu clemencia, Dios bondadoso y admirable, que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Alia
Te alabamos, Señor Jesucristo, en el nacimiento de tu precursor, te ensalzamos maravillados en sus predicaciones, y en su muerte, en cuanto es dado a la pequeñez humana, te honramos hasta donde podemos llegar. En su nacimiento abriste los pechos de su anciana madre y dejaste libre la lengua del padre, que había sujetado su incredulidad. Por su predicación los discípulos creyeron que habías llegado a la tierra, y los pueblos pudieron escuchar quien había de salvarles. Por su muerte quedó patente la verdad y la mente de fiera no pudo ocultar más lo que tenía escondido. Por sus preces inspira nuestros corazones, para que, creyendo que se acerca el reino de los cielos, acudamos siempre a ti con nuestras penitencias, te expongamos nuestras súplicas con lágrimas del corazón, esperemos confiadamente tus promesas, y lavando nuestras almas de la suciedad del delito, sintamos que el Espíritu Santo que recibiste bajo sus manos cuando bajó en forma de paloma, viene a nosotros y permanece en nosotros. Oigamos la misma voz que él oyó, proclamando que tú eres el Hijo amadísimo de Dios, y te confesemos igual al Padre, con el Espíritu Santo, creyéndolo así y proclamándolo siempre. R. Amén.
Por tu misericordia, Dios nuestro, en cuya presencia recitamos los nombres de los santos Apóstoles y Mártires, Confesores y Vírgenes. R. Amén.

Post Nomina
Unigénito Hijo de Dios, a quien san Juan saludó en el seno, señaló en el desierto, precedió en el nacimiento y en la muerte, concédenos, por su ayuda, que en este día de su muerte por decapitación, por tu misericordia, Cabeza nuestra, que también quisiste morir por nosotros, quedemos muertos a los vicios, para ser renovados con el don de la gracia espiritual. Que este santo varón te presente las ofrendas del pueblo, él que anunció tu venida como juez. Con su oración ilumine nuestras tinieblas, él que fue antorcha de luz; se levante para rogar por las almas de los difuntos aquella voz que preparó el camino del Señor en los corazones mortecinos. R. Amén.
Porque tú eres la vida de los que viven, la salud de los enfermos, y el descanso de todos los fieles difuntos por todos los siglos de los siglos. R. Amén.

Ad Pacem
Cantamos en este día, Cristo Dios, y pretendemos santificarla con nuestros sacrificios, la fiesta gloriosa de la pasión de tu precursor Juan, que practicando la justicia de la ley fue castigado con la sentencia de Herodes. Por eso te pedimos encarecidamente que el último de los profetas ponga fin a los escándalos, y él que fue iniciador del bautismo, nos otorgue el complemento de su paz. Y nos guíe hacia el cielo con sus amonestaciones a nosotros que somos sus compañeros, el que a ti, Señor, te precedió en la muerte. R. Amén.
Porque tú eres nuestra paz verdadera, caridad indivisible; tú, que vives contigo mismo y reinas con tu Hijo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. R. Amén.

Illatio
Es digno y justo, en verdad equitativo y saludable, que te demos siempre gracias, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, y que te proclamemos admirable en tus santos, y celebremos su recuerdo alabándote, porque su muerte y su vida fueron preciosos a tus ojos. Por eso nos presentamos hoy ante el altar de tu misericordia, celebrando en su conmemoración anual el martirio de san Juan Bautista, y te inmolamos víctimas de alabanza. Porque Juan fue precursor de nuestro Señor Jesucristo, tu Unigénito, en el nacimiento y en la pasión; nacido de estirpe sacerdotal, es reconocido como profeta del Altísimo. [Su nombre fue enviado desde el cielo; antes de que llegara el momento de su nacimiento, ya ejerció su oficio de profeta detectando la presencia del Dios eterno; antes de nacer él, antes de que naciera el mismo Cristo, saltando en el vientre de su madre, en virtud del oráculo, excitó la mente de su padre, cuyos labios, mudos durante mucho tiempo, se soltaron para pronunciar su nombre. Viviendo solitario en el desierto, fue el primer heraldo del reino de los cielos, desdeñó con la virtud de la abstinencia las trampas del mundo embaucador, y poniendo felizmente fin a los vaticinios, señaló al Señor de la majestad constituido en un cuerpo humano. Así debía ser el que bautizara al Señor, al que se sometieran aquellos sagrados miembros bajo los que latía la naturaleza divina; el que se atreviera a sumergir en el río aquella carne concebida por obra del Espíritu Santo, capaz de lavar a las mismas aguas. Permite que le alabemos por debajo del honor que a tu nombre se debe, ya que le preparaste un combate tan glorioso, deja, por tu bondad, que sus sufragios nos ayuden.s] Suene para nosotros aquella voz sublime que gritaba que debían prepararse los caminos del Señor y que había que enderezar los senderos del desierto. Hable a favor nuestro aquella legua que no sabe callar lo que es justo. Ruegue por este pueblo aquel que reflejaron las aguas del Jordán, cuando mereció contemplar al Espíritu Santo, cuando en figura de paloma descendía de ti sobre tu Hijo único, que Él dejó santificadas al dejarse tocar. Revalorice los votos de tus siervos aquella sangre bendita derramada en la cárcel, que pintó el plato de rubíes, que clama a ti con todos los santos asesinados sin piedad, desde Abel hasta ahora, y conserva eternamente su piadosa memoria. Con razón te alaban todos los ángeles y arcángeles que proclaman tu gloria sin cesar, diciendo:

Post Sanctus
Santo y bendito es en verdad nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, del que Juan, bautista y mártir, anuncia en oráculo misterioso que tiene que crecer, mientras él iba a disminuir. Con esas palabras predijo su propia muerte y la del Señor, mucho antes de que ocurrieran, cuando tu Hijo fue elevado en la cruz y él perdió la cabeza. Pues aquel, el Señor, ganó en altura al subir al leño, éste, el profeta, fue recortado con la espada. La cruz elevó a lo alto la cabeza de aquel, mientras la espada recortaba el cuello de éste. Aquel dio su Espíritu en la cruz, éste dio en la cárcel su último suspiro. Pero aquel muere a la luz, porque había de devolver la vida a todos, éste que no había de salir de los infiernos hasta que Cristo muriera, es degollado ocultamente. Así fue conveniente que por esta diferencia de muertes quedara clara la interpretación del misterio, porque en uno se muestra la divinidad que sube a los alto, en el otro, la humildad es protegida hasta el final.
Por Cristo, Señor y Redentor nuestro.

Post Pridie
Cristo, los redimidos al precio de tu sangre suplicamos los sufragios de tu Precursor, para que nos perdones. Bendícenos por él y bendice también estas ofrendas, como por él te manifestaste a los que no creían. El que se te adelantó en la muerte sea el que nos haga llegar a tu salvación. R. Amén.

Ad Orationem Dominicam
Saca, Señor, nuestras almas de la cárcel, tú que consagraste a san Juan con la espada de Herodes. Tengamos ocasión de penitencia, por él, que fue predicador de penitencia. Conserve a los pueblos en la fe él que reprendió la infidelidad de los soberbios. Te haga llegar la confesión de los humildes el que no vaciló en reprender a los de talante despectivo. Y el que se mostró heraldo del Verbo, nos otorgue la gracia de proclamar cuanto ahora te decimos en la tierra:

Benedictio
San Juan, cuya cabeza cortada en medio de un festín fue llevada en un plato al rey sanguinario, sea intercesor ante el trono de Dios por cada uno de vosotros. R. Amén. El mismo que por censurar la ofensa inferida al matrimonio del hermano sufrió en este día el martirio en la mazmorra, por sus preces os haga superar los incentivos de la liviandad. R. Amén. Para que como él se adelantó con su propia muerte a la del Señor, así se constituya intercesor previo por nuestros delitos. R. Amén.
Por obra de tu bondad, Señor, que eres bendito por los siglos de los siglos. R. Amén.

Completuria
Saca, Señor, nuestras almas de la cárcel, tú que por nosotros soportaste azotes y salivazos, para que, por las preces de este santo mártir, Juan el Bautista, arrancados de la cárcel de este mundo por el triunfo de tu santa cruz, te cantemos después de nuestra muerte las debidas alabanzas con todos los santos, en perpetua acción de gracias. R. Amén.
Que nos lo conceda tu divino poder, Dios nuestro, que eres la vida de los que viven y corona de los santos, por los siglos de los siglos. R. Amén.